Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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sábado, 14 de abril de 2018

Lecturas recientes: Kokoro


Kokoro (1914)
Natsume Soseki

Ésta es la historia de la amistad entre un joven narrador y un hombre sabio mayor (Sensei), un hombre lleno de belleza, amor y memorias cautivadoras. Ambos personajes, uno al comienzo y otro al final de su vida, luchan por comprender sus destinos, con la pesada carga de la cultura y la memoria. Nadan, pasean y discuten, mientras ven el cambio que experimenta Japón.

La novela está dispuesta en tres partes, las dos primeras narradas por el joven anónimo, y la última, en forma de carta, que le escribe el hombre mayor al que admira, y al que llama Sensei.

El narrador recuerda el día en que conoció a Sensei en Kamakura, durante unas vacaciones de verano. Su compañero de viaje, estudiante universitario como él, había regresado a casa para cuidar de su madre enferma, y después de dar un baño en el mar, el narrador se da cuenta de la presencia de un hombre que despierta su interés. El narrador explica cómo se sintió atraído por Sensei. Sin embargo, la razón de esta atracción no queda clara, y el lector está tentado de considerar la posibilidad de la existencia de un elemento sexual. El narrador, por su parte, parece satisfecho con presentar esta relación como la propia entre un mentor y estudiante.

Mediante la sucesión de capítulos muy cortos, que trocean la narración de un modo un tanto artificial en pedacitos de dos páginas, el narrador relata la creciente amistad entre los dos. El narrador busca la amistad de Sensei, yi éste está dispuesto a tolerarla. Obviamente, Sensei comprende que el narrador está buscando compañía y guía que no puede encontrar entre los de su propia edad.

El narrador visita a menudo a Sensei, y cuenta algo de lo que hablan, pero habitualmente se trata tan sólo de generalidades. Hay ciertas pistas de la existencia de algo más en la historia de Sensei, que incluye frecuentes peregrinajes a un cementerio, pero el narrador no entra de lleno en ello. Sin embargo, menciona indicios de un oscuro secreto, y la insistencia de Sensei en que no hay nadie en que se pueda confiar del todo. Ambas cosas son dosificadas a lo largo de la historia, con el fin de mantener el interés del lector.

El padre del narrador enferma gravemente, mientras el narrador completa sus estudios en Tokio y, aún inseguro acerca de qué hacer consigo mismo, también pasa tiempo con su familia. Ellos, por su parte, albergan la esperanza de que Sensei sea capaz de encontrarle una posición decente, aunque de hecho Sensei no es de ninguna utilidad a este respecto, pues de hecho vive apartado del mundo y carece de cualquier influencia para lograr tal fin.

La salud del padre del narrador empeora, hasta encontrarse cerca de la muerte. Por si una crisis relacionada con la figura paterna no fuera suficiente, el narrador recibe una larga carta de Sensei y se marcha precipitadamente de Tokio para intentar salvarle. En realidad, jamás llegamos a saber si consigue hacerlo, pero puesto que no leyó la carta inmediatamente, parece bastante improbable.

La tercera sección del libro, llamada “El testamento de Sensei”, consiste enteramente en la lectura de la citada carta, una nota de suicidio que abarca aproximadamente la mitad de la novela, y cuenta una historia totalmente diferente, pues Sensei revisita la época en que tenía la edad del narrador. Privado de la gran parte de su herencia mientras se encontraba en la universidad, Sensei se convirtió en un hombre desconfiado. Y lo que es incluso peor, no obstante, se vio envuelto en una especie de triángulo amoroso que terminó muy mal. Uno de los motivos por lo que le fue mal en su juventud fue que Sensei no solía hablar ni actuar, acorralado por las expectativas y normas de la sociedad japonesa, y por su propia debilidad. Por todo ello, es fácil entender por qué Sensei se convirtiera en el hombre que llegó a conocer el narrador; jamás consiguió abrirse a su mujer, quedando destrozado por ello hasta el final. Incluso en el momento de su muerte es incapaz de revelar la pesada carga que lleva sobre sus hombros, con el deseo de que ella nunca sepa la verdad.

Sensei parece tener la intención de enseñar una lección al narrador, pero también expresa su deseo de haberle contado su historia en persona (lo cual no pudo hacer debido a las obligaciones de narrador con su padre), sugiriendo que buscaba la absolución y un salvador, alguien que pudiera hablarle con condescendencia. La novela concluye con el final del testamento de Sensei. Por tanto, no hay confirmación de su muerte o descripción de lo que encontró el narrador cuando llegó a Tokio.

Una sucesión de capítulos muy cortos trocean la narración artificialmente en pedacitos de dos páginas, lo cual evita el desarrollo de una cierta intimidad. Muchos detalles (desde los nombres a lo que estudian los personajes en la universidad, y hasta el contenido de sus conversaciones) son vagos y poco o nada específicos. Con todo, el motivo por el que funciona la narración es que Sensei revela algo al final, explicando lo que ocurrió en el pasado que marcó tanto su vida; la explicación se presenta de tal manera, es construida tan cuidadosamente, que el lector siente que se la permitido conocer un gran secreto.

Kokoro, que significa corazón en japonés, y como tal es un estudio psicológico del corazón de las cosas que desafía la categorización fácil: no es una novela de amor, aunque cuenta una historia de amor; no es una historia sobre la transición a la vida adulta, aunque un hombre joven busca consejo de un hombre mayor; no es simplemente una meditación psicológica sobre las obligaciones familiares durante el periodo de modernización de Japón. Es más bien le mezcla de las tres lo que ofrece Soseki: una mirada al complejo funcionamiento del corazón humano.

En cuestión de estilo, tampoco es fácil ubicar a Kokoro. La primeras dos secciones son narradas por un joven estudiante universitario que traba amistad con un hombre mayor al que espía en una playa, mientras habla con un extranjero. La última sección de la novela, por su parte, es una carta de este hombre mayor que explica un acontecimiento que ocurrió cuando era joven. No hay respuesta del narrador original ni resolución del asunto, de tal manera que el lector se queda, como el mismo narrador, sin más explicación que la epístola de Sensei.

Kokoro es una novela elegante escrita durante el llamado Período Meiji (1868-1912), durante el cual Japón se occidentalizó de un modo un tanto dramático. Una novela engañosa, cuyas capas entrelazadas acaban desplegándose no sin una ardua reflexión. El idealismo de la juventud aparece yuxtapuesto a la tristeza cínica del existencialismo moderno. En definitiva, una reseña del Japón de la épico, un bildungsroman y una trágica historia de amor. Una novela muy japonesa que difícilmente se adaptaría a los esquemas de la novela europea de la época. Una novela extraña y difícil, pero que merece la pena leer, pues atrapa al lector, crea y desarrolla complejidades de una escena a otra hasta que éste acaba absolutamente involucrado, y luego recompensa sus expectativas con respuestas y más preguntas. Soseki logra esto gracias a un diseño de ecos y repeticiones que le muestran al lector la inherente fragilidad moral de la humanidad y cómo ésta conforma la existencia humana.

A.G.

domingo, 18 de marzo de 2018

Lecturas recientes: La luz que no puedes ver


La luz que no puedes ver (2014)
Anthony Doerr

Marie-Laure es una niña que perdió la visión a la edad de seis años y pasa el resto de su infancia estudiando moluscos y leyendo novelas de Julio Verne y Charles Darwin en braille. Vive en París con su querido padre, un cerrajero encargado de las llaves del Museo Nacional de Historia Natural. En el museo, escondida desde hace más de doscientos años, se encuentra una joya maldita de 133 quilates, un diamante de color azul grisáceo con una incrustación roja en el centro, conocido como el Mar de Llamas.

El padre de Marie-Laure crea rompecabezas ingeniosos y deliciosas miniaturas, entre las que se encuentra un fiel modelo de madera de las calles de París. Gracias a las miniaturas, que Marie-Laure ha conseguido memorizar, puede moverse la ciudad. Marie-Laure es una chica tímida pero valiente y llena de recursos.

En 1940, cuando Maire-Laure tiene doce años, los alemanes ocupan Paris. Ella y su padre escapan de la ciudad y se refugian en la casa de seis plantas que posee Etienne, el tío-abuelo de la niña, en la ciudad amurallada de Saint-Malô, en la costa de Bretaña. La chica desconoce que a su padre se le ha confiado el Mar de Llamas o una de las tres copias exactas del mismo, que han de esconderse para mantenerlas lejos de los alemanes. El padre oculta la piedra preciosa en la maqueta de la casa de Etienne. Pero poco tiempo después es arrestado por los Nazis y desaparece, dejando a Marie-Laure sola con Etienne y su criada. Enterados de que la joya ha desparecido de París, los Nazis emprenden una trepidante búsqueda del tesoro.

La piedra atrae la atención del principal antagonista de la novela, el mayor nazi van Rumpel, un coleccionista de tesoros para el Tercer Reich. Van Rumpel, que se está muriendo de cáncer, se obsesiona con el Mar de Llamas, que se cree protege a su propietario de la muerte mientras lleva al desastre a sus seres queridos.

El otro protagonista de la novela es Werner Pfenning, un chico huérfano que vive con su hermana Jutta en la ciudad minera de Zollverein, cerca de Essen, Alemania. Werner tiene un don para la ciencia y, en especial, para el intricado funcionamiento de las radios; puede arreglar cualquier cosa. El talento de Werner y su pasión por la ciencia llaman la atención de los Nazis, que lo envían a una escuela nacional en la que se entrena un cuerpo de élite militar para el Tercer Reich. El único amigo de Werner en esta institución es un tal Frederick, un chico soñador aficionado a la ornitología.

Werner obedece a sus superiores, y cuando se gradúa su disciplina y aptitud científica lo llevan a la Wehrmacht. Su genio es puesto a trabajar para seguir el rastro de las transmisiones de radio a través de Rusia y Europa Central, hasta que es enviado a Saint-Malô, donde el tío-abuelo de Marie-Laure utiliza su transmisor de radio al servicio de la Resistencia. La persecución del Mar de Llamas continúa mientras las fuerzas aéreas norteamericanas bombardean la ciudad amurallada dos meses después del desembarco del Día D.

Considerando las diferentes ideologías y contextos en que se han movido los dos personajes principales, la mera idea de un encuentro entre Marie-Laure y Werner resulta tremendamente poderosa y atractiva. Y Doerr no desilusiona al lector, pues ha desarrollado la situación de tal modo que ésta se convierte en una poderosa parábola: la ciega transmisora, la heroína que infringe la ley y mártir potencial se encuentra con el receptor que está siempre a la escucha y que ha perdido la perspectiva de sus propios principios.

En efecto, los caminos de Marie-Laure y Werner convergen en 1944, cuando las fuerzas aliadas desembarcan en las playas de Normandía y la unidad de Werner es enviada a Saint-Malô para seguir la pista de la persona que está enviando misteriosas transmisiones de inteligencia. Doerr logra esta convergencia y todas las otras maravillas de esta novela al crear una estructura tan intricada como cualquiera de las maquetas que hace el padre de Marie-Laure: cortando hacía delante y detrás en el tiempo, crea un suspense casi insoportable. Cada pieza de la historia del pasado revela información que carga la narrativa de significado, hasta que la última pieza del rompecabezas del argumento se abre para revelar el tesoro escondido en su interior.

La novela explora la tragedia de la Guerra; presenta personajes llenos de promesas que son transformados en modos descorazonadores por la violencia que los rodea. Werner y Marie-Laure  son dos chicos ordinarios, engullidos por un conflicto con el que no tienen nada que ver, devorados por el horror de la guerra. Ellos son los puntos focales no sólo de la guerra, sino de toda la existencia humana. Werner, brillante e inquisitivo, sueña con convertirse en científico. Sin embargo, se le ofrece la oportunidad de trabajar en una mina de carbón o dedicar su vida a la cause nazi. Marie-Laure, Etienne y Jutta pierden a alguien cercano a causa de la guerra y, por tanto, están para siembre marcados.

La novela también ofrece una mirada a los horrores en mayor escala de la Segunda Guerra Mundial. Los civiles son asesinados indiscriminadamente, las mujeres violadas, y los prisioneros maltratados y asesinados. A pesar de ambientar su novela en el periodo comprendido entre 1934 y 1945, y especialmente en el asedio de Saint-Malô, en agosto de 1944, Doerr evita el tema del Holocausto, centrándose más en cuestiones bélicas que en el genocidio. No obstante, se alude al Holocausto ocasionalmente, creando así un telón ineludible a la historia.

En íntima relación con este aspecto, la novela cuestiona el poder de los seres humanos para elegir entre su destino, y hasta qué medida están nuestras vidas predeterminadas por el mundo en que vivimos. Por un lado, la guerra hace que ciertas elecciones sean imposibles. Por otro, la novela pone el énfasis en el poder de los individuos para elegir su propio camino a pesar del mundo que los rodea.

Finalmente, la novela llama la atención sobre la humanidad compartida que tiene puentes entre nuestras diferencias y la artificialidad de las líneas divisorias entre los buenos y los malos. El vínculo entre Marie-Laure y Werner es quizá el mejor ejemplo de la humanidad común. Aunque son extraños situados en lados opuestos de la guerra, son espíritus gemelos en un cierto sentido.

Los personajes se encuentran inmersos en una constante búsqueda (de transmisiones de radio prohibidas, del Mar de Llamas…), localizando puntos diminutos en el caos del universo. Buscan un significado a la vez que afronta la inmensidad del mundo. Sus destinos giran en torno a su habilidad de actuar cuando todo parece estar determinado en unas escalas que nadie puede imaginar.

Marie-Laure es un personaje muy logrado y hermosamente construido. Su ceguera resulta muy convincente, y su amor sincero por su padre hace que la historia sea aún más hermosa y creíble. Quizá Werner no esté tan logrado. Como contrapunto del padre sabio y constante de Marie-Laure, Doerr dota a Werner de una hermana pequeña llamada Jutta, cuya integridad antifascista nos lleva a creer que acabará por corregir la propia moral imperfecta de su hermano.

Doerr construye una estructura poco común, a base de fábula e invenciones prodigiosas del mundo mecánico, técnico y natural: criaturas de la tierra y el cielo, las propiedad de las piedras preciosas y el carbón, todas las maravillas tecnológicas abrazadas por los Nazis son convertidas en fuentes de maravilla, mientras la complejidad de las ondas de radio y los datos que arrojan ofrecen un modo alternativo de emplear tanto la ciencia como la bondad de la naturaleza humana.

Doerr utiliza una prosa que a veces desmerece la calidad de un argumento magníficamente elaborado. Sus frases cortas y bruscas recuerdan la estática de la radio y hacen que las primeras cien páginas resulten algo aburridas. La adjetivación también resulta, a veces, excesiva. Sin embargo, según avanza la novela, Doerr abandona esta estilo demasiado insistido, de tal modo que, gracias a su magnífica atención al detalle, el lector desea saber qué es lo siguiente que va a ocurrirles a Marie-Laure, a su padre o a Etienne; a Werner, a Jutta, etc.

La mayor parte de la narración se cuenta en tiempo presente, en capítulos breves. La historia se mueve rápida y eficientemente hacia su clímax durante el bombardeo aliado de Saint-Malô. Aunque la narración consiste principalmente de flashbacks, es fácil de seguir, pues se centra principalmente en sus dos personajes principales.

En definitiva, una lectura absorbente. Uno de aquellos libros en los que el talento del escritor supera una cierta insuficiencia estilística. La novela está contada de un modo fascinante y, en ocasiones, con una hermosura deslumbrante, especialmente en aquellos pasajes especialmente tristes. Además de ser entretenida, la novela nos sorprende con suficientes destellos de talento, de tal modo que es más que un simple thriller y, sin llegar a ser gran literatura, se nos revela como una buena lectura.

El título hace referencia al fluir interminable del espectro electromagnético, una escala tan grande que, matemáticamente, toda la luz es invisible. Este motivo recorre toda la novela, proporcionando textura y ritmo, a la vez que tensión temática, entre las naturalezas insignificantes y milagrosas de la humanidad y todos los componentes inmensurables que conforman nuestras vidas.

A.G.

lunes, 22 de enero de 2018

Lecturas recientas: Los jinetes de la pradera roja


Los jinetes de la pradera roja (1912)
Zane Grey

Nos hallamos en la primavera de 1871, tras la llegada masiva de colonos mormones entre 1847 y 1855. Jane Withersteen es una mujer soltera de 28 años que controla buena parte de la riqueza de la ciudad de Cottonwoods, un lugar remoto en el sur de Utah. Ha heredado el rancho de su padre, quien siempre deseó que su hija se casara con Elder Tull, un personaje prominente en la comunidad mormona polígama asentada en el lugar. Pero Jane siempre se ha negado alegando que no lo amaba. Su negativa causa una gran controversia en la ciudad y lleva a su persecución por los mormones de la zona.

Jane traba amistad con Venters, un guapo jinete, y los mormones comienzan a perseguirla abiertamente, pues si Jane se casa con él, la comunidad mormona perderá el control sobre las riquezas de Jane. Tull utiliza su poder dentro de la comunidad para convertir a Venters en un paria en Cottonwoods. Venters no quiere enfrentarse a los mormones, se lo ha prometido a Jane. Mientras tanto, Lassiter, un pistolero de mala fama, llega al rancho de Withersteen en busca de la tumba de de su hermana, y se queda para defender a Jane mientras Venters sigue la pista de unos cuatreros que incluye un misterioso jinete enmascarado.

Lassiter (un hombre solitario e incomprendido cuyo nombre da miedo y con fama de ser villano y asesino sin alma) lleva una larga temporada buscando a su hermana, Milly Erne. Secuestrada por los mormones, que le lavaron el cerebro hasta convertirla en una esposa mormona, Milly se vio obligada a abandonar a su verdadero marido. Frank Erne es el padre de la niña a la que dio a luz mientras estuvo en cautividad. Cuando Lassiter conoce a Jane, se entera de que Milly había desafiado a sus captores y, por ese motivo, éstos se la habían quitado. Milly murió con el corazón roto en brazos de su amiga Jane Withersteeen.

Con el tiempo, Venters se enamora de Bess, la jinete enmascarada del cuatrero Oldring, que convence a Lassiter de que deponga las armas. Lassiter se niega mientras los hombres de Tull siguen asediando y robando a Jane. Al final, los hombres de Tull consiguen quitarle todo a Jane, excepto su amor por Lassiter. Juntos, huyen de los hombres de Tull, junto con Venters y Bess, que huyen de Oldring. Cuando Lassiter y Jane reconocen a Bess como la hija de Milly Erne, Jane les da sus caballos a Venters y Bess. Incapaces de huir sin caballos, Jane y Lassiter se refugian en un escondite que solía utilizar Venters. Perseguidos por los mormones y los cuatreros e incapaces de huir sin caballos, Lassiter y Jane se refugian en un lugar paradisíaco llamado el Valle de las Sorpresas, que tiene agua, ganado y terreno fértil suficiente para alimentarlos de por vida. Así pues, no dudan en derribar una piedra gigante que cierra para siempre el único camino por el que se puede entrar y salir del valle.

A diferencia de muchas novelas del oeste, que suelen ser historias simples y moralistas, Los jinetes de la pradera roja es una novela con un argumento complejo. Un cuento moral en el que los individuos son redimidos o destruidos, en el que, de la mano del maestro indiscutible del género, se combinan aventura, acción, violencia, sentimentalismo y sexo. En definitiva, un clásico del género del oeste.

Para comprender su complejidad hay que tener en cuenta varios factores. En primer lugar, nos encontramos con el escenario social que proporciona una comunidad mormona polígama aislada cuyo liderazgo se ha apartado de sus principios fundadores y persigue el poder y riqueza. La comunidad mormona aparece retratada como una comunidad conformista que está cayendo en la ruina desde el interior. Nacida en un ambiente mormón, la moralidad de Jane ha adoptado la forma de una búsqueda etérea de la salvación espiritual. Aparece entonces la figura del solitario enigmático, Lassiter, héroe-pistolero del oeste arquetípico, descendiente del caballero errante medieval que dispensa justicia de acuerdo con su propio sistema de valores.

Por otro lado, nos encontramos con el modo en que el paisaje se convierte en algo más que un mero fondo de pantalla: Venters y Lassiter duermen en la pradera roja y, al igual que los cuatreros, se refugian en los cañones laberínticos. En lugar de una pradera plana o del árido telón que proporciona Monument Valley a los westerns de John Ford, aquí se trata de un paisaje de transformación que se aferra a las emociones.

Una novela que no ha dejado de editarse, Los jinetes de la pradera roja ha sido adaptada al cine en cinco ocasiones. Se le considera determinante en la formación de la fórmula del género del oeste y quizá la novela más popular del género.

A.G.

martes, 26 de diciembre de 2017

Lecturas recientes: El Círculo


El círculo (2013)
Dave Eggers

Mae Holland, una entusiasta veintañera y licenciada universitaria, comienza a trabajar en el Círculo, la empresa más influyente del mundo, gracias a su ex compañera de habitación y amiga, Annie, una circulista de cierta relevancia. La primera impresión encandila a Mae; se maravilla del hermoso campus, la fuente, las pistas de tenis y voleibol y piensa que aquello es el Cielo, sin saber que será el Infierno.

El Círculo es una empresa enorme de tecnología de la información que ha amalgamado diferentes funciones desempeñadas por empresas del ramo que todos conocemos (y de las que no deseo hacer publicidad, que de bastante disfrutan ya) para crear una corporación unificada con ideas aparentemente hermosas. Los clientes entran en el Círculo con una identidad sencilla, su TruYou, que les permite acceder a todas a las operaciones y conexiones sociales imaginables en el universo digital.

En el interior de la organización un círculo de jefes fusiona idealismo tecnológico y derechos humanos hasta presentar una visión de democracia, transparencia y conocimiento perfectos. El Círculo está dirigido por Tres Hombres Sabios, cada uno de los cuales juega un papel diferente, pero en cuya combinación se encuentra el éxito de la compañía. Nos hallamos, obviamente, antes unas claras referencias orwellianas que no han de pasarle desapercibidas al lector. No obstante, el eslogan central del Círculo (“Todo lo que ocurre debe ser conocido”), deriva no tanto de una imberbe ideología política como del tipo de llamémoslo “infoutopía” expuesta por Julian Asange o los sueños de conectividad social de Steve Jobs.

Mae comienza a trabajar en el modesto departamento de Atención al Cliente, proporcionando respuestas modelo a las preguntas y quejas de los clientes. El primer día su trabajo recibe una puntuación de 97 sobre 100, un récord para un novato. Puesto que las puntuaciones de todos los trabajadores son accesibles a todos y cada uno de ellos, Mae se siente impelida a logra la mayor calificación posible y no tarda en revelarse como una competidora entusiasta. Sus altas calificaciones le permiten acercarse a los anillos interiores de la empresa. Se inicia, así, el descenso de Mae al universo del Círculo. A medida que nos adentramos en el libro, aprendemos que la transparencia que define el trabajo diario de Mae se extiende por toda la compañía. Se espera que los circulistas suban “zings” a la plataforma constantemente, compartan fotos y videos e interactúen con sus seguidores. Pero la presión a hacer todo esto, en lugar de elevar, elimina su escepticismo acerca de sus jefes. De tal forma que Mae se imbuye cada vez más de éste y pasa de ser un simple empleado del Círculo a una ávida usuaria.

A medida que Mae avanza en su involucración (o descenso al Infierno, según como queramos verlo), nuestra heroína se convierte en una especie de cachorro feliz que agita su cola con la esperanza de recibir una recompensa, es decir, una puntuación más alta que le permita subir en la clasificación. Lejos de resistirse, Mae encuentra “delicioso” y “estimulante” cada nueva demanda electrónica. Nada parece evitar, pues, que Mae caiga en las profundidades del Círculo. Sin embargo, un personaje emerge de las sombras, Kalden, quien a diferencia de los demás no da la impresión de vivir en ese mundo de transparencia. Su nombre no aparece en ningún sitio y Mae experimenta su invisibilidad como agresiva. Todos los miembros del Círculo son jóvenes y saludables. Kalden, por su parte, tiene el pelo gris aunque parezca joven.

En su segundo encuentro Mae sigue a Kalden a las profundidades, por largos pasillos y a través de túneles subterráneos, hasta llegar a una sala donde Kalden le muestra una caja roja metálica del tamaño de un autobús, envuelta en brillantes tubos plateados. Kalden le dice que allí se almacenan las experiencias del Hombre Transparente, quien lleva cinco años grabando todo lo que ve y oye. Más tarde, Kalden le desvela a Mae que, en realidad, El Círculo es una “pesadilla totalitaria”, como si el lector no lo supiera ya desde el comienzo.

Al final, Mae llega a hacerse tan transparente como puede llegar a ser una persona en el reino del Círculo. Una cámara vigila todos sus actos a lo largo del día. En el baño, por ejemplo, puede apagar el audio, pero la cámara continúa mostrando imágenes de la puerta. Si permanece en silencio demasiado tiempo, sus seguidores le envían mensajes urgentes preguntándole si se encuentra bien.

Pero, ¿qué ocurre con la vida de Mae fuera del Círculo? Juzgad vosotros mismos: se ha peleado con su novio, Mercer, que ha tratado de abrirle los ojos sin éxito alguno; su padre sufre esclerosis múltiple, pero a cambio de la ayuda del Círculo se ve obligado a llevar una cámara, como ella, a todas partes, hasta que por supuesto se cansa. Y respecto a su amiga Annie, Mae sólo piensa en superarla y quitársela de en medio. Es entonces cuando llegamos al final del libro, a una escena escalofriante que no os desvelaré, por supuesto.

La acción transcurre en un futuro no demasiado distante; los tres sabios que poseen y dirigen el Círculo son reconocibles como individuos de hoy. La empresa demanda transparencia en todo; dos de sus principales eslóganes son: “Los secretos son mentiras” y “La privacidad es un robo”. Se prohíbe el anonimato, se revela el pasado de todos, el presente de todos puede ser transmitido en directo con imagen y sonido, nada grabado se borrará jamás. El objetivo del Círculo es que todos los aspectos de la existencia humana (desde el voto a los asuntos de amor) fluyan en su portal, el único portal de ese tipo en el mundo.

Esta potencial distopía debería resultar familiar. Los asuntos que plantea Eggers ya se debaten en libros y tweets. Es la llamada tiranía de la transparencia, la perpetua presencia de la persona en las redes sociales; nuestra extraña querencia a mostrarnos, el voraz apetito informativo de los buscadores y redes sociales, nuestras vidas bajo la constante supervisión de nuestro propio gobierno. Esta obsesión por compartir opiniones y momentos privados están enriqueciendo a empresas que, a causa de su especial naturaleza, pisotean lo único que nos permite ser a cada uno de nosotros mismos: nuestra privacidad; la libertad de ser buenos o malos sin tener en cuenta si alguien nos está viendo o no, y a vivir nuestra vida para nosotros mismos. Nuestra incapacidad para darnos cuenta de esto parece ser el mayor temor de Eggers, quien conforma la discusión como si fuera una fábula o un cuento que pretende ser instructivo.

Es por ello que bien podríamos pensar que Mae no es una víctima, sino una villana de segunda. Sus motivaciones son menudencias relacionadas con Internet: conseguir las puntuaciones más altas, adentrarse en el interior del Círculo, ser popular. En este sentido, Mae es una mera escolar más que una malvada. Quizá sea esto lo que Eggers quiere decir: que el mal en el futuro se parecerá más a la trivial Mae que al ojo inquisitorio del Gran Hermano. En este caso, creo que Eggers debería haberse esforzado más en expresar este sentimiento tan profundo. Los personajes necesitan sustancia y Mae debería parecer algo más que un simple personaje de cómic.

Por todo lo expuesto, uno no sabe si debería entender El Círculo como una sátira del presente o como una visión distópica de un futuro cercano. Creo que quizá debiéramos concebirla como una visión caricaturesca de la tecnología, del totalitarismo de baja intensidad, un experimento narrativo en el que es el idealismo ideal, más que el fascismo o el comunismo, lo que alcanza una solución final.

El Círculo es el mejor, si no el primer y quizá único intento hasta la fecha en la literatura contemporánea de presentar las consecuencias de vivir en un mundo que rehúye el ideal de privacidad. A diferencia de su predecesor, 1984, de George Orwell, El Círculo explora el camino a la tiranía más que un mundo consumido por ella, más allá de un punto en el que no hay retorno. Se trata, por tanto, de una novela de ideas; de ideas sobre la construcción y deconstrucción de la privacidad, sobre el creciente poder corporativo de la privacidad y los efectos que tal posesión puede tener en la naturaleza de la democracia occidental.

Dave Eggers representa la última generación de grandes escritores norteamericanos que han emergido (y superado) los viejos valores de la literatura. En este sentido, El Círculo puede representar la visión de los idealistas de las redes sociales, vistos a través de la forma de una tradicional novela escéptica.

Llegados al punto donde nos han llevado la sociedad hipertecnificada de la que somos parte y la voracidad informativa de las redes sociales, creo que sería pertinente preguntarnos si acaso no se ha cerrado ya el círculo al que alude el autor en esta reveladora novela.

A.G.

viernes, 24 de noviembre de 2017

Lecturas recientes: Tsugumi


Tsugumi (1994)
Banana Yoshimoto

La novela está contada en primera persona por Maria Sirakawa, una mujer joven cuya vida anterior estuvo llena de incertidumbre debido a sus inusuales circunstancias domésticas. Su padre es un hombre de negocios de Tokio y su madre es la amante de su padre, quien era incapaz de obtener el divorcio de su mujer. Maria y su madre vivían en una pequeña ciudad costera, echando una mano en el negocio de la familia, a la espera de las visitas de fin de semana de su padre.

El divorcio llega finalmente y María y sus padres han de comenzar una vida nueva como una familia de verdad en Tokio, si bien parte de Maria permanecerá en la costa. Maria regresa a la ciudad para pasar un último verano durante el cual se está derribando la pensión. Un verano que proporciona a Yoshimoto con toda la trama que necesita para explorar los vínculos difíciles pero afectuosos entre las primas.

En efecto, Maria es consciente de que éste será probablemente el último verano que pase con sus primas, Yoko y Tsugumi Yamamoto. El anuncio de la venta de la venta de la pensión ha conmocionado a Maria, que se enfrenta a este último largo verano dorado, antes de que las ligaduras con su infancia desaparezcan para siempre. Durante este tiempo, las tres chicas salen juntas y pasean por la playa desierta, recordando con indulgencia romances de verano.

Maria se da cuenta de que aunque ahora va a tener por fin lo que siempre ha querido, esto es, una vida familiar estable, está a punto de perder algo que valora enormemente. Sin embargo, está determinada a sonreirle a la cara a esta terrible pérdida y apurar las últimas gotas de felicidad del verano.

Su prima Tsugumi es una joven frágil y hermosa que habla despacio y parece encantadora a simple vista. Padece una enfermedad crónica y esto parece liberarla de las normas de comportamiento que gobiernan a Yoko, su hermana mayor, y a la propia Maria, permitiéndose maldecir, flirtear con chicos y urdir bromas elaboradas que sorprenden a los adultos de una manera que molestan a Maria, a la vez que provocan su envidia y admiración.

Tsugumi posee un encanto malévolo que enloquece tanto como divierte a su familia y amigos más cercanos, para quienes la joven se revela en ocasiones como una bruja delirante al más puro estilo japonés. Tremendamente consentida y con frecuencia maliciosa, Tsugumi provoca disputas, miente constantemente y disfruta haciéndole vida imposible a los que la rodean. Es difícil de imaginar que estas dos facetas contrapuestas existan en una sola persona.

Maria, como el resto de su familia, es sin embargo el parangón de la paciencia y amabilidad, y mantiene una relación particularmente compleja con su carismática prima. Cuando la salud de Tsugumi empeora, Maria se enfrente por primera vez a la posibilidad de que la chica pueda morir, y posiblemente pronto. Es un hecho evidente para Maria, pues esta circunstancia amenaza todas sus nociones del hogar, amor, familia y pertenencia.

Tal como ocurre con varias de las novelas anteriores de Yoshimoto, Tsugumi no tiene en realidad principio, desarrollo o final. Es más bien una instantánea de una vida, o vidas desequilibradas, a veces de forma visible, a veces tan sólo bajo la superficie. Yoshimoto presenta unos personajes convincentes, una manera suelta y etérea de escritura y un buen ojo para captar el modo en las experiencias terribles conforman la vida de las personas.

La novela se construye entorno a la relación entre Maria y Tsugumi, a la vez que explora la relación entre Maria y su hermana, Yoko, y con sus propios padres. Además, la novela opera como un breve interludio en la vida de una persona que aún tiene que convertirse en sí misma, pero que comienza a descubrir, en virtud del contraste y observación más que cualquier evento particular, que el futuro es brillante para ella y que hay mucho por lo que dar gracias.

Es el hecho de que Maria se dé cuenta del verdadero carácter de su prima y el valor y futuro potencial de su propia vida, lo que impulsa la narrativa hacia adelante, aunque su personaje pueda parecer en ocasiones demasiado débil como para sostener la novela por sí misma.

Los intentos de Maria por entender la personalidad poco común de Tsugumi, y los intentos de Tsugumi por vivir su vida delicada a tope, a pesar de las consecuencias, y resistir el sentimentalismo son también razonablemente potentes, incluso en la ausencia de un auténtico argumento. Las subtramas de los propios sacrificios de la madre de Maria, primero en términos de su amante y luego en términos de su amor por el mar, también operan perfectamente con el sacrificio de Maria su transición a la vida adulta. Su Adiós a Tsugumi (el título original) no es sólo el adiós entre primas y amigas, sino un adiós a la infancia y la inocencia.

La novela nos ofrece una lectura interesante, los personajes (en especial Maria) son interesantes y la localización es atractiva, pero carece de impulso, incluso de emoción, lo cual deja al lector preguntándose qué ha ocurrido exactamente en esta novela. El final es quizá es quizá un poco forzado y deja al lector algo insatisfecho. A pesar de la carencia de profundidad, complejidad o movimiento en la novela, el libro se disfruta, pues posee un sentimiento delicado y una transformación sutil que recordará al lector sus propios años de adolescencia. Un libro adecuado para un joven adulto.

A.G.