Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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lunes, 27 de abril de 2009

Lecturas recientes: Las palmeras salvajes


Las palmeras salvajes (1939)
William Faulkner

Las palmeras salvajes, a la que originalmente su autor dio el título de Si yo de ti me olvidara, Jerusalén, una expresión tomada del Libro de los Salmos, se trata en realidad de dos historias, dos novelas breves, que van alternándose, Palmeras salvajes y El Viejo, hasta conformar una intensa novela en la que William Faulkner narra de forma magistral los sentimientos de los seres humanos y su enfrentamiento con las fuerzas de la naturaleza y, sobre todo, con sus propias pasiones y ambiciones: el amor, el abandono, la pérdida, la injusticia existencial, la imposibilidad de ser feliz.

El particular modo en que las dos historias van alternándose, en un alarde de imaginación y talento narrativo, dotan a la novela de una fuerza irresistible y van trazando la trayectoria de unos personajes a merced de terribles acontecimientos. Por un lado está la desgraciada historia de amor entre Harry Wilbourne y Carlota Rittenmeyer, en la que su protagonista sacrifica todo por amor; y por otro, el relato del presidiario sin nombre que asiste al desbordamiento del río Misisipí en 1927 y su lucha contra las devastadoras fuerzas de la naturaleza para salvar la vida de una mujer que no conoce.

En efecto, la historia que da el título al libro es la de los amores de Harry, un médico sin trabajo de Nueva Orleáns, y Carlota, una mujer casada insatisfecha que abandona a su rico marido para vivir con él una odisea de subempleos y subviviendas que concluye con la petición de ella de que le practique la interrupción del indeseado embarazo con que se ha encontrado, tal como acaba de hacer con la esposa del encargado de una mina en la que ha intentado trabajar como sanitario. A pesar de su rechazo inicial, Harry realiza el aborto con tan mala fortuna que la mujer entra en una lenta agonía que la llevará a la muerte. En sus últimos momentos de conciencia, cuando se dispone a transportarla al hospital la ambulancia a la que Harry ha tenido que recurrir, Carlota sólo piensa en decirle a Harry que huya e intente hacer creer a los médicos que no ha sido él quien le ha practicado la ilícita operación. No sirve de nada porque Harry se entrega mansamente y se declara culpable en el juicio que tiene lugar a continuación, con ella ya muerta. Tras ser condenado a cincuenta años de trabajos forzados, el marido de Carlota (que juega un ambiguo papel de figura amenazante y a la vez cómplice de la pareja en el triángulo que dibuja la novela) entrega subrepticiamente a Harry una pastilla de cianuro para que se suicide. En un final de novela estremecedor, Faulkner describe cómo Harry aplasta con el pie la pastilla de cianuro contra el suelo de su celda y decide vivir, no porque tenga interés en la vida sino porque dice que, entre el vacío y la pena, decide elegir la pena.

La otra historia, El Viejo (en referencia al apelativo Old Man que se da en el Sur al río Misisipí), narra la peripecia de un joven preso en un campo de trabajos forzados cuando intenta ser evacuado por los guardas de la prisión, junto a sus compañeros, por sobrevenir una grandiosa inundación en la región. Al intentar salvar a una mujer embarazada del árbol en que se ha refugiado, el preso protagonista se pierde de sus guardianes e inicia una odisea en la que tiene que asistir al parto a la mujer, y buscar con qué alimentarla a ella y al bebé, además de intentar preservar el pequeño bote en que viajan, y todo ello para que, al regresar mansamente a prisión, le condenen a diez años más por intento de fuga, simplemente para arreglar el problema burocrático en que se han metido las autoridades del lugar al darle precipitadamente de baja, como presunto fallecido en la inundación.

En un principio, según afirmó el propio Faulkner, había un solo tema, la historia de Charlotte Rittenmeyer y Harry Wilbourne. Solamente después de haber comenzado el libro comprendió su autor que debía dividirse en dos relatos. Cuando terminó la primera parte de Las palmeras salvajes, afirmaba Faulkner, advirtió que le faltaba algo, porque la narración necesitaba énfasis, algo que le diera relieve, como el contrapunto en música. Entonces se puso a escribir El viejo, con el que siguió hasta que se elevó el tono de nuevo. Faulkner concluye que si finalmente hay dos historias diferentes, sólo es por azar, tal vez por necesidad. Pero en realidad la historia es la de Charlotte y Wilbourne".

Como cada obra de Faulkner, Las palmeras salvajes es un audaz experimento técnico y un documento de casi intolerable verdad. Su estilo es apasionado, minucioso y alucinatorio. La admirable traducción de Jorge Luis Borges lo transmite en toda su intensidad.

En Las palmeras salvajes, William Faulkner vuelve (tal como le gustaba hacer) a desembarcar en un punto cualquiera de su narración, sin haber dado apenas noticia de los antecedentes que han desencadenado aquella situación que va contando con minuciosidad, a la que aporta múltiples digresiones, que va cercando desde múltiples puntos de vista, usando una microscópica visión para diseccionar un nimio detalle o, por el contrario, distanciándose hasta alturas que dan vértigo para ofrecer la panorámica completa de un acontecimiento, no siempre central. A la misma vez, el autor explota su afición por perderse por paisajes y tramas secundarias, todo ello movido por la autoridad de un estilo prístino. Esta querencia por los saltos temporales y espaciales obligan al lector a prestar una especial atención si se quiere comprender y reconstruir mentalmente la linealidad de la narración.

Las palmeras salvajes no es sino un ejemplo más de la complicada narrativa faulkneriana. Como el mismo define, esta novela, es una especie de “contrapunto estético”. Este contrapunto le da un ritmo narrativo que de otra manera la estructura no sería digna del tema que se esta tratando Pues la compleja estructura, las diferentes voces narrativas, las digresiones, los saltos temporales y las dos historias funcionando paralelamente, arman el imbricado mapa de múltiples caracteres que definen a los hombres y mujeres, el cual esta limitado y determinado por dos acontecimientos irreversibles de la existencia humana: el nacimiento y la muerte. Y si hay un tema el cual ponga en relación ambas historias y, a esto dos acontecimiento irremediables, ese tema es la perdida y el encuentro del amor. De esta manera, forma y contenido marchan juntos en esta novela para tratar de ilustrar la complicada realidad del hombre. Dos historias, dos hombres, dos mujeres y dos acontecimientos paralelos siempre marcados por pares de opuestos.
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Personalmente no considero Las palmeras salvajes una de las mejores novelas de Faulkner, sin por ello negar sus méritos indudables. A mi juicio dista notablemente del excelso nivel y perfección técnica que logró su autor con obras sublimes -con las que he sufrido y me he deleitado sobre manera- tales como El ruido y la furia, Luz de agosto, Mientras agonizo o la trilogía de los Snopes (El villorrio, La ciudad y La Mansión).
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A.G.

martes, 21 de abril de 2009

Sorpresas gratas: La buena tierra

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La buena tierra (1931)
Pearl S. Buck

Esta espléndida novela cuenta la historia de tres generaciones de campesinos en la China de finales del siglo XIX y comienzos del XX. Se centra en la vida de Wang Lung, un pobre campesino que ama la tierra que le da de comer y que se siente bien trabajándola, y se inicia con los preparativos de su boda con O-Lan, una esclava de la casa rica de la aldea donde vive. Wang Lung y O-Lan trabajan la tierra y tienen hijos, pero la hambruna les lleva a marchar a la ciudad, donde no tienen más remedio que mendigar para subsistir. Sin embargo, es precisamente gracias a su estancia en la ciudad que logran volver a su pueblo con el dinero y las semillas necesarias para poder empezar la siembra después de la hambruna. A partir de ahí, la buena gestión de las tierras de Wang Lung (un hombre de carácter débil y cambiante que experimenta una notable evolución hasta el mismo día de su muerte, en que se ha convertido en un hombre duro y soberbio) le permite prosperar y enriquecerse, aunque esta nueva prosperidad le acarrea nuevos problemas, en especial cuando sus hijos se van haciendo mayores.

Pearl S. Buck proporciona en la que fue su segunda novela una visión impecable de la China precomunista, de sus paisajes y costumbres. Retrata magistralmente el orden agrario tradicional y las rígidas estructuras sociales de la China imperial, que convive con una pintura hermosa, y a la vez profunda, del alma oriental, del estoicismo de los campesinos frente a la miseria y el hambre y de su vínculo primordial con la tierra... la vida diaria de personas reales, con sus dolores y sufrimientos, sus anhelos; la sumisión de la mujer y su despreciado valor como persona por una sociedad que la ignora y relega hasta el mero papel de un ser reproductor y marginado.

La buena tierra es, en definitiva, una reflexión sobre el significado y el drama de la vida tal y como se vive en cualquier tiempo y en cualquier lugar de la Tierra. Pearl S. Buck demuestra un profundo conocimiento del alma oriental, pues muestra una inolvidable pintura de la China más sensible, de nervios finos bajo la coraza de su racial estoicismo.

Quizá uno de sus rasgos más admirables de la novela sea su estilo sencillo y profundo. Es una obra hermosa con un lenguaje llano, fluido y rápido; una narración rica en emociones que engancha desde la primera página, que cautiva profundamente al lector hasta el final. La considero una novela imprescindible; una inesperada sorpresa que me ha causado una gratísima impresión.

La buena tierra fue publicada en 1931 y de inmediato cosechó un éxito tal que el año siguiente le fue concedido el prestigioso Premio Pulitzer y posteriormente la medalla William Dean Howells, hasta convertirse en una de las obras de referencia que acercan a Occidente el sentir oriental y describen las agudas tensiones sociales que desembocaron en la proclamación de la República Popular China en 1949. La buena tierra es la primera y más importante obra de una trilogía, junto con Los hijos de Wang Lung y La familia dispersa, y fue decisiva para que su autora recibiera el Nobel de Literatura.
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A.G.

viernes, 17 de abril de 2009

Sorpresas gratas: La escuela


La escuela (2008)
Alejandro García Calatayud

Obra ganadora del XII Premio de Nueva Novela Corta Salvador García Aguilar (Rojales, 2008)

En estos tiempos, cuando ya está próximo a cumplirse setenta años del final de aquella trágica guerra civil que dividió a los españoles, y cuando desde algunas instituciones se está procediendo a reabrir viejas heridas bajo el pretexto de una llamada memoria histórica, sorprende ver cómo un joven escritor, que aún no ha cumplido los cuarenta, realiza su particular revisión de ese período bélico y de los inmediatos años de posguerra, con la objetividad, la imparcialidad y el distanciamiento que alguno de nosotros desearíamos ver en algunos dirigentes políticos y algunas estrellas judiciales.

En efecto, Alejandro García Calatayud se acerca a esos duros y difíciles años de la historia de España, con la mirada de quien no intenta buscar ni buenos ni malos, ni culpables ni inocentes, porque en definitiva todos tuvieron su parte de culpa y, por ello, a fin de cuentas, todos resultaron perdedores. Perdieron quienes pagaron con sus vidas el fanatismo y la incultura propios de aquellas gentes, unas con cultura y otras sin ella, que no supieron o no quisieron ver en el vecino, en el amigo o en el hermano, a alguien con quien se podía convivir, incluso desde la necesaria discrepancia, y decidieron verlo como un enemigo al que había que liquidar. De ese modo, el odio visceral se fue abriendo paso, hasta provocar la muerte de unos y de otros: de los ricos terratenientes que oprimían a los pobres trabajadores, pero también de éstos últimos; de los curas y señoritos de los pueblos y, posteriormente, de quienes habían acabado con las vidas de éstos. Por eso, hoy, ahora, en este momento, me interesa mucho resaltar que la mirada de este joven escritor ciudarrealeño [...] se centra en dos asuntos que, en lugar de separar y enfrentar a las personas, deberían contribuir a fomentar el entendimiento y la concordia. Me refiero a la educación y el amor.

La educación parece ser, en principio, el elemento vertebrador de la novela o, al menos, así lo indica el título de la misma, La escuela. Y es que, en efecto, la obra ganadora de este XII Premio de Novela Corta Salvador García Aguilar relata las dos historias vividas por sendos maestros en un pequeño pueblo de la Mancha. Uno de ellos, el primero, Miguel, cuenta en primera persona todo lo que le ocurre entre marzo de 1935 y abril de 1939. Él es testigo directo de todos los acontecimientos que se van produciendo en ese pueblo y de las noticias que hasta allí llegan, procedentes del resto de España. Y lo va escribiendo en un diario, con una sorprendente voluntad de exactitud e imparcialidad, además de con un relato cargado de elementos costumbristas y folclóricos. Y a todo ello, le añade unas muy interesantes pinceladas relativas al arte de la poesía; con emotivos recuerdos y homenajes a un poeta como es Juan Alcaide y al gran Federico García Lorca. También él es el maestro que deja profunda huella en sus jóvenes discípulos, gracias a su enorme vocación de enseñar y al deseo de transmitir a los alumnos una educación natural, muy próxima a aquellos principios que inspiraron, por ejemplo, a la Institución Libre de Enseñanza. Escribe Miguel en su diario este párrafo tan bonito:

La docencia es algo nuevo para mí: fascinante, enriquecedor... un mundo apasionante cuando estás rodeados de muchachos tan necesitados de que alguien les haga pensar, que les plantee dudas, que les ayude a entender el porqué de las cosas: cuál es el motivo por el que la noche sucede al día y el verano a la primavera; cómo se reproducen las plantas y los animales que viven a su alrededor; qué hace que una espuerta de uvas se convierta, tras un complicado proceso químico, en un rico caldo que ellos mismos toman de vez en cuando sobre rebanadas de pan con pimentón...

No tengo la menor duda que el ganador de la novela, como nosotros, que somos profesores la mayoría, se ha reflejado en estas palabras, porque creo que ésta es en realidad la verdadera esencia de la enseñanza.

En cambio, la historia del otro maestro, Esteban, con menos protagonismo que Miguel, aparece contada en tercera persona por un narrador cuya identidad desconocemos. Esteban es el maestro que llega al pueblo poco después de terminada la guerra, con apenas veinte años, y se ve obligado a considerar sus iniciales planteamientos sobre la enseñanza, tras descubrir, por ejemplo, que los alumnos no tienen ni idea de hacer divisiones con decimales. Él les pone una división: 3487,35 dividido entre 25,62. Esta circunstancia provoca un humorístico diálogo acerca de la eficacia de este tipo de operaciones matemáticas.

―Verá, maestro, nosotros no sabemos hacer esas cuentas.
―¿Que no saben...? ¿No han estudiado nada de aritmética...? –los chicos negaron con la cabeza- ¿... ni álgebra? ¿... ni trigonometría, claro?
―Verá, maestro –intervino otro de los muchachos- El maestro Miguel nos decía que nunca nos haría falta saber multiplicar ni dividir con tantos decimales, porque jamás nos íbamos a encontrar con... con medio cochino andando por la calle... con tres ovejas y media comiendo hierba o... con 8’76 espuertas –los demás rieron.
―¿Y quién le dice a usted –respondió Esteban- que no vaya a encontrarse con un litro y medio de vino, con dos fanegas y media de tierra o con 2,75 arrobas de aceite?

Y junto al asunto de la educación, decíamos antes, el otro gran tema de la novela y que contribuye a dar unidad argumental a las historias de Miguel y de Esteban, es el amor. Porque ambos maestros se van a ver atraídos por los encantos naturales de una humilde mujer de pueblo, Fermina Hurtado, a la que ellos harán objeto de su atención, de su afecto y de su amor. De modo que los dos maestros, cada uno a su manera y con intensidad y resultados diferentes, serán los encargados de dar una nueva lección, pero esta vez fuera de las cuatro paredes de la escuela. Cuando alguien ama de veras, incluso la renuncia a la propia felicidad adquiere pleno sentido, y por ello mismo engrandece aún más a la persona que es capaz de ofrecer semejante lección de amor. Para terminar, quiero expresar públicamente mi cordial felicitación a Alejandro por su deliciosa novela, deseándole, además, un excelente futuro en esta dura tarea de las letras y la literatura.
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Transcripción de la presentación del XII Premio de Nueva Novela Corta Salvador García Aguilar (Rojales, Alicante, 14 de noviembre de 2008)
Autor: Manuel Cifo (miembro del tribunal del premio), a quien el propietario de este blog agradece sinceramente sus amables palabras.
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A.G.

sábado, 28 de marzo de 2009

Mis novelas favoritas: El ruido y la furia


El ruido y la furia (1929)
William Faulkner


Aunque ya hayan pasado casi dos semanas desde que terminé con ella, sigo paladeando el poso que deja la lectura de esta enorme novela, una de las mejores, sin duda, de la literatura mundial. Pero vayamos por partes. En primer lugar, es de sobra conocido que William Faulkner se inspiró para su escritura en un verso de Macbeth (acto 5, escena 5), que describe la vida como una historia contada por un idiota, lo cual no es sino una síntesis perfecta de la novela.

En efecto, El ruido y la furia narra la decadencia (el cruel, duro e imparable proceso de putrefacción moral y social) y destrucción final de la familia Compton, un viejo linaje del tradicionalista sur de Estados Unidos, antaño poderoso. La novela retrata todo un mundo de odios, incestos, envidias, rencores y amores, comprimidos en la atmósfera asfixiante de un pueblo sureño y su casa grande familiar. Esta decadencia no es sino el reflejo de la propia de la corrosión de la moral tradicional, que es paulatinamente reemplazada por el desamparo de la modernidad, en el que sobreviven a duras penas un hermano suicida, una hermana desaparecida, un hermano idiota y otro solterón, violento y avaricioso. Todos hijos de un padre alcohólico y una madre histérica e hipocondríaca.

En este sentido, son precisamente los personajes más trágico, Caddy o Quentin (de quienes hablaremos más adelante), quienes podrían sobrevivir en esa sociedad tradicional cuyos valores rechazan en realidad. Sin embargo, es Jason, un ser implacable, aunque pragmático, competentemente pragmático, quien mantiene el status quo de permanente y languidescente declive, como es el final de la novela.

La novela está dividida en cuatro partes, cada una de las cuales discurre en un día determinado y es contada por un narrador distinto.

Parte 1: 7 de abril de 1928, narrada por por Benjamín Compson (Benjy), el menor de los hermanos Compson y fuente de vergüenza para la familia debido a su autismo y retraso mental. Se trata, por tanto, de una voz aparentemente caótica en lo que se refiere al tiempo, al orden de los acontecimientos. Su voz narrativa se caracteriza, por tanto, por una inhabilidad por entender la cronología y las leyes de causalidad de los eventos, lo cual convierte su narración en un reto para los lectores, que suelen tener problemas para entender esta sección de la novela: su lenguaje impresionista y sus frecuentes desplazamientos de tiempo y espacio. Sin embargo, Benjy proporciona una mirada interna a las verdaderas motivaciones de varios personajes, que es especialmente consciente de los sentimientos. En este sentido, es un ser dependiente de los olores, los colores: del fuego, de la hierba…, de las voces de las gentes que le rodean, gentes a quien ama; son impulsos primarios. Y a través de sus llantos, sus expresiones inconexas, sus visiones de una realidad que nos transmite cuarteada y difusa, pero tierna e inocente, se nos da con todo su primitivo patetismo. Los únicos personajes que muestran un genuino interés por él son su hermana Caddy y Dilsey, la matriarca de la servidumbre .

Parte 2: 2 de junio de 1910, narrada por Quentin, el más inteligente y torturado de los hermanos Compson. Esta segunda parte es, quizás, el más bello ejemplo de la narrativa experimental faulkneriana. Quentin narra de su deambular por las calles de Cambridge, mientras estudia en la universidad de Harvard, mientras reflexiona sobre la muerte y la condena moral a la que la familia ha sometido a su hermana Caddy. Se trata también de un relato no estrictamente lineal que está focalizado en Caddy, a quien él ama sin medida y por cuyo amor él se siente inmensamente culpable. Poco tiempo después del viaje de Quentin a Harvard en otoño de 1909, Caddy queda embarazada de Dalton Ames, a quien Quentin confronta. Los dos pelean con el resultado de una catastrófica derrota para Quentin y con Caddy jurando no volverle a hablar nunca más a Dalton Ames a causa de la afrenta infringida a su hermano. Embarazada y sola, Caddy se casa entonces con Herbert Head, a quien Quentin encuentra repulsivo. Sin embargo, Caddy está resuelta a casarse antes del nacimiento de su hija, pero Herbert Head descubre que la niña no es suya y se deshace sin reparos de madre e hija. Esta sección también resulta difícil de entender a muchos lectores, algunos de las cuales llegan a considerar su lectura casi imposible, no solo por el entramado cronológico de los eventos, sino también porque frecuentemente (especialmente hacia el final) Faulkner se desentiende de la gramática, ortografía y la puntuación, lo que da como resultado series inconexas de palabras, frases y oraciones que no tienen separaciones que indiquen donde terminan las unas y donde comienzan las otras. Debido a su asombrosa complejidad, esta sección es la más frecuentemente estudiada por los especialistas.

Parte 3: 6 de abril de 1928, narrada por Jason, el menos simpático de los niños Compson. De los tres hermanos que narran, su relato es el más directo, lo que refleja su frío y omnipresente deseo de riqueza material. Para 1928, Jason es el pilar económico de la familia después de la muerte de su padre. Él mantiene a su madre, Benjy, Miss Quentin (la hija adolescente de Caddy) así como a la familia de sirvientes. Este rol lo ha hecho cínico y amargado, con pocos rasgos de la apasionada sensibilidad que definieron a su hermano mayor y a su hermana. Esta es la primera sección que está narrada de modo lineal, pues sigue el devenir del viernes Santo, un día en el que Jason decide dejar de trabajar para ir en busca de Miss Quentin (la hija de Caddy), que se ha marchado de casa.

Parte 4: 8 de abril de 1928. Esta es la única sección que no cuenta con un narrador. Está centrada en el personaje de Dilsey, la arquetípica matriarca de la familia negra sirviente de los Compson. Ella, en contraste con los decadentes Compson, saca una tremenda cantidad de energía de ella misma y de su fe, y así se erige como una orgullosa figura, casi totémica, frente a una agonizante familia. Puede decirse que Dilsey obtiene su fortaleza de una mirada hacia el exterior, mientras los Compson se debilitan debido a una suerte de una mirada al interior. A través de ella podemos ver, en cierto sentido, las consecuencias de la decadencia y la depravación en las que los Compson han vivido durante décadas. Los miembros de la familia tratan a Dilsey mal y de forma abusiva. Sin embargo, ella permanece leal. Es la única que cuida de Benjy, lo lleva a la iglesia y trata de de salvarlo. La tensión entre Jason y Miss Jason se incrementa hasta su ineluctable clímax: la familia descubre que Quentin ha huido en medio de la noche junto a un artista de feria, después de haber roto el escritorio de Jason y tomado tanto su dinero (el dinero enviado para ella por Caddy y que Jason había estado robándole) y los ahorros de toda la vida de su codicioso tío. Jason llama a la policía pero no puede decirles que su dinero ha sido robado, porque eso significaría reconocer que ha estado escamoteando el dinero de Quentin, por lo que se lanza el mismo en persecución de la muchacha por su propia cuenta, pero pierde su pista cerca de Mottstown.

La novela termina con una poderosa y definitiva imagen. De vuelta de la iglesia, Dilsey permite a su hijo Luster conducir a Benjy en el decrepito carruaje de caballo (otro signo de decadencia) al cementerio. Luster, quien no se ha percatado que Benjy está tan arraigado en la rutina de su vida que el más mínimo cambio de ruta es capaz de hacerle montar en cólera. Conduce por un camino equivocado alrededor del monumento. Los sollozos histéricos de Benjy y su violento arrebato solo pueden ser aquietados por Jason, el único que sabe como aplacar a su hermano. Jason abofetea a Luster, conduce el carruaje por el camino habitual y Benjy vuelve a ser feliz.

En definitiva, y como hemos visto, Faulkner desarrolla las distintas voces narrativas (en lo que se denomina una estructura polifónica, cuyo acierto es dar a conocer al lector los personajes desde ellos mismos) y consigue, a partir de procedimientos aparentemente sencillos individualizar a los personajes y dotarlos de características propias, circunstancia que permite al autor, no obstante, plasmar sus propias ideas de una manera bastante uniforme y a través del uso de un lenguaje que él crea y que es sin duda la llave de entrada a su magnífico mundo interior, del que es único dueño y propietario.

En definitiva, una de las aportaciones principales de El ruido y la furia es la asombrosa habilidad de su autor de recrear literariamente los rasgos de la mente humana, incluso de las más anormales. En este sentido constituye un importante aporte al desarrollo de la técnica conocida como libre fluir de la conciencia (stream of conciousness).

Otro asunto importante es el tratamiento y representación del tiempo, que fue saludado por la crítica de su época como revolucionario. Faulkner sugiere que el tiempo no es una constante u objetivamente una entidad, y que los humanos pueden interactuar con él en una gran variedad de formas.

Existe consenso entre la crítica literaria en lo relativo a considerar El ruido y la furia entre una de las grandes novelas norteamericanas, frecuentemente considerada entre los cien mejores libros de todos los tiempos. Recientemente fue seleccionada por la Modern Library como la sexta novela más importante en lengua inglesa del siglo XX. Además jugó un rol importante en la concesión del premio Nóbel de literatura de 1949 a Faulkner. Personalmente la considero una obra maestra. Su lectura no es fácil en absoluto, sobre todo al comienzo, pero esta dificultad se ve de sobra superada por la perfección de sus descripciones, rayanas en ocasiones a la poesía, sus veloces e intensos diálogos, el monólogo interior, que Faulkner maneja como un auténtico maestro; el tratamiento de toda la gama de relaciones imaginables en la vida: amor, envidia, odio, venganza, esperanza, furia… toda pintada en trazos exactos, sin traspasar los límites de lo exagerado u obsceno; la cautivadora atmósfera de la novela, pues se crea un clima entre personajes, un ambiente opresivo y baldío que rodea al pueblo que no resulta sino perfecto.

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A.G.

lunes, 23 de marzo de 2009

Lecturas recientes: Historia de España contada...


Historia de España contada para escépticos (1995)
Juan Eslava Galán


Interesante libro divulgativo, sin excesivas pretensiones, ágil y mordaz. Un repaso de los acontecimientos más relevantes de la historia de España, desde la prehistoria hasta los años del gobierno de Aznar, mediante un tratamiento irónico, pero profundamente crítico.

Una de las principales aportaciones de esta historia de España es sin duda el hecho de que su autor aborda una nueva perspectiva de los acontecimientos que permite echar por tierra muchos de los mitos que se nos han contado de la historia de nuestro país. No se casa con nadie, en definitiva, y le saca las vergüenzas al más pintado monarca, sin escatimar en una crítica ácida a las costumbres de los reyes, sus formas de gobernar o sus amanes.

Eso sí, quien pretenda encontrar erudición o algo que se le parezca en esta obra, no debería siquiera leer la primer la página. Juan Eslava Galán, de quien he tenido la oportunidad de leer varias obras, es un autor que gusta de documentarse muy bien antes de abordar cualquiera de los diversos temas que trata en sus obras. Sin embargo, en esta Historia de España se ha mantenido al margen del academicismo y ha elaborado una obra muy amena, accesible a cualquier tipo de público, que habrá gustado a miles y miles de lectores desde su publicación, a pesar de que, a mi juicio, adolece de un juicio crítico objetivo y omite datos importantes en sus últimos capítulos, en aquellos en los que aborda los gobiernos de la democracia y el reinado de Juan Carlos I. Obviamente es mucho más fácil criticar a alguien que está muerto que a un personaje que no sólo está vivito y coleando, sino que goza de unas cotas considerables de poder. A pesar de este pequeño pero, considero esta Historia de España contada para escépticos muy recomendable. De hecho, no sólo cuento con un ejemplar en casa, sino que ya he regalado para su lectura un par de ellos.

A.G.