Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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martes, 30 de octubre de 2012

Lecturas recientes: La canción de Salomón


La canción de Salomón (1977)
Toni Morrison

En el seno de uno de los barrios negros de Michigan, donde subyace un odio latente entre blancos y negros, se desarrolla la vida de la familia de Macon Muerto, un hombre hecho a sí mismo, el patriarca de toda una estirpe cuyos miembros, divididos por posturas divergentes ante los problemas del racismo y la opresión, lo detestan tanto como los que no son de los suyos, y la de su hermana Pilatos. El hijo de Macon, Lechero, quien debe su apodo al hecho de que su madre seguía amamantándolo a los doce años, proporciona la perspectiva a través de la cual el lector conoce los acontecimientos que transforman la historia misma de la familia a lo largo de tres generaciones.

Lechero emprende un viaje que le lleva a desvelar sus orígenes, a conocer a las personas y los lugares que ya habían frecuentado los otros miembros de su familia. Evoluciona desde ser un niño solitario hasta un cierto estado de madurez: conoce a su fiel amigo Guitarra, se enamora de su mujer, su prima Agar, se aproxima a la prohibida Pilatos, una mujer enigmática, y acaba hastiado y desengañado de la injusticia que supone matar a los blancos con el único motivo de compensar las muertes de los de su raza. Así pues, dos temas se entretejen a lo largo de la novela: el descubrimiento de los orígenes de una estirpe y la guerra racial, el tema subyacente que impregna toda la historia de principio a fin y posibilita que la trama principal se vea envuelta en una tensión latente.

Otro elemento de vital importancia en la novela es el llamado “realismo mágico”, suministrado principalmente por creencias populares o familiares que el narrador toma como propias, tales como la presencia de espíritus: las apariciones de Macon Muerto I o la visión que tuvo la madre de Freddie, mientras estaba embarazada, de una mujer que se convirtió de repente en un toro blanco.

Directamente relacionado con el asunto de los espíritus se encuentra el de ciertos misterios cuya ausencia de explicación lógica infunde miedo y respeto a los demás. Sirva de ejemplo la carencia de ombligo de la que se jacta Pilatos, circunstancia que la lleva a ser expulsada de todos los grupos a los que ha pertenecido en su vida, a pesar de tratarse de una mujer hermosa, inteligente y trabajadora. Otros ejemplos son las ansias de volar del señor Smith, quien decide llevar a cabo su sueño fabricándose unas alas, o la leyenda de los sollozos de Ryna, la bisabuela de Lechero, quien se vuelve loca de amor.

Es también de vital relevancia en la novela la sensualidad, un elemento ligado con cierta frecuencia al familiar. Encontramos, en este sentido, la relación entre Macon Muerto II y su esposa Ruth, una relación paterno-filial que se aproxima a una auténtica relación hombre-mujer, o la que une a Lechero y Agar, que son primos, a pesar de lo cual mantienen durante años una relación amorosa y sexual.

También tiene un peso importante en la obra la onomástica. En primer lugar está Salomón o Shalimar, de quien todos dicen ser descendientes en el pueblo que lleva su nombre; Macon Muerto, que en realidad se llamaba Jake; Pilatos, cuyo padre analfabeto buscó al azar un nombre en la Biblia; Corintios y Magdalena, hijas de Macon Muerto II, cuyos nombres fueron también elegidos al azar.

La canción del Salomón destaca, a mi juicio, por la magistral configuración psicológica de los personajes, seres complejos y contradictorios, aunque entrañables, cuyo halo de misterio y propia complejidad, unido a la prosa alegórica de Morrison, requiere en ocasiones un esfuerzo por parte del lector que desee comprender, si no en su casi inaprehensible totalidad, sí en una proporción sustancial, la vida de estos personajes tan propios del universo creado por su autora.

A.G.

martes, 25 de septiembre de 2012

Lecturas recientes: Llamadme Stalin


Llamadme Stalin (2007)
Simon Sebag Montefiore

Interesantísimo estudio de la vida de Iosiv Stalin desde su nacimiento en 1878 en Gori, Georgia, hasta la Revolución de 1917; un asunto que fue siempre un enigma durante la vida del dictador, pues él mismo se preocupó de ocultar aquellos años con silencios y falsedades.

La obra de Montefiore nos permite descubrir a un ser megalómano ad nauseam, temerario y férreo, un matón despiadado al que ya se le advierten maneras, atisbos reveladores de quien habría de ser el responsable de la muerte de millones de personas durante los años de su despiadado Terror.

Montefiore nos presenta a su familia, a su madre Keke y su padre Beso, un zapatero borracho que abandonó pronto a su familia y murió a una edad temprana. Seguimos sus pasos desde su humilde origen y sus años de infancia en Gori, una ciudad sin ley, hasta el seminario y descubrimos su afición por la poesía, que escribía bajo el seudónimo de Soselo y el propio Ilia Chavchavadze, unos de los más prestigiosos poetas georgianos de su época, no dudo en elogiar y publicar. Conocemos a quienes lo acompañaron los primeros años de su actividad política y revolucionaria en Georgia, incluida la rocambolesca historia del atraco al Banco Central de Tiflis que reportó a Stalin y sus secuaces 341.000 rublos en billetes marcados que acabarían desperdigados por Europa… sus sabotajes a fábricas, chantajes a los Rothschild en Bakú, arengas a mineros, abordajes a barcos, huelgas salvajes, espionaje, etc. A la vez, descubrimos a un Stalin galante con las mujeres, a las que seduce con excesiva y más que sorprendente facilidad; al amante de los cantos y los bailes populares y, sobre todo, a una persona entregada a la revolución. Stalin se casó con Ekaterina Svanidze, cuya muerte temprana dejó a Iosiv desolado. Con ella tuvo un hijo, Yakov, quien moriría años más tarde en el campo de concentración de Sachsenhausen.

La persona que sin duda cambió la vida de Stalin fue Lenin, aunque suele afirmarse que Iosiv estuvo a su sombra durante la Revolución. Montefiore sugiere que durante los primeros años de la Revolución Stalin fue bastante cauto, si bien después de haberse pasado unos años en Siberia, precisamente por todo lo contrario, durante aquellos días decisivos llevó a cabo una actividad frenética en las imprentas de Pravda y escribiendo discursos casi a diario. Jamás congenió, sin embargo, con Trotski, hasta el punto de convertirlo en su principal enemigo y disponer su asesinato en el exilio.

Llamadme Stalin es el resultado de casi una década de investigación en infinidad de archivos zaristas y soviéticos recientemente descalificados, textos y memorias inéditos e innumerables entrevistas con personas que conocieron a Stalin durante sus primeros treinta años de vida. Montefiore aporta nuevos datos documentales gracias a un excelente trabajo de campo, y lo hace mediante una escritura sencilla, pero consistente que permite una lectura fácil del mismo. Un gran libro.

A.G.

lunes, 20 de agosto de 2012

Lecturas recientes: El hombre delgado


El hombre delgado (1934)
Dashiell Hammet

Nick Charles, el clásico detective cínico, duro y violento que encontramos en otros relatos de Dashiell Hammett y Raymond Chandler, emprende la investigación de un crimen misterioso que lo conduce por complicados vericuetos repletos de indicios contradictorios y pistas falsas hacia un final sorprendente.

La acción transcurre en Nueva York durante las navidades de 1932 y en ella se entremezcla un enjambre variopinto de personajes más que curiosos. Entre todos ellos destaca Nora, la esposa del protagonista. Juntos forman una pareja poco habitual que se pasa el día bebiendo y zahiriéndose con frases indistintamente ofensivas o amorosas en un corto espacio de tiempo. El resto de personajes (Dorothy, Clyde Wynant, Mimi Wynant, Herbert Macaulay...) que pululan a lo largo de la historia son una panda de seres extraños e estrafalarios que mienten sin el menor recato; unos egoístas, otros drogadictos, los de más allá simples imbéciles que no se enteran de la misa la mitad.

Admirador de Scott Fitzgerald, Hammet elabora una novela sorprendente, aunque con una complicada trama a veces intangible, que se basa casi exclusivamente, como algunas de sus otras grandes novelas (estoy pensando en Cosecha roja) en un diálogo ágil, directo y cuidadosamente trabajado que no sólo desarrolla por sí mismo la trama, sino perfila con precisión la personalidad de los personajes, sus glorias y miserias, sus mentiras y anhelos.

El hombre delgado es uno de los relatos de Dashiell Hammett que mejor se ajusta a los patrones clásicos del género policíaco; uno de sus relatos mejor elaborados, aunque a mi parecer se encuentra un peldaño por debajo de El halcón maltés, conocido para muchos tan sólo, por desgracia, gracias a su inolvidable versión cinematográfica.

A.G.

viernes, 27 de julio de 2012

Sorpresas gratas: La corte del zar rojo


La corte del zar rojo (2004)
Simon Sebag Montefiore

Stalin, cuyo nombre real era Iosiv Visariónovic Djugashvili, ha pasado a la historia como un hombre brillante y ambicioso que desde un origen humilde llegó a convertirse en uno de los personajes más importantes del siglo XX. Su padre, Visarion, era un borracho que abandonó a su familia, mientras su madre, Keke, tenía la mano demasiado suelta y posiblemente ejerciera de concubina en la casa donde servía. Stalin estudió en un seminario, fue agente doble, pues estaba afiliado al partido bolchevique y era informador de la Ojrana, la policía política zarista. Un hombre de acero (stal) hecho a sí mismo, que escribía tiernas cartas a su mujer Nadia. Un hombre al que le gustaba comer, beber y cantar tonadas georgianas hasta el paroxismo con su camarilla de canallas y aduladores, entre los que se encontraban personajes como Kaganovich, Mikoyan, Molotov, Beria, Yezhov, Voroschilov, Jruschov o Malenkov... una panda siniestra de fanáticos, borrachos, sádicos y asesinos en masa.

Y es que Stalin fue, ante todo, un criminal despiadado, como expone con brillantez Montefiore en su ensayo de más de ochocientas páginas. Se supo rodear de los instrumentos necesarios para construir una sociedad nueva mediante la tortura y el asesinato que ejecutaba de un modo despiadado su cohorte de sanguinarios sin escrúpulos –Yagoda, Yezhov y Beria–, que acabaron, como ellos mismo bien sabían, igual que los centenares de miles de hombres que por cualquier motivo pasaron por sus manos asesinas.

La corte del zar rojo se inicia con el suicidio de Nadia, a comienzos de los años treinta, y termina con la muerte de Stalin, en marzo de 1953. Son dos décadas fascinantes y aterradoras: el Gran Terror, las hambrunas, las purgas, el pacto con Hitler, la Segunda Guerra Mundial tras la derrota nazi y los consiguientes “tiras y aflojas” con las potencias aliadas –EEUU y Gran Bretaña–, hasta el posterior distanciamiento y el “alzamiento” del Telón de Acero. Sirviéndose de archivos recientemente descalificados, entrevistas y libros de memorias, Montefiore ha elaborado una obra colosal que resalta los horrores de la “corte bolchevique”.

El libro describe la vida privada de Stalin y su entorno. Cuenta sus relaciones con las mujeres, siembre conflictivas, y cómo tras el suicidio de su segunda mujer Stalin convivió el resto de su vida con Valechka, su ama de llaves, tal como hicieron otros jerarcas bolcheviques, quienes no dudaron en abandonar la austeridad bolchevique propia de los años de lucha clandestina para acumular riquezas, dachas, coches y amantes.

La corte de Stalin se fue pareciendo poco a poco a la de los zares. Aunque enviara a miles de hombres a la guerra, a la vez Stalin se consideraba un protector del pueblo. De hecho, le gustaba que sus súbditos lo llamaran el “Vozhd”, el amo.

Sebag Montefiore es licenciado en Historia en el Gonville and Caius College de la Universidad de Cambridge. Ha recibido numerosos premios, y es miembro de la Royal Society of Literature. Es también autor de Llamadme Stalin, un libro escrito años más tarde que recoge los años anteriores a los de la llegada al poder de Stalin, los referidos en La corte del zar rojo, un libro que recomiendo encarecidamente a los amantes de la historia.

A.G.

jueves, 19 de julio de 2012

Lecturas recientes: Diez negritos


Diez negritos (1939)
Agatha Christie

Un grupo de personas desconocidas entre sí reciben sendos mensajes en los que se los invita a pasar unos días en una isla misteriosa al sur de Inglaterra.

El planteamiento inicial es sugerente, no cabe duda. La incertidumbre de los invitados comienza cuando descubren que la isla está deshabitada salvo por el matrimonio que sirve en la casa de su misterioso anfitrión, del que nadie sabe nada. Pero aún hay más. Al poco de su llegada, una voz grabada en un disco acusa a cada uno de los invitados de haber cometido una serie de crímenes por los que ninguno de ellos ha respondido ante la justica. La tensión aumenta al máximo cuando éstos descubren en una mesa unas figuras de diez negritos de porcelana y una canción infantil que, según va avanzando la acción, explica las muertes sucesivas de todos los personajes. Con los asesinatos de cada uno de los personajes, de acuerdo con lo aseverado en la canción, resulta inevitable que todos sospechen de todos.

Las personas que llegan a la isla y descubren los cadáveres no son capaces de discernir qué ha podido ocurrir, quién es el asesino de las diez víctimas ni el cómo ni el porqué.

Pero no todos han muerto, pues en el último capítulo, en lo que constituye uno de los finales más originales y brillante de la novela de este género, del que Agatha Christie es su maestra indiscutible, el asesino resulta ser uno de los diez habitantes efímeros de isla.

En el capítulo final el asesino envía un mensaje en una botella en el que explica lo ocurrido y los motivos que le llevaron a asesinar a los demás. El final es redondo, sin cabos sueltos como por desgracia estamos acostumbrándonos a encontrar en novelas actuales aplaudidas por la crítica y/o promocionadas ad nauseam en virtud de sus más que cuestionables méritos.

Una novela magnífica, en definitiva, inteligente e ingeniosa, a la que han intentado imitar sin demasiado éxito escritores (de alguno prefiero no acordarme) y cineastas. Como suelo decir cuando la ocasión lo merece, una novela muy recomendable.

A.G.