Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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lunes, 8 de febrero de 2010

Lecturas recientes: Una habitación con vistas


Una habitación con vistas (1908)

E.M. Forster


Ésta es la historia de una joven que despierta al mundo y que termina por asumir sus propios anhelos más íntimos, una vez que logra percibir hasta qué punto ha sido engañada por ella misma y la encorsetada sociedad en que vive.


El argumento es muy sencillo: Lucy Honeychurch y su prima Charlotte Bartlett pasan unas vacaciones en Florencia, una ciudad aún libre del azote inclemente del turismo, aunque sí integrada en el “grand tour” de los viajeros europeos. Las jóvenes son alojadas en unos cuartos interiores de la pensión Bertolini (una manfiesta representación de la cerrazón de la clase media inglesa, su opresión y estrictos convencionalismos sociales). Pero los extravagantes Emerson, padre e hijo, ofrecen a Lucy y Charlotte sus habitaciones con vistas al río Arno. Durante su estancia en Florencia, Lucy se enamora de George. Charlotte, sin embargo, impide que el romance prospere. Lucy regresa a Inglaterra, donde se promete a un hombre llamado Cecil Vyse, tras haberse convencido a sí misma de que éste es el hombre que realmente le conviene. Pero la llegada de George a la campiña inglesa provoca una catarsis en Lucy.

Mediante esta sencilla historia, Forster desarrolla de forma espléndida temas de candente actualidad en el mundo de comienzos del siglo XX: las convenciones sociales, la pasión, el autocontrol y la espontaneidad. La novela muestra también la confrontación entre dos culturas opuestas: la inglesa (rígida y contenida) y la italiana (alegre y apasionada); una Italia que aparece como el país de las pasiones cuyas gentes expresan sus sentimientos con total libertad.
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La ciudad de Florencia juega un papel fundamental en la novela, pues ejerce un influjo significativo en Lucy. En efecto, Lucy comienza a sentir en su interior una perturbación con la simple observación de las estatuas de la Piazza della Signoria. Despierta en su interior un sentimiento de violencia que le hace rebelarse contra los encorsetamientos propios de la educación que ha recibido. Este sentimiento choca frontalmente con la opinión de una familia como la suya que pertenece a la buena sociedad inglesa. Este choque inicia en Lucy una transformación que la lleva a experimentar un inequívoco proceso de maduración, a medida que se obliga a sí misma a superar el obstáculo de las convenciones sociales y tomar sus propias decisiones.

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Una habitación con vistas representa a la perfección la buena literatura inglesa del siglo XX, que abunda en descripciones y, lo que es más importante, crítica con agudeza la rígida Inglaterra victoriana.

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La novela de E.M. Forster fue llevada al cine por James Ivory, quien se aprovechó del éxito de la adaptación de Pasaje a la India, realizada por David en 1984. Helena Boham Carter interpreta a Lucy Honeychurch, Maggie Smith a su prima Charlotte Bartlett, y el intermitente Daniel Day-Lewis a Cecil.

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A.G.

jueves, 4 de febrero de 2010

Lecturas recientes: El autobús perdido

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El autobús perdido (1947)
John Steinbeck

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El autobús perdido narra el accidentado viaje de un desastrado autobús rural entre las poblaciones de Rebel Corners y San Juan de la Cruz, en California, poco tiempo después del final de la Segunda Guerra Mundial. Los pasajeros que deben hacer escala en Rebel Corners -en aquel lugar en medio de la nada y puerta al “nuevo mundo” encarnado por California, precisamente igual que ocurre en Las uvas de la Ira- quedan atrapados a causa de una avería en el autobús en un lugar que no pasa de ser una simple gasolinera donde tiene su negocio Juan Chicoy, que es el conductor del autobús y que junto a su compañera Alice y una empleada, Norma, dirige un pequeño restaurante.

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Durante el trayecto hacia San Juan de la Cruz, los pasajeros del autobús han de enfrentarse a un problema inesperado, pues un puente que cruza sobre el río amenaza con venirse abajo por la crecida de las aguas. Curiosamente, la novela no llega a desvelarnos si el autobús consigue llegar a su destino. De hecho, finaliza bruscamente una vez que Juan Chicoy ha conseguido sacar el autobús del socavón en que había quedado atascado. Ante las insistencias de los pasajeros, Juan Chicoy se había visto obligado a tomar una carretera que evitaba el paso por el puente, a pesar de haber informado a los demás del mal estado en que probablemente debía encontrarse ésta. En realidad, el asunto de si el autobús lograr o no llegar a San Juan no es relevante en sí, pues la esencia de la novela se encuentra en sus personajes y las diferentes relaciones que se establecen entre ellos.

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Entre líneas, mediante las conversaciones entre los personajes y, sobre todo, a través de las sutiles referencias combinadas con silencios cómplices, subyace en la obra una corriente pasional soterrada que se pone de manifiesto en las tensiones que surgen entre los personajes. En este sentido, la novela carece prácticamente de argumento. De hecho, toda la trama se impulsa en el comportamiento de unos personajes condenados a relacionarse pese a sus diferencias insalvables. Esta red de relaciones que se establecen entre los personajes (conflictos, luchas, acuerdos…) reproducen a pequeña escala la sociedad americana de mediados de los años cuarenta. Una sociedad que lucha por recuperar la cordura tras los duros años de la Segunda Guerra Mundial

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Juan Chicoy es el protagonista indiscutible de la novela. Es un mejicano bastante americanizado que ansía un cambio en su vida y, quizá, un regreso a su tierra natal. El principal obstáculo para conseguirlo es su compañera, Alice, una mujer madura que se debate en las dudas sobre si ella sigue aún resultando atractiva a ojos de Juan y que, ante tal circunstancia, ha caído en una profunda depresión y en el alcohol; una perdedora nata.

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La novela está plagada de personajes curiosos, como “Pimples”, el joven ayudante de mecánica al que martiriza un serio problema de acné hasta el punto de impedir su relación con las mujeres; la mencionada Norma, cuya vida languidece detrás de la barra, sin ser capaz de dar el paso adelante que la libere de esa vida monótona a la que está anclada; Camilla, una atractiva mujer que de inmediato atrae la atención de todos los hombres, cuyo máximo anhelo es empezar una vida nueva lejos del que parece intuirse como un pasado insatisfactorio. Además están Ernest Horton, Pritchard, su esposa Bernice y su hija Mildred, etc. Una amalgama de personajes que ayudan a componer un vívido cuadro de la sociedad del momento, una realidad preñada de hipocresía y desprecio, detrás de lo cuales asoman la cabeza a duras penas la ternura o el cariño. Una realidad opresora que encuentra su máximo exponente en la mismísima imagen del autobús perdido en medio de la nada, cerrado a cal y canto, opresor y alienante.

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El autobús perdido es en un magistral retrato de personajes cuyo valor se halla más que en el desarrollo de una trama emocionante o, tan siquiera, atractiva, en el hecho de que se trata de un acertado y profundo estudio sobre los problemas atemporales de la humanidad: el amor, la familia, el sexo, las ambiciones y las frustraciones. Un viaje metafórico, muy similar al que se ilustra en Las uvas de la ira, hacia la misma esencia de la sociedad estadounidense y de lo que no pasó de ser el fracasado sueño americano para millones de personas.

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A.G.

lunes, 1 de febrero de 2010

Noticias: J.D. Salinger


Muere J.D. Salinger

El pasado 27 de enero murió en New Hampshire el escritor Jerome David Salinger, el autor de El guardián entre el centeno (1951), una novela de culto que ha marcado a miles de jóvenes de todo el mundo. Salinger vivió apartado de la escena pública casi desde que su nombre saltó a la fama con la publicación de su gran novela. Se mudó a Cornish e hizo de su casa una suerte de fortaleza inexpugnable. De hecho, logró conservar hasta el mismo día de su muerte esa imagen -que él mismo tanto se esforzó por transmitir- de personaje misterioso, esquivo con los medios de comunicación. Salinger huyó hasta tal punto de los focos y el ruido mediático, que en toda su vida no concedió más que una entrevista a The New York Times, en 1947, y por teléfono. "Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mí mismo y para mi propio placer", dijo Salinger.

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El guardián entre el centeno ha vendido más de 60 millones de ejemplares en todo el mundo y, de hecho, se venden todavía 250.000 ejemplares al año. Por desgracia, la obra siempre será recordada “gracias a” Mark David Chapman, el hombre que asesinó a John Lennon en 1980, y que llegó a citar la novela como el lugar donde encontrar la explicación a aquel acto vil.

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J.D. Salinger publicó tres obras más: Franny y Zooey, en 1961, Levantad, carpinteros, la viga del tejado y Seymour: una introducción, en 1963 y Hapworth 16, 1924, un cuento corto que se publicó en The New Yorker en junio de 1965.

D.E.P.

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A.G.

domingo, 17 de enero de 2010

Lecturas recientes: Anatomía de un instante



Anatomía de un insante (2009)
Javier Cercas

A medio camino entre la crónica y el ensayo, Javier Cercas, encumbrado a la fama por su Soldados de Salamina, elabora una interesantísima obra acerca de uno de los acontecimientos más importantes de la historia reciente de España: el golpe de estado del 23 de febrero de 1981. El punto de partida elegido por el autor no es sino la foto fija de Adolfo Suárez, dimisionario presidente del gobierno, sentado solo en medio de los vacíos bancos azules del Congreso de los Diputados. Cercas no escatima datos ni análisis. Sin embargo, transciende en su obra el simple análisis de una fotografía para elaborar una minuciosa disección de un acontecimiento que podría haber cambiado la historia de España. En este sentido, analiza no sólo las claves del golpe de estado, para lo cual se recrea extraordinariamente en un meritorio estudio de la historia reciente de España (en especial la dictadura del general Franco, los momentos de psicosis colectiva que se vivían en España a comienzos de los ochenta y la posterior democracia), sino sus protagonistas, cuyo grado de implicación resulta en algunos casos sospechosa y preocupantemente dudoso.

Especialmente brillante y sutil es el análisis de la figura de Adolfo Suárez. Javier Cercas explora sus inicios políticos, su formación y aquella forma suya tan “peculiar” de actuar y relacionarse con los grandes personajes de su época que lo ha convertido en una figura que difícilmente puede dejar indiferente a nadie que hubiera vivido durante los años, y que pasó de ser un estudiante mediocre a presidente del gobierno de la nación.

Otro personaje destacadísimo que no puede escapar a la pluma crítica de Javier Cercas es el propio rey Don Juan Carlos, al igual que los personajes que tomaron parte en el golpe y cuyos nombres forman ya parte del inconsciente colectivo del nuestra historia reciente: Tejero, Armada o Milans del Bosch.

La obra está dividida en cinco capítulos, cada uno de los cuales comienza con un epílogo y se cierra con un prólogo a una novela que ha quedado tan sólo en proyecto en la mente del autor.

Creo que se trata de un libro muy interesante, uno de los análisis más rigurosos y serios del fallido golpe de estado, que recomiendo encarecido a todo aquel que esté interesado por la historia y no esté dispuesto a embaularse un mamotreto inaccesible. Anatomía de un instante es todo lo contrario: una obra muy amena y muy bien escrita que le ilumina a uno la mente sobre asuntos no por manidos, realmente conocidos por todos. Un libro que gusta y hace pensar.

A.G.

martes, 5 de enero de 2010

Sorpresas gratas: El filo de la navaja


El filo de la navaja (1944)

Somerset Maughan

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Se trata de la historia de Lawrence Darrell, un joven norteamericano nacido cerca de Chicago, que busca el sentido de su vida después de volver horrorizado de la Primera Guerra Mundial, donde ha intervenido como aviador en el ejército canadiense y ha perdido a su mejor amigo cuando éste intenta salvarle la vida. Su futuro es aparentemente prometedor en la resplandeciente y victoriosa América de los felices años veinte. Sin embargo, sus hábitos cambian por completo, hasta el punto de que su novia Isabel, una joven hermosísima y de excelente familia, es incapaz de comprender ni estos cambios ni su desapepo a las normas sociales. Larry no logra adaptarse a la sociedad burguesa de la posguerra en los años veinte, y, convertido en una persona introspectiva, decide romper su compromiso de boda y tomarse un tiempo de reflexión y búsqueda de su paz interior que lo lleva a errar por el mundo: desde los barrios bajos de París o la costa azul francesa, a Londres, España, Grecia y hasta las nevadas cumbres del Himalaya, donde estudia la filosofía oriental y aprende el arte curativo de los brahamanes. Se trata de un viaje interior y al mismo tiempo exterior, mediante el cual Larry desea despegarse de la adoración por los bienes materiales de esa sociedad competitiva, regida por valores en función de la clase social, de las relaciones de influencia, del dinero, de la fama, de cualquier escala de poder.

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Somerset Maugham está presente en la novela como personaje dentro de la ficción, mediante lo que se denomina narrador “situado”. Todo lo que cuenta sobre la peripecia vital de Larry lo sabe en su condición de testigo directo o porque alguien que participa en el curso de la acción le refiere los sucedidos. Él no posee ningún poder sobre los personajes ni conocimiento privilegiado alguno sobre su intimidad. Gracias a este artificio narrativo, la novela adquiere un aire de crónica sencilla, casi íntima, historia que nos reconstruyen los personajes en sus encuentros y desencuentros, cuando los avatares de la existencia les llevan a coincidir en tal o cual restaurante u hotel del París de entreguerras y alguien formula la pregunta: “¿Qué ha sido de ese chico tan encantador, Larry Durrel?”

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Además del protagonista, los dos personajes más importantes de la novela son la mencionada Isabel, la hermosa, egoísta, convencional y moderadamente ambiciosa novia de Larry, y su tío Elliott, un americano en París; un esnob dedicado al mercado del arte, gracias al cual ha amasado una gran fortuna que le permite vivir consagrado a la alta sociedad europea, a la que venera y a la que soborna con grandes fiestas para ser aceptado. Estos dos personajes están mucho mejor construidos y son mucho más creíbles que el propio Durrel, que aparece presentado, eso sí, como un personaje fascinante, si bien la crónica de sus hechos, decisiones y meditaciones no alcanza a reflejar las virtudes que de él se predican. Su desasimiento, su inadaptación, su búsqueda intelectual y su encanto personal le son atribuidos pero no trascienden desde las páginas del libro.

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El filo de la navaja es, en definitiva, una novela excelente, amena y reflexiva; un retrato de la alta sociedad, de una clase en decadencia, frente a la cual se sitúa la figura de Larry, que reniega de la adoración de los bienes materiales.

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La novela ha sido llevada al cine en dos ocasiones. La primera, de 1946, fue dirigida por Edmund Goulding y protagonizada por Tyrone Power. Informaré de ella cuando tenga la oportunidad de verla. De la segunda, una versión de John Byrum de 1984, no he tenido buenas referencias.

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A.G.