Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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domingo, 29 de abril de 2012

Lecturas recientes: El mundo es un pañuelo


El mundo es un pañuelo (1984)
David Lodge

Secuela de Intercambios (1975), del que toma los personajes principales (los profesores Philip Swallow y Morris Zapp, y sus esposas). Lodge añade en El mundo es un pañuelo muchos otros personajes (pintorescos, excéntricos eruditos universitarios), a los que sigue a lo largo de un interminable circuito internacional de conferencias literarias. En el centro de las diversas tramas que se entretejen (literalmente) a lo largo de la novela se encuentra la singular historia de Persse McGarrigle, un joven profesor universitario que erra de conferencia en conferencia, de país en país, incluso de continente en continente, a lo largo del ancho mundo desde su original punto de partida en el ficticio University College de Limerick, Irlanda. Ha conocido a Angelica Pabst, una joven seductora de la que se ha enamorado perdidamente en el transcurso de la primera conferencia a la que asiste en su corta vida en la también ficticia Universidad de Rummidge, que ya conocemos de la lectura previa de Intercambios. Persse no para hasta dar con ella.

Mientras tanto, Morris Zapp y Philip Swallow viven su propia epopeya, cada uno a su manera. Swallow, convertido en el jefe del departamento de Inglés de su universidad, le cuenta a su colega americano su romance de una noche en Génova con Joy, la esposa del representante del British Council en la ciudad italiana, y cómo más tarde supo por la prensa que ésta había fallecido, tiempo después, en un accidente de tráfico junto a su marido y su hijo. La vida de Zapp no es tan emocionante, aunque no tardará en serlo.

El resto de profesores, mientras tanto, pululan de una punta a otra del globo, embarcados en la búsqueda de su particular y metafórico Santo Grial: Désirée, la ex mujer de Zapp, Rodney Wainright, Howard Ringbaum, Siegfried von Turpitz, Arthur Kingfisher, Rudyard Parkinson, Akbil Borak, Akira Sakazaki, Ronald Frobisher, Fulvia Morgana… (Nótese los singulares nombres que Lodge atribuye a sus personajes. Nos llevaría demasiado tiempo detenernos para comentar las resonancias literarias de cada uno de ellos, pero el lector versado en la historia de la literatura encontrará entretenido jugar por sí mismo el divertido juego de bucear detrás de cada nombre en busca de su origen y significado, sobre todo si ha leído la novela.)

El último personaje importante que nos queda por mencionar es Cheryl Summerbee, una empleada de facturación de la British Airways en el aeropuerto de Heathrow, lectora de novelas de amor, que desempeña un papel pequeño pero importante, pues ayuda al resto de personajes en sus viajes por el mundo.

Durante su estancia en Amsterdam, Persee ve a alguien que se parece a Angelica y averigua que la chica ha trabajado en películas pornográficas y como stripper. En Turquía, Philip Swallow se encuentra con Joy, que le explica que en realidad el único que viajaba en el avión accidentado era su marido. Comienzan, entonces, una relación más que intensa y Swallow planea dejar a su mujer. Zapp, por su parte, es secuestrado en Italia por una banda de extrema izquierda que pide un rescate millonario a su mujer, que ha recibido una fortuna en concepto de derechos de autor por su novela recién publicada. Ésta se niega, pero Zapp es finalmente liberado gracias a las presiones de Morgana. Persee, mientras tanto, continúa la búsqueda de Angelica de una punta a otra del globo, sin conseguir dar con ella en cada uno de los sitios a los que viaja por muy poco. Finalmente averigua que Angelica tiene una hermana gemela, Lily, la actriz porno. En la conferencia de Jerusalén, Swallow se encuentra accidentalmente con su hijo y enferma psicológicamente del mal del legionario. Su esposa viaja hasta allí para cuidar a su marido y esto pone final al romance entre éste y Joy.

La última parte de la historia transcurre en Nueva York, durante una conferencia de la Modern Language Association (MLA), a la que asisten todos los personajes de la novela. Los diferentes nudos que entrelazan las diferentes historias acaban desanudándose: Persse cree encontrar a Angelica al fin y se va a la cama con ella, después de declararle su amor, para descubrir que se trata en realidad de su hermana, Lily, la actriz porno, que le hace pasar un momento estupendo en la habitación del hotel.

Kingfisher anuncia su deseo de ofrecerse como candidato a la cátedra de la UNESCO, para gran disgusto de gran parte de los protagonistas de la novela que la desean con vehemencia. Sybil Maiden anuncia, a continuación, que ella es la madre de las gemelas Angelica y Lily, producto de una relación breve pero intensa con Kingfisher, y que ella misma abandonó en un avión de la KLM hace mucho tiempo. El encuentro entre todos es lacrimógeno e hilarante, sin embargo.

Angelica le presenta a Persse a su prometido, Peter McGarrigle, a quien la Universidad de Limirick pensaba contratar, pero desechó finalmente en beneficio de Persse por la coincidencia de los apellidos. Peter no está enfadado en absoluto, pues tras ser rechazado viajó a América, donde conoció a Angelica. Persse se da cuenta de que no es a Angelica a quien realmente ama, sino a Cheryl Summerbee, y vuela a Heathrow para verla, pero allí le informan de que la chica ha sido despedida y nadie sabe dónde está. Persse reflexiona al respecto, sabedor de que el mundo es un pañuelo en el que debería ponerse de inmediato a buscarla

Un libro muy entretenido, en definitiva, como puede deducirse de su ingeniosa y enrevesada trama, muy en la línea de David Lodge, uno de los maestro de la literatura inglesa de humor, junto a Tom Sharpe, quien a mi gusto es notablemente inferior al autor de El mundo es un pañuelo, una comedia académica posestructuralista en clave de parodia que, además, nos ilustra sobre las tendencias de la crítica literaria moderna y el canon de la literatura inglesa.

Tengo noticias de que la novela inspiró una mini serie televisiva de seis horas de duración producida por la BBC en 1988 que debe de ser muy entretenida pero, por desgracia, no he tenido la suerte de ver.

A.G.

miércoles, 4 de abril de 2012

Lecturas recientes: El señor de Ballantrae



El señor de Ballantrae (1888)
Robert Louis Stevenson


Espléndida novela que relata el conflicto entre los hermanos Ballantrae, dos nobles escoceses pertenecientes a una familia enfrentada por la rebelión jacobita de 1745. Contagiada por la vida viajera del autor, que comenzó la novela en una aldea situada en la frontera entre Estados Unidos y Canadá, y la terminó, después de escribir su mayor parte en el mar, en la isla de Waikiki, El señor de Ballantrae abarca diversos años y escenarios. Se trata, en toda la amplitud del término, de una novela de aventuras en la que Stevenson conjuga sus propias experiencias y viajes por Norteamérica con la nostalgia por la lejana Escocia, a la que ya no regresaría jamás.

La novela plantea también un asunto que el propio Stenvenson había tratado en El Dr. Jekyll y Mr. Hyde: el bien y el mal, las dos caras enfrentadas de la existencia humana. El señor de Ballantrae cuenta la historia de los dos hijos de Lord Durrisdeer, a los que el destino enfrentó desde la infancia a la muerte. Haciendo uso de unas supuestas memorias de Efraim Mackellar, el mayordomo de la casa, Stevenson cuenta el comportamiento de la familia Durrisdeer ante la sublevación jacobita; para no perder su patrimonio familiar, cada uno de los dos hijos del patriarca –James y Henry- se ponen del lado de uno de los bandos en conflicto. De este modo, fuera cual fuera el desenlace de éste, la familia ganaría siempre y sus posesiones quedarían a salvo. Sin embargo, esta toma de posición enfrentará a los dos hermanos de por vida con la presencia inevitable de la joven Allison Graeme, cuyo amor anhelarán los dos con diferente grado de éxito.

El señor de Ballantrae es, a mi juicio, una de las novelas más brillantes de R.L. Stenvenson, junto con el mencionado Dr. Jekyll y Mr. Hyde y La isla del tesoro, libro imprescindible para todos los que nos iniciamos, en nuestra lejana adolescencia, con las novelas de aventuras que tanto inflamaron nuestra imaginación y nos encadenaron de por vida al fascinante mundo de la lectura.

En esta extraordinaria novela, Stevenson exhibe su mejor prosa y un diestro manejo de la intriga que se conjugan a la perfección hasta construir una historia de una extraordinaria fluidez. No en vano, Stevenson integra de forma armónica la tradición narrativa anterior, de la que toma sus modelos, y las corrientes estéticas de su época. La combinación de ambas crea un estilo literario personal que lo ha convertido en uno de los grandes escritores de la literatura europea.

A.G.

lunes, 12 de marzo de 2012

Lecturas recientes: Winesburg, Ohio


Winesburg, Ohio (1919)
Sherwood Anderson


Lo que inicialmente no parecía ser más que una colección de veintiún breves relatos (muchos de los cuales fueron publicados en diversas revistas de 1916 a 1918) adquiere un significado mucho más amplio al verse reunidos en una sola obra. Los distintos relatos, que pueden leerse independientemente, tocan episodios de las vidas de numerosos personajes y tienen en común la presencia observadora del joven George Willard, reportero del Winesburg Eagle. George Willard ocupa el punto central que unifica todos los relatos y guía al lector de un lugar a otro,. Parece haberse tomado al pie de la letra su labor de reportero, pues actúa como un profesional más que como un joven aprendiz de escritor.

Otro personaje que lleva el arte en sus venas es Enoch Robinson. Existe una gran similitud entre la vida de este personaje y la del propio Sherwood Anderson. Enoch era pintor, y al igual que el anciano escritor, las conversaciones con vecinos y amigos le servían de modelo.

El propio Sherwood Anderson definió el propósito de la novela en una carta escrita a su amigo Waldo Frank el 14 de noviembre de 1916: «Mi idea es que estos estudios, cuando se publiquen recogidos en un libro, sugieran el ambiente real del que procede el joven americano de nuestro tiempo». Del mismo modo que Stephen Daedalus, George Willard es el joven artista que aprende de la vida y avanza hacia una madurez que culmina cuando decide abandonar Winesburg.

Una de las historias más interesantes de la novela es la de los Bentley, la más elaborada y singular de todas por dos razones: por un lado, es la única que no tiene lugar en Winesburg, sino en una granja cercana, y por otro, está repleta de significados alegóricos y bíblicos. La historia consta de cuatro partes que la encauzan en una alegoría del paso desde el Antiguo Testamento hasta el individualismo secularizado de la sociedad moderna.

El tema amoroso ocupa a un gran número de parejas en la novela. El fracaso del amor sume a los personajes en la alineación, como consecuencia de la falta de afecto y la pérdida de la identidad personal. Se ha acusado a Sherwood Anderson de exagerar el tema sexual. Sin embargo, parece que lo que el autor pretendía era, más bien, desarrollar una teoría de las fórmulas que emplea el instinto humano para comunicarse cuando le son coartadas la espontaneidad y la libertad. El instinto sexual tiene importancia porque significa un indicio de ausencia de otras comunicaciones más intensas.

En Winesburg, Ohio Sherwood trata de aprehender la realidad mediante súbitos zarpazos que atrapan una escena y la convierten en una intensa percepción. Su estilo es simple, sin el refinamiento sofisticado que encontramos en Henry James, de tal forma que su obra se encuentra más próxima a la de Walt Whitman que a la del autor de Retrato de una dama.

Su narrativa escarba en lo poético, la sensibilidad oculta y la religión. Su forma especial de expresar este universo se fundamenta en la ingenuidad, lo entrañable rústico y una cierta sensiblería que con frecuencia le ha sido censurada.

De entre toda la producción de Sherwood Anderson, Winesburgo, Ohio destaca por alcanzar un nivel de calidad muy superior a todas las demás. De hecho, la celebridad que su autor disfruta en la actualidad se debe casi exclusivamente a ella. Hay que recordar, no obstante, que las novelas de Sherwood Anderson recibieron la admiración de todos los narradores americanos de la generación perdida, quienes siempre le consideraron un maestro. Escritores como William Faulkner, Thomas Wolfe, Ernest Hemingway o Gerturde Stein respetaron profundamente a Anderson, en tanto innovador del relato y del estilo literario. Sherwood Anderson abrió la posibilidad al modernismo en América y sirvió de nexo entre dos mundos culturales e históricos, el final recalcitrante del siglo XIX y el heterogéneo inicio del siglo XX.

A.G.

miércoles, 1 de febrero de 2012

Lecturas recientes: El prisionero del cielo


El prisionero del cielo (2011)
Carlos Ruiz Zafón


Nueva decepción protagonizada por el autor de La sombra del viento. Si su novela posterior al best-seller que lo lanzó a la fama, El juego del ángel, me pareció un absoluto fiasco (me remito a la reseña que escribí en este blog), no puedo decir menos de El prisionero del cielo, una obra fallida, a mi juicio.

En primer lugar, y aunque a alguien pueda resultarle anecdótico, no me parece en absoluto acertado que las primeras dos o tres páginas de la novela estén dedicadas a glosar las alabanzas que recibió La sombra del viento de medios escritos de todo el orbe. Estoy de acuerdo con ellos en que se trata de una magnífica novela, y si no escribí en su momento una reseña loando sus virtudes fue simplemente porque aún no había iniciado este blog.

Asumiendo, en efecto, el valor de La sombra del viento, considero desacertado, innecesario y presuntuoso añadir estas páginas al inicio de El prisionero del cielo. Y más aún cuando, después de leer la novela, no pude sino lamentarme de que ésta no le llegue a la otra a la suela de los zapatos. Y es que, eso lo sabemos todos, no se puede vivir de las rentas; ni en la literatura ni en cualquier otra disciplina artística o profesional. Los lectores entusiasmados con el primer éxito literario de Zafón se lanzaron, nos lanzamos entusiasmados a la lectura de El juego del ángel, pero yo mismo, por qué pluralizar, recibí ésta casi como una bofetada, más dolorosa aun por su final tan disparatado como fallido. Con todo, muchos lectores, entre los que me cuento, deben haber tratado de olvidar la decepción y no habrán dudado en embarcarse en la lectura de El prisionero del cielo.

Y, a decir verdad, no se puede negar que la lectura de esta novela sea amena. Lo es, de hecho, aunque uno tiene a pensar que quizá se deba a que Carlos Ruiz Zafón no parece haberse esforzado demasiado en su escritura. Sí, tal como lo digo. Supongo que el autor pensaría que si se le había criticado el barroquismo o goticismo (voy a inventarme una palabra, por qué no) de El juego del ángel, qué mejor que escribir su siguiente novela del modo más sencillo posible; al alcance de todos los públicos. Ya se sabe, más lectores, más… Por eso, precisamente, nos encontramos con una obra de lectura sencilla; una obra simple… simplona. Un error, pienso yo. Carlos Ruiz Zafón ha pretendido escribir un best-seller, algo muy loable por cierto, y ha acabado escribiendo algo insustancial, con un estilo plano, al que se le pueden poner muchos, muchísimos peros… Así que vayamos con algunos.

La historia es bastante insustancial, no está bien contada, quizá porque no parece haber en ella más que un sólo personaje de cierta enjundia; un personaje de nombre grotesco que tampoco está bien perfilado. Totalmente fallida es también, a mi juicio, esa insistencia casi (y sin casi) molesta de dotarle de un lenguaje rimbombante y supuestamente gracioso.

Además de este personaje rocambolesco, con el que jamás llegas a identificarte, no hay nada más. El resto de personajes están desdibujados, hasta el punto de no parecer más que sombras de sí mismos… los Sempere, Isabella, los presos de la cárcel de Montjuic, el personaje que da título a la novela, y hasta Vidal, el supuesto malo malísimo, que tampoco están bien caracterizado.

La historia es floja. El argumento está repleto de cabos sueltos; no parece más que una acumulación anárquica de anécdotas. Y por si fuera poco, por si nos quedara aún un atisbo de esperanza, llega el final… incalificable, absurdo… No soluciona nada, te deja igual, como si las ciento de páginas que has leído no hubieran servido para nada. La sensación que produce el final es difícil de expresar. Pero lo más duro de todo es llegar a convicción de que la única intención del autor con este final que no es final es que compremos el siguiente capítulo de la serie. Nada queda claro en El prisionero del cielo. Zafón no ha hecho más que esbozar. Por eso, no sería de extrañar que los lectores le dieran la espalda a la secuela o secuelas de esta serie que amenaza con hacerse eterna. Y no hay que buscar muy lejos para encontrar a estos lectores decepcionados; yo conozco a varios.

En fin, como ya he dicho, no se puede vivir de las rentas. Es estupendo dar un “pelotazo”, pero la virtud no está en eso, en ganar un año la Liga (utilicemos un símil futbolístico), sino en mantenerse en la cúspide año tras año, novela tras novela.

En muchas ocasiones recomiendo la lectura de la novela que comento, pero en esta ocasión no puedo decir lo mismo. Carlos Ruiz Zafón está perdiendo a pasos agigantados el crédito que le concedí después de su archifamosa La sombra del viento, y no sé si me quedará crédito, paciencia y valor para leer su más que probable secuela o precuela, porque cualquier cosa se puede esperar.

A.G.

sábado, 28 de enero de 2012

Lecturas recientes: El corazón helado


El corazón helado (2007)
Almudena Grandes

He de reconocer que me cuesta empezar a escribir una crítica, una reseña, o cómo se le quiera llamar, de esta novela. Quizá el motivo principal sea que su lectura, su larga lectura de casi mil páginas y no menos de un mes, me ha dejado un sabor agridulce, y no estoy utilizando por casualidad una expresión tan manida.

Jamás habría comenzado esta novela de no haber sido por la recomendación de una amiga, filóloga y cultivada lectora, que, en un animada conversación acompañada de ricos licores y no menos suculentas tapas, no escatimó parabienes y elogios al comentar El corazón helado. Persuadido por sus dotes oratorias, me dirigí a la Biblioteca Municipal, donde me hice con un grueso ejemplar de la misma.

No voy a detenerme en el proceso lector, siempre tan personal como enriquecedor, pero sí diré que a medida que leía página tras página, iba experimentando sensaciones contrapuestas que no pueden resumirse en unas cuantas líneas y en las que por razones de espacio, y siempre con el ánimo de no aburrir al incauto internauta que se detiene unos minutos en este blog, no me extenderé demasiado.

En un primer momento, me sorprendió el torbellino de frases, sensaciones, experiencias, sentimientos que se agolpan a lo largo de las páginas de la novela, y es algo que aprecié en un primer momento. Sin embargo, con las horas de lectura, llegué a acabar francamente aburrido, hasta el punto de dudar si seguir o no, por varios motivos: en primer lugar, Almudena Grandes explota, a mi gusto excesivamente, un estilo de escritura tan propio como exagerado; al comienzo resulta atractivo, pero acaba siendo un plomo; siempre los mismos recursos literarios, las largas aposiciones, los innumerables adjetivos concatenados, etc. Por otro lado, y quizá en relación con esto mismo, lo novela me ha resultado demasiado presuntuosa; ese estilo grandilocuente y recargado, demasiado artificial a veces, no es sino el resultado, y también la causa, de las exageradas pretensiones de la novela. Su autora trata un tema serio, de eso no hay duda, pero se excede en la expresión de sentimientos, se deleita, se gusta en demasía, y uno se encuentra con largos párrafos pedantes, presuntuosos... y agotadores. Todo es excesivo, y reitero un término que soy consciente de haber utilizado ya, pero, a mi juicio, es el que mejor define esta novela.

Las historia en sí, como he dicho, tiene su interés, eso es indudable. Pero he ahí otro problema o inconveniente, a mi parecer. Yo soy el primero que está interesado en la Guerra Civil, qué os voy a contar, pero si hay algo que no soporto es el sectarismo y el maniqueísmo a la hora de tratar este asunto. Al terminar la novela, estuve charlando al respecto de ella con un compañero de trabajo que también la había leído. Ambos coincidimos en que El corazón helado podría pasar por no ser más que una de tantas novelas de temática similar surgidas durante los (omitamos el adjetivos calificativo) años del Zapaterismo. Una de esas novelas que, al igual que infames películas y series de televisión, surgieron como setas en esos (omitamos de nuevo el adjetivo) años. Yo creo que El corazón helado es bastante mejor que algunas de estas novelas, de las que incluso se han hecho versiones cinematográficas, que además de ser tan sectarias como el original, eran de baja por no decir nula calidad literaria. No voy a citar a ninguna, pero ahora mismo me vienen dos a la cabeza, de cuyo nombre no quiero acordarme.

La novela de Almudena Grandes puede exhibir, al menos, una historia coherente en la que interactúan personajes de carne y hueso, y no meros clichés, con sentimientos creíbles, pero si la analizamos en su conjunto (e incluso por partes), nos encontramos con la desagradable (no por inesperada) sorpresa de que de nuevo los malos son los de siempre y los buenos, naturalmente, también. Eso ya cansa, para qué voy a negarlo. Yo no soy historiador, ni pretendo serlo, pero creo que ya está bien de falsear la historia; ya basta de sectarismo y maniqueísmo, como mencioné más arriba. En cierto lugar leí que la novela trataba el “conflicto de las nuevas generaciones con la memoria”. ¿Perdón? ¿cómo de nuevas? Porque Almudena Grandes no vivió la guerra... qué poca gente queda en nuestro país que realmente viviera aquellos años y la primera mitad de los 40, los más duros. Es cierto que la novela podría emocionar especialmente a españoles que tuvieron que emigrar durante aquellos años, pero ¿también a sus hijos? ¿a sus hijos franceses? Yo he conocido a hijos franceses de exiliados y a la mayoría no les suena ni el Jarama, ni Brunete... ni Paracuellos. ¿Hay hoy todavía algún conflicto con la memoria, sobre todo en las nuevas generaciones?

Por lo demás, resultan muy atractivos algunos personajes de la novela: Álvaro (el marido adúltero, científico y enamoradizo), Raquel (la vengativa y fría, aunque al final no tanto, femme fatale), Julio Carrión (el padrino, con sus matices, su pragmatismo y su mala leche)... y toda la pléyade de personajes mayores y menores que merodean por la historia.

En definitiva, no desanimaría a nadie que tuviera la intención de leer esta novela: tiene sus cosas buenas y sus cosas no tan buenas. Como literatura es aceptable, a mi juicio, aunque cojea por varias de sus patas; vamos, que se le ve el plumero; considero muy desacertadas algunas de las dedicatorias a personajes (sin adjetivo) históricos, añadidas al final. Creo que sobran.

Con todo, yo le daría un aprobado a la novela, por supuesto; resultan incuestionables la intensa labor de investigación y el trabajo duro de su autora. Y sólo por eso se merece que no la arrojemos a la hoguera como se habría hecho en la Alemania Nazi.

A.G.