Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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sábado, 20 de diciembre de 2014

Lecturas recientes: La casa de las bellas durmientes


La casa de las bellas durmientes (1969)
Yasunari Kawabata

No debía hacer nada del mal gusto, advirtió al anciano
la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca
de la mujer dormida ni intentar nada parecido.

La Casa de las Bellas Durmientes no es un burdel al uso. Es un lugar muy exclusivo en el que se atiende únicamente a hombres ancianos que han perdido la potencia sexual. Hombres de los que se puede esperar que pasen la noche al lado de una chica desnuda dormida sin hacer el amor con ella.

Las chicas tienen entre dieciséis y veinte años. La dueña del burdel supuestamente las induce a un sueño profundo mediante la ingestión de drogas, del que no llegarán a despertar mientras están en compañía de un hombre. No están muertas, pero parecen estarlo. Los clientes tienen la libertad de examinar y explorar los cuerpos de las bellas durmientes para regocijo de sus corazonas, pero las normas de la casa son muy estrictas y prohíben a los hombres hacer el amor con ellas. Las chicas son reducidas a su mera esencia física, como si fueran figuritas de porcelana, desprovistas de personalidad y de respuesta; incapaces de interactuar, aunque no del todo, como resulta al final.

Eguchi, uno de los ancianos, ha tenido una larga vida de experiencias sexuales con muchas mujeres, y se cree todavía capaz de mantener relaciones sexuales. Sigue deseando dormir junto al cuerpo desnudo de una chica, aunque ésta esté drogada y sea insensible. Aunque afirma estar profundamente desilusionado con las mujeres, éstas siguen ofreciéndole un confort que merece la pena pagar; también hay un gran confort en los recuerdos que estas jóvenes evocan; recuerdos que se desvanecieron hace tiempo. Eguchi encuentra sus cuerpos hermosos y fascinantes. Sigue sintiéndose atraído por las mujeres, a pesar de su desilusión por ellas. No ha renunciado a los placeres del sexo, en busca de una espiritualidad ideal. Comtemplamos, perturbados, la tristeza de un anciano que toca las manos de una muchacha dormida, mientras escucha las primeras gotas de la lluvia nocturna en el mar silencioso. Maravilloso, pero profundamente perturbador. Un anciano que ha pagado para pasar la noche (casta, pero lasciva) en la cama con una joven drogada hasta quedar insensible.

Eguchi siente el impulso tanto de hacer el amor con ellas como de matarlas. Sus sentimientos hacia ellas son contradictorios. El conflicto entre el impulso a matar las chicas, por un lado, o dejarlas vivir y disfrutar durmiendo con ellas es el tema que recorre la historia desde el comienzo hasta el final. El motivo de sus impulsos asesinos hacia las chicas deriva del dolor que le produce su deseo imposible de interactuar íntimamente con una mujer viva, que respire. Este deseo le causa, en efecto, un inmenso dolor, pues acentúa su soledad y aislamiento, y su incapacidad de ir más allá. Matando a la chica quizá pueda matar el deseo que siente en su interior por ella.

La dueña del burdel averiguar que Eguchi es capaz de establecer un cierto vínculo con las mujeres. (De hecho, el anciano considera en muchas ocasiones la posibilidad de vulnerar las normas de la casa y tomarse libertades sexuales con las chicas, mas siempre encuentra una excusa para echar marcha atrás.) Así pues, toma la inciativa y trata de asegurarse que el anciano no duerma con la misma chica más de una vez. Comprende, pues, su tendencia a sentirse “unido” con las chicas, a implicarse en algo más que el mero conocimiento de su cuerpo, y trata de evitar que esto se produzca.

En efecto, cada vez que Eguchi visita la casa, la chica y la experiencia son distintas. En su visita final la dueña le proporciona dos chicas. La experiencia de dormir con dos chicas a la vez divide su atención y le dificulta conciliar el sueño. Durante la noche una de las chicas muere, quizá debido a una sobredosis de la droga somnífera, o una reacción alérgica a ella. La dueña del burdel anima a Eguchi a quedarse. La fría indiferencia con que se trata la muerte de la chica evidencia la hostilidad hacia las mujeres que subyace en todas las historias. Eguchi pasa el resto de la noche con la otra chica.

La historia que nos cuenta Kawabata encierra, por tanto, una profunda complejidad psicológica y opera en muy diversos niveles. En primer lugar, uno puede cuestionarse si las chicas están realmente drogadas y duermen un sueño profundo, o si se trata de una actuación. Un buen número de pasajes sugieren que las chicas son conscientes de las exploraciones de los hombres, pues parecen responder en ocasiones a sus estímulos como si gozaran de una cierta conciencia sensitiva. La dueña del burdel le dijo una vez que la chica de esa tarde estaba “entrenándose”. Ante lo cual no preguntamos: ¿cuánto entrenamiento se necesita para drogarse hasta llegar a un estado de estupor y mentira inconsciente que dura toda la noche mientras se está desnudo?

Kawabata nos introduce en un mundo diminuto y cerrado, sin amor, que es descrito mediante una prosa compacta y lúcida. Nos cuenta una historia de macabra belleza que encierra, a su vez, historias horripilantes antes la que el lector no puede evitar conmoverse. Una narración tierna y sórdida, a la vez.

La obra sirvió de fuente de inspiración para Memorias de mis putas tristes (2004), la última novela de Gabriel García Márquez. quien reconoce de forma implícita su legado al incluir las siguientes líneas en su obra antes de comenzar la narración:

A.G.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Lecturas recientes: El espía que surgió del frío


El espía que surgió del frío (1963)
John le Carré

La amoralidad del mundo del espionaje y el cinismo en ambos lados del Telón de Acero quedan al descubierto en la tercera novela de John le Carré, seudónimo del novelista inglés David John Moore Cornwell. La obra recibió excelentes críticas tras su publicación y se convirtió en un bestseller indiscutible. Fue merecedora de los premiso Edgar y Gold Dagger, y fue nombrada por la revista Publishers Weekly como la mejor novela de espionajes de todos los tiempos.

Transcurren, en efecto, los años de la Guerra Fría, y Alec Leamas, un espía curtido y desencantado que trabaja para el Servicio de Inteligencia Británico en Berlín Occidental ha perdido a todos los hombres que tenía a su servicio. Caído en desgracia por el golpe de mano de la Abteilung, el Servicio de Inteligencia de la RDA, Leamas regresa a Londres caído en desgracia. Allí recibe la orden de fingir que deserta, su defección a la RDA, como parte de una trama para hacer pensar a la Abteilung que su cabecilla, Mundt, es un agente británico doble y así eliminar a un peligroso enemigo.

Pero Leamas se enamora de Liz Gold, una inocente comunista. Se hacen amantes, lo cual convierte a Leamas en el objeto de atención de la Abteilung. En la RDA, Leamas conoce a Fiedler, el número dos de Mundt, que lo interroga. Fiedler, que es un idealista, comienza a sospechar de la lealtad de Mundt, como ex agente Nazi que estuvo una vez en manos británicas y podría haberse comprometido con ellos. En Inglaterra, George Smiley, el lugarteniente de Control, el jefe del Servicio de Inteligencia, ofrece dinero a Liz, alegando que Leames le pidió que la ayudara. Mundt ordena el arresto de Fiedler y Leamas, pero intervienen los superiores de la Abteilung y organizan un juicio para descubrir quién es realidad el agente doble, Fideler o Mundt. Leamas se convence de que no es más que un peón en un doble juego cínico.

En el juicio, Leamas muestra cómo los pagos efectuados por los ingleses concuerdan con los movimientos de Mundt y proporciona otra evidencia circunstancial de su culpabilidad, pero Mundt resulta tener un testigo sorpresa, Liz Gold. La mujer cuenta al jurado cómo George Smiley le dio el dinero y proporciona las claves para pensar que Mundt es la víctima de una trama urdida por los ingleses. A cambio de la libertad de Liz, Leamas admite la verdad y Fiedler es arrestado. Mundt ayuda a Leamas y Liz a escapar. Les dice que vayan a Berlín, donde su agente les ayudará a cruzar el Muro. Leamas se da cuenta de que Mundt es en realidad un agente doble y que el objetivo de la operación era eliminar a Fiedler. Liz se muestra horrorizada por el cinismo despiadado de los ingleses.

Leamas y Liz tratan de saltar el muro y regresar al Oeste. Les han asegurado que los guardias fronterizos están sobornados, pero las luces los iluminan y le disparan a Liz. Leamas logra escapar, pero decide volver a saltar el muro para estar con Liz. Los guardias lo matan.

El espía que surgió del frío fue considerado al comienzo como una respuesta a la irrealidad y certeza moral de los populares héroes de espionaje como James Bond. La visión que presenta Le Carré del espionaje como un mundo inmoral en el que nadie considera sus acciones ni buenas ni males, sino tan sólo efectivas o no efectivas, fue en su momento revolucionaria y controvertida. No en vano, Le Carré trabaja para el MI6, motivo por el cual sus novelas fueron publicadas bajo seudónimo. De hecho, el MI6 tuvo el derecho de vetar la novela antes de su publicación, pero, según afirma Le Carré, la única razón por la que fue aprobada es porque la novela parecía tan poco realista que consideraban que no sería tomada en serio. Más tarde se lamentarían de ello, pues el comportamiento poco ético de los ingleses en la novela hizo que el reclutamiento futuro fuera más difícil.


A.G.

martes, 21 de octubre de 2014

Lecturas recientes: Fiesta


Fiesta (1926)
Ernest Hemingway

Una de las novelas imprescindibles de la Generación Perdida, un ejemplo clásico de la escritura sencilla mas poderosa de su autor, Fiesta ofrece una mirada conmovedora a la desilusión y angustia de la generación posterior a la Gran Guerra.

La novela sigue a la extravagante Ashley y al desventurado Jake (dos de los personajes inolvidables de Hemigway) en su viaje desde la salvaje vida nocturna del París de los años 20 a las plazas de toros de España, en compañía de un grupo variopinto de expatriados. Es una época de bancarrota moral, disolución espiritual, amor frustrado e ilusiones que se esfuman.

Fiesta trata, en efecto, de aquellos jóvenes americanos de los que Gertrude Stein dijo que eran todos “una generación perdida”. Hemingway reúne, casi al azar, un grupo de expatriados americanos y británicos de París, y los exhibe sobre el trasfondo de una fiesta española y una corrida de toros.

La historia se cuenta en primera persona, como si lo hiciera Jake Barnes, un corresponsal de prensa americano en París. Este enfoque invita obviamente a la digresión y la torpeza, en cierto sentido. El modo en que Hemignway retrata a Jake es comparable a las propias evocaciones de Jake a la técnica del matador experto manejando a su toro. De hecho, el arte del toreo dentro de la historia contiene dos relaciones con la narrativa. No sólo contribuye a llevar al situación a una crisis, sino sugiere también el diseño que sigue Hemingway. Espolea constantemente a Jake, lo conduce y lo implica en dificultades, evitándole una tragedia seria, del mismo modo que el torero lleva al toro a través del elaborado plan o diseño de peligro.

La historia de amor entre Jake y la encantadora e impulsiva Ashley se basa en una atracción erótica que está destinada a la frustración desde el comienzo. Hemingway tenía tan arraigados sus valores que elabora una narrativa absorbente, hermosa y tiernamente absurda que te cautiva. Jake fue herido en la guerra. Considera su vida peor que la muerte. Cuando él y Ahsley se enamorar y saben, con esa completa ausencia de reticencias de la generación de la guerra, que nada puede hacerse al respecto, el asunto bien podría haber acabado ahí. Hemingway muestra una habilidad asombrosa prolongándolo y despojándolo de todas sus implicaciones.

Una historia auténticamente fascinante, contada mediante una prosa narrativa esbelta, dura y atlética. Hemingway sabía no sólo como hacer que las palabras fueran específicas sino como disponer una colección de palabras que revelan mucho más de lo que se ha de encontrar en partes individuales.

Fiesta ayudó a situar a Hemingway entre los mejores escritores del siglo XX.

A.G.

viernes, 25 de julio de 2014

Lecturas recientes: Todo se desmorona


Todo se desmorona (1958)
Chinua Achebe

Ambientada en la última década del siglo XIX, esta novela africana escrita en inglés transcurre en varias aldeas del este de Nigeria y presenta el conflicto entre la sociedad tradicional de Umuofia y las nuevas costumbres traídas por los blancos, que son adoptadas por muchos de los aldeanos.

Okonkwo lucha por ser tan diferente de su padre como le sea posible. Cree que su padre fue débil, afeminado, perezoso, ignominioso y pobre, y aspira a ser todo lo contrario: fuerte, masculino, trabajador, respetado y opulento. Okonkwo se convierte, en efecto, en un líder respetado e influyente en la comunidad de Umuofia. Adquiere fama y distinción y lleva honor a su aldea cuando logra vencer en una pelea a Amalize el Gato.

Como líder de la comunidad, se le exige a Okonkwo que cuide de un muchacho llamado Ikemefuna, que ha sido entregado a la aldea como una oferta de paz por el vecino Mbaino a fin de evitar la guerra con Umuofia. Ikemefuna se hace amigo de Nwoye, el hijo de Okonkwo, y ésta también se encariña con él. Con el paso de los años Okonkwo se convierte en un hombre extremadamente volátil, a punto de explotar a la más mínima provocación. Así, viola la Semana de la Paz cuando golpea a su joven esposa, Ojiugo, simplemente porque ésta fue a la casa de una amiga a hacerse una trenza en el pelo y se olvida de preparar la comida de la tarde y dar de comer a los niños. Más tarde, Okonkwo golpea y dispara a su segunda mujer, Ikwefi, porque ha recogido hojas de su bananera para envolver comida para la Fiesta del Nuevo Ñame.

Tras la llegada de las langostas, Ogbuefi Ezeuder, el hombre más anciano de la aldea, transmite un mensaje a Okonkwo de parte del Oráculo, que ha determinado que Ikemefuna debe ser asesinado como parte de la retribución por la mujer de Umuofia asesinada tres años antes en Mbaino. Okonkwo desoye la recomendación de no tomar parte en el asesinato, pues siente que no hacerlo sería una señal de debilidad, y mata a Ikemefuna con su machete. Nwoye se da cuenta de su padre ha matado a Ikemefuna y comienza a distanciarse de él y los hombres del clan.

Okonkwo se deprime después de haber matado a Ikemefuna y visita a su mayor amigo, Obierika, que desaprueba su papel en el asesinato de Ikemefuna. Obierika dice que el acto de Okonkwo disgustará a la Tierra y la diosa de la Tierra buscará venganza. Las cosas se complican para Okonkwo cuando durante el funeral de Obguefi Ezeudu, un importante líder de la aldea, su pistola se dispara y mata accidentalmente al hijo de dieciséis años del difunto. El asesinato es considerado un crimen contra la diosa Tierra. Okonkwo y su familia deben exiliarse de Umuofi durante siete años. La familia se traslada a Mbanta, la aldea originaria de la madre de Okonkwo. Tras su marcha de Umuofia, un grupo de aldeanos destruyen la casa de Okonkwo y matan sus animales para limpiar la aldea del pecado de Okonkwo. Obierika, su mejor amigo, guarda los ñames de éste en su granero.

En Mbanta, Okonkwo es recibido por su tío matero, Uchendu, que le hace entrega de un trozo de tierra que labrar y donde construir una casa para su familia. Pero Okonwo está deprimido y culpa a su espíritu personal (chi) de su fracaso. Durante su segundo año de exilio Okonkwo recibe la visita de Obierika, que le informa de la llegada a la aldea de un hombre blanco montado en una bicicleta. Consultado el Oráculo al respecto, los miembros del clan decidieron matarlo, pues se le consideraba un grave peligro para la supervivencia de la aldea. Sin embargo, unas semanas más tarde, un gran grupo de hombres asesinó a los aldeanos en represalia y ahora la aldea de Abame está desierta.

Tiempo más tarde, seis misioneros, incluido un hombre blanco, llegan a Mbanta. El hombre blanco habla a los aldeanos del cristianismo. Okonkwo cree que el hombre no dice sino estupideces, pero su hijo Nwoye se siente atraído por la palabras del misionero y se convierte al cristianismo. Los misioneros construyen una iglesia en un pedazo de tierra que los líderes locales les han cedido en el Bosque Malo con la esperanza de que estos mueran, castigados por edificar su iglesia en una tierra maldita. Pero nada de eso ocurre. Por el contrario, los misioneros comienzan a reclutar adeptos en la aldea. Más tarde marchan a Umuofia, donde abren una escuela. Nwoye deja la casa de su padre y se traslada a Umuofia para asistir a las clases.

Una vez concluidos los siete años de exilio, Okonkwo y su familia deciden regresar a Umuofia. Allí descubre Okonkwo que la aldea ha cambiado durante su ausencia. Muchos hombres han renunciado a sus títulos y se han convertido al cristianismo. Los blancos han construido una prisión y han establecido un tribunal de justicia donde la gente es juzgada por quebrantar las leyes de los blancos. A Okonkwo no le gustan los cambios experimentados en su pueblo. El misionero, el señor Brown, enferma y se ve obligado a volver a su casa, de modo que es remplazado por el reverendo James Smith, un hombre que no tolera las costumbres del clan y es muy estricto. Se desata la violencia en la aldea. Enoch, un converso, desenmascara a un egwugwu y éstos, en venganza, queman sus posesiones y destruyen la iglesia cristiana. Cuando el comisario del distrito regresa a Umuofia pide explicaciones a los líderes del clan, incluido Okonkwo, y los encarcela. Exige a cambio de su liberación una multa de doscientas cincuenta sacos de cauris. La gente de Umuofia reúne el dinero y paga la multa y los hombres salen de la cárcel. El día siguiente, durante una reunión del clan, cinco mensajeros intentan detener la reunión y Okonkwo se enfrenta a ellos y le corta la cabeza a uno con su machete. Ninguno de los otros miembros del clan intenta atrapar a los mensajeros, que huyen despavoridos. Okonkwo se da cuenta de que jamás irán a la guerra contra los blancos y que Umuofia acabará rindiéndose. Todo se desmorona para Okonkwo, que se suicida colgándose de un árbol.

Todo se desmorona es probablemente la narración más auténtica escrita sobre la vida en Nigeria a comienzos del siglo XX. La novela, que toma su título de un verso del poema The Second Coming, del poeta irlandés W.B. Yeats, ha vendido millones de ejemplares desde su publicación en 1958, dos años antes de que Nigeria lograra su independencia. Ha sido adaptada al teatro, radio y televisión.

En The Second Coming, Yeats muestra una visión apocalíptica en la que el mundo se viene abajo y cae en la anarquía a causa de un fallo interno en la humanidad. En Todo se desmorona, Achebe ilustra esta visión mostrándonos lo que ocurrió en la sociedad Igbo de Nigeria en la época de la su colonización por los ingleses. A causa de la debilidad interna de la estructura nativa y la naturaleza dividida de la sociedad Igbo, la comunidad de Umuofia es incapaz de resistirse a la onda expansiva de la religión extranjera, el comercio, la tecnología y el gobierno. En The Second Coming Yeats evoca al Anticristo llevando un mundo anárquico a la destrucción. Este tono ominoso emerge gradualmente en la novela de Achebe, donde la intrusiva presencia religiosa y un gobierno insensible hacen caer el mundo tradicional de Umuofia.

Cuando la novela fue publicada, Achebe manifestó que uno de sus propósitos era presentar una sociedad compleja y dinámica a una audiencia occidental que percibía la sociedad africana como primitiva, simple y atrasada. Achebe pensaba que si los africanos no podían contar su visión de la historia, la experiencia africana no sería jamás entendida. Muchos escritores europeos han presentado el continente africano como un lugar oscuro habitado por gente con mentes primitivas e impenetrables. Achebe considera racista este relato simplista de África. En este sentido señala a Conrad, que sí escribió contra el imperialismo, pero redujo a los africanos a unos seres misteriosos, brutales y exóticos. Algunos otros escritores (Orwell, Melville o Greene) que escribieron sobre el colonialismo, se oponían también al imperialismo, pero no fueron capaces de mostrar una visión “romántica” en su retrato de los nobles salvajes; primitivos y brutales, aunque incorruptos e inocentes. La oposición al imperialismo que mostraron estos escritores solía descansar en la idea de que una sociedad occidental avanzada corrompe y destruye el mundo no occidental. Achebe considera este argumento absolutamente inaceptable. Los Igbos no eran nobles salvajes, y aunque su mundo fue destruido al final, la cultura indígena no fue jamás un refugio idílico, ni siquiera antes de la llegada de los colonos blancos. En Todo se desmorona Achebe retrata elementos positivos y negativos de la cultura Igbo, pues en ocasiones critica a su propio pueblo tanto como a los colonizadores.

Chinua Achebe (1930-2013) ha sido uno de los puntales del movimiento literario mundial encomendado a la definición y descripción de la experiencia africana, junto con personajes de la talla de Wole Soyinka, el primer africano en recibir el premio nobel de literatura en 1986, el caribeño Derek Walcott (nobel en 1992) y el senegalés Leopold Seghor. En reconocimiento a su obra, Achebe recibió números premios y reconocimientos de diferentes organismos e instituciones entre los que se cuentan una veintena de universidades de Estados Unidos, Gran Bretaña, Nigeria y Canadá.

A.G.

lunes, 16 de junio de 2014

Lecturas recientes: Pacto de sangre


Pacto de sangre (1943)
James M. Cain

Asesinato y sexo se entremezclan en este thriller duro, al más puro estilo de la novela negra de los años 30 y 40.

Walter Huff es un vendedor de seguros de 34 años de edad que vive en Los Ángeles. Cuando llama a la puerta del opulento H.S. Nirdlinger para asegurarse la renovación de su seguro de automóvil, poco sospecha que de inmediato quedará abrumado por la belleza voluptuosa de Phyllis, la segunda esposa del rico ejecutivo. La sra. Nirdlinger finge inicialmente desconocer el asunto y logra así manipular a Walter, que acaba firmando una póliza a nombre de su marido, sin que éste lo sepa; una práctica prohibida. Walter descubre las pretensiones de la mujer y sabe lo que debería hacer, pero ella resulta ser demasiado seductora para hacer prevalecer lo que le dicta la razón. Walter acaba convirtiéndose en la víctima de una femme fatale persuasiva, atrapado en una telaraña de ambición y deseo.

Walter y Phyllis urden, en efecto, un plan para asesinar a Nirdlinger, librarse de su cuerpo y representar su muerte en la vía del tren. Puesto que los accidentes de tren eran estadísticamente insignificantes, las compañías de seguros de la época pagaban una indemnización doble de 50.000 dólares, que equivaldrían a más de tres cuartos de millón de hoy en día. (Tengamos en cuenta que no en vano la novela se titula originalmente Double Indemity.) Walter ha llevado en el negocio el tiempo suficiente para saber lo que supone un asesinato. También sabe que hay varias claves para lograr el éxito, y la única que los aficionados siempre olvidan es la audacia. Precisamente parte de la audacia es concebir un accidente de tren, puesto que la compañía de seguros sabe que ésta es una forma nada habitual de suicidarse. Es un buen plan. Walter cree que es capaz de diseñar una cabriola casi perfecta y accede a participar sólo porque recibirá la mitad del dinero. La pareja adúltera comete el crimen casi perfecto. Sin embargo, la conspiración no se resuelve exactamente como Walter había ideado y su crimen llevará a los amantes a complicada trama en que la culpa, la sospecha y la traición se entretejen hasta el final. En efecto, la compañía de seguros no tiene la intención de pagar. Su jefe se resiste a creer la causa supuesta de la muerte de Nirdlinger tal como es contada en los periódicos: una caída del vagón. Afirma que no puede ser un suicidio, tiene que ser un asesinato, si bien reconoce que es más fácil intuirlo que probarlo.

Walter y Phyllis acuerdan evitarse durante un tiempo para no levantar sospechas de su implicación en la muerte del sr. Nirdlinger. Durante este tiempo, Walter se enamora de la hija de Nirdlinger, Lola, hijastra de Phyllis. Ella le revela que Phyllis, antaño enfermera, fue responsable de las muertes de la primera esposa de su padre y de tres pacientes que tenía a su cuidado. Poco a poco, Walter reconoce que su relación con Phyllis es más peligrosa de lo que él pensaba. Así pues, decide librarse de ella… Pero no seré yo quien revele como logra Cain atar todos los cabos.

Cain había escrito un serial de ocho partes para la revista Liberty en 1936, gracias a la reelaboración de material de El cartero siempre llama dos veces y su propia experiencia juvenil como vendedor de seguros. Es a partir de ahí de donde nace la novela y, sobre todo, de un crimen real que conmocionó a la opinión pública norteamericana en 1927. Los amantes Judd Grey y Ruth Brown Snyder conspiraron para asesinar al marido de ella, Albert Snyder, y embolsarse la suculenta indemnización de su seguro de vida.

Cain utiliza en Pacto de sangre la misma técnica que exhibió en El cartero siempre llama dos veces. Sirviéndose de una hábil y mordaz narración en primera persona, nos cuenta una historia de amor y asesinato desde el punto de vista de un amante y asesino, con intensidad y mediante una celeridad y economía de palabras que crean una atmósfera de suspense y tensión.

Pacto de sangre es una novela impresionante. Quizá carezca del fragor de El cartero siempre llama dos veces, si bien, excepto por la maligna Phyllis, es bastante más creíble en muchos aspectos. El diálogo es excelente y aunque la historia es oscura, pues no hay casi nadie bueno en el mundo profundamente cínico en que viven los personajes, su lectura es francamente placentera.

La obra fue adaptada a la pequeña pantalla por Raymond Chandler y dirigida por Billy Wilder en 1944. Fue protagonizada por Barbara Stanwyck & Fred MacMurray y no tardó en ser reconocida como una de las obras maestros del cine negro.

A.G.