Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
.

lunes, 8 de abril de 2013

Lecturas recientes: El libro de la risa y el olvido


El libro de la risa y el olvido (1979)
Milan Kundera

Novela brillante y original, escrita con una pureza y sabiduría que nos invitan a entrar en ella de inmediato. El libro, de una extrañeza que nos atrapa al instante, es algo más que una colección de siete historias recopiladas por un residente checo en Francia, el propio Kundera, fascinado por el sexo y aficionado a la reflexión abstracta, la historia reciente checa y la autobiografía.

Kundera celebró la ascensión al poder de los Comunistas en febrero de 1948, pero pronto se sintió desilusionado ante la dura opresión del nuevo régimen. Kundera y todos aquellos idealistas, radicales inteligentes de extraños sentimientos como él, perdieron todo recuerdo de la idea original e ignoraron totalmente a los creadores de la idea.

Kundera, que trabajó como peón y músico de jazz bajo el yugo comunista, decidió dedicarse a la literatura y el cine. En los años 60 fue nombrado profesor en el Instituto de Cinematografía Avanzada de Praga, donde sus estudiantes, entre los que destacó Milos Forman, fueron los creadores de la Nueva Ola del cine checo. Cuando el galante intento checo de “socialismo con cara humana” bajo Alexander Dubcek fue destrozado por la invasión rusa de agosto del 1978, Kundera fue borrado de la vida cultural oficial del país. Hacia 1975, no pudiendo soportar más su vida en su propio país, emigró a Francia. En 1979, debido a la publicación de El libro de la risa y el olvido, el gobierno checo le retiró la ciudadanía checa.

El tema del olvido está presente en la obra de un modo maestro. En un plano oficial, el borrado logra un efecto cómico. El camarada Clementis, que solícito le puso su propia gorra a Klement Gottwald un día frío de 1948, fue colgado cuatro años después y borrado de todas las fotografía propagandísticas, de tal modo que lo único que queda de él es la gorra en la cabeza de Gottwald. De hecho, el presidente checo puesto por los rusos después de Dubcek, Gustav Husak, es conocido como el presidente del olvido. El olvido oficial encuentra su eco en la lucha personal de los individuos por recuperar cartas perdidas, o en recordar detalles que dan a la vida continuidad emocional.

Tamina, una praguense expatriada, es el principal de estos personajes. Se recita a diario todos los nombres de mascota por los que su marido muerto la llamaba, pero cada vez le cuesta más recordar su cara. Hasta el punto de que siempre que se sienta enfrente de un hombre utiliza su cabeza como si se tratara de una armadura de escultor, concentrando toda su atención en él y remodelando su cara dentro de su cerebro, oscureciendo su piel, añadiendo detalles a su rostro, aumentando o disminuyendo el tamaño de las orejas y cambiando de color sus ojos. Pero todos sus esfuerzos son en vano, pues la imagen de su marido acaba por desvanecerse.

En otro de los personajes, Mirek, su lucha contra el poder no es sino la lucha de la memoria contra el olvido. Él también necesita recuperar algunas cartas perdidas por otro motivo distinto a Tamina, pues cuando era un entusiasta del partido escribía a su amante de aquellos días de inocencia, Zdena, quien ha permanecido leal a su ortodoxia juvenil e incluso apoya la invasión rusa de 1968. Él, sin embargo, ha perdido su fidelidad al partido, que es la fidelidad a sí mismo y a su antiguo amor por Zdena.

Pero también existe en esta obra un lugar para la comedia. Si bien Kundera elabora el tema de la risa de tal forma que ya no puede sentirse como risa. En realidad, en El libro de la risa y el olvido encontramos más que la propia risa, un análisis de la misma. En “Madre”, por ejemplo, la anciana madre que vive con el héroe ha de convivir con los escarceos sexuales de éste con su esposa y otra mujer. En “La Frontera” nos encontramos con una organizadora de orgías que facilita múltiples contactos de parejas que no buscan sino la felicidad en un rincón de sí mismas. Y es que el sexo parece ser triste en el fondo para Kundera, mientras la risa es cruel. La imagen final del libro es la de un grupo de nudistas en una playa (posiblemente francesa), cuyos genitales miran absurda, tristemente a la arena amarilla. Las proclamadas libertades personales de Occidente no suponen una liberación para el autor. El héroe de este episodio final, Jan, afirmó con anterioridad que los judíos habían entrado a las cámaras de gas en grupos desnudos, y esa desnudez no era sino un sudario.

En cuanto a las mujeres del mundo de Kundera, el sexo es mejor cuando aparece sin alma. Así, la celosa y sensual Marketa imagina que su marido no tiene cabeza, mientras Tamina, en “Los Ángeles”, se entrega sexualmente a una banda de niños, pues por primera vez en su vida su cuerpo disfruta del placer de la ausencia del alma, que sin imaginar ni recordar nada, ha dejado en silencio la habitación. La sexualidad liberada de sus ataduras diabólicas con el amor se convierte en un gozo de simplicidad angelical. Pero los ángeles del complejo universo de Milan Kundera son malévolos. Esos niños acaban atormentando a Tamina. Además, en “Los Ángeles” bailan en las calles de Praga para celebrar unos asesinatos políticos; bailan en círculos hasta elevarse al cielo. Los ángeles son los no caídos de la fe comunista. Kundera bailó una vez en su círculo, pero como él bien sabe, después de haber caído de círculo uno nunca deja de caer más y más. Con todo, la posición de un escritor de un país socialista en Occidente no puede ser sino incómoda. Kundera nos desprecia por nuestras libertades baratas y nuestras esclavitudes más sutiles.

El libro de la risa y el olvido supuso el primer gran éxito internacional de Milan Kundera. Un texto que, como lo describió el New York Times, es un cuento de hadas, pero también una crítica literaria, un tratado político… musicología y autobiografía. Pero es sobre todo una colección de historias maravillosamente integradas de hombres y mujeres que viven en un mundo de opresión pública y deseos privados; un mundo en el que la historia puede ser escrita de la noche a al mañana y en la que el amor puede caer víctima de la intrusión política o la traición personal.

A.G.

domingo, 17 de marzo de 2013

Lecturas recientes: Yo, mí, me... contigo



Yo, mí, me... contigo (2010)
David Safier

Divertida, sin duda, la última entrega de la “factoría Safier”; una nueva vuelta de tuerca al mismo asunto que viene desarrollando desde la publicación de Maldito karma. Precisamente por eso, y a pesar del denodado esfuerzo de su autor, esta última novela carece de la originalidad de sus predecesoras y sorprende mucho menos que ellas. Con todo, son encomiables tanto el esfuerzo de Safier como el resultado final. El argumento está cuidadosamente elaborado y, a pesar de tratarse de una obra de ficción (de mucha ficción), resultan admirables la coherencia y coordinación entre los acontecimientos acaecidos en el siglo XVI (reales y ficticios) y los de la actualidad.

El asunto que plantea la novela (en el original Plötzlich Shakespeare, es decir, De repente, Shakespeare) es difícil de abordar con rigor. Si ya les resulta difícil a un hombre y una mujer compartir sus vidas, cuánto más complicado será compartir un mismo cuerpo.

En efecto, Rosa, en el papel de heroína prototípica safieriana que trata de recuperar al que considera hombre de su vida (quien por su parte está a punto de casarse con otra mujer), es hipnotizada por un mago de circo y transportada a una vida anterior; la vida de un hombre que ha sido desafiado en un duelo. Transcurre el año 1594 y el hombre en cuestión es nada más y nada menos que el celebérrimo William Shakespeare.

Rosa se encuentra atrapada en un mundo que le cuesta comprender, mas sólo podrá regresar al tiempo presente después de haber descubierto el significado del verdadero amor, una tarea no menuda en absoluto. Para ello ha de contender no sólo con las hordas de admiradoras femeninas de El Bardo, sino con el propio poeta, que se manifiesta a disgusto con la circunstancia inverosímil de tener a una mujer controlando su cuerpo. A pesar de ser el autor de Romeo y Julieta, nuestro hombre no parece saber tanto acerca de las mujeres como la propia Rosa.

Para saber cómo termina la historia, no hay nada mejor que leer la novela. Se trata de una lectura amena y sencilla que no dudo en recomendar, en especial a aquellos que no conozcan la obra de David Safier. El autor de Maldito karma y Jesús me quiere no deja de sorprender por su gran talento contando historias de un modo divertido, lo cual, ya os digo yo, no es nada fácil.

A.G.

viernes, 8 de marzo de 2013

Lecturas recientes: Los cosacos


Los cosacos (1863)
Lev Tolstoi

Dimitri Olenin es un joven aristócrata que vive en Moscú. Ha derrochado su hacienda y está aburrido con lo que considera una existencia vacía. Desencantado, se alista en el ejército como cadete con la esperanza de huir de los placeres urbanos de Moscú, de su artificialidad, y encontrar por fin un sentido a su existencia.

Olenin deja la ciudad después de una fiesta de despedida una noche de invierno. En compañía de su siervo Vanyusha, Olenin viaja al Cáucaso, la tierra de los cosacos, lleno de esperanza y optimismo. En la creencia de que puede encontrar la felicidad entre la gente sencilla del Cáucaso, intenta integrarse en su cultura. Se hace amigo de un viejo cosaco, Eroshka, al que le gusta cazar y beber; un anciano áspero que ha visto muchas batallas y ha protagonizado valientes acciones en su juventud. En su compañía Olenin bebe vino y caza faisanes, y hasta un oso. Incluso se viste como lo haría un cosaco. Olenin idealiza a Eroshka hasta el punto de creer que él mismo puede convertirse en un cosaco sencillo y alegre, tan sólo gracias al éxito de su amistad con Eroshka.

Olenin conoce también a una chica cosaca, Maryanka, de la que se siente atraído por lo que se describe como una belleza sencilla y musculosa. Pero Maryanka está prometida a Lukashka, quien, tras haber matado a un checheno, es reconocido por su valor. Sin embargo, a medida que la historia avanza, Olenin aprende más de sí mismo, filosofando, y desarrolla una nueva teoría de la vida que en aprecia en su sencillez y los deleites de la naturaleza. Se da cuenta de lo equivocadas e inmorales que fueron tanto su vida anterior como su percepción del mundo.

Las emociones conducen a Olenin en distintas direcciones. En primer lugar, está su recién encontrada filosofía, que requiere dar a los otros y disfrutar de la vida sencilla de los cosacos. En contraposición, el ruso Beletsky le dice a Olenin que debería retomar los placeres hedonistas que dejó en Moscú y se toma libertades inapropiadas con Maryanka. Finalmente, Olenin confunde su propia lujuria por Maryanka con un amor verdadero. Pero, ¿la quiere realmente y desea casarse con ella? ¿Quiere ciertamente dejar Moscú detrás y vivir como un cosaco?

Respondiendo en cierto modo a un impulso, Olenin pide a Maryanka en matrimonio y pronto se pregunta si está siendo honesto. Y sí, cree que lo está siendo. Es aquí cuando el lector llega a saber más de Olenin que lo él que sabe acerca de sí mismo.

Olenin permite que su imaginación huya de él, y que su cultura y educación hagan imposible cualquier cambio. La sociedad, en efecto, moldea al hombre más de lo que éste piensa. Intentar fingir que se puede cambiar no es, en último lugar, sino un autoengaño.

Al final de la novela, es Maryanka quien controla la realidad. Irónicamente es el civilizado, racional y culto Olenin el objeto de las burlas, si bien más a sus propios ojos que a los de los demás.

Los cosacos es una hermosa historia que destaca por una profundidad filosófica e intelectual que empapa cada palabra del texto. Su estilo sencillo y transparente proporciona un placer estético a la novela Tolstoi es casi poético en su escritura, pues entreteje su historia mediante descripciones de montañas que quitan la respiración, las vastas estepas solitarias y, por supuesto, la existencia maravillosamente natural y sencilla de los cosacos.

Tolstoi publicó esta hermosa historia, que se supone basada en sus propias experiencias, unos años antes de sus dos mejores novelas: Guerra y Paz y Anna Karenina.

A.G.

jueves, 21 de febrero de 2013

Lecturas recientes: Sangre sabia


Sangre Sabia (1952)
Flannery O’Connor

Hazel Motes es un hombre atrapado en una lucha sin final contra su destino innato y desesperado y contra un mundo que no lo considera más que un cínico demente; un “predicador sin Dios” que reniega de sus creencias cristianas y toma medidas desesperadas para demostrar su desengaño. Sus acciones incoherentes suscitan en los demás incertidumbre y desasosiego. No puede ser otra la reacción que provoca su decisión inopinada –tras una peregrinación religiosa accidentada y fútil– de quemarse los ojos con cal viva para poder mirar mejor en su interior. O’Connor recupera, de este modo, el concepto de ceguera como castigo o bendición de los dioses, acuñado por las religiones antiguas; el tránsito voluntario de la luz a las sombras. Frente a Hazel Motes, que se ha visto obligado a elegir la oscuridad como última tabla de salvación, no hay más que seres humanos que no creen en nada, convencidos de que así les va mucho mejor.

Sangre sabia es un cuento de redención, retribución, profetas falsos, ceguera, sabiduría y violencia, que nos recuerda a algunas novelas de William Faulkner, como El ruido y la furia o Santuario, que hemos comentado en este blog. Es una historia que nos hace sentir pavor y conmoción, que agita nuestra conciencia. No resulta fácil sustraerse a las vidas de sus personajes.

La novela también hace un uso especial de lo grotesco, circunstancia que quizá derive de la propia experiencia de O’Connor, quien sufrió una larga y dolorosa enfermedad degenerativa. Sin embargo, su escritura está determinada, más que por su delicada salud, por la educación religiosa que recibió. No en vano, uno de los elementos –quizá el primordial– que sostiene toda la estructura de la novela sea la gracia, un concepto inequívocamente cristiano. Si la literatura no nos salva, pues lo terrible está fuera de la ficción, tampoco la gracia interviene en el proceso narrativo. Flannery O’Connor obliga a sus personajes a vagar sin paz ni descanso por esos parajes desolados de Estados Unidos, inabarcables y alienantes. Les niega la posibilidad de arrepentirse y los colma de horrores y desgracias. El lector, mientras tanto, ha de consolarse con la falsa tranquilidad que le da pensar que no es como ellos.

A.G.

miércoles, 13 de febrero de 2013

Lecturas recientes: El Hobbit

 
El Hobbit (1937)
J.R.R. Tolkien

Con la intención de aunar en un mismo relato la mitología de Inglaterra y un argumento que sus tres hijos pudieran encontrar interesante, Tolkien escribió esta sorprendente historia, fantástica y cautivadora, cuyo escenario es un mundo lejano y hostil en el que habitan seres extraños: hobbits, enanos, troles, duendes, trasgos o elfos, gran parte de los cuales son difícilmente reconciliables. El Hobbit es la primera obra que publicó el autor de la que está considerada una de las obras maestras de la literatura fantástica, El Señor de los Anillos (publicada diecisiete años más tarde), una historia fascinante que conoce el público, aunque la mayor parte sea tan sólo gracias a su reciente versión cinematográfica. El Hobbit está concebido no sólo como una presentación del mundo fantástico de la Tierra Media, sino como el nexo de unión entre los acontecimientos que se narran en El Silmarillion y El Señor de los Anillos.

El argumento de El Hobbit refleja la concepción de su autor acerca de la complejidad del ser humano, en combinación con ciertas ideas que obtuvo de sus estudios de la épica escandinava y notables pinceladas de la propia clase media inglesa a la que Tolkien pertenecía. El héroe principal de la aventura es Bilbo Bolsón, el hobbit que da título a la novela, quien encarna el prototipo del hombre inglés rural de la época. Es curioso, a la vez que sorprendente, la brillantez con que Tolkien transforma un representante arquetípico de la sociedad inglesa de los años 30 en un héroe medieval caracterizado al más puro estilo del que encontramos en las obras maestras de la literatura medieval inglesa: Beowulf, Sir Gawayn y el Caballero Verde, Piers Plowman o el ciclo artúrico anglo-francés que de un modo tan espléndido recopiló y reinterpretó Thomas Malory en su Morte Darthur a finales del siglo XV.

Bilbo Bolsón vive una vida tranquila y sin preocupaciones en el cómodo agujero que le sirve de hogar; fumando una pipa, bebiendo buena cerveza y metiéndose entre pecho y espalda una buena comida. Bilbo se nos presenta como un ser de carácter débil, tímido y temeroso, que disfruta con la jardinería y no echa de menos ni emociones ni aventuras en su plácida existencia de hobbit.

Sin embargo, su vida cambia un buen día cuando aparece delante de su puerta el misterioso e imprevisible mago Gandalf, que afirma estar buscando a alguien que se una a él y un grupo de trece enanos en su búsqueda de un tesoro robado por el terrible dragón Smaug. Se espera de Bilbo que, como buen saqueador, tenga un papel activo en dicha búsqueda, aunque los enanos no pueden ocultar su escepticismo acerca del personaje que ha elegido Galdalf para acompañarles.

Durante su viaje, iniciático desde luego en el caso Bilbo –al más genuino estilo de los héroes del Medievo o de los cuentos populares cuya morfología analizaría de forma tan precisa Vladimir Propp– los catorce héroes son capturados por troles hambrientos. La aparición inesperada de Gandalf hace cambiar la suerte de Bilbo y los enanos, pues con su ayuda se apropian de unas espadas mágicas y viajan a un lugar llamado Rivendell, donde son acogidos por el líder elfo Elrond.

Desde allí continúan un viaje repleto de aventuras y fabulosos personajes. En una de estas, Bilbo se retrasa del grupo y, mientras trata de salir de un laberinto de túneles oscuros encuentra un anillo de oro que se guarda en el bolsillo. Poco tiempo después se encuentra con Gollum, una extraña criatura que vive en cavernas y caza peces y duendes. Gollum quiere matar a Bilbo, pero éste le vence y se da cuenta de que el anillo que ha encontrado no sólo es la posesión más preciada de Gollum, sino un objeto mágico, pues convierte en invisible a aquel que se lo coloque en un dedo de la mano.

Tras lograr eludir a Gollum, Bilbo reencuentra a Galdalf y los enanos y juntos continúan su viaje. Se topan con lobos gigantes, los wargos, que los persiguen. Por suerte, irrumpe un grupo de águilas gigantes que los rescatan. A continuación Gandalf lleva a sus compañeros al hogar de Beorn, una criatura que puede metamorfosearse de hombre a oso, y que les ayuda en su viaje. Poco después Gandalf vuelve a desaparecer, mientras los demás se ven seducidos por los poderes mágicos de un lago, de los que, no obstante, logran escapar, si bien son capturados por arañas gigantes, que casi se los zampan. Bilbo vuelve a erigirse en héroe y líder del grupo, pues con la ayuda del anillo mágico consigue acribillar a las arañas y salvar a los enanos, que sin embargo vuelven a ser capturados, esta vez por los elfos del bosque. Bilbo pasa semanas vagando solo por los alrededores del palacio del rey de los elfos y tratando de idear un plan para liberar a sus compañeros. Utilizando el anillo, los rescata y les sugiere que se escondan en el interior de barriles de vino vacíos que son arrojados al río y bajan flotando hasta Esgaroth, la Ciudad del Lago, una lugar habitado por humanos cerca de la Montaña Solitaria, donde vive el dragón Smaug.

Tras una semana en la ciudad, el grupo marcha adonde se encuentra el dragón. Bilbo descifra la clave en el mapa de Thorin, el antepasado de uno de los enanos, y la utiliza para llegar hasta Smaug. Bilbo descubre en su conversación con el drago que existe un punto débil, cerca de su corazón, en la coraza que protege a Smaug. Bilbo se apropia de la Piedra del Arca, una gema preciosa, para enfado del dragón, quien abandona la montaña y destruye Esgaroth. Bard, un heroico arquero, mata a Smaug, informado sobre el punto débil del dragón.

Pero esto no acaba aquí, pues los humanos de la Ciudad del Lago y los elfos del bosque marchan hacia la Montaña Solitaria en busca del tesoro que compense sus pérdidas. Thorin se niega a aliarse con ellos y Bilbo le entrega a Bard la Piedra del Arca, de modo que éste pueda utilizarla en su negociación con el líder de los enanos. Pero Thorin se enfada. Justo entonces reaparece Galdalf para salvar a Bilbo de la furia ciega del enano. A la vez, un ejército de wargos y duendes avanza hacia la montaña con fines nada pacíficos. Los humanos, los elfos y los enanos no tienen más remedio que unirse. De este modo da comienzo la Batalla de los Cinco Ejércitos. Cuando nuestros héroes están a punto de ser derrotados, aparecen Beorn y las águilas y les ayudan a ganar la batalla. Thorin es herido, pero antes de morir expresa un sincero arrepentimiento por su comportamiento hacia Bilbo, quien emprende por fin el camino de regreso a casa en compañía de Gandalf.

De vuelta a su agujero, Bilbo reanuda su vida habitual. Aunque no es bien recibido por sus convecinos, se siente feliz por el mero hecho de regresar a su vida sencilla y cómoda. No obstante, lo que no era al principio sino un hobbit débil y tímido se ha convertido, gracias a la superación de las dificultades que ha debido afrontar durante su viaje, en un personaje más maduro. Bilbo ha visto desarrollada su personalidad hasta el punto de convertirse en un héroe de carácter fuerte que no ha permitido que sus miedos se interpongan en su camino.

A.G.