Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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viernes, 22 de mayo de 2015

Lecturas recientes: Dientes blancos


Dientes blancos

Zadie Smith (2000)

Ésta es la crónica de dos familias que elaboran, mediante diferentes retales culturales, voces, tonos y texturas, un cuadro vívido del Londres de finales del siglo XX. Zadie Smith desarrolla en su primera novela una astuta investigación acerca de la raza y la identidad, y satiriza con ternura los antagonismos religiosos y la confusión cultural.

La novela se inicia con la historia del inglés Archie Jones y su amistad accidental con Samad Iqbal, un musulmán bengalí de Bangladesh. Los dos hombres se conocieron en 1945, cuando ambos pertenecían a la tripulación de un tanque británico que se movía pesadamente a lo largo de la Europa de los días finales de la Segunda Guerra Mundial. A partir de este momento, seguimos la vida y milagros de los dos hombres durante tres décadas. Archie es un tipo gris pero decente condenado al fracaso, lo cual incluye su propio intento de suicidio. La mañana de Año Nuevo de 1975, Archie intenta asfixiarse con el humo de su coche, pero un vecino sospecha de lo que ocurre y lo salva en lo que a todas luces se nos revela como una escena que tiene más de comedia que de tragedia. Samad, a pesar de parecerse a Omar Sharif, no es más que un camarero explotado en un restaurante indio del West End, y obsesionado por la historia de su tatarabuelo, Mangal Panda, quien presuntamente disparó, y falló, el primer tiro del motín indio de 1857.

A mediados de los 1970, Archie volvió a casarse, esta vez con una gigantona jamaicana a la que doble en edad, llamada Clara. Tuvieron una hija, Irie, que se convertirá en el centro de la narración. Samad, por su parte, optó por el matrimonio arreglado con una bengalí, la fogosa Alsana, y tuvo dos hijos, Magid y Millat.

Ambas familias, los Jones y los Iqbal, viven en el animado suburbio de Willesden, en el noroeste de Londres, un “melting pot” de razas y colores. Archie aboga por la convivencia pacífica entre miembros de diferentes culturas, mientras Samad valora la diferencia y ansía el debate. Encontramos, así, una abierta yuxtaposición entre la moralidad bíblica y los detalles mundanos de lo doméstico, que está relacionada en gran medida con la brecha entre expectación y realidad. Vemos un claro ejemplo de ello en los hijos de Samad, los primeros descendientes del gran “experimento trasoceánico”. Samad exige demasiado a sus gemelos, y paga por ello un precio calamitoso. Envía a Magid a casa para ser educado, pero éste regresa ocho años después con un acento inglés pukka y un sereno ateísmo. Millat, por su parte, parece haberse convertido en un integrista.

Por si no tuviéramos suficiente con estas dos familias, Zadie Smith introduce una tercera, los Chalfen, orgullosos representantes de la modernidad liberal del norte de Londres. Marcus Chalfen es un profesor universitario y curioso científico que anda embarcado un controvertido experimento sobre la genética de los roedores. Joyce, su mujer, es una esforzada horticultura que no duda en decirles a Irie y Millat que le resultan muy exóticos, y que a la pregunta de dónde proceden originalmente, se encuentra inexorablemente con la respuesta “merecida”.

La irrupción de los Chalfen marca un punto de inflexión en la novela, cuyo desenlace habréis de descubrir vosotros mismos.

A pesar de sus tensiones, creo que Dientes blancos es una novela luminosa. Su mezcla de voces y puntos de vista enfrentados, su retrato de una sociedad que lucha para conseguir una grado aceptable de comodidad, tolerancia, e incluso compañerismo la convierten en una novela admirable y reveladora.

A.G.

lunes, 13 de abril de 2015

Noticias: Muere el gran escritor alemán Günter Grass



Acabo de enterarme de la triste noticia de la muerte Günter Grass.
El Premio Nobel alemán ha fallecido hoy en el Hospital de la ciudad alemana de Lübeck, a los 87 años de edad.

A vuela pluma, y casi sin tiempo de digerir la noticia, me gustaría escribir unas líneas en recuerdo a su figura. Nada que tenga que ver con una reseña bio-bibliográfica que pueda encontrarse hoy en cualquier confidencial digital, sino una reflexión personal acerca de lo que su obra ha significado para mí, como lector y escritor.

Parto de la idea de que Günter Grass es uno de los más grandes escritores de literatura alemana. Creo que la única figura del panorama literario alemán actual que puede competir con él es Herta Müller, si bien son autores con estilos y preocupaciones muy diferentes, aunque muy marcados ambos por la dolorosa experiencia de la Segunda Guerra Mundial.

Durante sus largos años de carrera, Günter Grass ha demostrado ser un escritor comprometido y dueño de un indudable maestría, de la que hizo gala en las más diversas formas literarias. Entre su extensa obra, yo me decanto sin duda por sus grandes novelas. Como la mayoría de lectores, supongo que me adentré en su obra gracias a El tambor de hojalata, cuyo grueso lomo puedo ver en mi estantería desde la silla en que estoy sentado. Años después de leerla, saboreando aún la riqueza de sus múltiples matices, los personajes variopintos, las historias rocambolescas y el certero retrato de la condición humana, escribí una breve reseña en este blog y la incluí en el apartado de "Mis novelas favoritas"; corría el año 2010. Hoy sigo convencido, más incluso que entonces -a pesar de añadir un buen número de novelas a mi lista de lecturas- de que esta enorme novela se encuentra entre los diez libros que me llevaría a una isla desierta, si el destino quisiera que hubiera de sufrir tal contingencia.

Jamás he caído en el error de juzgar a un escritor de acuerdo con sus ideas políticas, religiosas o sexuales. Por tanto, tampoco lo haré con Günter Grass, quien vivió, según dicen, consumido por la culpa de haber pertenecido de adolescente a las SS. Ya de mayor, escribió Pelando la cebolla, una interesante novela autobiográfica que recomiendo encarecidamente. Günter Grass admite su pecado de juventud y pide perdón por ello. Jamás me dejé influir por las ideas políticas de Gabriel García Márquez a la hora de analizar su obra literaria, de la que siempre me he confesado un gran admirador. Tampoco lo haré con Günter Grass. De él me queda el recuerdo imborrable de haber disfrutado sus novelas y saboreado la altísima calidad de su obra imperecedera.

Günter Grass ha muerto, pero por suerte nos queda su obra.

A.G.

lunes, 23 de marzo de 2015

Lecturas recientes: Una familia feliz


Una familia feliz (2011)
David Safier

Nada parece irle bien a la familia Van Kieren. La madre, Emma, se siente una fracasada. La librería que regenta está en bancarrota y a punto de cerrar, y su marido, Frank, trabaja demasiado y no tiene ni ganas ni tiempo de preocuparse de ella. Ada, la hija adolescente de ambos, va de pena en el instituto, mientras el hijo pequeño, Max, parece vivir encerrado en su propio mundo, en el que no parecen existir más que sus cómics, mientras la chica de la que está enamorado no encuentra mejor forma que corresponder a su amor que metiéndole la cabeza en el váter.

Todo se complica aún más cuando, después de  una fiesta de disfraces, una bruja hechiza a la familia al completo: transforma a cada uno de ellos en el personaje del que van disfrazados a la fiesta. Emma es una vampiresa, Frank es Frankestein, Ada una momia y Max el hombre lobo. De esta guisa, la familia emprende un viaje rocambolesco en busca de la bruja, que los llevará por medio mundo e incluso a conocer al mismísimo Drácula. Sin embargo, la familia Van Kieren no conseguirá romper el maleficio hasta que cada uno de ellos vuelva a creer en la felicidad familiar.

David Safier llama nuestra atención sobre el valor de las cosas cercanas, a las que no solemos conceder la importancia que merecen hasta que no somos capaces de quitarnos la venda de los ojos y verlas desde una nueva perspectiva. Para ello elabora el retrato de una familia que bien podría ser la nuestra, y cuyos miembros, desde los padres al hijo más pequeño, se plantean en un cierto momento qué pintan ellos en el mundo. Como no podría ser de otra manera, Safier también presenta el choque generacional, la eterna disputa entre padres e hijos adolescentes en el peor momento de la vida de un adulto, aquel en el que éste se plantea qué ha sido de su vida y dónde han quedado sus anhelos y planes vitales.

Una familia feliz hace gala de los elementos más característicos de las novelas de David Safier: un humor ágil e inteligente que jamás cae en la chabacanería; una fantasía desbordante y sin embargo tan verosímil; la religión, en forma de bromas, aunque en este novela no aparezca de un modo tan explícito como en Maldito Karma o Jesús me quiere; y una aguda crítica social, mediante suaves pinceladas que reflejan la crisis de valores de nuestro tiempo. Después de haber leído todas las novelas de Safier, uno tiene la impresión de que la protagonista es la misma en todas ellas: una mujer luchadora que busca un amor que parece escapársele entre los dedos y trata de superar el fracaso profesional resultante de haber abandonado su carrera por el cuidado de sus hijos.

Con todo, creo que Una familia feliz es con diferencia la peor novela de las cuatro novelas de David Safier que he leído hasta la fecha. Con el paso de las páginas, el humor inicial va perdiendo peso a favor de una intriga que, al ser un puro disparate, ha de resolverse de un modo igualmente disparatado. La novela va de más a menos, a medida que el elemento de crítica social pierde fuerza. Sin embargo, es una lectura fácil, escrita en un estilo sencillo (quizá demasiado), pero con el sentimiento, humor y honestidad que caracteriza a su autor.

A.G.

viernes, 6 de marzo de 2015

Lecturas recientes: Más allá del deshonor


Más allá del deshonor (1946)
James M. Cain

A comienzos de la Guerra Civil Norteamericana, en la década de 1850, el bando confederado envía a Roger Duval a Sacramento para informar de la situación en California, con la esperanza de convertir los estados del oeste en la causa sureña. Poco tiempo después de su llegada, Roger se ve involucrado por accidente en una situación de extremo peligro para su vida: mientras está nadando en el río Sacramento, se da un golpe en la cabeza con un bote. Cuando está a punto de morir ahogado en el fango una mujer desconocida le lanza una cuerda. Pero no es una mujer cualquiera, sino uno que acaba de robar un bolso con dinero y, tal como no tardará en descubrir Roger, no es tal como a él le gustaría que fuera.

Roger se queda prendado de Morina, la mujer que lo ha salvado de una muerte segura. Los dos viven juntos durante unos días en la choza que él tiene por casa, hasta que una mañana Roger descubre que Morina se ha marchado. Cegado por un amor irresistible, sigue su pista, hasta encontrarla de vuelta en su ciudad natal, Virginia City, en el estado de Nevada. Allí Roger averigua quién es en realidad Morina, una mujer cuyo precio es negociable para los mineros, jugadores y pistoleros que pueblan esa miserable ciudad. Sin embargo, para un hombre enamorado, Morina, que se muestra arrogante y esquiva, cuesta mil dólares. Roger sacrificará todo lo que tiene (su cuerpo –casi pierde un brazo–, su mente y su alma) para conseguir el dinero. Roger mata incluso al hombre con el que se va a casar Morina; el hombre en el que ella confía para dar un giro a su vida. Un sacrificio excesivo el suyo, que quizá no sea suficiente para conseguir el amor de Morina. Al final, Roger y Morina se reconcilian, parecen convencidos de llevar una vida en común, y se marchan de la ciudad. Más tarde, movidos por el deseo de tener una vida mejor, planean el asalto de un tren, lo que acaba costándoles la vida a ambos.

Más allá del deshonor es una buena novela, de uno de los novelistas de escritura más limpia y honesta del siglo XX estadounidense. Sin embargo, no se encuentra a la altura de El cartero siempre llama dos veces o Pacto de sangre, que hemos comentado en este blog, y se elevan como dos notables exponentes de la extraordinaria literatura norteamericana de su tiempo.

A.G.

viernes, 27 de febrero de 2015

Sorpresas gratas: Criadas y señoras


Criadas y señoras (2009)
Kathryn Stockett

Skeeter Phelan es una licenciada universitaria de veinticuatro años que decide embarcarse en una empresa demasiado complicada para una mujer blanca que vive en el conservador estado de Mississippi durante los años 60: reunir las historias de las criadas negras que sirven en las casas de las blancas y tratar de aclarar sus propios sentimientos sobre las relaciones sociales existentes en su tierra natal. Aunque es una mujer simpática, valiente y tenaz, también representa, en cierto modo, el prototipo de mujer hermosa pero desconcertada, que se sorprende al descubrir que su amiga de toda la vida, Hilly Holbrook, predica a los cuatro vientos las virtudes de la segregación y la rectitud de los políticos de Mississippi.

Las mujeres blancas que aparecen en Criadas y señoras son en su mayoría licenciadas por la Universidad de Mississipi, donde al parecer aprendieron, antes que otra cosa, cómo casarse nada más dejar la universidad. Regresan a Jackson como triunfadoras, tiene un niño y no tardan en entregárselo a una mujer afroamericana mientras ellas se unen a la Junior League y dedican todas sus energías a proyectos tan dignos como conseguir dinero para los pobres niños hambrientos de África, mientras tratan a los pobres afroamericanos de Jackson como si fueran seres infrahumanos.

La principal representante de este grupo es Hilly Holbrook, quien piensa que las criadas negras transmiten ciertas enfermedades que los blancos no tienen, y que deberían utilizar baños separados en las casas de sus señores. Llega a convertir el asunto en un proyecto de la Junior League, a la que pertenece.

Skeeter, sin embargo, no tiene marido ni novio, sino un sueño extravagante: ser escritora. De hecho, consigue un trabajo en el periódico de Jackson, para el que escribe una columna de consejos a amas de casa. Como no sabe nada al respecto, decide entrevistar a varias criadas que puedan ayudarle. A medida que Skeeter conoce la realidad, comienza a preguntarse qué le ocurrió a Constantine, la doncella que con tanto cariño la crió, y eso le lleva a profundizar en la dura vida de las criadas negras.

Dos de ellas, Aibileen y Minny, arriesgan sus vidas y hasta su propio sustento para ayudar a Skeeter a realizar las entrevistas. Aibileen es cariñosa y maternal. Representa el modelo de la mujer sufridora que ha luchado toda su vida para sacar a los suyos adelante, e incluso ha perdido a un hijo en la flor de la vida, sin que los blancos hicieran lo suficiente para salvarlo. Es, sin duda, el personaje más encantador de la novela, sobre todo en las escenas en que aparece criando a la pequeña Mae Mobley, el bebé que ahora está a su cargo. Ha de soportar el dolor de criar a niños blancos para luego verles crecer y alejarse de ella, mientras se prepara para encargarse de otro. La otra criada que ayuda a Aibileen es la gruñona y belicosa Minny, que trabaja al servicio de Miss Hilly, quien la trata como si fuera una ladrona.

Las doncellas afroamericanas son, por temperamento, maternales y de buen corazón. Bañan a “sus niños” con cariño hasta que a éstos les llega el momento de irse a la escuela y desaprender la lección de sus primeros años, para así continuar con la tradición sureña de los ciudadanos de primera y segunda clase basada en la raza.

Kathryn Stockett no se anda con paños calientes, pues en su retrato de la sociedad de Jackson muestra a los blancos como claros opresores, mientras a los negros no parece quedarle más opción que someterse. Intenta de este modo hacer una justicia a los negros que a ella jamás le animaron a conocer mientras crecía. Al mismo tiempo, la autora expone cómo el afecto que une a las criadas y a los niños blancos que cuidan puede crecer en medio de ese enorme desequilibrio social. Sin embargo, este vínculo no es nada comparado con la fuerza de la opresión. Por ese motivo, la obstinada Minny emerge como el personaje más poderoso de la novela. Minny no confía en ningún blanco y sólo se permite una pena fugaz por su bondadosa pero bobalicona señora blanca. El interés de la autora se centra en el afecto y la intimidad que hay más allá incluso de las conexiones familiares aparentemente impersonales, y es precisamente por ello que la novela resulta tan atractiva y conmovedora.

A.G.