Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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sábado, 29 de septiembre de 2018

Lecturas recientes: Desgracia

 
Desgracia (1999)
J.M. Coetzee

A medias entre la novela de campus y la antipastoral, Desgracia tiene un comienzo apacible en Ciudad del Cabo. Han pasado cinco años desde que el nuevo gobierno llegó al poder. La voz narrativa pertenece a David Lurie, un profesor de 52 años de edad, dos veces divorciado, que enseña Comunicación en la Universidad Técnica de Ciudad del Cabo, más por obligación que por deseo. Su auténtico interés se centra en los poetas románticos, si bien el estudio de las lenguas ha sido abolido como parte de una racionalización a nivel nacional de los recursos educativos.

A Lurie se le permite enseñar un solo curso sobre los poetas románticos, pero no es un buen comunicador y trabaja con estudiantes que no son sino típicos productos de una educación sudafricana postcristiana, posthistórica y pos alfabeta, que carecen de los rudimentos básicos del contexto y fuentes de la literatura que están estudiando. A la vez, Lurie juega con la idea de escribir una ópera de cámara sobre el romance de Lord Byron con la joven de diecinueve años Teresa Guiccioli, que el poeta inició en Italia en 1819 después de haber sido condenado al ostracismo en Inglaterra por su relación escandalosa con su medio hermana, Augusta.

Lurie comparte un cierto tipo de apetito sexual como el de Byron, y en especial un gusto por las mujeres exóticas. Incapaz de una relación emocional profunda, satisface este gusto con una prostituta que se hace llamar Soraya, a la que visita cada jueves por la tarde en un apartamento anónimo. Llega a las dos y se marcha noventa minutos después, habiendo pagado la tarifa convenida antes de acostarse con ella.

Un sábado por la mañana ve a Soraya en la calle, en compañía de dos niños pequeños que deben de ser sus hijos. Los tres entran en un restaurante y se sientan junto a la ventana. Las miradas de Lurie y Soraya se cruzan un instante. El siguiente jueves, ni Soraya ni él mencionan lo ocurrido, pero el incidente supone que Lurie y Soraya dejarán de verse.

Una noche, algún tiempo después, Lurie invita a una estudiante a casa a tomar un trago, luego a cenar, y más tarde le pide “hacer algo insensato”. Y aunque cree o afirma creer que la belleza de una mujer no le pertenece a ella sólo, al final llega un momento en el que incluso él sabe que está mal. La guapa estudiante se llama Melanie Isaacs, una hermosa joven de pelo oscuro que tiene veinte años. La estudiante permanece pasiva, pero no en silencio, y es entonces cuando percibimos que la desgracia se cierne sobre Lurie.

El novio de Melanie ha descubierto que Lurie está acostándose con ella; el escándalo está asegurado. Melanie acusa a Lurie de acoso. Forzado a declarar ante un comité de investigación de la Universidad, Lurie admite su culpa, pero no pide perdón, tal como se espera que haga, y dimite.

Después de haber pasado el alboroto de los comités universitarios y los flashes de los reporteros, Lurie se refugia con su hija, Lucy, en su pequeña propiedad en el campo cerca de Salem, en la “vieja Cafrería”, en la provincia del Cabo Oriental. Lucie es una granjera que vende su producción en un puesto del Mercado de la cercana Grahamstown y cría perros, en lo que percibimos como un lugar de retiro donde mantenerse alejada del modo de vida y valores de su padre. Su relación con él es problemática, pues se trata del tipo de mujer que Lurie descartaría de inmediato por motivos físicos, y además es lesbiana.

En este punto Desgracia se convierte en un libro más oscuro y desgarrador. El amor de Lurie por su única hija parece ser la gracia salvadora de este hombre desgraciado. Lucy parece feliz, aunque vive sola en la granja, donde recibe tan sólo la ayuda de un hombre llamado Petrus, su antiguo empleado pero ahora, en la nueva Sudáfrica, simplemente su vecino y copropietario. Lurie siente ansiedad por la situación de su hija, allí sola, y aunque Petrus dice que todo es peligroso hoy en día, Lurie piensa que todo irá bien.

Lurie acaba acostumbrándose a la rutina del campo, sobre todo cuando empieza a ayudar a Bev Shaw, una amiga de Lucy, en su clínica de cuidado de animales. Petrus, el vecino más cercano de Lucy, hace trabajos raros para ella. Pronto habrá de convertirse en el propietario de la tierra, de acuerdo con la nueva ley de la Nueva Sudáfrica.

En efecto, todo parece marchar bien, hasta el día en que Petrus se marcha sin avisar. Durante su ausencia, aparecen por la propiedad tres forasteros negros que le piden utilizar el teléfono. Una vez dentro saquean la casa, encierran a Lurie en el baño, al que rocían de alcohol de quemar y prenden fuego, disparan a los perros y violan a su hija. Lure logra sofocar las llamas, pero no puede evitar que el fuego le produzca graves quemaduras en el cuero cabelludo y una oreja. Lurie está preocupado por las consecuencias del crimen cometido sobre su hija. Si bien piensa que puede darse por afortunado por haber sobrevivido ataque, en vez de ser prisionero de los negros en el coche, alejándose de allí a toda velocidad, o tirado en una cuenta con un tiro en la cabeza. Lucy también ha tenido suerte, si consideramos el riesgo al que está sometida: ningún sitio donde ir; demasiada gente,  pero demasiadas pocas cosas.

Las heridas de Lurie se curan pronto, pero no así las de Lucy, que cae en una profunda depresión y se niega a informar a la policía de lo ocurrido y presentar cargos contra sus agresores. Entonces Lurie se da cuenta de qué sus atacantes no son personas desconocidas y de que uno de ellos incluso está relacionado con la esposa de Petrus.

Al tratar de entender a su hija, Lurie llega a comprender una de las lecciones más difíciles de la paternidad: aprende a aceptar la existencia absolutamente autónoma de su hija, incluso (o sobre todo) cuando piensa que está equivocada. Lurie le insta a Lucy a que venda todo, en la creencia de los violadores puedan volver. Pero Lucy se niega, y aunque afirma que no puede recuperarse del shock de ser tan odiada, insiste en que vivir con ese peligro es el precio que los blancos deben ahora pagar por su derecho a permanecer en la tierra.

Cuando Lucy se pregunta por qué aquellos hombre a los que jamás había visto la odiaban tanto, su padre le responde que era la historia quien hablaba a través de ellos; una historia de maldad e injusticia. Lucy decide no presentar cargos, creyendo que su violación, en el contexto de Sudáfrica, no es un asunto público. Como si las demandas de los individuos fueran necesariamente de una importancia secundaria, incluso irrelevante.

Uno de los violadores (un chico llamado Pollux) está relacionado con Petrus y se ha convertido recientemente en miembro de su familia. Petrus, que sospechosamente se encontraba ausente en la tarde de la violación, se niega a hacer comentarios al respecto. Dándose cuenta de que corre el riesgo de sufrir otro ataque, pero resistiéndose a lo que parece cada vez más una trama urdida por Petrus y su familia para obligarla a abandonar su tierra, Lucy no presenta cargos, considerándose que la violación quizá será el precio que uno tiene que pagar para seguir. Con todo, Lucy tiene la sensación de que ellos la ven como si les debiera algo, mientras ellos se ven a sí mismos como cobradores de deudas o de impuestos.

Cuando descubre que está embarazada como consecuencia de la violación, le entrega la propiedad a Petrus, a la vez que accede en convertirse en su manceba a cambio de su protección. Volverá a empezar después de haber pagado su deuda, sin armas, ni propiedad, sin derechos ni dignidad… como un perro, concluye su padre. Sí, como un perro, replica Lucy.

Tal como suele ocurrir en la ficción de Coetzee, los personajes de Desgracia tienen una función metonímica o simbólica. Cuando lo conocemos al comienzo de la novela, Lurie tiene sexo con muchachas que podrían ser sus propias hijas. Esto implica que se trata de un padre innatural, un depredador más que un protector. Tanto la prostituta Soraya como la estudiante Melanie son mujeres “utilizadas”. La analogía con un cierto tipo de paternalismo colonial explotador está establecida tan ligera y hábilmente que apenas es perceptible.

Entre los principales escritores sudafricanos, J.M. Coetzee ha sido quizá único en su reluctancia a escribir directamente sobre la vida bajo el apartheid. La desgracia de su país ha sido una constante en su obra, en especial en la novela que nos ocupa, ambientada en una Sudáfrica de una violenta época postapartheid.

Pero hay más cosas en Desgracia. Está el intento de Lurie, como especialista en poesía romántica, de escribir una obra largo tiempo planeada sobre Byron, en la que se encuentra adoptando la voz de la amante rechazada del poeta. Hay también una profunda meditación acerca de las vidas y derechos de los animales; una meditación que adopta la forma del castigo y salvación que Lurie encuentra en el refugio de animales de Bev, ayudándola a sacrificar a perros abandonados. Y está el intento del autor de hacernos entender, aunque no simpatizar, con la arrogancia intelectual y deseo incorregible, y la comparación con su hija; una hija marcada por una integridad que su padre saber que no puede reclamar para sí mismo.

Como ocurre en otras novelas suyas, Coetzee ofrece en Desgracia un compromiso postmoderno con un tema colosal: el impacto, en África y en otros lugares, de una filosofía política occidental expansionista y el proceso de la consiguiente disolución. En su obra Coetzee tiene como objetivo cuestionarse el estatus y las estructuras del poder colonial y postcolonial desde diferentes puntos de vista.

Desgracia es un libro perturbador y nada amable; una historia sutil que presenta varias capas. La obra de madurez de un escritor que ha refinado sus obsesiones textuales para producir una prosa exacta y efectiva, y condensado su preocupación temática con autoridad hasta lograr una historia engañosamente sencilla de vida familiar.

A.G.

viernes, 13 de octubre de 2017

Sorpresas gratas: La maravillosa vida breve de Óscar Wao


La maravillosa vida breve... (2007)
Junot Díaz

Tal como sugiere el título, ésta es la crónica de la vida breve de su protagonista, un adolescente obeso y virginal que crece en Paterson, Nueva Jersey, durante la década de los ochenta. A lo largo de esta vibrante novela, Junot Díaz retrata la infatigable búsqueda de la felicidad de su protagonista, una mezcla de dominicano y estadounidense, mientras nos da un paseo por un siglo de historia dominicana y nos muestra cómo la vida breve de un chico solitario puede ejemplificar la experiencia del emigrante. Desde el comienzo se tiene la impresión de que la familia de Óscar está condenada por una maldición de las Antillas llamada “el fukú”. Se cree que la llegada de los europeos a la isla de la Española liberó el fukú en el mundo, y desde entonces nadie ha sido capaz de acabar con él.

La soledad de Óscar se ve agravada por su innato carácter friki, un amor por la ciencia ficción, una madre inconmensurable y una hermana contracultural. Óscar personifica la antítesis de la masculinidad dominicana. Es un outsider entre outsiders, un virgen intelectual en medio de una cultura de dominicanos emigrantes en la que el sexo es lo único que parece pervivir. Predestinado a una vida de perpetuo bochorno y humillación, Óscar se regocija en el mundo friki: cómics, películas de ciencia ficción, anime, juegos de rol y novelas fantásticas; esto es, el almacén pop-literario de mitos y fantasías que suele creerse habitado por chicos frustrados sexualmente y socialmente marginados. Adora el mundo creado por Tolkien, cita a Star Trek y juega a Dragones y Mazmorras. Su ambición es escribir una épica de fantasía espacial en la que combinar los temas característicos del autor de El señor de los anillos y Doc Smith. Admira series británicas como El Doctor Who y Blake’s 7. Cuando llega a la universidad comete el error de disfrazarse en Halloween de Tom Baker, el actor que encarna al Doctor Who. Este error le hace parecerse a Óscar Wilde, que el acento dominicano transforma en Wao.

Pero la vida de Óscar no es siempre el principal centro de atención de la narrativa, pues otros personajes importantes en su vida cobran protagonismo. En realidad, Óscar parece a menudo como poco más que un exiliado en el libro que lleva su nombre. El relato de sus frustrados romances, sus intentos de suicidio, sus amistades y proyectos literarios se ve interrumpido, y eclipsado, por episodios de historia familiar que revierten el camino migratorio desde la República Dominicana a Estados Unidos, de tal modo que la narración se concentra en las mujeres de la familia de Óscar.

Su hermana Lola, que hasta entonces no había sido más que una presencia nebulosa, relata en su diario su lucha adolescente con su madre vituperadora, Beli. Lola es una rocker punk desenfrenada, un as del volante y en muchos aspectos un personaje más vívido y magnético que su hermano. Mantiene una relación tumultuosa con Yunior, que es precisamente quien narra la historia de Óscar. Pero el chico dominicano de estos relatos ha crecido, del mismo modo que el autor, hasta convertirse en un narrador de historias apasionante y coloquial. A través de sus ojos, el que fuera compañero de habitación de Óscar en Rutgers y su reticente protector, conocemos la vida de Óscar durante sus años universitarios. Su voz reverbera jerga hip-hop, habla de gueto y, sobre todo, un cariño creciente por el lerdo de su amigo. Yunior es lo opuesto a Óscar en cualquier modo imaginable.

Más adelante, la narrativa da marcha atrás y se remonta a los años de formación de Beli en la República Dominicana, bajo el mandato de Rafael Trujillo, el dictador genocida que dirigió el país con mano de hierro desde 1930 hasta que los Estados Unidos ordenaron su ejecución en 1961. Entre el Santo Domingo de la época actual y la era de Trujillo, los personajes sufren un horrendo trama físico y emocional en su tierra natal, si bien, una vez han emigrado a Estados Unidos, tratan que las historias desaparezcan de la memoria colectiva.

Beli bien podría encarnar el estereotipo de la fiera mujer sudamericana que cría a sus hijos sola y trabaja hasta la extenuación en oficios de baja categoría mal pagados. Su notable biografía conforma la verdadera espina dorsal de la narrativa. En Baní, la ciudad de provincias de la República Dominicana donde se crió, Beli era una belleza de piel morena, una estudiante becada en un sofisticado colegio privado y finalmente la amante de un conocido criminal. El doloroso tránsito familiar de su hijo a la vida adulta es comparado con su propia transformación. Cuando la conocemos, se trata de una borderline enfadada, una matriarca que lucha con su hija y acaba agotada por trabajo y la preocupación. Pero capítulos posteriores muestran a Beli como una hija rebelde que lucha con La Inca, la pobre pero respetuosa pariente en cuya casa se crió. Los padres de Beli (médico y enfermera) eran miembros de la burguesía que se enemista con Rafael Trujillo, un dictador brutal, incluso para lo habitual de mediados de siglo XX en Sudamérica. Y justo por ese motivo Trujillo resulta ser una gran bendición para Díaz, que retrata los pueblos y ciudades de su país en las décadas de los 40 y 50, un periodo que es tan violento como sensual y exótico. Puede que la isla esté maldita y encantada, pero está también hechizada; incluso los recuerdos más amargos parecen suavizados por la nostalgia. Los espíritus malignos que son invocados periódicamente para explicar la mala suerte de la familia de Wao son también, para el novelista y para sus personajes, auténticos amuletos. Sin los horrores y las supersticiones del viejo país, sin la dulzura tropical que modula la prosa de Díaz incluso en momentos de gran crueldad, Óscar Wao no sería más que otro friki con una larga lista de desesperadas obsesiones sexuales no consumadas.

El tono narrativo de Díaz es la revelación más importante de Óscar Wao. Once años después de que publicara Los boys (Drown), una colección de historias semiautobiográficas ambientadas en la República Dominicana, Díaz escribe una obra más estilizada y ambiciosa en la que narra la rápida mezcla de referencias culturales frikis y jerga urbana. Aunque los temas y motivos de la novela son reminiscencias de muchas sagas familiares de emigrantes, la historia engancha y es emocionante. De hecho, es difícil pensar en una novela que contenga tanta brutalidad, tortura, violación, asesinato y suicidio como ésta.

A pesar de abarcar un espacio de tiempo relativamente compacto, la novela contiene una rebelde multitud de estilos y géneros. De hecho, la historia de transición a la vida adulta de Óscar es quizá la capa más fina, pues el drama de un joven adulto cubre la crónica de una familia emigrante multigeneracional que se aventura en el realismo mágico tropical, el feminismo punk-rock, el machismo hip-hop o la pirotecnia postmoderna.

Reuniendo todos estos elementos surge una voz que es profana, lírica, culta e incansable, un derroche de acentos y lenguas que coexisten dentro de una única personalidad. La voz narrativa pertenece la mayor parte del tiempo a Yunior, quien sólo gradualmente se deja ver detrás de la cortina de una narración aparentemente omnisciente para revelarse como un personaje.

No obstante lo dicho, la novela es algo más que la épica de un friki, pues Junot nos cuenta una historia perfectamente acompasada de emigración y asimilación. Al crear a Óscar, Junot Díaz ha utilizado un estereotipo para subvertir otro. No todos los dominicanos son unos machotes, y no todos los fanáticos de la ciencia ficción, el anime y Dragones y Mazmorras son chicos blancos. El machismo de la cultura de dominicano-americanos de segunda generación es una fuente interminable de angustia para el joven Óscar, y uno es consciente de que su vida va a ser breve pues es demasiado bondadoso para ella.

La novela ofrece un punto de vista novedoso e ilustrativo de las experiencias postcoloniales. Díaz sugiere que los emigrantes de países en guerra habitualmente se llevan consigo al nuevo mundo los motivos por los que se marcharon: miedo, sospecha y descontento. En efecto, Díaz ha conseguido retratar tanto la particularidad de la vida interior de un adolescente dominicano en Nueva Jersey, como llegar a conclusiones de carácter universal acerca de hombres y mujeres, de raza y clase social.

Una novela estupenda (gloriosa en algunos momentos) que recuerda por momentos a las obras de algunos de los miembros de la larga saga de escritores sudamericanos (García Márquez, Vargas Llosa, Juan Rulfo o Roberto Bolaño, principalmente) que han conformado un peculiar estilo de contar las cosas que tanto deleite y admiración despiertan en el autor de estás líneas.

A.G.

viernes, 16 de junio de 2017

Lecturas recientes: Nadie lo ha visto


Nadie lo ha visto (2003)
Mari Jungstedt

La vida es apacible en la idílica isla de Gotland, donde los barcos, los ponis y la alfarería son las formas habituales de entretenimiento. Nos encontramos en plena temporada turística, mientras los habitantes del lugar se preparan para el momento álgido de las vacaciones suecos: el 4 de julio. Pero un suceso inesperado vendrá a perturbar la tranquilidad de este lugar pintoresco.

Una joven pareja, formada por Helena Hillerström y Per Bergdal, que están pasando sus vacaciones en la isla, celebran una fiesta en su cabaña. Per discute con Kristian Nordström, ex novio de Helena, porque piensa que está toqueteándola durante un baile. Ni los anfitriones ni los huéspedes pueden evitar que el asunto se les vaya un poco de las manos.

La mañana siguiente, Helena sale a dar un paseo por la playa, pero no regresa. La encuentran más tarde, brutalmente asesinada. La mujer está desnuda y su cuerpo aparece cubierto de horripilantes heridas producidas por un hacha. Además, le han metido las bragas en la boca. El perro ha sido decapitado y le falta una pata.

La consiguiente investigación policial es dirigida por el inspector Anders Knutas, quien recibe la ayuda del arrogante detective Martin Kihlgård, de la Policía Criminal Nacional. En la plácida Gotland es importante que un acontecimiento tan extraordinario como un asesinato se mantenga oculto para no espantar a los turistas. Las primeras pesquisas llevan a encontrar el hacha de Per con sus huellas en el mango. El crimen tiene toda la pinta de haber sido cometido por el marido celoso de la víctima; en especial después de la agria discusión entre la pareja durante la fiesta de la noche anterior. Pero los investigadores siguen una pista falsa detrás de otra. A medida que avanzan las investigaciones nos damos cuenta de que el asesinato de Helena no es sino el comienzo de una tragedia que continuará en los días próximos.

Pero no tardan en surgir filtraciones en la comisaría de la policía de Visby, pues Johan Berg, un reportero de la televisión nacional, tiene un contacto dentro de la policía local. Berg consigue más de lo que va a buscar, pues en el transcurso de sus investigaciones se enamora de una mujer implicada en el misterio –es amiga de la mujer asesinada–, a pesar de que ella está casada y tiene hijos. A Knutas, un hombre sensato de mediana edad, le irrita la intrusión en el caso de los medios de comunicación, que han descubierto y quieren revelar detalles escabrosos del mismo. Knutas y su equipo siguen concienzudamente todas las pistas posibles, investigan a la familia y amigos de la mujer asesinada, un proceso durante el cual se revela mucho de la vida e historia de los habitantes de Gotland.

Diez días después del primer asesinato, aparece el cuerpo apuñalado de una coqueta peluquera local. Dos investigaciones se desarrollan en paralelo, mientras Knutas y su equipo reciben una presión cada vez mayor de los políticos locales. Por otro lado, como hemos visto, el periodista televisivo Johan Berg trata de satisfacer las demandas de su medio por llenar horas de programación con chismes relacionados con el caso. En el proceso, el intrépido Berg averigua tanto, si no más que la propia policía. A la vez, se desarrolla un juego interesante entre él y Knutas.

Knutas siente la presión de los vecinos y amigos y desea encontrar enseguida al asesino, con el deseo de que se trate de alguien de fuera de la isla, preferiblemente de alguna metrópoli “malvada” como Estocolmo.

Una tercera mujer es asesinada, y Knutas y Berg consiguen por fin aproximarse al caso, cada uno de su propia manera, hasta cercar al asesino, que ha sido el único que nadie ha visto desde que se produjo el primer asesinato.

La novela alterna de un modo muy convincente el mundo racional de la investigación y destellos de la mente del asesino, cuya horriblemente lógica explicación hunden sus profundas raíces en el pasado.

La historia está contada muy bien. El relato aparece salpicado de pinceladas macabras y hace un uso hábil del escenario tópico de la comunidad cerrada. Jungstedt retrata de forma espléndida las relaciones familiares y desvela detalles íntimos y significativos de la vida de las mujeres asesinadas y sus amigas, y de la relación afectuosa entre Knutas y su mujer.

Mari Jungstedt es otra escritora llegada de la abarrotada escena de la novela negra escandinava. Tal como ocurre en el caso de otros escritores nórdicos, la autora de Nadie lo ha visto construye unos personajes aparentemente juiciosos y saludables que se portan bien hasta el tedio, ricos y con una apariencia envidiable. Sin embargo, algunos de ellos acabarán revelándose como furiosos torrentes de pasión destructora. Además de un más que aceptable nivel literario, la novela exhibe un argumento manejado con cuidado y destreza, sus personajes y su atmósfera –la hermosa descripción de los días sin final del junio sueco– son trazados con sutileza, y el trabajo policial es plausible. Queda al final algún cabo suelto, pero la primera novela de Mari Jungstedt me ha parecido un soplo de aire fresco, un alivio necesario después de haber leído versiones autocomplacientes del género que venían avaladas por una avalancha de buenas críticas injustificadas; no miraré a ningún sitio.

A.G.

miércoles, 5 de abril de 2017

Lecturas recientes: Tigre blanco


Tigre blanco (2008)
Aravind Adiga

Nos encontramos ante la historia de Balram Halwai, quien ha decidido contarle la verdad acerca de la India a Wen Jiabao, el Primer Ministro de China, antes de su próxima visita de estado al país. Su narrativa triunfal, configurada de un modo algo inexplicable mediante una serie de cartas, se despliega a lo largo de siete días y siete noches en Bangalore. En ellas Balram no sólo cuenta su historia, sino que critica con virulencia su país, sirviéndose del humor negro y de un lenguaje crudo y simple.

Se trata, no obstante, de una historia mucho más complicada de lo que puede pensarse inicialmente. Balram es hijo de un tirador de rickshaw que vive en un pequeño pueblo de la India. La miseria en que vive su familia le resulta tan repulsiva que decide buscarse un porvenir alejado de ellos. Por eso está siempre alerta a las oportunidades que puedan aliviar su pobreza. Aprende a conducir y consigue un trabajo como chófer del señor de su pueblo. La suerte le acompaña cuando le piden que acompañe a Ashok, el hijo de su señor, a Delhi como su chófer personal. En Delhi, Balram aprende los modos y maneras de la sociedad urbana: un buen observador aprende rápido, afirma, y así Balram se da cuenta muy pronto de que un poco de indecencia puede reportar el suficiente dinero para asegurarse un futuro próspero.

Balram no tarda en descubrir que el señor al que sirve es un hombre de voluntad débil. Ashok, moderno y liberal, expresa constantemente su sentimiento de culpa por la forma en que trata a Balram, pero sus buenas palabras no llegan nunca a ser más que eso, palabras.

Resuelto a hacer cualquier cosa para conseguir dar un giro a su vida, Balram encuentra la oportunidad perfecta un día lluvioso, mientras lleva en el coche a su jefe. Balram le machacael cráneo a Ashok y le roba una bolsa que contiene una gran cantidad de dinero –el importe de una mordida rutinaria–, con el que financia su negocio de taxis en Bangalore. Un negocio que, como tantos otros, depende de tener contenta a la policía con sobornos periódicos; las mismas que hacía su jefe a los ministerios del gobierno. Años más tarde, Balram disfruta de una carrera exitosa y está considerado como un miembro influyente de los círculos de poder de Bangalore.

En definitiva, Balram se jacta de ser un emprendedor moderno; un hombre hecho a sí mismo que ha surgido a las espaldas de la elogiada industria tecnológica de la India. En una nación que se desprende con orgullo de una historia de pobreza y subdesarrollo, Balram afirma representar “el mañana”.  En este sentido, podría parecer el prototipo de héroe indio moderno en un país embriagado por su potencial económico recién descubierto. No obstante, si hay algo cierto es que Balram es un asesino ciertamente satírico y un manifiesto antihéroe.

A modo de parábola de la nueva India, la historia de Balram presenta, pues, un giro macabro. No sólo es un empresario, sino un pícaro criminal con una notable capacidad de autojustificación. Asimismo, el escenario en el que opera no es sólo una nación y una economía emergentes, sino un paisaje de corrupción, desigualdad y pobreza. De hecho, en algunos pasajes Balram describe la vida de su familia en la “Oscuridad”, una región caracterizada por la penuria que está dominada por los señores, y donde se saca a los niños de la escuela para engrosar las filas de la servidumbre y las elecciones se compran y se venden de forma rutinaria. Este mundo sombrío tiene poco que ver con las brillantes imágenes de las estrellas de Bollywood y los empresarios de la industria tecnológica que se han encargado de sustituir los clásicos estereotipos indios.

Mediante una prosa desnuda y alejada del sentimentalismo, Adiga despoja su nación de su brillo autocomplaciente y revela, en cambio, un país en el que la compacta sociedad india parece resquebrajarse y mostrar un punto de ruptura. Balram incluso justifica el asesinato de su jefe como un acto de enfrentamiento de clases.

La obra trae a primer plano las desigualdades que persisten en la nueva prosperidad de la India. Adiga no pierde la oportunidad de recordar a sus lectores la crueldad de su país. En este sentido, los personajes parecen también ser superficiales. El jefe de Balram y su mujer son meras caricaturas de la insensible clase alta, cruel y distante de sus empleados. Aunque el personaje de Balram es más interesante, su credulidad e inocencia resultan a veces difíciles de creer. Por eso quizá se pueda llegar a la conclusión de que los personajes de la novela quedan reducidos a meros símbolos. Existe una ausencia de complejidad humana, no sólo en sus personajes sino, lo que es más problemático, en su retrato de una nación que en realidad se encuentra atrapada entre la visión de Adiga y la visión más brillante que tan clara y apropiadamente ridiculiza. Al carecer de una perspectiva más equilibrada –quizá ésta no sea más que la visión de un outsider ciertamente superficial– la novela resulta algo simple, puesto que se revela como un retrato incompleto de una nación y un pueblo en plena lucha con las ambigüedades de la modernidad.

La novela se revela como una parábola de la cambiante sociedad india. A muchos escritores como Adiga, vivan en la India o en el extranjero, parece habérseles caído las vendas de los ojos y han venido a presentar a la India como un lugar de injusticia brutal y sórdida corrupción. Un lugar en el que los pobres están siempre desposeídos y victimizados por sus enemigos sempiternos: los ricos.

Sin embargo, llama la atención que Adiga olvide en su narración la presencia de una incipiente clase media, nacida al albur del progreso económico. Él empieza en la “Oscuridad” rural, un mundo de señores y criados, sin ni siquiera un nombre; su familia lo llama simplemente “Munna” o “chico”. En día que Balram se topa con la fortuna de conducir el coche de un rico de Nueva Delhi, cree haber entrado en el mundo de la “Luz”, pero no es así, pues en ese mundo la oscuridad moral no hace sino crecer cada vez más. Entra, así, en un mundo de amos y siervos. Según su percepción, el secreto de la India es el modo en que su extrema desigualdad queda estabilizada por sus fuertes estructuras familiares. Nunca antes en la historia de la humanidad, afirma Balram, tan pocos han debido tanto a tantos. Sólo se puede avanzar mediante el clientelismo y la corrupción, o gracias al método de Balram: salirse del “corral” de la moral convencional. Por eso, debe también contarle al Primer Ministro chino cómo él mismo se convirtió en un big belly. Cansado de su vida de servidumbre, decide realizar una acción violenta que le asegure un lugar entre los ricos de Delhi. Sin embargo, Balram parece sufrir bien poco por su falta. El protagonista justifica su rabia como una reacción a la avaricia de la élite india, que se esfuerza por perpetuar un sistema en el que muchos son sacrificados en beneficio de unos pocos.

Novela fresca, divertida y diferente que gustará a aquellos que deseen saber acerca de la India actual, si bien la ofrece menos de lo que podría haber conseguido. Quizá exagere la fealdad, y en este sentido podemos afirmar que la historia que nos cuenta Adiga es algo sensacionalista y no muy plausible. Creo que es posible que exista esperanza en la Oscuridad que vemos retratada en Tigre blanco. Nunca he estado en la India, pero tal como cuentan los extranjeros que con ojo crítico han hablado de su experiencia en este país de contrastes, un futuro mejor es posible, a pesar de todo lo que aún queda por hacer en materia social, cultural y económica en los pueblos indios. Hay maestros de los que los niños pueden aprender y médicos que ayudan a los pobres, y se puede albergarse, por tanto, la esperanza de un futuro mejor.

A.G.

sábado, 11 de febrero de 2017

Lecturas recientes: La princesa de hielo

 
La princesa de hielo (2008)
Camila Läckberg

De regreso a Fjällbacka, su pueblo natal, después del funeral de sus padres, la escritora Erica Falck se encuentra con la trágica noticia de la muere de Alex Wijkner, su amiga de la infancia. Un habitante del pueblo ha encontrado su cuerpo en una bañera llena de agua. La casa está tan fría que se ha formado hielo alrededor del cuerpo de la mujer. Sus muñecas cortadas apuntan a que ha sido un suicidio.

Alex Wijkner, de soltera Cargren, llevaba una semana muerta. Era la copropietaria de una galería de arte en la ciudad y había crecido en la casa, que aún pertenece a su familia. Últimamente había tenido la costumbre de pasar los fines de semana en la casa familiar de Fjällbacka.

Erica Falck, por su parte, es una conocida autora de biografías de prominentes escritoras suecas y ha regresado a casa para terminar la ingrata tarea de limpiar la casa de sus padres después del accidente de coche que las ha dejado huérfanas a ella y a su hermana pequeña Anna. Alex había sido su mejor amiga hasta el momento en que abandonó Fjällbacka, inesperadamente y sin previo aviso, para vivir en el extranjero a la edad de diez años. Erica, sin embargo jamás entendió el porqué de aquella huída.

Unos días después, Erica visita a los padres de Alex para expresar sus condolencias y ellos le piden que escriba un artículo conmemorativo sobre su hija para el periódico local. Esto lleva a Erica a plantearse la posibilidad de escribir un libro acerca de la vida y muerte de la hermosa pero inaccesible Alex. Será su primera obra de ficción, aunque inspirada en la vida de su amiga, cuyo fin será encontrar respuesta a las preguntas acerca de su amistad perdida.

Una de las primeras entrevistas de Erica es con Francine, una amiga y copropietaria de la galería de arte, que le dice a Erica que es imposible que Alex se suicidara, pues esperaba un hijo y estaba exultante ante tal acontecimiento. En efecto, la autopsia revelará que ha sido asesinada.

A medida que empieza a investigar la vida de Alex en la época en que ella y su familia desaparecieron de la ciudad y en los años posteriores, Erica se da cuenta de que el bloqueo del escritor contra el que lleva luchando mientras trabajaba en una biografía comienza a desaparecer. Mientras tanto, la muerte de Alex es investigada por la policía local, encabezada por Bertil Mellberg, una figura casi caricaturesca e inepta. Entre los miembros de su equipo se encuentra el detective Patrik Hedstrom, un viejo amigo de Erica, de quien estuvo enamorado en los días de la escuela. Su reencuentro reaviva el amor entre los ex compañeros de clase, de tal forma que se inicia una relación entre ambos. Aunque Patrik sigue sus propias sospechas sobre el caso, es sólo cuando Erica comienza a colaborar con él en la investigación cuando la verdad comienza a emerger de una pequeña ciudad con un pasado profundamente perturbador.

Erica y Patrik descubren que Alex no era como ella la recordaba. A pesar de estar casada, mantenía una extraña relación con un borracho del pueblo (un artista dotado, pero un caso perdido) que resulta ser el sospechoso perfecto de su asesinato. Pero más tarde hay otra muerte (otro suicidio imposible) y el caso se complica aún más.

En el curso de la novela, se revelan las vidas de muchos habitantes del pueblo. Conocemos de esta manera a Sam, el desagradable y odiado cuñado de Erica. Está casado con su hermana y quiere que Erica y Anna vendan su casa familiar para que toda la familia pueda regresar a su casa de campo en Inglaterra. A Eilert Berg, el pescador que encuentra el cuerpo de Alex e informa de su muerte, y que planea en secreto escapar de su matrimonio de cincuenta años. A Anders Nilsson, un artista alcohólico que jamás se lava ni se cambia de ropa, y que tuvo una aventura con Alex; A Henrik Wijkner, el marido de Alex, que no resulta ser quien parece al comienzo. A la anciana Nelly Lorentz, fría y rica, que desprecia a Alex por razones desconocidas, aunque parece no sentir lo mismo por su hermana Julia. A la madre de Anders Nilsson, que ha trabado durante años para Nelly Lorentz, pero desea su muerte. Y a la misma Alex, que tiene secretos que al ser revelados cambiarán las vidas de muchos habitantes de Fjällbacka.

Con todo, el interés de Läckberg se centra, más que en el crimen y su resolución, en la atmósfera, las relaciones y los secretos familiares. Erica se preocupa por su hermana y tiene un amigo, Dan, cuyo matrimonio también afronta ciertas presiones. Además, está la familia rica del pueblo. El hijo y heredero de la fortuna desapareció hace quince años, mientras el hijo adoptivo no parece trigo limpio. También está la hermana de Alex, mucho más joven que ella, un patito feo en comparación con la hermosa princesa de hielo; la revelación de su identidad resulta una gran conmoción. Läckberg hace gala de una buena caracterización. Patrick, Erica y Anna son de carne y hueso y uno llega a preocuparse por sus diferentes conflictos. Resultan creíbles, reales y humanos.

El personaje más interesante y enigmático de la novela es Alex. Gracias a las perspectivas de otros personajes, llegamos a saber ciertas cosas de ella. Conocemos algunos de sus secretos y nos enteramos de mucho acerca de por qué era así. Sin embargo, jamás llegamos a verla como una persona completa y tridimensional, sino a través del prisma de otras perspectivas.

Tal como ocurre en la vida real, hay algunos pequeños asuntos que no quedan resueltos al final, y el lector no llega a saber porqué ciertas personas simplemente no dicen la verdad. Camila Läckberg presentar varias subtramas simultáneas y es capaz de hallar explicación a las diversas muertes que acontecen. El pasado parece resuelto, aunque no parece haber reconciliación. La revelación final del mayor secreto sorprende al lector con la profundidad de su depravación, a la vez que evidencia el extremo al que ciertas personas son capaces de llegar para mantener un secreto oculto.

La princesa de hielo tiene un toque de procedimental policial, pero también se trata de una historia triste acerca del modo en que el pasado afecta al presente. Uno de los puntos fuertes de la novela es el sentido de lugar que crea su autora. Fjällbacka se hace real en cada página: sus paisajes, sonidos y olores. Läckberg hizo un gran trabajo al crear un sentimiento de vida en una pequeña comunidad donde todos se conocen y no hay secretos, o al menos eso es lo que parece a primera vista.

Los lectores acostumbrados a la novela negra clásica descubren en La princesa de hielo la presencia de unos elementos que la convierten en un producto singular. Si bien la historia está llena de acción, sus personajes revelan la vida real y se encuentran bien alejados de los estereotipos clásicos. Se trata de gente ordinaria y realista que se enfrenta a acontecimientos extraordinarios a su propia manera, a la  manera habitual de afrontar situaciones comprometidas. En ciertas ocasiones, cuando un personaje hace algo que podría ser peligroso, lo hace con una cierta curiosidad inocente, más que mediante un sentido heroico.

La princesa de hielo, la primera novela de la serie de Erica Falck, fue ganadora del premio a la mejor novela de crimen internacional del año (2008), concedido por Le Grand Prix de Littérature Policier. Segunda en ventas en Suecia, tan sólo por detrás del malogrado Stieg Larsson, Camila Läckberg hace gala de un estilo único y un sentido de la trama que la han convertido en un referente internacional. No en vano, la novela ha sido traducida a más de veinticinco idiomas.

A.G.

viernes, 27 de enero de 2017

Sorpresas gratas: Cuando pase tu ira

  
Cuando pase tu ira (2011)
Asa Larsson

Con la llegada de la primavera al remoto norte de Suecia, el cadáver de una mujer joven sale a la superficie abriéndose paso a través el hielo del río Thorne. Parece haber sido un accidente, pero hay algunos detalles extraños que apuntan a que ha podido ser asesinada.

Gracias a las palabras del cuerpo muerto que habla al lector sabemos que la chica se llamaba Wilma Persson y tenía diecisiete años. El día en que murió, buceaba en compañía de su novio Simon Kyrö bajo el hielo del lago Vittangijärvi, en busca del pecio de un avión de transporte nazi que había caído allí durante la Segunda Guerra Mundial. Wilma cuenta la historia de cómo ella y su novio fueron asesinados. Alguien tapó el agujero que había abierto en el hielo, evitando que pudieran salir a la superficie. Wilma luchó desesperadamente por sobrevivir, pero no tardó en tener la certeza de que pronto se quedaría sin aire que respirar.

De la investigación se encarga la agente de policía Anna-Marie Mella, que ya aparece en novelas anteriores de Larsson, en compañía de Sven-Erik, con quien mantiene una relación difícil que se remonta a tres años atrás. Anne-Marie presiona con el caso, pero Rebecka Martinsson, en su condición de fiscal de la cercana población de Kiruna, decide tomar el mando de la investigación. Se entrevista con la anciana tía abuela de la chica fallecida y con los miembros de una siniestra familia de fraudulentos hombres de negocios y sus socios. A la vez, las visiones de una figura persiguen en sueños a Rebecka Martinsson, quien sospecha que el fantasma podría ser el de Wilma Persson.

Rebecka y Anna-Maria comienzan a investigar el caso con profundidad. Hablan con vecinos que conocían a la chica muerta, y no tardan en vérselas con gente que intenta evitar que salga a la superficie la verdad sobre ciertos incidentes acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Es Rebecka quien sugiere que se analicen los pulmones de Wilma, lo que permite descubrir que la chica se ahogó en el lago, no en el río. Alguien quiere asegurarse de que el pecio jamás se encuentre.

En las extrañas aldeas rurales del norte de Suecia se encuentran con gente capaz de hacer cualquier cosa para proteger sus secretos. Algunas de las heridas y conflictos de la Guerra no están aún curados. En efecto, su investigación remueve rumores que llevaban tiempo durmientes, no sólo de un avión alemán con suministros para la Wehrmacht que se perdió en 1943, sino de aquellos habitantes de la ciudad que colaboraron con los nazis. Aunque Suecia se había declarado oficialmente neutral, hubo cierta colaboración con los Nazis en transportes a la costa del Báltico. Además, Anne-Maria y Rebecka se enfrentan a la amenaza de un asesino que volverá a matar para asegurarse de que el pasado permanezca enterrado para siempre bajo la nieve y el hielo silenciosos de medio siglo.

Rebecka, no obstante, es una mujer joven que ejemplifica el enigma moderno. Nació en Kiruna, en Laponia, al norte de Suecia y huyendo de una adolescencia infeliz de fanatismo religioso se convirtió en una abogada financiera en Uppsala. Es una heroína decidida que adora a los perros y comparte con Wilma una atracción visceral hacia las costumbres ancestrales de los pueblos y las vidas tradiciones de los que viven de la tierra, en lugar de simpatizar con aquellos de su generación que viven un ambiente sofisticado y vacío.

Siempre hay una miasma de lo sobrenatural rodeando a Rebecka y a los otros personajes y escenarios de la novela. Este aspecto se halla presente en la forma de una persona muerta que parece condenada a observar los acontecimientos hasta que sea capaz de encontrar descanso, y en una alta dosis de pasión y reverencia religiosa.

Con gran maestría narrativa Asa Larsson entreteje el pasado y relatos de testigos, en yuxtaposición con el presente. Son dignos de mención su acertado examen psicológico de los personajes y su resuelta disección de los deseos y necesidades humanas en el marco de una fascinante historia de amor y venganza. La trama está cuidadosamente estudiada y finamente hilada y el final es dramático y emocionante

Cuando pase tu ira es el cuarto libro de la serie sobre Rebecka Martinsson y la inspectora Anna-Maria Mella. Con posterioridad a los terribles acontecimientos acaecidos en el libro previo, La senda oscura, donde Rebecka mató a tres hombres en defensa propia. Sin embargo, ésta es la primera novela que he leído de Asa Larsson, quien me ha parecido una buena escritora y con un estilo propio que se desmarca del estilo canónico de la novela de misterio al uso. Con todo, no me gustó especialmente que la autora concediera una voz narrativa a la muerta, Wilma.

Una novela fascinante que te engancha desde la primera página, quizá porque, tal como he señalado, es una historia de misterio que no está escrita de la manera habitual. He de decir que la leí en apenas tres días, lo cual habla bien a las claras de su capacidad de atracción.

Cuando pase tu ira es, además de todo lo dicho, un libro sobre represión, violencia, devoción y crueldad. En este sentido, merece la pena señalar que la cita del Libro de Job que da título a la novela hace referencia con mucho acierto al dolor de la existencia humana.

Asa Larsson está reconocida como una de las grandes escritoras del momento de novelas de crímenes psicológicos y es particularmente buena en la evocación de comunidades locales, mitos y supersticiones que se encuentran en peligro de extinción en nuestra sociedad globalizada.

A.G.

martes, 5 de julio de 2016

Lecturas recientes: La ignorancia

 
La ignorancia (2000)
Milan Kundera

Irena es una emigrante checa que abandonó su país en los años 70 para establecerse en París con su marido. Después de haber pasado veinte años fuera de su país, Irena cede a la presión de sus amigos franceses y decide regresar a la Praga postcomunista. Embarcada en el “gran regreso”, el viaje romántico a casa, se debate entre el despertar de la nostalgia y el temor por encontrarse de vuelta en su tierra nativa, el sueño de todo emigrante.

En el aeropuerto, de vuelta a casa, Irena se encuentra con Josef, un veterinario con el que había tenido un breve encuentro en Praga veinte años antes. Josef está viudo y vive en Dinamarca, y también hace su primer viaje de vuelta. En su exilio, Josef ha experimentado su propia dificultad para reconciliar el pasado en su mente con el tiempo presente.

Aunque le vida resultó ser difícil después de la muerte de su marido, Irena consiguió salir adelante y se siente fuerte e independiente por ello. Josef dejó Checoslovaquia y encontró el amor y la felicidad en Dinamarca. Al encontrarse por casualidad, a la deriva en su propia patria, culturalmente desconectados de sus antiguos colegas y sonándole el idioma extraño a los oídos, Irena y Josef encuentran solaz el uno en el otro. Continúan un antiguo romance que ninguno de los dos recuerda bien.

De vuelta en Praga, Irena se da cuenta de cómo la gente la identifica como la emigrante que se marchó en lugar de permanecer leal a su país. Sus amigos no quieren saber nada de su vida fuera del país. Tras veinte años de aislamiento político y ausencia emocional, nadie cuenta con ella en sus vidas. A Josef, que regresa para visitar a su familia, le ocurre lo mismo. Si Irena redescubre que se había marchado en parte para escapar de su madre autoritaria, Josef, por su parte, revela también que su emigración se debió a una necesidad de escapar.

La alienación de Irene y Josef une inexorablemente a los dos personajes. Al probarse un vestido, Irene se ve momentáneamente apresada en la vida que podría haber llevado de haberse quedado, mientras, para Josef, ver su viejo reloj en la muñeca de su hermano le lleva a una extraña sensación de malestar. Tiene la impresión de haber regresado al mundo tal como lo haría un cadáver que sale de su tumba veinte años después de haber muerto. Incluso su lengua materna le parece un idioma desconocido que solía entender tan bien. Sus memorias no están sincronizadas con las de los que ha dejado atrás. A Irene le sorprende la indiferencia que demuestran sus amigos respecto a la odisea de veinte años que la separa de ellos, pero que se ha convertido en su identidad. Como Ulises, se da cuenta de que su vida y la esencia de ésta, residen fuera de Ítaca.

La novela también revela como la selectividad de la memoria, sea cual sea el desplazamiento geográfico, puede crear rupturas tanto con nuestro anterior ser como con personas con las que se comparte un pasado. Josef, por ejemplo, apenas recuerda la ruptura con su novia de la adolescencia, pero la novela sí que revela el trauma de Irena, que la llevó a un intento de suicidio chapucero tras el cual su belleza quedó dañada por una oreja amputada. Irene también recuerda perfectamente su primer encuentro con Josef, mientras él no recuerda nada, ni siquiera su nombre.

La ignorancia explora, como otras novelas anteriores de su autor, el tema de la nostalgia, entremezclado con los de la memoria y el olvido. La novela reflexiona sobre lo que la gente cree que debería sentir en un momento dado y en cómo las decisiones que tomamos en la “edad de la ignorancia” (al final de nuestra adolescencia y el comienzo de los veinte años) afectan a nuestras vidas. También están muy presentes en la novela los temas del hogar, la patria y la historia del viaje de Ulises en la Odisea y su paralelismo con el “gran regreso” a casa de cada uno de los personajes. En este sentido, Kundera profundiza en el shock cultural que supone tratar de regresar a la patria después de una ausencia de años.

Estilísticamente similar a sus novelas anteriores, La ignorancia es mucho más corta y está menos desarrollada que algunas de sus obras maestras, entre las que sigo quedándome, por supuesto, con La broma y La insoportable levedad del ser.

A.G.

martes, 22 de diciembre de 2015

Lecturas recientes: La verdadera historia de la banda de Kelly

 
La verdadera historia de la banda de Kelly (2000)
Peter Carey

En su séptima novela, Peter Carey emplea de nuevo un tema histórico. Pero no uno cualquiera, sino la vida de uno de los mitos más perdurables de la Australia colonial: Ned Kelly (1855-1880), un proscrito legendario. Ladrón de ganado y de bancos, Kelly fue un famosísimo ladrón (de ganado, de bancos o de lo que fuera) que gustaba de dar el dinero a los pobres; una especie de Robin Hood australiano que jamás hizo daño ni a mujeres ni a niños, que se hizo construir una armadura con un cubo en la cabeza, que mató a infinidad de policías y se convirtió en un héroe del pueblo cuya violencia ha sido santificada, y que acabó colgado a la temprana edad de veinticinco años en la cárcel de Melbourne en 1880.

La violencia de Ned no es justificada, si bien se presenta como el resultado inevitable y trágico de la persecución policial de los pobres colonos irlandeses. El relato del primero asesinato que comete Ned, en Stringybark Creek, es devastador. Como consecuencia de éste, la madre es encarcelada tres años y los hermanos se ven obligados a huir.

El lector, especialmente aquel familiarizado con la vida y obra del personaje, podría esperar una mera transcripción de su vida. Partiendo de la idea de que su historia es bien conocida, urge preguntarnos qué esperaban los lectores de La verdadera historia de la banda de Kelly. Es de suponer que nadie se dejaría engañar por las citas de unas supuestas fuentes de archivo, ni con la atroz puntuación de una narración que, por lo demás, no tardamos en encontrar perfectamente adecuada.

Carey podría haber optado por contar la historia de un modo tangencial. Pero lejos de buscar un subterfugio mediante el cual abordar un asunto de dominio público, narra la historia de Ned Kelly de forma cronológica, en primera persona y guardando estricta fidelidad a los hechos narrados: desde el arresto de su padre por robar a un novillo en 1865, pasando por sus años de aprendizaje hasta conocer a Harry Power –el bandolero que habrá de convertirse en una mala influencia para Ned, quien acaba comprendiendo que en realidad no tiene nada que temer de él–, hasta la terrible escena del hotel Glenrowan en 1880, cuando la banda de Kelly planea hacer descarrilar un tren lleno de policías y cuando Ned con su armadura inhumana avanza hacia la lluvia de balas mientras hace golpear su revólver sobre su coraza hasta ser alcanzado por los disparos en las piernas.

Tres son los trucos de invención que utiliza Carey para convertir lo que podría no pasar de ser una simple biografía en una novela sensu stricto. El primero es la idea de que Kelly ha escrito durante los dos últimos años de su vida un relato de sí mismo para su hija y que este relato ha sido preservado en trece paquetes independientes de manuscritos del puño y letra de Kelly, todos los cuales conforman juntos la novela. A parte de unas escuetas notas editoriales y unos resúmenes al comienzo de cada sección, la historia es toda ella de Ned. Un material bueno y divertido, lleno de traición, asaltos a bancos y asesinatos. El segundo de los trucos es su relación con Mary Hearn, que le da una hija. Y el tercero es la voz que Carey le da a Ned, que es precisamente donde, a mi juicio, reside el verdadero encanto de la novela, lo que la convierte en una obra literaria hermosa y emocionante.

El lenguaje que emplea Ned es convincente y no deja de sorprendernos. Es simple y directo, coloquial y lleno de humor e incluso poesía. Se introduce en la mente del lector con la inmediatez de la expresión oral; en ciertos momentos parece que estuviéramos escuchando la voz del mismísimo Ned Kelly contándonos la desgarradora historia de su vida. Su voz es profundamente honesta y franca. La transparencia de su lenguaje nos lleva directamente al corazón de un personaje que es visto por los australianos como un gran héroe. Carey demanda del lector que confíe en el narrador de la historia tanto como en la historia misma. Carey está interesado en la imagen e identidad de los compatriotas, desde los primeros colonos que luchaban por comprender lo extraño y precario de sus vidas y del mundo que habitan, a la desilusión y el vacío del hombre urbano contemporáneo, separado de los vastos espacios –lugares repletos de leyendas– que se extienden alrededor.

El éxito de Carey radica, por tanto, en el hecho incuestionable de haber tomado como punto de partida la biografía del personaje escrita por Ian Jones en 1995 y proporciona a Ned Kelly de una voz que lo convierte en un ser dolorosamente real que mantiene, no obstante, su identidad de héroe. Carey dota a su novela del poder emocionante de una historia individual; no es sino el mito hecho real.

Ned Kelly en 1880
A través de los ojos de Ned Kelly, la novela examina una época singularmente incivilizada de la historia australiana –el final del siglo XIX–, una época en la que los emigrantes irlandeses sufrieron a manos de la clase británica dirigente. Nacido en el seno de una pobre familia irlandesa del noreste de Victoria, Ned sufre la mentira y manipulación de los adultos en su vida, incluyendo a su madre, Ellen, que es acosada por diversos pretendientes después de la muerte del padre de Ned. Demasiado avariciosa mas poco leal, Ellen se mantiene en el centro de los afectos de su hijo incluso después de haberlo vendido a la edad de quince años al bandido Harry Power. Como aprendiz suyo, un Ned de buen corazón se ve obligado a llevar una vida criminal, consecuencia de lo cual no tarda en dar con sus huesos en la cárcel, en lo que no es sino la primera de sus numerosas estancias entre rejas. Ned es privado del derecho a defenderse una vez detrás de otra y victimizado por un sistema legal que parece carecer de un elemento importante: la justicia. Unos años más tarde, cuando es acusado de asesinato, Ned se ve obligado a huir con sus hermano pequeño, Dan, y una banda de aliados. Durante casi dos años, eluden la justicia, robando bancos y empleando parte del dinero para ayudar a los empobrecidos habitantes del distrito.

La novela plantea una pregunta nada banal: ¿quien tiene derecho a escribir la historia? En un país donde la verdad y la justicia son conceptos peligrosamente subjetivos, ¿puede lo que es verdadero y justo ser alguna vez definido de forma satisfactoria? Ned Kelly, tal como aparece retratado en esta gran novela, se perdió en los márgenes de estas ideas, pues murió intentando abrirse camino a través de ellas.

A.G.

lunes, 16 de noviembre de 2015

Lecturas recientes: Samarcanda


Samarcanda (1988)
Amin Maalouf

Llegado a Samarcanda de su natal Persia, Omar Jayyam es reconocido en la calle por un poeta procaz que escribe de vino y mujeres, y cuya filosofía se mofa del Islam. Los matones callejeros declaran a Jayyam infiel y lo conducen al juez para recibir el castigo apropiado. Pero el juez, que es un intelectual, reconoce el genio de Jayyam y le da un pequeño libro en blanco compuesto de hermosas hojas de papel chino. Le encomienda la difícil tarea de anotar en él cualquier verso que tome forma en su mente o en la punta de su lengua. Ahora bien, el libro habrá de permanecer oculto. De esta manera, salva el cuello un gran poeta y nace el rubayat de Jayyam, la simple y hermosa estrofa de cuatro versos pentámetros yámbicos que riman AABA.

La historia de Jayyam transcurre en el Asia Central del siglo XI, cuando las ciudades de Bujará Samarcanda eran las más grandes de la época. Maalouf se recrea con insólita destreza en las descripciones de las cortes, las fuentes, el bazar, las vidas de los místicos, los reyes y amantes en una prosa lánguida y evocadora. Sin pretender intentarlo, sin artificio ni banalidad, la novela establece un tono que está en perfecta armonía con el misticismo sufí y retrata con éxito las paradojas, la sutil ironía y el humor autodespectivo de su característica escritura.

Los nueve años de relación amorosa de Jayyam y Jahn, la poetisa de la corte, resuenan también con una palpable sensualidad.

Las grandes figuras del Asia Central medieval son vistos a través de los ojos de Jayyam: Nizam al Mulk, el déspota visir persa del sultán turco Malik Sha, que aún es recordado por sus notables innovaciones en cuestiones de gobierno y por sus teorías filosóficas que anticipan a MaquiaveloHasan ibn al-Sabbah, un hombre muy sabio y cruel que se convierte en el fundador de la comunidad ismaelí que interpretó el Islám de un modo diferente y que dirige a los miembros de la Orden de los Asesinos desde su fortaleza de Alamut; y, por supuesto, el propio Omar Jayyam, un hombre extraordinario, un sabio instruido en diferentes disciplinas del conocimiento (matemáticas, filosofía, astrología, física y literatura) que jamás quiere involucrarse en política o en cualquier asunto relacionado con ella y de quien todos solicitan consejo en esta y otras materias.

La novela viaja también más allá de Asia Central, pues el autor cruza siglos y continentes siguiendo la pista del manuscrito original de los rubayat. Las anotaciones de Jayyam en el libro, que son traducidas en el siglo XIX por Edward Fitzgerald y sorprenden a la sociedad victoriana, son robadas por primera vez por el líder de los Asesinos, el despiadado Hasan ibn al-Sabbah. La fortaleza de los Asesinos, donde se guarda el manuscrito, es destruida y el manuscrito se pierde durante cientos de años. En el siglo XIX un erudito americano se obsesiona con encontrar el original. Viaja a Persia en 1896, donde se encuentra con las primeras luchas de los demócratas persas por un gobierno constitucional después de que el Sha ha sido asesinado.

El erudito se enamora de Shireen, una princesa persa que ha descubierto el texto perdido. Viven los primeros meses de la primera República de Irán, pero cuando regresan a Estados Unidos juntos en el Titanic, en 1912, éste se hunde. Aunque los dos se salvan y llegan sanos y salvos a Nueva York, el manuscrito se pierde en el fondo del océano. Shireen no puede seguir vivendo sin el manuscrito y abandona a su amante americano en el muelle de Nueva York.

Maalouf es el autor de una estupenda novela que tiene la virtud de describir las vidas y la época de unos personajes que jamás habían aparecido en la ficción con anterioridad y muy probablemente no volverán a hacerlo. El libro no es una simple novela histórica, sino que, del modo que el intrincado bordado de una alfombra oriental se teje y se desteje durante siglos, Maalouf entreteje poesía, filosofía y pasión por el pasado sufí con la modernidad. Maalouf intercala en la narración extractos de poemas de Jayyam que dotan al texto de una poderosa cadencia melódica.

La ficción histórica de alta calidad, como la que representa Samarcanda, es un modo excelente de despertar interés por la investigación histórica. Maalouf realiza un trabajo excelente en este sentido, pues elabora una novela con un perfecto equilibrio entre información y entretenimiento, a la vez que presenta su punto de vista de las sociedades contemporáneas de mayoría musulmana.

Una novela muy ilustrativa que, como todas las obras de su autor, trata de comprender y avanzar hacia una solución y un encuentro real entre nuestras culturas. Ojalá sea así algún día.

A.G.