Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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lunes, 16 de noviembre de 2015

Lecturas recientes: Samarcanda


Samarcanda (1988)
Amin Maalouf

Llegado a Samarcanda de su natal Persia, Omar Jayyam es reconocido en la calle por un poeta procaz que escribe de vino y mujeres, y cuya filosofía se mofa del Islam. Los matones callejeros declaran a Jayyam infiel y lo conducen al juez para recibir el castigo apropiado. Pero el juez, que es un intelectual, reconoce el genio de Jayyam y le da un pequeño libro en blanco compuesto de hermosas hojas de papel chino. Le encomienda la difícil tarea de anotar en él cualquier verso que tome forma en su mente o en la punta de su lengua. Ahora bien, el libro habrá de permanecer oculto. De esta manera, salva el cuello un gran poeta y nace el rubayat de Jayyam, la simple y hermosa estrofa de cuatro versos pentámetros yámbicos que riman AABA.

La historia de Jayyam transcurre en el Asia Central del siglo XI, cuando las ciudades de Bujará y Samarcanda eran las más grandes de la época. Maalouf se recrea con insólita destreza en las descripciones de las cortes, las fuentes, el bazar, las vidas de los místicos, los reyes y amantes en una prosa lánguida y evocadora. Sin pretender intentarlo, sin artificio ni banalidad, la novela establece un tono que está en perfecta armonía con el misticismo sufí y retrata con éxito las paradojas, la sutil ironía y el humor autodespectivo de su característica escritura.

Los nueve años de relación amorosa de Jayyam y Jahn, la poetisa de la corte, resuenan también con una palpable sensualidad.

Las grandes figuras del Asia Central medieval son vistos a través de los ojos de Jayyam: Nizam al Mulk, el déspota visir persa del sultán turco Malik Sha, que aún es recordado por sus notables innovaciones en cuestiones de gobierno y por sus teorías filosóficas que anticipan a Maquiavelo; Hasan ibn al-Sabbah, un hombre muy sabio y cruel que se convierte en el fundador de la comunidad ismaelí que interpretó el Islám de un modo diferente y que dirige a los miembros de la Orden de los Asesinos desde su fortaleza de Alamut; y, por supuesto, el propio Omar Jayyam, un hombre extraordinario, un sabio instruido en diferentes disciplinas del conocimiento (matemáticas, filosofía, astrología, física y literatura) que jamás quiere involucrarse en política o en cualquier asunto relacionado con ella y de quien todos solicitan consejo en esta y otras materias.

La novela viaja también más allá de Asia Central, pues el autor cruza siglos y continentes siguiendo la pista del manuscrito original de los rubayat. Las anotaciones de Jayyam en el libro, que son traducidas en el siglo XIX por Edward Fitzgerald y sorprenden a la sociedad victoriana, son robadas por primera vez por el líder de los Asesinos, el despiadado Hasan ibn al-Sabbah. La fortaleza de los Asesinos, donde se guarda el manuscrito, es destruida y el manuscrito se pierde durante cientos de años. En el siglo XIX un erudito americano se obsesiona con encontrar el original. Viaja a Persia en 1896, donde se encuentra con las primeras luchas de los demócratas persas por un gobierno constitucional después de que el Sha ha sido asesinado.

El erudito se enamora de Shireen, una princesa persa que ha descubierto el texto perdido. Viven los primeros meses de la primera República de Irán, pero cuando regresan a Estados Unidos juntos en el Titanic, en 1912, éste se hunde. Aunque los dos se salvan y llegan sanos y salvos a Nueva York, el manuscrito se pierde en el fondo del océano. Shireen no puede seguir vivendo sin el manuscrito y abandona a su amante americano en el muelle de Nueva York.

Maalouf es el autor de una estupenda novela que tiene la virtud de describir las vidas y la época de unos personajes que jamás habían aparecido en la ficción con anterioridad y muy probablemente no volverán a hacerlo. El libro no es una simple novela histórica, sino que, del modo que el intrincado bordado de una alfombra oriental se teje y se desteje durante siglos, Maalouf entreteje poesía, filosofía y pasión por el pasado sufí con la modernidad. Maalouf intercala en la narración extractos de poemas de Jayyam que dotan al texto de una poderosa cadencia melódica.

La ficción histórica de alta calidad, como la que representa Samarcanda, es un modo excelente de despertar interés por la investigación histórica. Maalouf realiza un trabajo excelente en este sentido, pues elabora una novela con un perfecto equilibrio entre información y entretenimiento, a la vez que presenta su punto de vista de las sociedades contemporáneas de mayoría musulmana.

Una novela muy ilustrativa que, como todas las obras de su autor, trata de comprender y avanzar hacia una solución y un encuentro real entre nuestras culturas. Ojalá sea así algún día.

A.G.

domingo, 25 de octubre de 2015

Lecturas recientes: El halcón maltés


El halcón maltés (1930)
Dashiel Hammet

Ambientada en San Francisco en diciembre de 1928, esta obra maestra de la literatura del siglo XX presenta a Sam Spade, el detective privado que sedujo a toda una generación de lectores y sirvió como modela del gran Philip Marlowe, el protagonista de las novelas de Raymond Chandler.

La novela comienza cuando Brigid O’Shaughnessy contrata a Spade y a su compañero Miles Archer para protegerse de Thursby, su ex pareja, con la excusa de que busca a su hermana perdida. Pero Archer y Thursby son asesinados y Spade se ve obligado a intervenir para que no se airee su relación con Iva, la mujer de Archer. Sin embargo, todas las personas implicadas parecen más interesados en encontrar una misteriosa escultura. En efecto, Spade recibe ofertas de dos hombres, Cairo y Gutman, para encontrar el Halcón Maltés, una pieza incrustada de joyas valiosísimas que perteneció a los legendarios Caballeros de Rodas. Brigid, que no tiene tanto dinero como los otros, intenta seducir a Spade y consigue convencerlo para que colabore en su plan de vender la estatua a sus anteriores compañeros: Cairo, Wilder y Gutman. Los primeros dos personajes son retratados como homosexuales, mientras en el tercero es un sádico que abusa de su hija. Todos ellos amenazan la vida de Spade de diferentes maneras, pues tratan de descubrir lo que él y Brigid saben del halcón. Contra ellos Spade emplea su fuerza física y mental, a su fiel secretaria Effie Perrine y su buen entendimiento con los policías de San Francisco Dundy y Polhaus. Dundy, sin embargo, acaba volviéndose en su contra. Spade no encuentra más que hostilidad en todas partes. Pasa la noche con Brigid y registra su apartamento antes de que ella se levante.

El estilo objetivo de la narrativa de Hammett le impide al lector saber que Spade sabe que Brigid mató a Archer. También se entera de la historia de la escultura de boca de Gutman, quien lo droga. Golpeado por Wilmer, Spade se despierta a tiempo de recibir el halcón de Jocaby, el moribundo capitán del barco La Paloma, al que ha disparado Wilmer. Brigid y sus compinches le tienden una trampa a Spade, pero cuando les muestra el halcón, descubren que éste es una falsificación de plomo.

Finalmente, todos huyen excepto Brigid, que le sugiere a Spade que se escape con ella. Pero éste le enumera los motivos por los que no puede. Entre ellos se cuenta su conocimiento acerca de la identidad del asesino de Archer.

Al final Spade entrega a todos a la policía. Una vez cumplidas sus obligaciones legales y habiendo preservado su integridad profesional y personal, Spade ha de hacer frente el día siguiente a Effie, que está enfadada por su traición al amor de Brigid. Effie siempre ha creído en la inocencia de Brigid. Spade ha de enfrentarse también a Iva Archer, que le está esperando en su despacho.

La tercera novela de Dashiell Hammett, El halcón maltés establece el patrón por el que todas las novelas de detectives siguientes habrían de ser juzgadas. La novela negra se había convertido en un género estereotipado, flácido e insignificante, pero la prosa limpia, la facilidad para el diálogo de Hammett y unos personajes dotados de un lenguaje peculiar y motivaciones convincentes dieron como resultado una obra maestra.

El detective duro no es en realidad una invención de Hammett. Sin embargo él lo convirtió en un personaje que los lectores podían identificar fácilmente: un ser solitario de ojos pequeños y brillantes, dotado de una determinación tal que lo lleva a deshacer entuertos y lograr justicia. Su implicación en el mundo no es cínica, sino apasionada. Con todo, sus éxitos están siempre ensombrecidos por unos toques de pérdida y fracaso. Este concepto se ha filtrado a lo largo de los años en las obras de numerosos escritores del género; desde Raymond Chandler a John Le Carré.

Sam Spade no confía en la policía ni en ninguna otra autoridad. Trata a las mujeres de un modo que a veces parece desconsiderado, si no abiertamente irrespetuoso. Tal es el caso cuando seduce a Iva, la mujer de su compañero, o cuando amenaza a Brigid con registrarla delante de otros hombres. Su sentido de la lealtad no está muy claro, pues acepta dinero y consiente en ayudar a gente con deseos contrarios a los suyos.

Los tres personajes femeninos principales, sobre todo Brigid O’Shaughnessy, responden al magnetismo sexual de Spade. Él, sin embargo, subordina al final sus deseos a un bien superior, hasta el punto de entregar a Brigid a la policía.

Brigid O’Shaughnessy es un buen ejemplo del arquetipo de femme fatale: la mujer hermosa y manipuladora que se sirve tanto de la mentira como de su sexualidad, en combinación con una apariencia de mujer desamparada, para conseguir que los hombres hagan lo que quiere, aunque en realidad sea bastante autosuficiente y peligrosa.

El halcón maltés fue publicado por primera vez por entregas en la revista Black Mark, a partir de septiembre de 1929. Fue publicada en forma de libro el año siguiente. El editor, Blanche Knopf, trató de rebajar la abierta sexualidad de la versión de Black Mask, pues temía que las referencias a la homosexualidad de Joel Cairo espantaran a los lectores. Sin embargo prevaleció el criterio de Hammett, que opinaba lo contrario.

Probablemente la mejor novela norteamericana de detectives, El halcón maltés fue reconocida como tal tras su publicación. Incluso hoy en día pocos son los críticos que discrepan acerca su relevancia. Raymond Chandler, que tanto le debía al padre de Sam Spade, jamás dejó de elogiar la obra maestra de Hammett.

La novela ha sido adaptada numerosas veces a la pequeña pantalla. La versión de 1941, interpretada por Humphrey Bogart, Mary Astor, Peter Lorre y Sydney Greenstreet, está considerada un clásico inmortal del cine negro.

A.G.

sábado, 17 de octubre de 2015

Sorpresas gratas: Presunto inocente


Presunto inocente (1987)
Scott Turow

Basada en la propia experiencia del autor como fiscal de Chicago, esta brillante novela presenta un retrato detallado y realista del mundo judicial de una ciudad imaginaria del Medio Oeste. Pero eso no es todo...

Rozat Rusty Sabich es ayudante jefe del fiscal del condado de Kindle y está ayudando en la reelección de su amigo Raymond Horgan. Las elecciones determinarán si Rusty tiene o no trabajo. Si las gana Horgan, se quedará. Pero si las pierde, está acabado.

Rusty es un hombre apasionado y taciturno. Un hombre solitario que tiene la impresión de que a sus casi cuarenta años, tanto su matrimonio como su carrera se han estancado. Sus sentimientos se centran en el amor a su hijo, Nat, y sus perdurables y desesperadas fantasías con su colega Carolyn Polhemus, la amante que no hace mucho tiempo puso fin de manera abrupta a su relación de seis meses.

A unas semanas de las elecciones, Carolyn aparece asesinada en su apartamento. Carolyn es madre divorciada y tiene una vida muy promiscua. Es una mujer sin escrúpulos y amante del peligro. Los indicios apuntan a que fue brutalmente violada por alguien que la conocía bien y en quien ella confiaba. La pérdida es particularmente impactante para Rusty, que aún está enamorado de ella. Horgan asigna a Rusty la investigación del crimen, desconociendo la breve pero apasionada relación de éste con la víctima.

Rusty ha de manejar la investigación del asesinato a pesar del conflicto de intereses que nadie más conoce, para lo cual cuenta con la ayuda de Dan Lip Lipranzer. Al principio se sospecha de delincuentes sexuales que Carolyn ayudó a condenar. Rusty se entera de que Horgan tuvo una breve relación con Carolyn. Mientras tanto, el matrimonio de Rusty hace aguas desde que su mujer, Bárbara, supo de la relación de la aventura de su marido. Aunque siguen viviendo juntos, Bárbara no ha perdonado a su marido y jamás podrá hacerlo.

Rusty no tarde en darse cuenta de que el caso no parece ir a ninguna parte debido a la falta de evidencia y pistas. Su fracaso en la investigación conduce a la derrota de Horgan en la elección. Enfadado y frustrado, Horgan decide conspirar, utilizando todas las poderosas armas que tiene en su mano, para incriminar a su subordinado.

En efecto, una serie de pistas circunstanciales conducen a la fiscalía a acusar a Rusty del asesinato y violación de Carolyn: llamadas desde su casa a Carolyn la noche del asesinato, un vaso de cristal con sus huellas, fibras de la alfombra de la casa de Rusty encontradas en la de Carolyn. El recién elegido fiscal general del condado Nico Della Delay Guardia trata de aportar, con la ayuda de su ayudante Tommy Molto, toda la evidencia posible contra Rusty, quien se ve obligado a contratar para su defensa a Alejandro Stern. Sandy es un abogado argentino que ha sido contrincante de Rusty durante los últimos años. Rusty sólo puede confiar en él y un misterioso expediente B.

Comienza entonces el juicio. Acusación y defensa interrogan a los testigos. La suerte de Rusty da un giro de ciento ochenta grados con la declaración del experto forense, cuyo testimonio no se sostiene en pie. Rusty se entera, además, de que el juez también tuvo una relación con Carolyn y de que el propio juez, Carolyn y Horgan aceptaron sobornos de sospechosos. Y por si fuera poco, la defensa no es capaz de encontrar el vaso con la huella de Rusty.

El juez resuelve que la falta de evidencia hace inviable la continuación del juicio y la propia defensa retira los cargos contra el acusado. El caso queda desestimado antes siquiera de ser enviado al jurado para su deliberación.

Rusty regresa a casa, a salvo de la cárcel, pero su vida no volverá a ser jamás la que fue. Su mujer no está dispuesta a perdonarle y no tarda en aceptar un trabajo en Detroit, lejos de él. Aliviado de las tensiones del juicio, Rusty consigue por fin juntar todas piezas, aparentemente inconexas, del caso y averiguar la identidad del asesino y los motivos que lo llevaron a cometer el crimen.

Presunto inocente, la primera novela de Scott Turow, se convirtió en un éxito inmediato. No en vano, permaneció cuarenta y cinco semanas en las lista de los libros más vendidos del New York Times. Es, sin duda, una de las más brillantes novelas de intriga judicial. Una obra fascinante y profundamente reflexiva.

Turow engancha al lector gracias no sólo a las poderosas tensiones y reverberaciones de la historia, sino a la realidad del mundo que ha creado. Presunto inocente recrea como pocas novelas, con verosimilitud e inteligencia, los mecanismos de la justicia, su psicología, su drama y su lógica. Además, da vida a unos personajes memorables, dotándolos de una riqueza y complejidad extraordinarias. Unos personajes que habitan un mundo violento en el que imperan la doble moral y los conflictos de lealtades. Un mundo donde la verdad nunca está clara y donde la culpa es una pesada carga. Un mundo que nos recuerda al nuestro propio, hasta el punto de cautivar al lector incluso después de la resolución del misterio.

Tal como indica el título de la novela, ésta nos demuestra que no existe la auténtica inocencia. Tan sólo la presunción de inocencia, un término legal y un reconocimiento de la inefabilidad del motivo humano y la imposibilidad de establecer juicios concluyentes de culpabilidad. En gran parte, la verdad que encierra la novela emerge no tanto del juicio de Rusty Sabich como de sus meditaciones. Éstas revelan un temperamento melancólico y filosófico. En efecto, la inquietante ambigüedad moral parece revelarse como una experta interpretación de verosimilitud por parte de Turow.

A.G.

martes, 29 de septiembre de 2015

Lecturas recientes: La hija del tiempo


La hija del tiempo (1951)
Josephine Tey

Herido mientras perseguía a un criminal, el inspector Alan Grant de Scotland Yard está postrado en una cama de hospital. El aburrimiento lo está volviendo loco. Después de haber rechazado varios libros que le trae su amiga, la actriz Marta Hallard, Grant pasa el tiempo estudiando el techo y familiarizándose con las idas y venidas y la peculiar personalidad de las enfermeras que están a su cargo. Grant ansía un desafío mental. Marta le sugiera que intente solucionar un misterio del pasado que nadie haya podido resolver jamás.

Sabedora de la habilidad de Grant en el análisis de caras, Marta le trae unos retratos de personajes históricos cuyas carreras están asociadas con preguntas no respondidas, de modo que pueda escarbar en un misterio del pasado. Escéptico al comienzo, sin embargo echa un vistazo a todos los retratos, hasta que se topa con uno sin nombre cuyo rostro le sorprende por su sobria honestidad y sufrimiento. Grant no puede ocultar su sorpresa al enterarse de que se trata de Ricardo III, el infame villano de la historia de Inglaterra que mandó asesinar a sus dos sobrinos, aún niños, en la Torre de Londres. Intrigado por el personaje, Grant decide indagar en la personalidad de Ricardo III y averiguar cómo pudo haber estado tan equivocado al juzgar su cara. Tras unas pesquisas preliminares, Grant llega al convencimiento de que Ricardo no mató a los príncipes. ¿Quién lo hizo, entonces? Llegar a conocer la verdad se trata para él, no sólo de de un ejercicio intelectual, sino de una cuestión de principios.

A pesar de su falta de movilidad, Grant es capaz de entrevistar a las enfermeras que le cuidan y a un par de visitantes que van a visitarlo, aprendiendo más de Ricardo III y la historia de su época; cosas que había aprendido pero no recordaba, y cosas que jamás le habían enseñado.

Dándose cuenta de las dimensiones y profundidad de la investigación de Grant, Marta busca a alguien que ayudarle en su ardua tarea. Es así como entra en la vida de Grant un joven investigador que servilmente desentierra más información para Grant, llegando al punto de entusiasmarse tanto como Grant por su investigación. La inicial curiosidad de Grant se ha convertido en un estudio exhaustivo de la historia de Inglaterra, reuniendo pistas y hechos, descartando rumores sin fundamento y finalmente llegando a una conclusión más lógica sobre Ricardo III y la desaparición de sus sobrinos.

A pesar de estar condicionados por sus propios prejuicios, Grant y su amigo Brent Carradine destapan algunos detalles fascinantes que desacreditan la acusación contra Ricardo III. Aunque algunos historiadores habían llegado a una conclusión parecida en los siglos XIII y XIX, nadie había escrito al respecto en el siglo XX. Entre los dos construyen un caso basado en el material que ambos presentan y en los argumentos que logran consensuar. Llegan a la conclusión de que Richard no habría matado a sus sobrinos y encuentran un asesino más probable. En efecto, no parece que fuera Ricardo, sino Enrique IV, su hermano, quien ordenara el asesinato de sus propios hijos. Con la ayuda de los enemigos de Ricardo y sus propios amigos, Enrique consiguió hacer creer a todo el mundo que Ricardo, que no tenía motivo alguno para cometer los crímenes, era el culpable.

La hija del tiempo no trata en realidad sobre Ricardo III y sus sobrinos, sino sobre cómo la Historia consta de historias individuales que en ocasiones son tan ficticias como cualquier novela. Durante siglos hemos creído fielmente lo que nos cuentan estas historias y hemos llegado a forjarnos una visión del mundo que pudiera estar equivocada; y eso es algo sobre lo que deberíamos reflexionar. La hija del tiempo nos demuestra cómo la historia puede ser malinterpretada a través de la más conveniente reinterpretación de la persona que ostenta el poder, hasta el punto de convertirse en parte de nuestro común entendimiento, sin haber sido demostrada su certeza, a pesar de no tratarse al principio más que de una simple habladuría.

La novela transcurre exclusivamente en la habitación de un hospital. Está contada casi de forma exclusiva en forma de diálogo y narración.

Una lectura rápida y absorbente; una novela muy bien escrita que he tenido la oportunidad de leer en inglés. La historia te atrapa desde la primera página y mantiene el misterio hasta el final. Un trabajo de investigación muy bien disfrazado de novela; de novela de misterio histórica, nada más y nada menos.

A.G.

domingo, 27 de septiembre de 2015

Sorpresas gratas: Los pájaros amarillos


Los pájaros amarillos (2012)
Kevin Powers

El joven soldado John Bartle, destinado a manejar una ametralladora en la Guerra de Irak, predice que ninguno de sus compañeros está destinado a sobrevivir. La guerra, afirma, es paciente y no le preocupan los objetivos ni las fronteras; si te quiere mucha gente o ninguna en absoluto. El único propósito de la guerra, tal como se le reveló una noche en sueños, es seguir, tan sólo seguir.

Poco tiempo después de su llegada a Irak, Bartle es testigo de un tiroteo extrañamente fortuito, mas horrible, que marcará su futuro inmediato. Involuntariamente se verá implicado en un acto que, a pesar de ser cometido por un motivo loable, casi destruirá tanto su mente como cualquier sentido de moral que pudiera aún quedarle tras dos años de servicio en los campos de batalla de la provincia iraquí de Nínive. Su colaborador indispensable en dicha conspiración es su sargento, un hombre entusiasta y brillante llamado Sterling, sobre cuya persona Bartle siente una perturbadora ambivalencia.

Al igual que Burtle, Kevin Powers fue, en efecto, testigo de excepción de la guerra de Irak, pues sirvió dos años en Mosul y Tal Afar. En un breve prefacio a la novela, Kevin afirma que Los pájaros amarillos comenzó como un intento de responder una pregunta: “¿Cómo eran las cosas allí (en la Guerra de Irak)?”. Sin embargo, Powers no tardó en darse cuenta de que él no era la persona adecuada para tan ardua tarea, pues la guerra no es sino como ella misma; de ninguna otra manera. Los pájaros amarillos aborda el problema sempiterno de intentar describir experiencias que tan sólo unos pocos comparten: la guerra, la locura, la extrema violencia, etc. Son experiencias que difícilmente pueden ser descritas con palabras. No obstante, Powers elabora lo que él mismo llama “la cartografía de la conciencia de un hombre” y logra recordarnos con esta magnífica novela, llena de lirismo y excepcionalmente escrita, a las dos más grandes novelas del género, que ya hemos comentado en este blog: Sin novedad en el frente (a mi juicio, la mejor de todas las jamás escritas sobre esta temática) y La roja insignia del valor.

Powers elabora un retrato juicioso e intuitivo de los hombres que luchan en las guerras. Tres son los protagonistas principales de este drama: el misterioso y vulnerable Murph, el brutal Sterling y el protagonista y narrador de la historia, cuyo nombre nos recuerda a Bartleby, el personaje de Melville; otro hombre paralizado hasta el punto que lo único que puede hacer al final es realizar los pocos actos simples que le ayudarían a mantenerse con vida.

John Bartle prometió a la madre del soldado de dieciocho años Daniel Murphy que cuidaría de su hijo y le traería de vuelta sano y salvo. Una promesa que, como el narrador revela desde el comienzo de la novela, no podrá cumplir. A pesar de poner todo su empeño en sobrevivir, a la vez que se pregunta cómo puede cumplir su promesa, Burtle siente poco a poco como si él mismo se fuera desintegrando.

La novela se mueve intermitentemente de un escenario a otro: Virginia, Irak, Alemania, Nueva Jersey y Kentucky, de 2003 a 2009. Al recordar la guerra, Bartle admite que es como hacer un puzle de atrás adelante. Este peculiar estilo narrativo convierte al lector en un participante activo, convirtiéndolo en una especie de coautor que a medida que junta los recuerdos dispersos se da cuenta del terrible secreto que se esconde debajo: la cruda verdad de la muerte horrenda de Murph.

Cuando Bartle acaba confinado en una prisión militar, no le queda más compañía que sus recuerdos; recuerdos que intenta atrapar aunque su lógica y sus secuencia le sean esquivas. Sus inciertos recuerdos le impiden estar de vuelta en Estados Unidos de forma plena. Durante la guerra, no ha habido nada que quisiera más que regresar a casa, pero una vez de vuelta, todo le recuerda a algo más: su mano se aferra a un rifle que no existe, cree ver a los fantasmas de los hombres muertos en los asientos del aeropuerto, a los niños destruidos por los morteros y los obuses, etc. Cuando su madre lo abraza y le dice que por fin está en casa, él no la cree. Cualquier ruido en la distancia, cualquier objeto insignificante lo transporta a un lugar oscuro en el que los caimanes esperan con las mandíbulas abiertas.

Después de regresar de Irak, Powers obtuvo un máster en poesía por la Universidad de Texas. Esto es evidente en la musicalidad de sus frases o los detalles brillantes, especialmente visibles en las descripciones, que salpican su prosa como diminutas gemas.

Los pájaros amarillos es una novela hermosa, poderosa y equilibrada. Una lectura obligatoria, no sólo porque nos presenta un testimonio de primera mano de la Guerra de Irak, sino porque nos ayuda a comprender que incluso de la más incomprensible y vergonzosa violencia podemos extraer una mínima visión vital del ser humano.

A.G.