Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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miércoles, 19 de agosto de 2015

Lecturas recientes: La flecha negra


La flecha negra (1888)
Robert Louis Stevenson

Deliciosa historia de amor y aventuras con la Guerra de las Dos Rosas como telón de fondo, cuyo héroe, Richard Shelton inicia su particular rito iniciático cuando emprende una viaje peligroso hacia la madurez y el descubrimiento de la verdad. Richard se convierte en caballero, rescata a su dama Joanna Sedley y obtiene justicia para el asesino de su padre, Sir Harry Shelton.

Todo empieza cuando bandidos del Bosque de Tunstall, organizados por Ellis Duckworth, cuya arma y señal de llamada es una flecha negra, hacen que Dick sospeche que su guardián Sir Daniel Brackley y sus lacayos son responsables del asesinato de su padre. Las sospechas de Dick son suficientes para poner a Sir Daniel en su contra, por lo que no tiene más salida que escapar de Sir Daniel y unirse a los bandidos de la Flecha Negra contra él. La lucha lo arrastra al conflicto más importante que los engulle, la Guerra de las Dos Rosas, entre los Lancater y los York… No es difícil deducir de dónde proceden los nombres de las familias rivales de una de nuestras series favoritas: los Lannister y los Stark.

La flecha negra es una de esas novelas que tanto disfrutamos de niños lo que dejamos de serlo tiempo ha. Duelos a espada, intrépidos arqueros… la caballería en su máximo esplendor. Un emocionante retrato de la Inglaterra bajomedieval. Una hábil mezcla de descripción y relato, todo ello escrito a la manera y modo del arcaizante inglés medieval, lo cual añade sabor y verosimilitud a la historia. Una aventura con batallas, intriga, engaño, secuestro, espías, canallas, héroes y villanos. Un clásico del autor de La isla del tesoro que nos recuerda a la historia del legendario Robin Hood.

A.G.

domingo, 26 de julio de 2015

Lecturas recientes: Brooklyn Follies

 
Brooklyn Follies (2005)
Paul Auster

De nuevo nos encontramos con un gran inicio en una novela de Paul Auster (“Estaba buscando un lugar tranquilo donde morir”), que nos empuja, casi literalmente, a zambullirnos en la sugerente narrativa del gran maestro del postmodernismo literario.

¿Quién es este narrador que parece buscar un lugar donde pasar moribundo los últimos días de su vida? Es Nathan Glass, un hombre cínico y reflexivo que frisa los sesenta años y que, en realidad, está lejos de ser una persona derrumbada y apática, a pesar de culparse a sí mismo de casi todo lo que le ha ido mal en la vida: un amargo divorcio, una lucha contra el cáncer y el distanciamiento de su hija, Rachel. La novela nos muestra, desde su inicio, algunos de los rasgos distintivos de la novela austeriana: un narrador enigmático, el papel insistente de la casualidad, las historias dentro de las historias (Shakespeare ya se encargó de darle forma a este método) y la búsqueda de un significado metafísico.

Nathan es un ejecutivo de una compañía de seguros. Feliz de superar un cáncer de pulmón, decide vivir el resto de sus días en su Brooklyn natal, donde pretende escribir la gran obra de su vida, “El Libro de la Estupidez Humana”. Un libro en el que, como bien indica en título, pretender recopilar estupideces y desvaríos del ser humano.

Sin embargo, al poco de instalarse en la Ciudad se reencuentra con su sobrino Tom Wood, al que no ha visto en un largo periodo de tiempo, y cuya vida no parece tan rota como la del propio Nathan. Tom vive cerca de él y trabaja en una librería propiedad del enigmático y extravagante Harry Brightman, cuyo nombre real es Dunkel (oscuro, en alemán). Brightman conoce a Nathan y le propone tomar parte en una operación fraudulenta cuya finalidad es financiar el Hotel Existencia, un lugar de descanso para “modernistas en apuros”.

Con el desarrollo de la trama, Auster explora las vidas de la familia de Tom y elabora una peculiar crónica (en su más puro estilo, en absoluto ajeno para los que estamos familiarizados con sus novelas) de la familia de Tom, y en especial de su hermana, Aurora, y la hija de ésta, que ha sido abducida por siniestra secta religiosa sureña. Nathan tiene la oportunidad de curar los errores de sus vidas infelices. Le ofrece consejo juicioso a Brightman y “aventura” a Joyce, una alegre viuda.

Aunque Nathan desea aprender de nuevo cómo servir a los demás, no todos sus gestos y buenas intenciones dan resultado, pues una camarera pierde su trabajo como consecuencia del collar que le regala Nathan.

Al final sus sobrinos Tom y Aura rehacen sus vidas gracias a su renovado vínculo con su tío Nathan. Tom acaba feliz conduciendo un taxi y Aurora es rescatada de un matrimonio sin amor. Además, su hija Lucy encuentra un nuevo hogar en Brooklyn.

En el relato de los acontecimientos se intercalan referencias más o menos veladas a los acontecimientos del Once de Septiembre, cuando todo cambió, como bien sabemos, y que aún no habían ocurrido cuando concluye el relato de los acontecimientos narrados en Brooklyn Follies.

Como casi todas las novelas que he leído de Auster, Brooklyn Follies no decepciona a quienes esperamos encontrar una escritura lúcida, deslumbrante y provocativa. Paul Auster, un talento único, se ha convertido con los años (lejana ya su trilogía de Nueva York) en uno de los escritores que con mayor maestría hace uso de la sátira y la parodia. Brooklyn Follies es, además, una novela lírica que enseña a celebrar los placeres de la vida, el poder insondable de la casualidad y hasta la ironía que hay en la vida misma, a pesar de ese lado oscuro de terror y muerte que también queda al descubierto en la novela.

Auster siempre resulta una lectura reconfortante y sugestiva. Sus páginas repletas de una prosa continua, alejada de la aparatosidad, nos presenta personajes con la necesaria definición para servir al propósito de la narración. Una lectura muy recomendable, como suelo decir en estos casos.

A.G.

jueves, 16 de julio de 2015

Lecturas recientes: La carretera

 
La carretera (2006)
Cormac McCarthy

En un mundo post-apocalíptico, un hombre y su hijo viajan a lo largo de una carretera que lleva a la costa, a través de bosques silenciosos, dejando atrás escenas de muerte y destrucción. Los nombres de los dos viajeros, tanto como la fecha y el lugar en que transcurre la acción, jamás son mencionados.

Atraviesan ciudades y paisajes que actúan como esqueletos del viejo mundo. Ven huesos de criaturas y de seres humanos, casas vacías, cobertizos y vehículos e incluso un tren abandonado en el bosque. A lo largo de la novela nos encontramos con algunos de los actos más horrendos que jamás podría cometer el ser humano. Con todo, también presenta la unión entre un padre y su hijo que ni siquiera la cercana destrucción del mundo puede destruir.

Uno de los motivos principales de la novela es el de los sueños. Los sueños del hombre juegan un papel notable a lo largo de la novela. El hombre le cuenta al niño y a sí mismo que los buenos sueños han de ser temidos, puesto que indican una forma de aceptación y la inevitable proximidad de la muerte. Los malos sueños, por su parte, son reconfortantes, pues demuestran que el hombre y el niño aun perseveran en el mundo que habitan.

El hombre y el niño sólo se tienen el uno al otro. Ambos viajan en busca de una vida mejor aunque el hombre sabe que no hay motivo que le haga esperar que las cosas sean diferentes en su destino. Llevan con ellos un carro con provisiones y pertenencias; su viaje es una constante búsqueda de ropa, zapatos, alimentos y utensilios que les permitan continuar el viaje. Después de atravesar pueblos y ciudades devastadas, un día llegan a la casa donde creció el hombre. Al niño le da miedo la casa. Teme que puedan encontrarse con tipos malos de quien se dice comen a la gente para sobrevivir. El hombre ya ha decidido que si se encuentran con estos hombres, matará al niño con la pistola que siempre lleva encima para que no puedan torturarlo. Sin embargo, se pregunta con frecuencia si será capaz de hacerlo si llega la ocasión.

El niño trata de convencerse de que, en contraposición con esos hombres malos, su padre y él son los tipos buenos. El padre le cuenta historias de justicia y coraje del viejo mundo con la esperanza de que estas historias mantengan el “fuego” vivo en el niño. Los sentimientos de justicia, coraje y humanidad parecen estar ausentes en este mundo. En cierta ocasión, los dos viajeros se encuentran con un hombre que ha sido alcanzado por un rayo. El niño quiere ayudarle, pero el padre le dice que no tienen nada que darle. El niño llora por el hombre, demostrando así su naturaleza compasiva en un mundo donde hay muy poca humanidad.

Un día el padre le enseña a su hijo a flotar en el agua. Una tierna escena que se repite en varias ocasiones y que brinda al padre la oportunidad de enseñar cosas a su hijo tal como solían hacerse en el viejo mundo. El padre cuida de su hijo. Le enseña y se preocupa por su futuro, a pesar de la incertidumbre de la circunstancia en que se encuentran.

Cuando el padre y el hijo se encuentran con un camión lleno de hombres que vigilan el camino y uno de estos los descubre escondidos en el bosque, el hombre no duda en disparar al hombre en la cabeza y salir huyendo. La pistola tenía sólo dos balas y ahora no le queda más que una. La bala es para su hijo si llega la ocasión.

También se encuentran con otro viajero, un anciano que afirma llamarse Ely, lo cual no es cierto. A Ely le sorprende ver al niño, pues estaba convencido de que jamás volvería a ver uno en su vida. El padre y Ely hablan del viejo mundo y de la muerte. El padre le da parte de su comida y provisiones. Cuando se separan sabe que el anciano no tardará en morir.

En un cierto momento se dan cuenta de que les siguen. Son tres hombres y una mujer embarazada. El hombre y el niño se esconden y deja al grupo que les adelante. Más adelante encuentran su campamento y descubren al bebé ensartado sobre un fuego.

Finalmente llegan a la costa. El agua es gris. El niño está desilusionado. Animado por su padre, el niño nada en el océano, lo cual ayuda a levantarles el ánimo a los dos. Pero las cosas no resultan como el padre había deseado, pues un hombre les roba sus pertenencias. Aunque las recuperan, más adelante el hombre recibe un flechazo en la pierna. El hombre replica con un disparo de su pistola de baliza, si bien no está claro si mata al hombre que le ha herido.

La herida del hombre empeora, y con ella su salud. Cada vez se encuentra más débil. Sus sueños comienzan a desvanecerse. Sabe que va a morir. Le dice al niño que se marche, pero éste se niega.

El hombre muere y el niño permanece junto al cuerpo de su padre durante tres días, hasta que un hombre lo encuentra y le invita a unirse a ellos. Le dice que es uno de los hombres buenos y que lleva el fuego. El niño acepta, no sin cubrir antes el cuerpo de su padre con una manta. El niño es recibido en una nueva familia en este nuevo mundo en el que debe aprender a vivir.

Desde el punto de vista estilístico, la escritura de La carretera es muy fragmentada y dispersa desde el comienzo, lo cual refleja el paisaje yermo e inhóspito que recorren el hombre y el niño. McCarthy también opta por no utiliza comillas en los diálogos y para algunas contracciones omite los apóstrofes. Al tratarse de una historia post-apocalíptica, la exención de estos elementos de puntuación podría servirle a McCarthy para indicar que en este nuevo mundo, los restos del viejo mundo ya no existen o si lo hacen, existen en cantidades limitadas.

La carretera recibió el Premio Pulitzer en 2007. He tenido la oportunidad de leer la novela en inglés y me ha sorprendido su prosa condensada y escueta que actúa como si se tratara de una serie de fogonazos, fugaces e impactantes. Una historia de destrucción y amor que conmueve de principio a fin.

A.G.

viernes, 26 de junio de 2015

Lecturas recientes: El olor de la noche

 
El olor de la noche (2005)
Andrea Camilleri

En esta ocasión el comisario Montalbano se ve envuelto involuntariamente en un caso peliagudo del que sus superiores querían alejarle. Se trata de la desaparición de Emanuele Gargano, un anciano asesor financiero, y su ayudante. Ambos son sospechosos de haber cometido una estafa de tipo piramidal. Aunque a Montalbano no le guste mucho tratar con asuntos financieros, no le quedará más remedio que implicarse cuando Mariastella Consentino, la secretaria de Gargano, es asaltada a punta de pistola por Salvatore Garzullo, un respetable ciudadano de Vigàta que quiere que le devuelvan su dinero.

Montalbano averigua que, en efecto, el propietario de la empresa se ha esfumado con los ahorros de toda la vida que un buen número de jubilados del pueblo le habían confiado al “mago de las finanzas” recientemente afincado en Vigàta. Se cree que su ayudante, o bien ha sido asesinado (se supone que la Mafia, como es natural, no anda lejos), o vive a cuerpo de rey en alguna isla tropical.

En esta ocasión Montalbano no puede contar para su investigación con su leal asistente Mimi Augello, quien como es habitual tiene problemas de faldas que requieren toda su atención. Por si fuera poco, el comisario tiene que apañárselas con las habituales disputas telefónicas con Livia, su novia a larga distancia, quien esta vez le acusa de haberle estropeado su jersey favorito. Y para que no digamos que falta otro de los elementos fundamentales de la serie, volvemos a encontrarnos con las detalladas descripciones de platos de comida de los que tanto disfruta nuestro buen comisario y a las que muchos de sus lectores nos gustaría clavarles el diente a medida que nos encontramos con ellas, salpicadas a lo largo de la narración. Si todo esto lo aderezamos con unas pizcas de política y seducción, encarnada por la atractiva Mariastella (una maestra de la comunicación no verbal y el chantaje sexual), y le añadimos las irrisorias escenas del inefable Catarella, voilà… otra pieza deliciosa de nuestro adorable Camilleri.

A.G.

jueves, 11 de junio de 2015

Lecturas recientes: Desayuno con diamantes


Desayuno con diamantes (1958)
Truman Capote

El narrador de esta conmovedora historia es un escritor de escaso éxito editorial cuyo nombre no es mencionado jamás, lo cual habla bien a las claras de cuál es su verdadero papel en la historia, tal como veremos más adelante. El narrador recibe la visita de su viejo amigo Joe Bell, quien le muestra una fotografía de una talla africana que le recuerda a Holly, una mujer que dejó huella en la vida del narrador. Aquella imagen trae a su memora los acontecimientos que ocurrieron diez años antes.

Nueva York, otoño de 1943. Nada volverá ser lo mismo para el narrador desde el momento en que decide mudarse a un bloque de apartamentos del Upper East Side. El mundo está en guerra, pero para nuestro protagonista no parece existir nadie más que esa chica, Holly, a la que conoce poco tiempo después de instalarse en su nueva vivienda. El narrador describe a Holly como una chica de diecinueve años, delgada, bien vestida y con corte de pelo de chico. Sin embargo, los sentimientos que de inmediato brotan en el corazón del narrador no se corresponden con los que ella siente con él. Holly, por su parte, se siente protegida por el narrador, pues le recuerda a su hermano Fred.

A diferencia del narrador, Holly no es del tipo de personas a las que les gusta hablar de cuestiones personales relacionadas con su propia vida. El día en que entra en el apartamento del narrador y éste le pregunta al respecto, Holly se marcha de inmediato, sin responder. Al narrador le gusta observar a Holly mientras da de comer a su gato y canta canciones country con su guitarra. Incluso registra su basura, que contiene numerosas cartas de amor de soldados que hacen la guerra en países lejanos.

A pesar del desconcertante final de su primer encuentro, el narrador no pierde la oportunidad de pasar todo el tiempo que puede con Holly. De este modo averigua su costumbre de entretener a los hombres en las ruidosas fiestas que celebra en su apartamento. El narrador es invitado a una de ellas y allí conoce a hombres de prestigio, entre los que se halla O.J. Berman, un agente de Hollywood que en cierta ocasión intentó sin éxito introducir a Holly en el mundo del cine, o Rusty Trawler, un millonario que finge estar enamorado de Holly, pero al que ésta considera homosexual. El narrador también conoce a Mag Wildwood, una modelo excéntrica que no soporta muy bien la bebida y que no es del agrado de Holly, y que está comprometida con un diplomático brasileño llamado José Ybarra-Jaegar.

No tardamos en averiguar que Holly recibe cien dólares por visitar semanalmente en la cárcel Sing Sing a un presunto mafioso llamado Sally Tomato. Sally le paga a Holly a cambio de que ésta envíe unos informes, supuestamente meteorológicos, a su abogado, un tipo llamado O’Shaughnessy. Los informes resultan no ser tan inocentes como parecen un primer momento.

Por Navidad, el narrador y Holly intercambian presentes. Él le regala una medalla de San Cristóbal de Tiffany’s, el lugar favorito de Nueva York de Holly, y ella le regala a él una jaula única que sabía que le gustaba a él, si bien le hace prometer que jamás la utilizará para encerrar a ningún bicho viviente.

En cierto momento, Holly se marcha de viaje a Florida, junto con Rusty, Mag y José. Holly y José comienzan una relación, consecuencia de la cual Holly se queda embarazado. Mag y Rusty, por su parte, descubren la aventura y ¡deciden casarse!

A finales de la primavera, llega a la ciudad Doc Golightly, quien resulta ser el marido de Holly. Doc le cuenta al narrador la historia de su matrimonio en Tulip, Texas, que ocurrió cuando Holly no tenía más que catorce años. El nombre real de Holly es Lulamae Barnes. El narrador tiene la impresión de haber conseguido que Doc y Holly vuelvan a unirse, pero no sale de su asombro cuando descubre que Doc se vuelve a Texas.

Durante su noviazgo con José, Holly recibe la noticia de que su hermano Fred ha muerto en la guerra.

José le propone a Holly marcharse con él a Brasil y vivir juntos. La noticia abruma al narrador, que no puede imaginarse la vida sin Holly. Unos días antes de la fecha en que Holly tiene pensado viajar a Brasil, el narrador y ella dan un paseo a caballo en Central Park. En cierto momento, el narrador pierde el control de su caballo y Holly espolea al suyo para salvarlo. Como consecuencia del sobresfuerzo, pierde el bebé, aunque eso es algo que el lector no sabe aún.

Esa misma tarde, Holly recibe la visita de dos detectives, que la arrestan por complicidad en uno turbio asunto de drogas dirigido por Sally Tomato. Ahora sabemos que los supuestos informes meteorológicos no eran sino mensajes cifrados sobre los envíos de drogas (algo de lo que Holly no sabía nada). El escándalo disuade a José de casarse con Holly, puesto que la boda podría arruinar su carrera política, y regresa a Brasil sin ella, pensando que sigue embarazada.

Desvinculada de José, Holly decide marcharse del país, a pesar de que sigue siendo investigada, y sorprendentemente opta por viajar a Brasil, puesto que aún tiene el billete que le compró José.

Pasa mucho tiempo hasta que el narrador vuelve a saber de Holly. Recibe por fin una postal suya. Ahora vive en Buenos Aires, donde se ha casado con un hombre rico. Promete seguir escribiéndole, pero el narrador no vuelve a tener noticias suyas y no deja de preguntarse qué habrá sido de ella y si por fin habrá logrado encontrar la felicidad. El narrador cumple, no obstante, la promesa de encontrar al gato de Holly, que vive sano y salvo en un apartamento del Harlem Hispano.

¿Quién era Holly, pues? Holly era una contradicción andante cuyo misterio no hace sino crecer página tras página. No parece saber nada del mundo, pero siempre da la impresión de ir un paso por delante, pues sabe qué decir en cada momento y cómo actuar.

En cierto sentido, podemos considerar a Holly como un mezcla de una Lolita adulta y una adolescente Tía Mame. Una mujer extravagante, una golfa cara que no parece pertenecer a ningún sitio ni a nadie, y a la que no le interesa más que su gato sin nombre. Y es que, a pesar de su apariencia externa, Desayuno con diamantes muestra las más oscuras sombras de la experiencia humana.

La novela fue adaptada al cine en 1961 por Blake Edwards, con la inconmensurable Audrey Hepburn en el papel de Holly y George Peppard en el del narrador. A diferencia de la novela, la película está ambientada en una época situada entre finales de los 50 y comienzos de los 60. Otra diferencia notable entre la novela y la película es el retrato que la película hace de Holly. Éste y otros cambios no fueron del agrado de Capote, quien pensaba que éstos se habían realizado para eliminar elementos controvertidos y atraer a una audiencia mayor. A Capote tampoco le gustó la elección de Audrey Hepburn y afirmó que hubiera preferido a Marilyn Monroe para el papel de Holly Golightly. A mí me hubiera dado igual, me quedo con la novela a pesar del extraordinaria interpretación de Audrey Hepburn.

A.G.