Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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sábado, 10 de noviembre de 2018

Sorpresas gratas: El vendido


El vendido (2015)
Paul Beatty

La primera escena de esta épica novela nos muestra a su protagonista, un hombre afroamericano cuyo apellido es Me, en un juicio en la Corte Suprema. En la primera línea del libro afirma, con un tono provocador, que por muy raro que parezca creerlo de un hombre negro, él nunca ha robado nada. En realidad, el motivo por el que está en un juicio no es sino haber intentado restituir la esclavitud y la segregación en un suburbio de Los Ángeles de mayoría negra y latina del sur de Los Ángeles. Esta escena inicial establece el tono de la novela, pues, como veremos más adelante, Beatty se enfrenta sistemáticamente a cualquier aspecto de la cultura americana y lo decostruye.

El geto en cuestión se llama Dickens (un guiño a otra inspiración literaria) y se parece al Compton real, la ciudad del condado de Los Ángeles. Es un lugar degradado, poblado de actividades criminales. No lejos de allí, en un suburbio mejor, vive Marpesa, la ex novia del protagonista, que trabaja de conductora de autobuses y está casada con un rapero reconvertido en policía.

El protagonista fue criado y educado en casa sólo por su padre, manteniéndolo así aislado de la educacional convencional. Su padre es un destacado sociólogo e intelectual que estudia la raza mediante la realización de experimentos con su hijo. Para lograr dicho fin no duda en convertir éste en un experimento racial y sociológico de larga duración y, por tanto, en utilizarlo como una especie de cobaya al más propio estilo del conductivista norteamericana B.F Skinner. El padre disfruta, no obstante, de un cierto prestigio en el barrio como un hombre considerado y especialista en calmar tranquilamente a negros enfadados.

Cuando su padre es asesinado sin sentido en un ejemplo de brutalidad policial, el protagonista se queda solo y obviamente confundido acerca de su identidad racial. A partir de este momento, el argumento de la novela, si podemos decir que tiene alguno, gira entorno a la negativa del protagonista a aceptar la retirada de su barrio del mapa de Los Ángeles y de la historia. Su determinación a restaurarlo le lleva, entre otras cosas, a restaurar la esclavitud y segregar el instituto de secundaria del barrio. Consumido por la culpa y el enfado, toma a su cargo a un actor negro y lo convierte a regañadientes en su esclavo. Éste es el motivo por el cual la novela se inicia con el protagonista ante la Corte Suprema, en  lo que constituye un prólogo abrasadoramente alucinatorio, tan enérgico que empuja al lector al interior del libro antes de tener tiempo siquiera de respirar hondo.

La lógica algo enrevesada del asunto es que para tener éxito en la vida, el protagonista considera que necesita hacerse “blanco”, y para hacer eso lo primero que debe hacer es dominar a otro negro. Y aunque confiesa que se quedó dormido mientras leía Paraíso, de Toni Morrison, una novela sobre una ciudad habitada sólo por negros en el Estados Unidos de los años 50, reconoce haberse inspirado en ella; hasta el punto de utilizarla para elaborar su plan diabólico y restaurar el orgullo negro segregando a las razas. Dando por hecho que el apartheid unió a la Sudáfrica negra, se pregunta por qué él no podría hacer lo mismo por Dickens. Así pues, concentra sus esfuerzos en reconstituir y delinear su ciudad natal, en la esperanza de devolver a la ciudad su identidad esencial y rescatarla del aburguesamiento. Para ello empieza por restituir solapadamente la segregación, en primer lugar en el autobús de su novia, y más tarde en las tiendas, la biblioteca y la escuela. Después de esta maniobra, los índices de criminalidad del geto caen en picado y los resultados de los exámenes de los alumnos se disparan.

El resto de personajes son un tanto estereotípicos: el oportunista negro intelectual Foy Cheshire; Marpesa, la mujer casada a la que ama Me; y Hominy Jenkins, ex estrella infantil que acaba logrando su empeño de convertirse en el esclavo de Me, solicitándole que le dé unas palizas que Me parece alarmantemente feliz de proporcionarle. Hominy, el personaje más divertido y controvertido de la novela, se congratula de todas las manifestaciones de abierto racismo, hasta el punto de pedirle motu proprio al protagonista que lo convierta en su esclavo.

El tema central de la novela es lo absurdo de la noción de un Estados Unidos postracial, pues Beatty demuestra con éxito que la gente de color experimenta el racismo en cada aspecto de sus vidas y a diario. Durante este proceso, Beatty se enfrenta a los estereotipos que suelen afrontar los afroamericano en Estados Unidos. Desde tópicos tan generales y contundentes como la brutalidad, el retrato de la gente de color en el mundo del entretenimiento, el aburguesamiento y la segregación en curso en los barrios norteamericanos, Beatty se adentra en los aspectos más mundanos pero igualmente importantes del racismo: en un autobús, la gente evita sentarse al lado de un hombre negro mientras les sea posible. Mediante conversaciones entre una mujer blanca y Marpessa, Beatty también aborda algunos de los estereotipos que la gente de color ha de afrontar a diario. Marpesa desafía la creencia de la otra mujer de que ser incapaz de lograr el sueño americano tiene que ver tan sólo con la clase social en vez de con la raza. Mediante la furiosa respuesta de Marpessa a la afirmación de la mujer, Beatty sostiene que la raza tiene mucho, por no decir todo que ver con la pobreza desproporcionada de los afroamericanos.

El ingenio maledicente de Beatty es la principal fuerza motriz de El vendido. Y aunque el autor evita las trampas del modernismo sin trama, su constante bombardeo de acotaciones y rutinas acaban prevaleciendo sobre el asunto judicial en el Tribunal Supremo. De hecho, la resolución del juicio no tiene gran importancia al final. Esto responde al propio diseño de Beatty, que quiere tratar más asuntos que los que permite la forma de un procedimiento judicial.

La novela se erige, por tanto, como una sátira galvanizadora del Estados Unidos postracial. Como una obra llena de puro genio satírico, audaz y osado, reminiscente de los estilos de Kurt Vonnegut y Joseph Heller. Implementada por un ingenio malvado, con personajes que hablan un dialecto pop-filosófico, El vendido es una historia divertida e intrépida que subvierte supuestos culturales dolorosos. Es precisamente la subversión deliberada de las dañinas asunciones culturales lo que convierte en un placer leer esta novela atrevida y abrasiva.

El agudo humor de Beatty resulta desafiante, sin perder de vista el asunto fundamental: el racismo en los Estados Unidos y el legado de la esclavitud. A esto se une la larga y a veces agotadora secuencia de bromas y sucesos contados, que no dan un momento de tregua al lector, a quien le queda poco tiempo para reflexionar, pues si quiere hacerlo ha de ser sin los placeres tradicionales de la novela, esto es, personajes bien construidos y una trama consistente. Aunque no creo que esto le haya preocupado mucho a Beatty. Su novela triunfa a expensas de los autores más convencionales, de los que se burla por actuar para audiencias blancas.

El vendido, que fue galardonado con los prestigiosos premios Booker y del Círculo de Críticos Nacional del Libro, es una de las novelas más reveladoras y entretenidas escritas en la última década que he tenido la ocasión de leer.

A.G.

lunes, 28 de mayo de 2018

Sorpresas gratas: El simpatizante


El simpatizante (2015)
Viet Thanh Nguyen

El protagonista sin nombre de esta ambiciosa novela (un personaje memorable a pesar de su anonimato) es un vietnamita americanizado, un intelectual cohibido al que definen las divisiones que le vienen dada por su nacimiento: hijo ilegítimo de un cura católico francés (al que odia) y una joven aldeana vietnamita, crece en total desacuerdo con el mundo que le rodea. La dualidad se encuentra, por tanto, se encuentra literalmente en la sangre del protagonista, que emerge con una conciencia de esta doble identidad como fuente tanto de dolor como poder, se marcha a Estados Unidos en la década de los 60 en busca de una adecuada educación universitaria y el conocimiento de todo aquello que tiene de bárbaro y brillante la vida en América. Pasados unos años, regresa a Vietnam para ayudar a mantener a raya la situación. Con el tiempo, se encuentra  perfectamente dispuesto para el espionaje, que él mismo persigue mientras trabaja en el ejército de Vietnam del sur y sirviendo como de ayuda de confianza de un general con una fuerte conexión con la CIA.

El simpatizane comienza con un guiño a El hombre invisible, de Ralph Ellison, que ya comentamos en este blog. La mencionada novela ofrece una especie de patrón a Nguyen, cuyo narrador-protagonista (sin nombre, como en la novela de Ellison) trata en su relato de darle sentido a su doble vida desde una posición de conciliación; en este caso, como prisionero obligado a hacer una confesión política. En este sentido, El Simpatizante puede ser leído desde diferentes ópticas: como una novela de espías, una novela bélica, una novela de inmigrantes, una novela de ideas, una novela política, una novela universitaria, una novela sobre el cine, y una novela acerca de otras novelas.

El narrador es la figura protagonista de una historia marcada por la efervescencia del napalm y un complejo entramado de ideales que hicieron sufrir a un país en el que muchas manos quisieron tomar parte. La primera singularidad que aporta el personaje de esta novela queda retratada en las primeras líneas: “Soy un espía, un agente infiltrado, un topo, un hombre con dos caras. Previsiblemente, quizá, también tengo dos mentes […] Simplemente soy capaz de ver cualquier cuestión desde ambos lados”. Esta característica no solo estimulará el desarrollo de un relato extraordinario, sino que funcionará también como metáfora de la dualidad existente en un contexto tan delicado como éste.

Valiéndose de una confesión escrita, el protagonista compone una radiografía exhaustiva del Vietnam de aquel entonces, pero también de ese otro país que hasta el momento se había otorgado a sí mismo la posesión en exclusividad de la voz didáctica y analista: Estados Unidos. Este espía, o topo, o capitán del ejército de Vietnam del Sur que funciona a su vez como infiltrado de las filas comunistas, es también un ser humano que no puede evitar retratar ambas posturas de una misma guerra. A pesar de aferrarse a un tono aséptico, camuflado de una objetividad ficticia, llena de reflexión todo su relato. Pero lo hace de una manera lúcida y valiosa, forzando al lector a encajar las piezas como si de un puzle introspectivo se tratase.

La caída de Saigón en 1975 en manos de las fuerzas comunistas y la desesperada huida de los ciudadanos de Vietnam del Sur (un pasaje de la novela, a mi juicio, de una espléndida construcción narrativa, trepidante y emotiva) es uno de los momentos álgidos de la novela. El narrador, al que se le refiere simplemente como el Capitán, describe con una brillantez conmovedora la llamada de los cohetes Katiusha que sisean en la distancia como bibliotecarios que piden silencio. No muy lejos de los cohetes, entre cuerpos carbonizados y C-130s alcanzados por el fuego enemigo, el Capitán y el General, junto con la familia de éste y su buen amigo Bon (un asesino profesional cuya familia son abatidos en la huida), consiguen a duras penas abandonar el país.

A partir de este momento, Nguyen sosiega el paso una vez que los refugiados se han instalado en California. Comienza entonces el relato de la vida de los inmigrantes vietnamientas durante las décadas de los 70 y los 80, y su alienación, nostalgia y conflictos generacionales, entre tiendas de licor y el ambiente de restaurante étnicos. El Capitán encuentra trabajo en una Universidad, bajo la supervisión de un académico orientalista, mientras permanece en contacto con el General y sus planes para organizar una contrarrevolución. Los esfuerzos del general se ven alimentados por su razonable paranoia acerca de la existencia de espías e informadores en las filas de la comunidad de exiliados de Vietnam del Sur. Mientras tanto, el Capitán, trabajando en colaboración con Bon, debe ejecutar órdenes letales contra hombres inocentes para apaciguar al General y proteger su propia vida. El General, por su parte, se ve mezclado con políticos americanos anticomunistas con ideas megalómanas, que llevan a la filmación de una película bélica (que en cierto sentido no es sin una crítica ácida de Apocalypse Now).

A medida que la acción avanza, con saltos temporales bien engarzados, aumenta la sensación de dualidad que propone Nguyen: el narrador es un ser capaz de ver las cosas desde ambos márgenes, sí, pero también de sufrirlas, por mucho que le cueste aceptarlo. Y en ese sufrimiento se despliegan y recogen las acciones más reveladoras, las decisiones más representativas, las consecuencias que todo el mundo conoce pero que hasta entonces solo habían gozado de un único punto de vista explicativo.

La novela debut de Nguyen, nacido en Vietnam pero criado en Estados Unidos, nos trae una perspectiva diferente de la guerra y sus consecuencias a lo existente tanto en el cine como en la literatura. Su opera prima llena un vacío en la literatura, dando voz a quienes antes no la tenían, mientras nos lleva a los demás a mirar con una nueva luz unos acontecimientos que ocurrieron hace cuarenta años. Pero la novela va más allá de su contexto histórico para presentar temas más universales: los conceptos eternos erróneos y los malentendidos entre el Este y el Oeste, y el dilema moral afrontado por la gente forzada a elegir no entre el bien y el mal, sino entre el bien y el bien.

Viet Thanh Nguyen ha sabido interpretar con una astucia y una clarividencia excepcionales esa máxima de erigir el punto de vista en herramienta fundamental de la narración. Lo ha hecho, además, con un propósito tan sugerente como necesario: abordar la guerra de Vietnam, tratada y retratada hasta la extenuación, mediante la construcción de una voz propia y representativa de quienes más la sufrieron y menos margen tuvieron para exponer sus propias valoraciones y consideraciones.

Gracias a la minuciosidad de este escritor nacido en Vietnam pero evacuado de niño a EE.UU. (hecho que ayuda a entender el sacrificio realizado para poner en pie un relato tan exigente), conceptos como el comunismo o el nacionalismo se despojan de esa capa de futilidad que el paso de los años y una machaconería desmedida les habían echado encima. Por detrás de estas concepciones o líneas de pensamiento asoma la vida de distintas personas que sufrieron en sus propias carnes las causas y consecuencias de un conflicto atroz, un conflicto armado de otros muchos pequeños conflictos.

El simpatizante fue galardonado con el premio Pulitzer en 2016, gracia a su novedosa y estimulante visión de la guera de Vietnam; a su perfecta captura del horror y lo absurdo de la guerra y sus consecuencias.

A.G.

domingo, 18 de marzo de 2018

Lecturas recientes: La luz que no puedes ver


La luz que no puedes ver (2014)
Anthony Doerr

Marie-Laure es una niña que perdió la visión a la edad de seis años y pasa el resto de su infancia estudiando moluscos y leyendo novelas de Julio Verne y Charles Darwin en braille. Vive en París con su querido padre, un cerrajero encargado de las llaves del Museo Nacional de Historia Natural. En el museo, escondida desde hace más de doscientos años, se encuentra una joya maldita de 133 quilates, un diamante de color azul grisáceo con una incrustación roja en el centro, conocido como el Mar de Llamas.

El padre de Marie-Laure crea rompecabezas ingeniosos y deliciosas miniaturas, entre las que se encuentra un fiel modelo de madera de las calles de París. Gracias a las miniaturas, que Marie-Laure ha conseguido memorizar, puede moverse la ciudad. Marie-Laure es una chica tímida pero valiente y llena de recursos.

En 1940, cuando Maire-Laure tiene doce años, los alemanes ocupan Paris. Ella y su padre escapan de la ciudad y se refugian en la casa de seis plantas que posee Etienne, el tío-abuelo de la niña, en la ciudad amurallada de Saint-Malô, en la costa de Bretaña. La chica desconoce que a su padre se le ha confiado el Mar de Llamas o una de las tres copias exactas del mismo, que han de esconderse para mantenerlas lejos de los alemanes. El padre oculta la piedra preciosa en la maqueta de la casa de Etienne. Pero poco tiempo después es arrestado por los Nazis y desaparece, dejando a Marie-Laure sola con Etienne y su criada. Enterados de que la joya ha desparecido de París, los Nazis emprenden una trepidante búsqueda del tesoro.

La piedra atrae la atención del principal antagonista de la novela, el mayor nazi van Rumpel, un coleccionista de tesoros para el Tercer Reich. Van Rumpel, que se está muriendo de cáncer, se obsesiona con el Mar de Llamas, que se cree protege a su propietario de la muerte mientras lleva al desastre a sus seres queridos.

El otro protagonista de la novela es Werner Pfenning, un chico huérfano que vive con su hermana Jutta en la ciudad minera de Zollverein, cerca de Essen, Alemania. Werner tiene un don para la ciencia y, en especial, para el intricado funcionamiento de las radios; puede arreglar cualquier cosa. El talento de Werner y su pasión por la ciencia llaman la atención de los Nazis, que lo envían a una escuela nacional en la que se entrena un cuerpo de élite militar para el Tercer Reich. El único amigo de Werner en esta institución es un tal Frederick, un chico soñador aficionado a la ornitología.

Werner obedece a sus superiores, y cuando se gradúa su disciplina y aptitud científica lo llevan a la Wehrmacht. Su genio es puesto a trabajar para seguir el rastro de las transmisiones de radio a través de Rusia y Europa Central, hasta que es enviado a Saint-Malô, donde el tío-abuelo de Marie-Laure utiliza su transmisor de radio al servicio de la Resistencia. La persecución del Mar de Llamas continúa mientras las fuerzas aéreas norteamericanas bombardean la ciudad amurallada dos meses después del desembarco del Día D.

Considerando las diferentes ideologías y contextos en que se han movido los dos personajes principales, la mera idea de un encuentro entre Marie-Laure y Werner resulta tremendamente poderosa y atractiva. Y Doerr no desilusiona al lector, pues ha desarrollado la situación de tal modo que ésta se convierte en una poderosa parábola: la ciega transmisora, la heroína que infringe la ley y mártir potencial se encuentra con el receptor que está siempre a la escucha y que ha perdido la perspectiva de sus propios principios.

En efecto, los caminos de Marie-Laure y Werner convergen en 1944, cuando las fuerzas aliadas desembarcan en las playas de Normandía y la unidad de Werner es enviada a Saint-Malô para seguir la pista de la persona que está enviando misteriosas transmisiones de inteligencia. Doerr logra esta convergencia y todas las otras maravillas de esta novela al crear una estructura tan intricada como cualquiera de las maquetas que hace el padre de Marie-Laure: cortando hacía delante y detrás en el tiempo, crea un suspense casi insoportable. Cada pieza de la historia del pasado revela información que carga la narrativa de significado, hasta que la última pieza del rompecabezas del argumento se abre para revelar el tesoro escondido en su interior.

La novela explora la tragedia de la Guerra; presenta personajes llenos de promesas que son transformados en modos descorazonadores por la violencia que los rodea. Werner y Marie-Laure  son dos chicos ordinarios, engullidos por un conflicto con el que no tienen nada que ver, devorados por el horror de la guerra. Ellos son los puntos focales no sólo de la guerra, sino de toda la existencia humana. Werner, brillante e inquisitivo, sueña con convertirse en científico. Sin embargo, se le ofrece la oportunidad de trabajar en una mina de carbón o dedicar su vida a la cause nazi. Marie-Laure, Etienne y Jutta pierden a alguien cercano a causa de la guerra y, por tanto, están para siembre marcados.

La novela también ofrece una mirada a los horrores en mayor escala de la Segunda Guerra Mundial. Los civiles son asesinados indiscriminadamente, las mujeres violadas, y los prisioneros maltratados y asesinados. A pesar de ambientar su novela en el periodo comprendido entre 1934 y 1945, y especialmente en el asedio de Saint-Malô, en agosto de 1944, Doerr evita el tema del Holocausto, centrándose más en cuestiones bélicas que en el genocidio. No obstante, se alude al Holocausto ocasionalmente, creando así un telón ineludible a la historia.

En íntima relación con este aspecto, la novela cuestiona el poder de los seres humanos para elegir entre su destino, y hasta qué medida están nuestras vidas predeterminadas por el mundo en que vivimos. Por un lado, la guerra hace que ciertas elecciones sean imposibles. Por otro, la novela pone el énfasis en el poder de los individuos para elegir su propio camino a pesar del mundo que los rodea.

Finalmente, la novela llama la atención sobre la humanidad compartida que tiene puentes entre nuestras diferencias y la artificialidad de las líneas divisorias entre los buenos y los malos. El vínculo entre Marie-Laure y Werner es quizá el mejor ejemplo de la humanidad común. Aunque son extraños situados en lados opuestos de la guerra, son espíritus gemelos en un cierto sentido.

Los personajes se encuentran inmersos en una constante búsqueda (de transmisiones de radio prohibidas, del Mar de Llamas…), localizando puntos diminutos en el caos del universo. Buscan un significado a la vez que afronta la inmensidad del mundo. Sus destinos giran en torno a su habilidad de actuar cuando todo parece estar determinado en unas escalas que nadie puede imaginar.

Marie-Laure es un personaje muy logrado y hermosamente construido. Su ceguera resulta muy convincente, y su amor sincero por su padre hace que la historia sea aún más hermosa y creíble. Quizá Werner no esté tan logrado. Como contrapunto del padre sabio y constante de Marie-Laure, Doerr dota a Werner de una hermana pequeña llamada Jutta, cuya integridad antifascista nos lleva a creer que acabará por corregir la propia moral imperfecta de su hermano.

Doerr construye una estructura poco común, a base de fábula e invenciones prodigiosas del mundo mecánico, técnico y natural: criaturas de la tierra y el cielo, las propiedad de las piedras preciosas y el carbón, todas las maravillas tecnológicas abrazadas por los Nazis son convertidas en fuentes de maravilla, mientras la complejidad de las ondas de radio y los datos que arrojan ofrecen un modo alternativo de emplear tanto la ciencia como la bondad de la naturaleza humana.

Doerr utiliza una prosa que a veces desmerece la calidad de un argumento magníficamente elaborado. Sus frases cortas y bruscas recuerdan la estática de la radio y hacen que las primeras cien páginas resulten algo aburridas. La adjetivación también resulta, a veces, excesiva. Sin embargo, según avanza la novela, Doerr abandona esta estilo demasiado insistido, de tal modo que, gracias a su magnífica atención al detalle, el lector desea saber qué es lo siguiente que va a ocurrirles a Marie-Laure, a su padre o a Etienne; a Werner, a Jutta, etc.

La mayor parte de la narración se cuenta en tiempo presente, en capítulos breves. La historia se mueve rápida y eficientemente hacia su clímax durante el bombardeo aliado de Saint-Malô. Aunque la narración consiste principalmente de flashbacks, es fácil de seguir, pues se centra principalmente en sus dos personajes principales.

En definitiva, una lectura absorbente. Uno de aquellos libros en los que el talento del escritor supera una cierta insuficiencia estilística. La novela está contada de un modo fascinante y, en ocasiones, con una hermosura deslumbrante, especialmente en aquellos pasajes especialmente tristes. Además de ser entretenida, la novela nos sorprende con suficientes destellos de talento, de tal modo que es más que un simple thriller y, sin llegar a ser gran literatura, se nos revela como una buena lectura.

El título hace referencia al fluir interminable del espectro electromagnético, una escala tan grande que, matemáticamente, toda la luz es invisible. Este motivo recorre toda la novela, proporcionando textura y ritmo, a la vez que tensión temática, entre las naturalezas insignificantes y milagrosas de la humanidad y todos los componentes inmensurables que conforman nuestras vidas.

A.G.

martes, 26 de diciembre de 2017

Lecturas recientes: El Círculo


El círculo (2013)
Dave Eggers

Mae Holland, una entusiasta veintañera y licenciada universitaria, comienza a trabajar en el Círculo, la empresa más influyente del mundo, gracias a su ex compañera de habitación y amiga, Annie, una circulista de cierta relevancia. La primera impresión encandila a Mae; se maravilla del hermoso campus, la fuente, las pistas de tenis y voleibol y piensa que aquello es el Cielo, sin saber que será el Infierno.

El Círculo es una empresa enorme de tecnología de la información que ha amalgamado diferentes funciones desempeñadas por empresas del ramo que todos conocemos (y de las que no deseo hacer publicidad, que de bastante disfrutan ya) para crear una corporación unificada con ideas aparentemente hermosas. Los clientes entran en el Círculo con una identidad sencilla, su TruYou, que les permite acceder a todas a las operaciones y conexiones sociales imaginables en el universo digital.

En el interior de la organización un círculo de jefes fusiona idealismo tecnológico y derechos humanos hasta presentar una visión de democracia, transparencia y conocimiento perfectos. El Círculo está dirigido por Tres Hombres Sabios, cada uno de los cuales juega un papel diferente, pero en cuya combinación se encuentra el éxito de la compañía. Nos hallamos, obviamente, antes unas claras referencias orwellianas que no han de pasarle desapercibidas al lector. No obstante, el eslogan central del Círculo (“Todo lo que ocurre debe ser conocido”), deriva no tanto de una imberbe ideología política como del tipo de llamémoslo “infoutopía” expuesta por Julian Asange o los sueños de conectividad social de Steve Jobs.

Mae comienza a trabajar en el modesto departamento de Atención al Cliente, proporcionando respuestas modelo a las preguntas y quejas de los clientes. El primer día su trabajo recibe una puntuación de 97 sobre 100, un récord para un novato. Puesto que las puntuaciones de todos los trabajadores son accesibles a todos y cada uno de ellos, Mae se siente impelida a logra la mayor calificación posible y no tarda en revelarse como una competidora entusiasta. Sus altas calificaciones le permiten acercarse a los anillos interiores de la empresa. Se inicia, así, el descenso de Mae al universo del Círculo. A medida que nos adentramos en el libro, aprendemos que la transparencia que define el trabajo diario de Mae se extiende por toda la compañía. Se espera que los circulistas suban “zings” a la plataforma constantemente, compartan fotos y videos e interactúen con sus seguidores. Pero la presión a hacer todo esto, en lugar de elevar, elimina su escepticismo acerca de sus jefes. De tal forma que Mae se imbuye cada vez más de éste y pasa de ser un simple empleado del Círculo a una ávida usuaria.

A medida que Mae avanza en su involucración (o descenso al Infierno, según como queramos verlo), nuestra heroína se convierte en una especie de cachorro feliz que agita su cola con la esperanza de recibir una recompensa, es decir, una puntuación más alta que le permita subir en la clasificación. Lejos de resistirse, Mae encuentra “delicioso” y “estimulante” cada nueva demanda electrónica. Nada parece evitar, pues, que Mae caiga en las profundidades del Círculo. Sin embargo, un personaje emerge de las sombras, Kalden, quien a diferencia de los demás no da la impresión de vivir en ese mundo de transparencia. Su nombre no aparece en ningún sitio y Mae experimenta su invisibilidad como agresiva. Todos los miembros del Círculo son jóvenes y saludables. Kalden, por su parte, tiene el pelo gris aunque parezca joven.

En su segundo encuentro Mae sigue a Kalden a las profundidades, por largos pasillos y a través de túneles subterráneos, hasta llegar a una sala donde Kalden le muestra una caja roja metálica del tamaño de un autobús, envuelta en brillantes tubos plateados. Kalden le dice que allí se almacenan las experiencias del Hombre Transparente, quien lleva cinco años grabando todo lo que ve y oye. Más tarde, Kalden le desvela a Mae que, en realidad, El Círculo es una “pesadilla totalitaria”, como si el lector no lo supiera ya desde el comienzo.

Al final, Mae llega a hacerse tan transparente como puede llegar a ser una persona en el reino del Círculo. Una cámara vigila todos sus actos a lo largo del día. En el baño, por ejemplo, puede apagar el audio, pero la cámara continúa mostrando imágenes de la puerta. Si permanece en silencio demasiado tiempo, sus seguidores le envían mensajes urgentes preguntándole si se encuentra bien.

Pero, ¿qué ocurre con la vida de Mae fuera del Círculo? Juzgad vosotros mismos: se ha peleado con su novio, Mercer, que ha tratado de abrirle los ojos sin éxito alguno; su padre sufre esclerosis múltiple, pero a cambio de la ayuda del Círculo se ve obligado a llevar una cámara, como ella, a todas partes, hasta que por supuesto se cansa. Y respecto a su amiga Annie, Mae sólo piensa en superarla y quitársela de en medio. Es entonces cuando llegamos al final del libro, a una escena escalofriante que no os desvelaré, por supuesto.

La acción transcurre en un futuro no demasiado distante; los tres sabios que poseen y dirigen el Círculo son reconocibles como individuos de hoy. La empresa demanda transparencia en todo; dos de sus principales eslóganes son: “Los secretos son mentiras” y “La privacidad es un robo”. Se prohíbe el anonimato, se revela el pasado de todos, el presente de todos puede ser transmitido en directo con imagen y sonido, nada grabado se borrará jamás. El objetivo del Círculo es que todos los aspectos de la existencia humana (desde el voto a los asuntos de amor) fluyan en su portal, el único portal de ese tipo en el mundo.

Esta potencial distopía debería resultar familiar. Los asuntos que plantea Eggers ya se debaten en libros y tweets. Es la llamada tiranía de la transparencia, la perpetua presencia de la persona en las redes sociales; nuestra extraña querencia a mostrarnos, el voraz apetito informativo de los buscadores y redes sociales, nuestras vidas bajo la constante supervisión de nuestro propio gobierno. Esta obsesión por compartir opiniones y momentos privados están enriqueciendo a empresas que, a causa de su especial naturaleza, pisotean lo único que nos permite ser a cada uno de nosotros mismos: nuestra privacidad; la libertad de ser buenos o malos sin tener en cuenta si alguien nos está viendo o no, y a vivir nuestra vida para nosotros mismos. Nuestra incapacidad para darnos cuenta de esto parece ser el mayor temor de Eggers, quien conforma la discusión como si fuera una fábula o un cuento que pretende ser instructivo.

Es por ello que bien podríamos pensar que Mae no es una víctima, sino una villana de segunda. Sus motivaciones son menudencias relacionadas con Internet: conseguir las puntuaciones más altas, adentrarse en el interior del Círculo, ser popular. En este sentido, Mae es una mera escolar más que una malvada. Quizá sea esto lo que Eggers quiere decir: que el mal en el futuro se parecerá más a la trivial Mae que al ojo inquisitorio del Gran Hermano. En este caso, creo que Eggers debería haberse esforzado más en expresar este sentimiento tan profundo. Los personajes necesitan sustancia y Mae debería parecer algo más que un simple personaje de cómic.

Por todo lo expuesto, uno no sabe si debería entender El Círculo como una sátira del presente o como una visión distópica de un futuro cercano. Creo que quizá debiéramos concebirla como una visión caricaturesca de la tecnología, del totalitarismo de baja intensidad, un experimento narrativo en el que es el idealismo ideal, más que el fascismo o el comunismo, lo que alcanza una solución final.

El Círculo es el mejor, si no el primer y quizá único intento hasta la fecha en la literatura contemporánea de presentar las consecuencias de vivir en un mundo que rehúye el ideal de privacidad. A diferencia de su predecesor, 1984, de George Orwell, El Círculo explora el camino a la tiranía más que un mundo consumido por ella, más allá de un punto en el que no hay retorno. Se trata, por tanto, de una novela de ideas; de ideas sobre la construcción y deconstrucción de la privacidad, sobre el creciente poder corporativo de la privacidad y los efectos que tal posesión puede tener en la naturaleza de la democracia occidental.

Dave Eggers representa la última generación de grandes escritores norteamericanos que han emergido (y superado) los viejos valores de la literatura. En este sentido, El Círculo puede representar la visión de los idealistas de las redes sociales, vistos a través de la forma de una tradicional novela escéptica.

Llegados al punto donde nos han llevado la sociedad hipertecnificada de la que somos parte y la voracidad informativa de las redes sociales, creo que sería pertinente preguntarnos si acaso no se ha cerrado ya el círculo al que alude el autor en esta reveladora novela.

A.G.

jueves, 27 de julio de 2017

Lecturas recientes: Canadá


Canadá (2006)
Richard Ford

Dell Parsons, un profesor de inglés jubilado, recuerda con una distancia temporal suficiente los acontecimientos que marcaron su vida y le proyectaron hacia un futuro incierto. Sus recuerdos se remontan medio siglo, al año en que él y su hermana cumplieron quince años; una época en la que tuvieron lugar unos acontecimientos claves y traumáticos que situaron a Dell en un camino que jamás sería capaz de desandar hasta su origen. El libro sigue la trayectoria y consecuencias de estos acontecimientos y detalla los duros escenarios en que éstos tuvieron lugar. La novela trata esencialmente de las consecuencias de una repentina ruptura trágica en la vida ordinaria de una familia. Más que en los crímenes en sí, Ford está interesado en cómo estos moldean la vida de Dell y su modo de vivir en el mundo y de relacionarse con él.

Al comienzo del libro, Dell anuncia sus intenciones para las siguientes páginas del libro: “En primer lugar hablaré del robo que cometieron nuestros padres. Luego de los asesinatos, que ocurrieron más tarde”. Desde el primer momento el lector sabe lo que va a ocurrir y, por tanto, es consciente del tipo de "inevitabilidad" que está ligada a las circunstancias. De cómo el narrador vio su vida descarrilar, como consecuencia de un único acto, espectacularmente singular, cometido por su madre y su padre: el mal planeado y peor ejecutado robo a un banco. Su padre pensaba que pasando a Dakota del Norte, un estado escasamente poblado, para robar un banco, él y su mujer pasarían desapercibidos y tendrían éxito en su estúpida empresa. Así pues, convence a su mujer, escéptica mas inteligente, y a partir de ese momento la vida de todos los miembros de la familia cambia por completo y para siempre.

No tardamos en percibir que el narrador es alguien que intenta encontrar un sentido a su pasado. No en vano, el modo en que la historia se despliega refleja la necesidad que siente Dell de unir todas las piezas del rompecabezas de su pasado. Una de las consecuencias de esto es que el lector se encuentra con una narrativa meticulosa en la recreación de ciertos detalles: las marcas de coches, el corte de las ropas, los ritmos lentos y repetitivos de la vida en una ciudad pequeña. Incluso el robo del banco, cuando es finalmente descrito, es reconstruido de un modo bastante neutro y simple. Lo importante aquí no es tanto el acontecimiento en sí como sus consecuencias a largo plazo.

La novela se divide en tres partes. La primera, que trata del crimen y sus efectos inmediatos, transcurre en la segunda mitad de la década de 1950 en Great Falls, la ciudad de Montana que Ford utilizó como telón de fondo en algunas de sus novelas anteriores. A mí es la que más me gusta de las tres. De una hermosura arrebatadora son las descripciones de los paisajes de Montana que Dell recrea con tanta precisión (y poesía), medio siglo después.

La novela se inicia con el establecimiento de la familia Parson en Great Falls en 1956. Bev (Beverly) Parsons, el padre, es el personaje más conmovedor de la novela. Es piloto de la fuerza aérea, amante de las bromas, trucos y actuaciones con que entretiene a unos hijos que adora; un hombre cuya inocencia es adorable, a la vez que letal. Está casado con la mujer equivocada, pero es capaz de sobrevivir a la claustrofobia de una familia demasiado codependiente trasladándose continuamente de una base militar a otra. A pesar de verse implicado en delitos menores, está preocupado hasta la obsesión por el bien estar de su mujer y su familia.

Uno de estos delitos menores, el comercio con carne robada, acaba con la expulsión de Bev de la Fuerza Aérea a la edad de 37 años. Bev llega a Great Falls con la ilusión del que llega a un lugar nuevo donde pueda salir adelante. Comienza a trabajar en la ciudad como vendedor de coches nuevos, luego de coches usados, y más tarde agente inmobiliario que vende tierras y granjas, algo de lo que admite no saber nada. Es en esta misma época cuando Bev se ve involucrado en el comercio ilegal de carne robada. Las cosas salen mal –Bev se encuentra debiendo 2.000$ a unos indios que roban ganado– y convence a su mujer para llevar a cabo el patético robo a un banco del que se nos habla al comienzo de la novela; un acontecimiento calamitoso que nos permite conocer con más profundidad la vida de los Parsons: Bev y Neeva Kampler, los padres forman una pareja mal emparejada; él es un ex soldado débil y criminal y ella una frustrada intelectual judía. Dell se siente más próximo a su hermana gemela, Berner. Los gemelos, que tampoco se llevan muy bien, son ignorados observadores de la tragedia que se cierne sobre su familia. Bell es un muchacho interesado en el ajedrez y en la apicultura que ansía comenzar la escuela secundaria en otoño; su hermana y su madre sienten que no pertenecen a Great Falls. Dell y Berner sí son capaces de ver fácilmente los motivos por los que su madre se sintió atraída por Bev Parsons (un hombre grande, fuerte, hablador, divertido, complaciente). Pero no entienden qué pudo haberle interesado a él de su madre: una mujer pequeña, encerrada en sí misma, tímida, alienada; hermosa tan sólo cuando sonríe e ingeniosa sólo cuando se siente totalmente a gusto). En este punto de la narración, la voz de Dell (introspectiva, lacónica y ligeramente melancólica, pero a gusto con el lenguaje que utiliza para recuperar su memoria) es la fuerza central de este admirable novela. Sus frases cuidadosa y artísticamente construidas merecen por sí mismas el reconocimiento del lector, si bien son también un servicio constante a la historia de la familia Parsons.

Con los padres encarcelados y su hermana gemela dejándolo en la estacada, Dell, que recordemos tiene quince años, se ve obligado a cruzar clandestinamente la frontera de Canadá, donde es acogido por un amigo de la familia. En esta segunda parte de la novela, el robo en el banco no tiene consecuencia ninguna. Dell no vuelve a ver a sus padres y apenas se reencuentra con su hermana. El momento en que todo se derrumba y Dell se queda solo, cruzando la frontera hacia una vida nueva y desconocida, es impresionante y conmovedor. Vemos cómo una vida puede tender su propio puente hacia un futuro en blanco. Dell afirma que Canadá no era mejor que América, y todo el mundo lo sabía, excepto los americanas; Canadá tenía todo lo que América llegó a tener, pero nadie se volvió loco por ello. En este sentido, la grandiosa y extraordinaria secuencia de la segunda parte de la novela es un examen de lo que América podría significar y lo que significa en realidad, desde la óptica de los fugitivos, esto es, gente que jamás volverá a América y que no dudaría en matar a cualquiera que viniera de América en su busca.

Dell se establece en Saskatchewan. Comienza a trabajar en un sórdido hotel al servicio de un misterioso exiliado norteamericano llamado Arthur Premlinger. Allí no sabe a quién temer más: si a su jefe, un misterioso graduado en Harvard huido en Canadá para evitar pagar por sus fechorías pasadas, o al huraño Charley, un chiflado fanático de Hitler que usa pintalabios y con un trabajo turbio. Es entonces cuando Dell se ve involucrado en un crimen aún más grave que el que cometieron sus padres. El propio pasado oscuro de Premlinger atrapa a Dell y éste se convierte involuntariamente en cómplice de un asesinato ejecutado despiadadamente. Dell se ve obligado a marcharse de la ciudad para acabar viviendo bajo el cuidado de otro extraño en Winnipeg, a 500 millas de allí.

Al describir todo esto desde el privilegiado punto de vista del presente, Dell disfruta recordando hasta  el hecho más insignificante, como por ejemplo el día en que su madre se echó una siesta a las cuatro en punto. Con todo, cuando recurre al diálogo, Dell recuerda no tanto lo que oyó como lo que no oyó; tumbado despierto en la cama, dice, mientras sus padres conspiran en medio de un estrépito de platos. Y cuando explica cómo se desintegró su familia, uno nunca tiene la impresión de que Dell esté manipulando los acontecimientos. El efecto es más bien el de un testimonio ofrecido escrupulosamente. Si bien, resulta plausible que algún lector llegue a pensar que el tiempo de Dell en Saskatchewan “no parece haber ocurrido”.

La tercera parte es una breve postdata que transcurre en un pasado reciente y trata principalmente de la visita de Dell a su hermana, que vive en Minneapolis y muere de una enfermedad terminal.

A diferencia del estilo denso y plagado de frases discursivas utilizado en la trilogía de Frank Bascombe, en Canadá encontramos un estilo más austero y preocupado con el significado interno de las cosas cotidianas. La escritura de Ford es aquí más directamente descriptiva de lo que había sido en sus novelas anteriores. Canadá supone el retorno de su autor al llamado “realismo sucio” de sus primeras novelas, aunque esta novela revela como una épica en su concepto y es más confiadamente lenta y deliberada en su narración.

Canadá es la historia de lo que ocurre cuando cruzamos ciertas líneas y no podemos volver atrás. Es un examen del poder redentor de la memoria articulada. 

A.G.

martes, 21 de junio de 2016

Lecturas recientes: Némesis


Nemesis (2010)
Philip Roth

En la mitología griega, Némesis era la diosa de la justicia retributiva, la solidaridad, la venganza, el equilibrio y la fortuna. En la novela homónima de Philip Roth, Némesis adopta la forma de la epidemia de polio de los años 40 que avanza por las calles del barrio judío de la Newark (Nueva Jersey), la ciudad nativa de Roth. Puesto que la enfermad golpea sobre todo a los jóvenes y adolescentes, sus efectos parecen particularmente perniciosos entre la población judía, muchos de cuyos miembros parecen haber contraído la enfermedad en mayor número que otros grupos étnicos.

Los Alidados avanzan en Italia durante el verano de 1944. Mientras tanto, en Newark Bucky Cantor, el profesor de gimnasia y director de la escuela, ha de resignarse con permanecer en el país y no poder servir en el ejército a causa de su mala vista. Se atrapado por un poderoso sentimiento de vergüenza. Su madre murió en el parto. Su padre, un ladrón, dejó de existir para él hace tiempo. Pero nada de ello le importa más que no poder luchar contra los alemanes, junto a sus mejores compañeros, los hombres de su edad hábiles para dicha tarea. La vida, no obstante, lo ha tratado bien. Lo criaron sus abuelos: su abuelo, un inmigrante que le animó a valerse por sí mismo como hombre y como judío; su abuela, una mujer bondadosa con quien vive Bucky cuando comienza la historia. Cantor es consciente de su suerte, lo que le permite albergar no sólo un sentimiento de gratitud hacia ellos, sino un sentido de obligación que le ayuda a soportar sus desilusiones.

Cantor desempeña el papel de director de escuela con una combinación de entusiasmo y dignidad que le hace, a los ojos de los chicos, un héroe absoluto. Sus metas en la vida no son, de hecho, menos exaltadas: quería enseñar a los chicos lo que su abuelo le había enseñado a él: tenacidad y determinación, para ser lo suficientemente valiente y capaz como para no dejarse intimidar por los demás. Sin embargo, ni la fuerza ni la compasión sirven para combatir la poliomelitis, una enfermedad para la que aún no había cura en 1944. Cuando la polio asola la ciudad y se propaga entre los chicos, aumenta el sentido del deber de Bucky. En contra de los deseos de Marcia, su novia, y su familia, decide permanecer y protegerlos. En este punto el libro parece más bien un relato histórico desprovisto de elementos de ficción. El único incidente que presenta una finalidad auténticamente dramática es el que aborda el posible motivo del brote de polio: la aparición de un grupo de italianos en el patio de la escuela, amenazando a los chicos con que iban a propagar la enfermedad escupiendo en el suelo. Cantor, sin embargo, desestima la posibilidad de que la epidemia haya comenzado de esa manera, pero los chicos no tardan en contraer la enfermedad.

A medida que los niños comienzan a morir, uno por uno, y la comunidad judía se ve sumida en el miedo, las bases de la existencia de Cantor empiezan a desmoronarse. Considera aquello como una verdadera guerra, una guerra de muerte, ruina, pérdida y maldición. Demasiado digno para saborear la oportunidad de servir en el frente, demasiado honesto para no reconocer su propio miedo, Bucky afronta la situación lo mejor que puede, es decir, con seriedad, compasión, desconcierto e ira.

Cargando aún con la culpa de no estar sirviendo en el ejército, Bucky aguanta el sufrimiento todo el tiempo que puede, antes de que su novia le convenza por fin de que se una a ella en el campamento de verano, fuera de la ciudad. Enfadado con Dios, Bucky huye de la ciudad y se emplea como encargado de un campamento de verano para chicos judíos en las montañas del este de Pennsylvania. Su novia, que trabaja en el campamento para chicas de al lado, ve la decisión de Bucky como la oportunidad de permanecer juntos, cuando antes, mientras Cantor trabajaba en Newark, tenían que pasar el verano separados. Sin embargo, Bucky no puede evitar que le atormente la conciencia por haber huido. A medida que la epidemia avanza Cantor se ve atrapado entre el deseo y la obligación.

Algunos días después de su marcha, comienzan a cerrarse las escuelas en Newark y a Cantor le asalta el remordimiento. Piensa que si se hubiera quedado más tiempo, no habría tenido que enfrentarse a la vergüenza de la huida. Y lo que es aún peor, no tarda en suceder un brote de polio en el campamento de vacaciones. En este punto de la novela, la tragedia y los acontecimientos desgraciados que suceden evocan uno de los grandes temas de la narrativa de Roth: la injusticia del destino. Al igual que en muchas de sus otras novelas, el sexo y la muerte están unidos desde el comienzo, pero en Némesis la importancia del sexo tarda en hacerse patente.

En la mayor parte de las novelas de Roth tal compañerismo o unión se convierte en pura lujuria. Sin embargo, en Némesis los encuentros sexuales están mucho más restringidos. Podemos ver esto cuando Bucky y Marcia se citan por primera vez en las montañas y en la tarde en el bello paraje de las Montañas Pocono, cuando Marcia lo lleva por los bosques oscuros a su cabaña, cantando durante todo el camino fragmentos de su canción del verano favorita, I’ll be seeing you.

Hacia el final de la novela se produce un súbito cambio de perspectiva y Roth muestra a un Cantor ya anciano recibiendo la visita de los chicos de la escuela que contrajeron la polio. Los chicos descubren que Cantor no ha conseguido recuperarse del dolor de sus primeros años de vida adulta. Con todo, lo que realmente le preocupa, más aún que la pérdida de su destreza física, es la memoria de la novia que lo abandonó en su momento más oscuro. Bucky ha sido víctima de su destino. Un hombre que no es capaz de creer en Dios ni de aceptar su suerte. La auténtica Némesis es la Muerte, el único enemigo al que no se puede vencer. En la mayor parte de sus obras previas los pensamientos acerca de la muerte llevan a los personajes masculinos de Roth a situar sus esperanzas en el sexo. Bucky tiene tantos de estos pensamientos funestos que presta poca atención a los deseos de Marcia, pensando sólo en los chicos muertos de Newark. De hecho, Cantor se siente tan lastrado por la culpa del superviviente que llega a creer que es él quien propaga la enfermedad.

La obra de Philip Roth había sido dividida hasta hace unos años en varias categorías principales: las novelas que tiene como protagonista al novelista Nathan Zuckerman; las novelas sobre el propio Philip Roth; las novelas sobre David Depesh, su protagonista académico, y los libros de no ficción. Con Némesis, Roth nos presenta una nueva categoría, a la que se han añadido obras anteriores: Everyman, Indignación y La humillación, situadas hasta entonces en uno de los otros grupos. Roth ha descrito estas novelas como obras cataclísmicas en las que uno no muere, pero sí lo hacen todos los demás.

A.G.

domingo, 7 de febrero de 2016

Lecturas recientes: La trama nupcial

 
La trama nupcial (2011)
Jeffrey Eugenides

La nueva novela del laureado autor de Las virgenes suicidas es bien sencilla. Hay una heroína, el hombre equivocado del que se enamora y con el que se casa, y el hombre correcto que sufre mientras la espera.

Tres son, en efecto, los personajes entorno a los que se desarrolla esta versión posmoderna del romance del siglo XIX. Tres estudiantes universitarios –Madeleine, Mitchell y Leonard–, que se conocieron en la clase de semiótica y abandonaron Brown en 1982, el año antes de que lo hiciera el propio Eugenides. Madeleine Hanna es una muchacha hermosa e ingenua perteneciente a una próspera familia Wasp con profundas inquietudes intelectuales que debe elegir entre uno de los dos hombres, ambos de orígenes humildes, estudiantes de religión y ciencias respectivamente. Leonard Bankhead, su novio ocasional, es un joven brillante, taciturno, pobre y carismático. Mitchell Grammaticus, un alter del ego del autor, es un griego de Grosse Pointe, Michigan, que anhela alternativamente a Madeleine y a Dios. Resulta irresistible a las mujeres, mas es salvajemente autodestructivo. También resulta ser clínicamente bipolar. Sin embargo, Madeleine se casará con él y es precisamente en su relación donde reside la principal fuente de tensión de la novela.

El punto de vista de la novela alterna entre los tres personajes principales, pero Leonard dispone de menos tiempo que los otros dos. Madeleine, sin embargo, dispone de casi la mitad de la novela, lo cual no es extraño considerando la fascinación del autor con la experiencia femenina. Su personaje es casi totalmente reactivo; incluso el modo en que resuelve su relación con Leonard y Mitches son reactivos.

Con Mitchell embarcado en un largo viaje por Europa y la India en busca de santidad, Madeleine y Leonard se establecen en Cape Cod, Massachussetts, donde Leonard trabaja en un laboratorio de genética y Madeleine solicita plaza en un programa avanzado de estudios de la novela victoriana. Su tesis versa sobre la trama nupcial, pero ésta no parece tratar tan sólo sobre el matrimonio y el amor, sino sobre cómo estos dos temas pueden ser rescatados para la literatura contemporánea y, lo que considero más importante, sobre aquello de lo que tratan todas las novelas de Eugenides: el drama de la transición de la niñez a la vida adulta. El autor retrata a tres jóvenes que se enfrentan a la vida adulta, y en ello percibimos, por supuesto, ciertas reminiscencias de Salinger.

La novela posee la textura y el dolor de la experiencia vivida, captura la pretenciosidad de los intelectuales universitarios, el dulce encanto de la cortesía, la dura vida después de la universidad, cuando uno ha de enfrentarse al mundo sin la protección que le brindan las aulas, la lucha de Mitchell con su espiritualidad y de Leonard con la enfermedad mental que se afirma desde el comienzo y camina inexorable hacia adelante y la propia lucha entre Madeleine y Leonard.

La trama nupcial es también una novela para y sobre bibliófilos, pues explora la relación especial entre los libros y los amantes de los libros y el significado especial que éstos pueden adquirir por diferentes razones: la persona que nos los regaló, el momento de nuestra vida en que los descubrimos, o el hecho de que sea una edición especialmente bonita. En este sentido, Eugenides afirma que uno de los mayores placeres de ser un bibliófilo es curiosear en las librerías de otras personas. Esto tiene sentido desde el momento en que el autor expone la teoría de que los libros que leemos son una reflexión significativa de nuestra personalidad. Eugenides emplea los libros que lee Madeleine para exponer la personalidad de su heroína.

En efecto, los primeros rasgos de caracterización de Madeleine son proporcionados por sus preferencias literarias. A medida que la novela avanza está claro que ser una lectora ávida parece ser su único rasgo de personalidad y que a pesar de sus cuatro años de universidad fuera de casa, su personalidad aún no está bien formada. Es infantil y consentida, pues aún desea que se sus padres la traten como una niña, con todo lo que ello conlleva. Gran parte de su comportamiento parece estar calculado para evitar cualquiera cosa que pueda resultarle difícil o le suponga un desafío que no sea capaz de afrontar con éxito.

Eugenides tiene acostumbrados a sus seguidores, entre los que me cuento, a una gran novela cada diez años. En este blog ya hemos comentado Middlesex, que fue la primera que leí, y Las vírgenes suicidas, que a mi juicio posee una calidad literaria superior a la de las otras y que no deja de sorprender, lectura tras lectura, tanto por lo que se cuenta como por el modo en que se cuenta. Con todo, creo que La trama nupcial es una novela muy interesante y reflexiva, como todas las del escritor de origen griego, pues aborda no sólo los aspectos que hemos comentado en estas líneas, sino otros de mayor complejidad y que, como tales, merecería una reflexión más amplia y profunda que excede, desde luego, el propósito de este blog.

Y para concluir, un deseo en voz alta: espero que no tengamos que esperar otros diez años para volver a saborear la próxima y, a buen seguro gran novela, de Jeffrey Eugenides.

A.G. 

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sorpresas gratas: Los pájaros amarillos


Los pájaros amarillos (2012)
Kevin Powers

El joven soldado John Bartle, destinado a manejar una ametralladora en la Guerra de Irak, predice que ninguno de sus compañeros está destinado a sobrevivir. La guerra, afirma, es paciente y no le preocupan los objetivos ni las fronteras; si te quiere mucha gente o ninguna en absoluto. El único propósito de la guerra, tal como se le reveló una noche en sueños, es seguir, tan sólo seguir.

Poco tiempo después de su llegada a Irak, Bartle es testigo de un tiroteo extrañamente fortuito, mas horrible, que marcará su futuro inmediato. Involuntariamente se verá implicado en un acto que, a pesar de ser cometido por un motivo loable, casi destruirá tanto su mente como cualquier sentido de moral que pudiera aún quedarle tras dos años de servicio en los campos de batalla de la provincia iraquí de Nínive. Su colaborador indispensable en dicha conspiración es su sargento, un hombre entusiasta y brillante llamado Sterling, sobre cuya persona Bartle siente una perturbadora ambivalencia.

Al igual que Burtle, Kevin Powers fue, en efecto, testigo de excepción de la guerra de Irak, pues sirvió dos años en Mosul y Tal Afar. En un breve prefacio a la novela, Kevin afirma que Los pájaros amarillos comenzó como un intento de responder una pregunta: “¿Cómo eran las cosas allí (en la Guerra de Irak)?”. Sin embargo, Powers no tardó en darse cuenta de que él no era la persona adecuada para tan ardua tarea, pues la guerra no es sino como ella misma; de ninguna otra manera. Los pájaros amarillos aborda el problema sempiterno de intentar describir experiencias que tan sólo unos pocos comparten: la guerra, la locura, la extrema violencia, etc. Son experiencias que difícilmente pueden ser descritas con palabras. No obstante, Powers elabora lo que él mismo llama “la cartografía de la conciencia de un hombre” y logra recordarnos con esta magnífica novela, llena de lirismo y excepcionalmente escrita, a las dos más grandes novelas del género, que ya hemos comentado en este blog: Sin novedad en el frente (a mi juicio, la mejor de todas las jamás escritas sobre esta temática) y La roja insignia del valor.

Powers elabora un retrato juicioso e intuitivo de los hombres que luchan en las guerras. Tres son los protagonistas principales de este drama: el misterioso y vulnerable Murph, el brutal Sterling y el protagonista y narrador de la historia, cuyo nombre nos recuerda a Bartleby, el personaje de Melville; otro hombre paralizado hasta el punto que lo único que puede hacer al final es realizar los pocos actos simples que le ayudarían a mantenerse con vida.

John Bartle prometió a la madre del soldado de dieciocho años Daniel Murphy que cuidaría de su hijo y le traería de vuelta sano y salvo. Una promesa que, como el narrador revela desde el comienzo de la novela, no podrá cumplir. A pesar de poner todo su empeño en sobrevivir, a la vez que se pregunta cómo puede cumplir su promesa, Burtle siente poco a poco como si él mismo se fuera desintegrando.

La novela se mueve intermitentemente de un escenario a otro: Virginia, Irak, Alemania, Nueva Jersey y Kentucky, de 2003 a 2009. Al recordar la guerra, Bartle admite que es como hacer un puzle de atrás adelante. Este peculiar estilo narrativo convierte al lector en un participante activo, convirtiéndolo en una especie de coautor que a medida que junta los recuerdos dispersos se da cuenta del terrible secreto que se esconde debajo: la cruda verdad de la muerte horrenda de Murph.

Cuando Bartle acaba confinado en una prisión militar, no le queda más compañía que sus recuerdos; recuerdos que intenta atrapar aunque su lógica y sus secuencia le sean esquivas. Sus inciertos recuerdos le impiden estar de vuelta en Estados Unidos de forma plena. Durante la guerra, no ha habido nada que quisiera más que regresar a casa, pero una vez de vuelta, todo le recuerda a algo más: su mano se aferra a un rifle que no existe, cree ver a los fantasmas de los hombres muertos en los asientos del aeropuerto, a los niños destruidos por los morteros y los obuses, etc. Cuando su madre lo abraza y le dice que por fin está en casa, él no la cree. Cualquier ruido en la distancia, cualquier objeto insignificante lo transporta a un lugar oscuro en el que los caimanes esperan con las mandíbulas abiertas.

Después de regresar de Irak, Powers obtuvo un máster en poesía por la Universidad de Texas. Esto es evidente en la musicalidad de sus frases o los detalles brillantes, especialmente visibles en las descripciones, que salpican su prosa como diminutas gemas.

Los pájaros amarillos es una novela hermosa, poderosa y equilibrada. Una lectura obligatoria, no sólo porque nos presenta un testimonio de primera mano de la Guerra de Irak, sino porque nos ayuda a comprender que incluso de la más incomprensible y vergonzosa violencia podemos extraer una mínima visión vital del ser humano.

A.G.

domingo, 26 de julio de 2015

Lecturas recientes: Brooklyn Follies

 
Brooklyn Follies (2005)
Paul Auster

De nuevo nos encontramos con un gran inicio en una novela de Paul Auster (“Estaba buscando un lugar tranquilo donde morir”), que nos empuja, casi literalmente, a zambullirnos en la sugerente narrativa del gran maestro del postmodernismo literario.

¿Quién es este narrador que parece buscar un lugar donde pasar moribundo los últimos días de su vida? Es Nathan Glass, un hombre cínico y reflexivo que frisa los sesenta años y que, en realidad, está lejos de ser una persona derrumbada y apática, a pesar de culparse a sí mismo de casi todo lo que le ha ido mal en la vida: un amargo divorcio, una lucha contra el cáncer y el distanciamiento de su hija, Rachel. La novela nos muestra, desde su inicio, algunos de los rasgos distintivos de la novela austeriana: un narrador enigmático, el papel insistente de la casualidad, las historias dentro de las historias (Shakespeare ya se encargó de darle forma a este método) y la búsqueda de un significado metafísico.

Nathan es un ejecutivo de una compañía de seguros. Feliz de superar un cáncer de pulmón, decide vivir el resto de sus días en su Brooklyn natal, donde pretende escribir la gran obra de su vida, “El Libro de la Estupidez Humana”. Un libro en el que, como bien indica en título, pretender recopilar estupideces y desvaríos del ser humano.

Sin embargo, al poco de instalarse en la Ciudad se reencuentra con su sobrino Tom Wood, al que no ha visto en un largo periodo de tiempo, y cuya vida no parece tan rota como la del propio Nathan. Tom vive cerca de él y trabaja en una librería propiedad del enigmático y extravagante Harry Brightman, cuyo nombre real es Dunkel (oscuro, en alemán). Brightman conoce a Nathan y le propone tomar parte en una operación fraudulenta cuya finalidad es financiar el Hotel Existencia, un lugar de descanso para “modernistas en apuros”.

Con el desarrollo de la trama, Auster explora las vidas de la familia de Tom y elabora una peculiar crónica (en su más puro estilo, en absoluto ajeno para los que estamos familiarizados con sus novelas) de la familia de Tom, y en especial de su hermana, Aurora, y la hija de ésta, que ha sido abducida por siniestra secta religiosa sureña. Nathan tiene la oportunidad de curar los errores de sus vidas infelices. Le ofrece consejo juicioso a Brightman y “aventura” a Joyce, una alegre viuda.

Aunque Nathan desea aprender de nuevo cómo servir a los demás, no todos sus gestos y buenas intenciones dan resultado, pues una camarera pierde su trabajo como consecuencia del collar que le regala Nathan.

Al final sus sobrinos Tom y Aura rehacen sus vidas gracias a su renovado vínculo con su tío Nathan. Tom acaba feliz conduciendo un taxi y Aurora es rescatada de un matrimonio sin amor. Además, su hija Lucy encuentra un nuevo hogar en Brooklyn.

En el relato de los acontecimientos se intercalan referencias más o menos veladas a los acontecimientos del Once de Septiembre, cuando todo cambió, como bien sabemos, y que aún no habían ocurrido cuando concluye el relato de los acontecimientos narrados en Brooklyn Follies.

Como casi todas las novelas que he leído de Auster, Brooklyn Follies no decepciona a quienes esperamos encontrar una escritura lúcida, deslumbrante y provocativa. Paul Auster, un talento único, se ha convertido con los años (lejana ya su trilogía de Nueva York) en uno de los escritores que con mayor maestría hace uso de la sátira y la parodia. Brooklyn Follies es, además, una novela lírica que enseña a celebrar los placeres de la vida, el poder insondable de la casualidad y hasta la ironía que hay en la vida misma, a pesar de ese lado oscuro de terror y muerte que también queda al descubierto en la novela.

Auster siempre resulta una lectura reconfortante y sugestiva. Sus páginas repletas de una prosa continua, alejada de la aparatosidad, nos presenta personajes con la necesaria definición para servir al propósito de la narración. Una lectura muy recomendable, como suelo decir en estos casos.

A.G.