Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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viernes, 27 de enero de 2017

Sorpresas gratas: Cuando pase tu ira

  
Cuando pase tu ira (2011)
Asa Larsson

Con la llegada de la primavera al remoto norte de Suecia, el cadáver de una mujer joven sale a la superficie abriéndose paso a través el hielo del río Thorne. Parece haber sido un accidente, pero hay algunos detalles extraños que apuntan a que ha podido ser asesinada.

Gracias a las palabras del cuerpo muerto que habla al lector sabemos que la chica se llamaba Wilma Persson y tenía diecisiete años. El día en que murió, buceaba en compañía de su novio Simon Kyrö bajo el hielo del lago Vittangijärvi, en busca del pecio de un avión de transporte nazi que había caído allí durante la Segunda Guerra Mundial. Wilma cuenta la historia de cómo ella y su novio fueron asesinados. Alguien tapó el agujero que había abierto en el hielo, evitando que pudieran salir a la superficie. Wilma luchó desesperadamente por sobrevivir, pero no tardó en tener la certeza de que pronto se quedaría sin aire que respirar.

De la investigación se encarga la agente de policía Anna-Marie Mella, que ya aparece en novelas anteriores de Larsson, en compañía de Sven-Erik, con quien mantiene una relación difícil que se remonta a tres años atrás. Anne-Marie presiona con el caso, pero Rebecka Martinsson, en su condición de fiscal de la cercana población de Kiruna, decide tomar el mando de la investigación. Se entrevista con la anciana tía abuela de la chica fallecida y con los miembros de una siniestra familia de fraudulentos hombres de negocios y sus socios. A la vez, las visiones de una figura persiguen en sueños a Rebecka Martinsson, quien sospecha que el fantasma podría ser el de Wilma Persson.

Rebecka y Anna-Maria comienzan a investigar el caso con profundidad. Hablan con vecinos que conocían a la chica muerta, y no tardan en vérselas con gente que intenta evitar que salga a la superficie la verdad sobre ciertos incidentes acaecidos durante la Segunda Guerra Mundial. Es Rebecka quien sugiere que se analicen los pulmones de Wilma, lo que permite descubrir que la chica se ahogó en el lago, no en el río. Alguien quiere asegurarse de que el pecio jamás se encuentre.

En las extrañas aldeas rurales del norte de Suecia se encuentran con gente capaz de hacer cualquier cosa para proteger sus secretos. Algunas de las heridas y conflictos de la Guerra no están aún curados. En efecto, su investigación remueve rumores que llevaban tiempo durmientes, no sólo de un avión alemán con suministros para la Wehrmacht que se perdió en 1943, sino de aquellos habitantes de la ciudad que colaboraron con los nazis. Aunque Suecia se había declarado oficialmente neutral, hubo cierta colaboración con los Nazis en transportes a la costa del Báltico. Además, Anne-Maria y Rebecka se enfrentan a la amenaza de un asesino que volverá a matar para asegurarse de que el pasado permanezca enterrado para siempre bajo la nieve y el hielo silenciosos de medio siglo.

Rebecka, no obstante, es una mujer joven que ejemplifica el enigma moderno. Nació en Kiruna, en Laponia, al norte de Suecia y huyendo de una adolescencia infeliz de fanatismo religioso se convirtió en una abogada financiera en Uppsala. Es una heroína decidida que adora a los perros y comparte con Wilma una atracción visceral hacia las costumbres ancestrales de los pueblos y las vidas tradiciones de los que viven de la tierra, en lugar de simpatizar con aquellos de su generación que viven un ambiente sofisticado y vacío.

Siempre hay una miasma de lo sobrenatural rodeando a Rebecka y a los otros personajes y escenarios de la novela. Este aspecto se halla presente en la forma de una persona muerta que parece condenada a observar los acontecimientos hasta que sea capaz de encontrar descanso, y en una alta dosis de pasión y reverencia religiosa.

Con gran maestría narrativa Asa Larsson entreteje el pasado y relatos de testigos, en yuxtaposición con el presente. Son dignos de mención su acertado examen psicológico de los personajes y su resuelta disección de los deseos y necesidades humanas en el marco de una fascinante historia de amor y venganza. La trama está cuidadosamente estudiada y finamente hilada y el final es dramático y emocionante

Cuando pase tu ira es el cuarto libro de la serie sobre Rebecka Martinsson y la inspectora Anna-Maria Mella. Con posterioridad a los terribles acontecimientos acaecidos en el libro previo, La senda oscura, donde Rebecka mató a tres hombres en defensa propia. Sin embargo, ésta es la primera novela que he leído de Asa Larsson, quien me ha parecido una buena escritora y con un estilo propio que se desmarca del estilo canónico de la novela de misterio al uso. Con todo, no me gustó especialmente que la autora concediera una voz narrativa a la muerta, Wilma.

Una novela fascinante que te engancha desde la primera página, quizá porque, tal como he señalado, es una historia de misterio que no está escrita de la manera habitual. He de decir que la leí en apenas tres días, lo cual habla bien a las claras de su capacidad de atracción.

Cuando pase tu ira es, además de todo lo dicho, un libro sobre represión, violencia, devoción y crueldad. En este sentido, merece la pena señalar que la cita del Libro de Job que da título a la novela hace referencia con mucho acierto al dolor de la existencia humana.

Asa Larsson está reconocida como una de las grandes escritoras del momento de novelas de crímenes psicológicos y es particularmente buena en la evocación de comunidades locales, mitos y supersticiones que se encuentran en peligro de extinción en nuestra sociedad globalizada.

A.G.

sábado, 14 de enero de 2017

Lecturas recientes: Expiación


Expiación (2001)
Ian McEwan

Nos encontramos ante una historia de amor, un drama de guerra pero, sobre todo, una historia sobre los poderes destructivos de la imaginación. Sobre cómo una monstruosa mentira contada por una niña de trece años es capaz de mandar a la cárcel al amante de su hermana mayor y destruir la existencia de una familia de clase media-alta.

El comienzo de la novela no es en modo alguno apasionante. Por el contrario, las primeras setenta páginas aproximadamente son un extenso resumen de impresiones diversas. Un aire de quietud flota en el ambiente.Vemos a varios personajes ir y vienen pero la novela, en este punto, parece poblada principalmente por sus influencias literarias. Entre éstas la más notable es la de Virginia Woolf. La técnica no es exactamente un flujo de conciencia (stream of consciousness), tanto como una lenta deriva de asociaciones.

La novela, en efecto, comienza de un modo engañoso. Gosford Park, en Surrey, se revela como una especie de escenario idílico en la campiña inglesa. Amanece un día caluroso y bochornoso del verano de 1935. Se oyen rumores de guerra, mientras la familia Tallis se ha reunido en la mansión familiar con ocasión de una comida especial: el hijo mayor, Leon, vuelve a casa de visita. Sin embargo, la familia no parece tan sólida como la espléndida mansión, rodeada de vastos terrenos. El padre, una presencia distante, se encuentra como siempre en Londres, ocupado en unos misteriosos planes de defensa y envuelto desde hace tiempo en una relación. La madre, Emily se pasa gran parte del tiempo tumbada en su habitación a consecuencia de severas migrañas. El hijo, Leon, es un afable bromista que llega a la mansión en compañía de un joven rico y estúpido hombre de negocios. La hija mayor, Cecilia, acaba de de llegar de Girton College, Cambridge, y se encuentra perdida. La hermana pequeña, Briony, es una niña ferozmente disciplinada que desea expresar en el papel su deseo de que el mundo sea tan disciplinado como ella. Además, nos encontramos al guapo Robbie Tuner, el protegido de la familia, que también acaba de llegar de Cambridge. Su madre es la criada de los Tallis y vive con ella en una casita próxima. Los Tallis pagan sus estudios. Robbie quiere ser médico. Cecilia y Robbie crecieron juntos y ella está enamorada de él.

También han llegado a la mansión los hijos de Hermione, la hermana de Emily, de los que su madre se ha despreocupado. La sexy y manipuladora adolescente Lola y los dos patéticos gemelos, Jackson y Pierrot, a los que Briony convence para que tomen parte en la obra de teatro que ha escrito, un fárrago absurdo llamado Los juicios de Arabella. La obra tiene la intención de ser una bienvenida a casa a su hermano Leon. Se trata de la fantasía de una escritora muy joven entusiasmada por la posibilidad de crear en muy pocas páginas un mundo completo. Expiación es en realidad una versión adulta de este logro, un conflicto entre verdad y fantasía, el modo en que un novelista falsea la realidad.

Al final del día Robbie y Cecilia han descubierto que están apasionadamente enamorados, los gemelos se han escapado, Lola ha sido ultrajada y Briony ha sido acusado de violación a Robbie, que ha sido arrestado, y, lo que es menos importante, Los juicios de Arabella jamás han sido representados.

Percibimos desde el comienzo que entre Cecilia y Robbie sucede un cierto tipo de animosidad o atracción irreconciliable. Briony presencia desde una ventana de la mansión una pelea entre ambos. Cecilia y Robbie se encuentran junto a una fuente. Se les ha caído al agua un valioso jarrón que le dieron a un tío de ella en la Primera Guerra Mundial los aldeanos franceses a los que había salvado. Una de los sirvientes había roto el jarrón durante la guerra. Aunque se arregló, es endeble y no sobrevive mucho tiempo. Cuando Robbie se dispone a saltar al agua a recuperar las piezas, Cecilia se quita la ropa, quedándose tan sólo con la ropa interior, y salta a la fuente.

Más tarde, Robbie intenta articular sus sentimientos por Cecilia en una carta al final de la cual desliza con toda crudeza la verdad desnuda, esto es, su deseo de tener relaciones íntimas con Cecilia. Sin embargo, descarta por razones obvias ese borrador y elabora otro, más suave, que tiene la intención de enviar. Pero por accidente envía la carta incorrecta a Cecilia por mediación de Briony, que la abre y la lee.

Las consecuencias son devastadoras. Por si fuera poco, Briony descubre a Robbie y Cecilia haciendo el amor con violencia en la biblioteca. Briony va componiéndose su propia idea de la situación.

La revelación de las palabras finales de la carta de Robbie pervierten el mundo de los Tallis. Casi de inmediato ocurre otro acontecimiento que nos recuerda al acaecido en Pasaje a la India, de E.M. Forster, que ya comentamos en este blog. El primo gemelo de nueves años se escapa de la casa. Durante la búsqueda, Lola es asaltada sexualmente en una zona arbolada, pero no sabe por quién. A pesar de la oscuridad, Briony, que hemos visto aspira a ser escritora, piensa que puede identificar al agresor como el lascivo Robbie y agrava su transgresión con la carta dirigida a Cecilia al convencer a Lola y a todos los demás (excepto a Cecilia), de que nadie sino Robbie es el culpable. A diferencia del incidente acaecido en las cuevas de Marabar, la mujer ultrajada no se retracta y Robbie acaba con sus huesos en la cárcel. Aprendemos que por desgracia Briony también está enamorada de él. Será la forma de vengarse por su desdén. La venganza de la niña que se siente tentada, si bien aún exiliada, de la edad adulta.

Las dos partes siguientes de la novela tratan de las consecuencias de las mentiras de Briony en la familia Tallis. En la segunda parte se cuenta cómo, después de salir de la cárcel, antes de tiempo por unirse a la infantería, Robbie forma parte del ejército aliado que es evacuado a Dunkerque. Cecilia espera su regreso. Tanto ella como Briony trabajan de enfermeras. En estas páginas McEwan capta magistralmente la banalidad y el horror de la guerra. En contraposición, el crimen aparentemente inmotivado de Briony parece casi insignificante. No obstante, Briony, que ha madurado gracias a su experiencia en el hospital, le pide perdón a su hermana.

La tercera se sitúa en Londres, donde Briony lucha por superar el dolor de las muertes en Dunkerque. El estilo elíptico de las primeras páginas de novela no tiene cabida aquí, puesto que la descripción del horror de las heridas, la mutilación y la muerte se amontonan delante de los ojos de Briony. ¿Puede está dedicación a las víctimas aliviar a Briony de su culpa? Podemos preguntarnos si su expiación depende de que Robbie sobreviva o si se puede lograr mediante la consumación de sus ambiciones literarias, gracias a una novela como la que está escribiendo. Pero es difícil decidir quién puede garantizarle la expiación al novelista, cuya capacidad de crear y relaborar el mundo significa que no hay ninguna autoridad por encima a la que apelar.

La última parte de la novela es un epílogo fechado en 1999. Averiguamos que Briony es una famosa novelista de 77 años que sufre episodios de demencia. Que fue ella quien escribió las tres secciones de la novela que acabamos de leer. Expiación se revela como la novela que Briony Tallis ha estado escribiendo entre 1940 y 1999. Cuando Briony comienza a escribir la obra como una novela corta en 1949, piensa que debería ser moderna e impresionista, como Virginia Woolf. Peor recibe una carta de rechazo de Cyril Connoly, de Horizon, en la que le dice que su ficción debería tener más argumento.

Así pues, Robbie y Cecilia nunca estuvieron juntos, tal como sugiere la tercera parte. Robbie murió en Francia, en 1940, y Cecilia murió ese mismo año en Londres, durante los bombardeos alemanes. El texto que acabamos de leer no es sino la expiación de Briony por lo que hizo. No pudo resistir la oportunidad de salvar a los jóvenes amantes, de continuar sus vidas en la ficción, de dar a la historia un final feliz. Esta revelación enfatiza aún más la ambivalencia ya explícita de la novela acerca del hecho de ser una novela, y convierte al libro en un artefacto propiamente posmoderno. Otra cuestión es que este epílogo sea necesario en realidad. Su novela cuenta en apariencia la misma historia que Ian McEwan. A Briony, sin embargo, no le preocupan tanto los hechos. De lo contrario, escribe, debería haber escrito un libro diferente. Piensa que ojalá pudiera escribir un final feliz, todo bien y los amantes vivos y reunidos. No es imposible, dice. De hecho ya lo ha escrito y ya lo hemos leído y probablemente creído.

Expiación es un drama privado de pérdida de la inocencia y traición, que se desarrolla sobre el trasfondo de una historia mayor de mala fe. La historia personal es dolorosamente fuerte. Hay todo tipo de detalles humanos tiernos y exactos como la determinación de los amantes a sobrevivir, la fe de la madre de clase trabajadora en su hijo, la dedicación de Emily a sus migrañas. El título parece sugerir que Briony hará algo por medio de la expiación, pero nada bastante adecuado parece ocurrir. El problema, aprendemos al final, era que cómo puede un novelista lograr expiación cuando, con su poder absoluto de decisión, es también una especie de Dios. Concluimos, pues, que hay expiación ni para Dios ni para los novelistas.

La novela se revela también como una lamentación sofisticada de los peligros de la fantasía y la brecha entre realidad y arte. Sus múltiples alusiones literarias sitúan la historia dentro de un rico contexto literario a la vez que resalta el artificio implicado en  la creación de una obra literaria.

Al final de la novela descubrimos cómo el daño premonitorio del jarrón recuerda a lo que le sucede a otros objetos frágiles de gran valor pero fácilmente arruinados, tales como la virginidad de Cecilia y su propia vida. Al igual que el jarrón que trata de rescatar Cecilia, al final no parece sobrevivir mucho: la familia, los hijos, la memoria, la escritura, quizá incluso el amor y el perdón. O quizá no.

Expiación es sin duda una de las mejores novelas de este siglo.

A.G.

jueves, 22 de diciembre de 2016

Lecturas recientes: Más maldito karma


Más maldito karma (2015)
David Safier

Daisy es una joven actriz de segunda que lleva años sin trabajar. Su vida es caótica: se alimenta de pizza, bebe, fuma y se acuesta con cualquiera de los hombres con los que se encuentra en las numerosas fiestas a las que acude. Les roba a sus compañeros de piso, a quienes debe cinco meses de alquiler, y le da calabazas constantemente a Jannis, su compañero de piso que está enamorado de ella. Daisy carece de la madurez suficiente para afrontar los problemas y se limita a dejarlos pasar, en la confianza de que éstos se resuelvan por sí mismos.

Un día Daisy recibe la llamada de su mánager para hacer de secundaria en la nueva película de James Bond, protagonizada por Marc Barton, un arrogante actor de Hollywood y estrella del momento, que está rondando en Berlín. Daisy y Marc se conocen en el rodaje y pronto descubren que son dos personas antagónicas a las que une tan sólo una cosa: ambos son unos egoístas. Ninguno de los dos ha tenido jamás en cuenta los sentimientos de las personas que los han querido.

Su relación no puede empezar peor, pues Daisy mata de una patada al perro de Marc. Pero la situación se vuelve crítica cuando los dos mueren juntos en un accidente de coche. Una vez muertos, Buda les hace saber que en sus vidas han acumulado demasiado mal karma y les hace reencarnarse en hormigas; unas hormigas que han de ir a la guerra. Para colmo de males, se enteran de que Kelly, la mujer de Marc, y Jannis salen juntos. Daisy y Marc comprenden que para volver a ser humanos y separar a sus ex parejas no les queda más remedio que, mediante la acumulación de buen karma, ascender en la escalera de la reencarnación, lo cual no resulta en absoluto sencillo. El problema es que Daisy y Marc no se soportan y se culpan mutuamente del accidente. Las cosas se tornan aún más difíciles cuando, reencarnación tras reencarnación, descubren que se han enamorado el uno del otro.

La trama de la novela está entretejida de aventuras y situaciones disparatadas: una guerra entre hormigas, unos polluelos de cigüeña que no están preparados para abandonar el nido, unos osos muy sensuales, etc. Las reencarnaciones se suceden una detrás de otra, tal como ocurría en Maldito karma.

Safier recupera con esta novela el tema de las reencarnaciones y el karma que tan bien supo abordar en Maldito karma. En Más maldito karma el autor alemán sigue manteniendo el tono ameno e irónico. Crea nuevos personajes y recupera algunos, y sumerge a todos ellos en divertidas aventuras llenas de humor y ternura.

La prosa de Safier sigue siendo fresca, relajada y fluida, y su narración está repleta de diálogos rápidos y mordaces. En definitiva, continúa siendo un soplo de aire fresco en el panorama literario actual. Volvemos a encontrarnos ante un libro de fácil lectura y muy entretenido.

Con todo, Más maldito karma no puede en absoluto considerarse como una aportación novedosa por parte de un autor que parece haberse encasillado voluntariamente en este tipo de literatura que, por otra parte, tan suculentos beneficios le reporta.

He seguido fielmente la trayectoria literaria de David Safier y he de reconocer que después de una larga serie de novelas muy parecidas entre sí he perdido el interés por ellas. Lo que, a mi juicio, fue un comienzo fulgurante y novedoso parece no haber evolucionado con el tiempo. Es como si Safier se hubiera instalado cómodamente en la autocomplacencia, renuente a dar un giro a su carrera literaria. Creo que sus lectores agradecerían que Safier tratara de dar un paso al frente o un giro de tuerca a su narrativa (elíjase el símil más adecuado) y fuera capaz de, manteniendo la esencia, proporcionar un material nuevo a su legión de lectores. Permaneceremos, por tanto, a la espera de tan deseable punto de inflexión.

A.G.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Lecturas recientes: País de Nieve

 
País de nieve (1937)
Yasunari Kawabata

Shimamura es un adinerado hombre de negocios que viaja con frecuencia viaja al País de Nieve, donde se encuentran unas famosas fuentes termales. Con el tiempo aprendemos que Shimamura tiene una familia en Tokio, si bien su incapacidad de vivir una “vida de ociosidad” le lleva a emprender un largo viaje a esta zona montañosa, recóndita y fría de Japón, con el fin de revivirse y recuperar parte de la honestidad que siente haber perdido. Aprendemos también que Shimamura se considera un experto en ballet europeo, aunque no haya asistido jamás a una representación.

Durante el trayecto en tren, en dirección al País de Nieve, Shimamura observa a una bella mujer que cuida de un hombre enfermo que parece ser su marido. Admira su belleza y la amabilidad y el cuidado con que se ocupa del hombre. Más tarde sabrá que se llama Yoko. Al final de un largo túnel llega al País de Nieve, donde está esperándole una chica llamada Komako, una geisha de la que se ha encaprichado en un viaje anterior. La novela explora las relaciones, a lo largo de varios años, entre Shimamura y la fiel Komako, quien no tardará en revelar sus serios problemas con el alcohol. Yoko, por su parte, aparece constantemente como una ayudante más que una geisha. Shimamura no tarde en interesarse por Yoko. Seducido por ella, en especial después de saber que el hombre al que acompañaba en el tren ha muerto, Shimamura prefiere la fantasía libre e incontrolada a lo tangible y real. Con el tiempo aprende que las vidas de estas dos mujeres están indefectiblemente unidas por la tragedia.

A medida que Shimamura se familiariza con Komako, vemos que se trata de alguien que no es capaz de entregarse libremente, lo cual hace que le sea muy difícil amar. Shimanura tiene la libertad de darse los gustos que quiere, pero se muestra incapaz de establecer una conexión real con Yoko, la amiga y rival de Komako. A Shimamura le preocupa que Komako beba en exceso. La joven pasa cada vez más tiempo en los aposentos de Shimamura, sin preocuparse por marcharse antes del amanecer cuando se queda a pasar la noche. Komako, en realidad, no encaja en los esquemas de las fantasías de Shimamura.

Un día, Shimamura se embarca en una excursión por los alrededores del balneario. A su regreso al hotel encuentra el pueblo sumido en el caos. En compañía de Komako ve una columna de chispas y marchan juntos a la escena del desastre, un taller utilizado como una improvisada sala de cine. Cuando llegan, Shimamura ve que se ha desatado un violento incendio en el edificio. Yoko pide ayuda desde un balcón. Shimamura se queda paralizado y es incapaz de reaccionar. Komako es la única que tiene la valentía de entrar en el edificio y sacar a Yuko de las llamas. Komako se lleva a Yoko, mientras Shimamura impotente y embriagado por la belleza del cielo nocturno, se revela como un completo inútil, pues es incapaz de ofrecer ayuda real. Cuando intenta ponerse en movimiento, lo echan a un lado unos hombres que arrancan a Yoko de los brazos de Komako. Al final, no sabemos a ciencia cierta si Yoko está viva o muerta, si bien Kawaba nos da algunas pistas que nos llevan a pensar que está muerta.

Uno de los elementos más significativos de la novela es el papel, tan importante como los propios personajes, que juegan la naturaleza y el paisaje; el terreno montañoso con sus cumbres cubiertas de nieve se convierte en un personaje más. Kawabata relaciona la descripción de los paisajes con los personajes de la historia. El paisaje se utiliza para evocar el estado de ánimo de los personajes, en especial el de Shimamura, que percibe el lugar donde se encuentra como un “mundo distante”, del que él ahora es una parte, aunque sea él quien está distante.

Kawaba toma un paisaje rico en belleza natural como escenario de una efímera y melancólica historia de amor. La belleza de Komako, tal como Shimamura siente, parece haber surgido del mismo paisaje: su cara recortada sobre el paisaje que se movía lentamente alrededor de su silueta. Shimamura, por su parte, es descrito como un personaje ocioso y asceta.

En efecto, tragedia y belleza juegan un papel decisivo en la novela. Las secuencias trágicas a menudo contienen momentos de inesperada belleza; y la belleza a menudo tiene un reverso trágico. Por ejemplo, cuando Shimamura escucha por primera vez la voz de Yoko, piensa que es de una belleza tal que suena triste. Más tarde, su fascinación por Yoko lleva a Shimamura a pensar en ella como una figura predestinada que provoca ansiedad. Al final, cuando Shimamura ve la caída catastrófica de Yoko desde el balcón, se queda embelesado por la “línea perfectamente horizontal” que traza su cuero, pero también siente una “angustia indefinible”. Yoko, al menos tal como la ve Shimamura, se convierte en una presencia fascinante e inmensamente trágica.

Kawabata utiliza breves descripciones de la vida en el balneario al modo de un haiku, una de las formas tradicionales de la escritura japonesa: imágenes sugestivas e información incierta y deliberadamente oculta. Estas descripciones aparecen salpicadas de vívidos diálogos entre Shinamura y Komako y crean una atmósfera hermosa y emocionalmente rica que conduce al lector al interior de las misteriosas relaciones que existían entre una geisha y su cliente en un Japón ya desaparecido. Las visitas de Komako a la habitación de Shimamura revelan la delicada comprensión de Kawabata de cómo descorazonador debe de haber sido para las mujeres como ella saber que cualquier aventura que tuvieran con un cliente está predestinada.

País de Nieve es una obra introspectiva y meditativa, y es precisamente esto lo que la convierte en una gran obra de arte. Aborda la complejidad de las relaciones humanas, el aislamiento y la soledad y, lo que es aún peor, cuando dos personas intentan conectar pero son incapaces de conseguirlo. La gran tragedia de la humanidad.

A.G.

domingo, 30 de octubre de 2016

Lecturas recientes: La senda del perdedor


La senda del perdedor (1982)
Charles Bukowski

Ambientada en los años cuarenta del siglo XX, la cuarta novela de mi escritor maldito favorito es una obra maestra de formación que cuenta los primeros veinte años de la vida de Henry Chinaski, el inmigrante alemán alter ego del autor. Primero en Alemania y luego en Los Ángeles de la Gran Depresión, vemos a Henry crecer desde su años de infancia y adolescencia hasta convertirse en un joven universitario.

Una de las primera cosas que cuenta Henry Chinaski es que su padre le pegaba con frecuencia y que su madre nunca hizo nada para impedirlo. De hecho ella es también una víctima de la brutalidad de su marido. Henry afirma que cuando miraba a su padre, sus manos, su cara y sus cejas, sabía que ese hombre no tenía nada que ver con él. Era un extraño y puesto que su madre era como si no existiera, se sentía condenado.

A las frecuentes palizas de su padre, hay que añadir otros problemas que Henry tuvo que afrontar con frecuencia, como la pobreza o el acoso de sus compañeros, sin olvidar el horrible acné de su adolescencia que lo conduce a un lacerante ostracismo social. Como consecuencia de todo esto, Henry creció como un marginado, un ser siempre enfadado. Tenía pocos amigos en el colegio y pasaba la mayor parte de su tiempo leyendo obras de D.H. Lawrence en la biblioteca pública de Los Ángeles. También buscó la soledad en la escritura, pero sus historias fueron a menudo rechazadas por los demás por ser demasiado iracundas. En cierta ocasión su padre descubrió unos escritos suyos y los tiró a la basura debido a su contenido inapropiado.

Durante su adolescencia, Henry no es atlético, pero quiere serlo y se esfuerza por mejorar. El fútbol le resulta difícil, pero disfruta de la violencia que emana. El único deporte en el que logra progresar es el béisbol. A medida que Henry avanza de curso, su interés se centra, no sólo en el deporte, sino sobre todo en la violencia y las chicas. Más tarde, en la escuela secundaria, descubrirá los placeres del alcohol y la masturbación.

Sus padres impiden a Henry relacionarse con los otros chicos del barrio. Creen que son pobres y están por debajo de él. Sin embargo, Henry rompe con ello en cierto modo y consigue al final hacer amigos, aunque siempre acaba apartándose de ellos. De hecho, cuando ya ha hecho algunos amigos en el barrio y ha empezado en encajar, su padre le obliga a trasladarse a Chelsea High, una escuela a la que asisten tradicionalmente hijos de familias ricas. Allí Henry vuelve a sentirse un marginado. Consigue aún menos integrarse con los chicos adinerados y consentidos que conducen jactanciosos descapotables de colores llamativos, acompañados de sus guapas novias. Para empeorar aún más las cosas, es en esta época cuando Chinaski desarrolla el horroroso acné que le obliga a someterse a tratamientos médicos dolorosos y totalmente ineficaces.

Después del instituto, su padre lo manda a la universidad tan sólo porque la matrícula es gratis, los libros de segunda mano son baratos y tener un hijo allí es más aceptable que tener a un hijo sin trabajo. Siguiendo el consejo de un amigo, Henry se matricula en periodismo en la credencia de que será fácil. Sin embargo, vende sus libros, compra alcohol y cae en una rutina de bebida. Más tarde comienza a hacer dinero en las apuestas y escribiendo trabajos para otros estudiantes. Se prepara para una vida en los barrios bajos una vez que abandone la universidad.

Henry se gradúa y comienza a trabajar en unos grandes almacenes. Tras una semana en el trabajo, Henry es despedido por golpear a un cliente de clase alta que lo había atormentado durante sus años en el colegio.

Al final de la novela, Henry se encuentra con un tal Becker, un ex compañero de colegio y escritor de talento que está en los Marines. Ambos están echando un trago cuando oyen la noticia de que Pearl Harbor ha sido bombardeado. Becker se va a la guerra, combate en La Segunda Guerra Mundial, donde morirá ametrallado, mientras Henry entra en unos recreativos donde pierde dos partidas de boxeo contra un chico mejicano.

Escrita en primera persona, La senda del perdedor es un relato honesto de la dolorosa infancia, llena de incertidumbre y soledad, de un niño apartado de sus semejantes. Henry Chinaski sufre una adolescencia difícil y violenta. Crece como un antihéroe misántropo y evoluciona hasta convertirse en un sarcástico lobo solitario. Sin embargo, Henry jamás cae en la autocompasión, pues para él cada tormento es una fuente de revelación y fuerza.

Henry Chinaski es también algo misántropo, debido a su obsesión por la forma femenina; obsesión que comparte con el alcohol, del que dice después de experimentar su primera borrachera que iba a ayudarle durante mucho tiempo. Pero su relación con el alcohol conduce a un comportamiento progresivamente más sórdido y violento.

Nos encontramos ante una historia conmovedora en la que Bukowski disciplina su escritura muscular y concentrada. Su prosa es de nuevo directa, pero poderosa; su dicción es tosca, pero fascinante. Bukowski crea una novela que destila su poesía y que algunos consideran la mejor pieza en prosa de larga duración que jamás escribió.

La novela también nos permite saber quiénes influyeron a Bukowski durante la escuela secundaria: D.H. Lawrence, Huxley, Dos Passos, Hemingway, Sherwood Anderson y Sinclair Lewis.

Bukowski escribe La senda del perdedor, su cuarta novela, después de haber encontrado el éxito como escritor y trasladarse de East Hollywood a la villa portuaria de San Pedro. También había comenzado ya su relación con Linda Lee Beighle, con quien se casaría más tarde. Permanecerían juntos hasta la muerte del escritor en 1994.

El título (Ham on Rye) puede ser un juego a partir de la novela El guardián entre el centeno (The Catcher in the Rye), de J.D. Salinger, una de las novelas de formación más notables de la literatura norteamericana, que hemos comentado en este blog. Existen otras teorías acerca del origen del título de la novela, pero veo innecesario extenderme en este asunto.

La senda del perdedor es un libro trágico, emotivo e impactante. Una novela divertida y fascinante que no deja indiferente.

A.G.