Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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miércoles, 10 de mayo de 2017

Lecturas recientes: La ópera flotante



La ópera flotante
John Barth (1956)

La mañana del 23 ó 24 de junio de 1937 Todd Andrews –el mejor abogado de la costa este de Maryland y el ciudadano más excéntrico de la ciudad de Cambridge– se toma un trago largo de whisky de centeno Sherbrook, tal como suele hacer todas las mañanas desde su época en la universidad. Se echa agua en la cara y siente que tiene una inspiración: ése es el día en que se suicidará, pues la vida es un sinsentido. Además, tiene la impresión de que no ha progresado en los últimos dieciocho años.

Todd completa este día tan importante en su vida con tareas poco inusuales: se ocupa en el embrollado proceso judicial de su amigo Harrison Mack, que aspira a la herencia de 3 millones de dólares de su padre; le enseña a la hija de tres años de los Mack el showboat que da nombre al libro, etc. Más tarde, el matrimonio Mack y Todd asisten a la actuación de la Ópera Flotante de Jacob Adam, y Todd toma la decisión acerca de su tentativa de suicidio.

Mediante un peculiar estilo de stream of consciousness, Todd se dirige al lector –sirviéndose de un uso comedido de la segunda persona–, al que invita a acompañarle en su narración sin albergar temor alguno por su corazón débil. Sin duda, Todd Andrews es un tipo raro, aunque él lo niegue. ¿Quién en su sano juicio –tal como sabremos más tarde– regalaría 3.000 dólares a un millonario local sin esperar nada a cambio, rechazando pertinazmente todos los ofrecimientos e incluso la devolución del dinero del citado benefactor, hasta provocar su histeria?.

A continuación, conocemos en detalle a Todd Andrews. Tiene 37 años, es soltero y está alojado en el Hotel Dorset. Cada mañana Todd paga su noche en el hotel mediante un cheque de 1’50 dólares y más tarde se registra para otra noche. No tardaremos en comprender que a Todd le gusta hacer todo de un modo diferente. A lo largo de la extensa narración, dividida en varias de decenas de capítulos de variada extensión, Todd nos cuenta su vida: su primera experiencia sexual, la universidad, el servicio militar, la facultad de Derecho y su carrera de abogado. Nos habla del suicidio de su padre y de su intento de averiguar qué le llevó a tomar una decisión tan drástica. También nos habla de su más que aceptable vida sexual, minada, eso sí, por su problema crónico de próstata, y de su affair con Jane Mack, la mujer de su amigo Harrison; algo más que una simple aventura, instigada por el propio matrimonio en parte como un modo de celebrar su amistad. De hecho, llegamos a la conclusión de que la hija de los Mack puede en realidad ser hija de Todd. También leemos acerca de su traumática experiencia en los campos de batalla de la Primera Guerra Mundial, y en especial de su encuentro con un soldado alemán, al que acabó asesinando. De sus estudios en la Universidad Johns Hopkins y de su primera experiencia sexual con una chica de la ciudad que más tarde se convirtió en prostituta. Nos detalla el complicado proceso judicial entre Harrison Mack y su madre y nos da detalles de sus problemas de salud: su corazón débil, que puede matarle cualquier día, y la mencionada infección de próstata, que le impide en ocasiones cumplir en la cama. También nos habla del trabajo de toda una vida: su Investigación, que comenzó antes de ese día de junio de 1937 y continúa hasta mediados de los 50.

Fragmentos del pasado y presente de la vida de Todd vienen y van delante de nuestros ojos para reforzar la creencia del narrador de que la vida no es otra cosa sino una broma estúpida y sin sentido. Todd se da cuenta de que en toda su vida no ha sentido más que unas pocas emociones, cada una de las cuales es el resultado de acontecimientos nada gloriosos y a menudo cómicamente patéticos. Aprendió el júbilo al descubrir la postura ridícula que el espejo le mostraba durante su primera experiencia sexual (a la vez que humillaba a su compañera); aprendió el miedo en la guerra (matando de forma cobarde a un soldado alemán con el que por un momento pensó que había unido su alma); aprendió la sorpresa cuando Jane, la mujer de su mejor amigo, se ofreció a ser su amante (lo cual ocurrió con las bendiciones del marido, como hemos visto); y aprendió la desesperación cuando aprehendió la epifanía de toda la verdad contenida en la frase de Camus (la noche antes de su suicidio planeado): “suicidarse supone reconocer que no merece la pena vivir”, afirma el escritor francés en El mito de Sísifo.

Aunque La opera flotante recuerda el día más importante en la vida de Todd Andrews, tal como él mismo recuerda una década más tarde, vivió para contar una historia que se construye no sólo para demostrar lo correcto de su decisión, sino también para todo lo contrario: para acentuar la carencia de importancia de cualquiera de las dos decisiones. Sin duda, parece el modo de actuar propio de un existencialista y/o un nihilista. En 1954, Todd se sienta para escribir un relato de ese día memorable y para contar por qué no se suicidó después de todo; de hecho, tenía siete cajas de melocotones llenos de anotaciones sobre el asunto. Todd concluye que no existe razón última para vivir, ni para suicidarse. Incluso llega a la conclusión de que no existe motivo alguno para leer su novela.

A pesar de los defectos que críticos de prestigio han afirmado ver en la novela, debidos principalmente al entusiasmo de un novelista joven que a veces exhibe un poco de postureo (como se dice hoy en día), creo que la ausencia de unidad estructural no es uno de ellos. Por el contrario, la coherencia de la narrativa es una de las cosas que más me ha gustado. Pero también es cierto que no he percibido su ópera como una farsa, sino como una novela metatextual que enmascara una realista. No en vano, su tema principal, tal como sugiere con sutileza el título, aborda la complicada relación entre el creador y su arte. De hecho, el significado del título, explícito e implícito, señala precisamente en esta dirección.

John Barth admitió que el título de la novela está inspirado por el nombre de un barco que vio en 1937. El citado showboat, o barco con teatro abordo, recorría Virginia y Maryland. También aporta una segunda explicación más profunda, según la cual, era su sueño construir un showboat que estuviera siempre a la deriva, con una sola cubierta abierta donde de forma ininterrumpida pudieran realizarse espectáculos para una audiencia que, desde la orilla, vería tan sólo la parte del espectáculo que la marea le permitiera cuando el barco pasara por delante. Una poderosa metáfora para la narrativa de John Barth.

El showboat es también el lugar donde se desarrolla el clímax abortado de su suicidio. El lugar que reúne por última vez a los personajes de la historia, preparados para que su amigo los haga saltar por los aires. Todd, ahora de cincuenta años de edad, les permite esquivar su destino fatal por el simple motivo de que ha llegado a la conclusión de que, en realidad, no hay más justificación para el suicidio que para seguir viviendo.

Respetando las opiniones de avezados críticos en una dirección diferente, creo que La ópera flotante es esencialmente una novela cómica. Puede ser bastante divertida a ratos, si bien John Barth exhibe un humor negro que no resulta siempre fácil de comprender. Coincido con la opinión de muchos de estos críticos, quienes afirman que La ópera flotante es también –aunque no sé si sobre todo –una novela filosófica en la que Todd expone su exacerbado nihilismo; su creencia en que la vida no tiene sentido ninguno. La vida de Todd es, en realidad, satisfactoria, en el sentido que es un abogado de éxito que hace mucho dinero, y tiene una hermosa amante. Pero su vida es también bastante triste: tiene una amante, pero no una esposa; a veces no puede dar la talla en la cama; su padre se suicidó; vive en un hotel; su actitud hacia la ley es que se trata de un juego cínico, etc. El contraste entre estas visiones contrapuestas de su propia existencia le lleva a tomar unas decisiones drásticas.

La ópera flotante es un libro divertido y fácil de leer, con el contrapunto efectivo de ese lado oscuro que aflora a lo largo de la narración. Algunos contados capítulos, tales como aquellos en que se aborda el proceso judicial de los Mack, resultan algo tediosos, si bien hay algunos otros, recuerdo en especial el titulado “Coito”, que son extraordinarios. En este capítulo, muy al comienzo del libro, Todd narra, entre la incredulidad y el cinismo que lo caracteriza, su relación adúltera con la bella Jane Mack; cómo ambos miembros del matrimonio le animan a que se embarque en ese sui géneris menage a trois, sus reticencias iniciales y el enorme deleite que le supuso irse a la cama varios centenares de veces con la hermosa y complaciente Jane Mack. Un capítulo glorioso. Sinceramente, una de las piezas narrativas que más he disfrutado en los últimos años. Una espléndida exhibición de la armonía narrativa de Barth, de su sentido del humor, de su cinismo, de su forma especial de acercarse al tema del amor y la sensualidad. Sólo por estas páginas merece la pena haber leído esta novela que tan extraña les habrá parecido a los lectores que no estén familiarizados con la literatura postmoderna, de la que he de confesarme un fiel seguidor.

John Barth, nacido en 1930 y aún vivito y coleando, está considerado como uno de los decanos de la novela postmoderna norteamericana.

A.G.

miércoles, 5 de abril de 2017

Lecturas recientes: Tigre blanco


Tigre blanco (2008)
Aravind Adiga

Nos encontramos ante la historia de Balram Halwai, quien ha decidido contarle la verdad acerca de la India a Wen Jiabao, el Primer Ministro de China, antes de su próxima visita de estado al país. Su narrativa triunfal, configurada de un modo algo inexplicable mediante una serie de cartas, se despliega a lo largo de siete días y siete noches en Bangalore. En ellas Balram no sólo cuenta su historia, sino que critica con virulencia su país, sirviéndose del humor negro y de un lenguaje crudo y simple.

Se trata, no obstante, de una historia mucho más complicada de lo que puede pensarse inicialmente. Balram es hijo de un tirador de rickshaw que vive en un pequeño pueblo de la India. La miseria en que vive su familia le resulta tan repulsiva que decide buscarse un porvenir alejado de ellos. Por eso está siempre alerta a las oportunidades que puedan aliviar su pobreza. Aprende a conducir y consigue un trabajo como chófer del señor de su pueblo. La suerte le acompaña cuando le piden que acompañe a Ashok, el hijo de su señor, a Delhi como su chófer personal. En Delhi, Balram aprende los modos y maneras de la sociedad urbana: un buen observador aprende rápido, afirma, y así Balram se da cuenta muy pronto de que un poco de indecencia puede reportar el suficiente dinero para asegurarse un futuro próspero.

Balram no tarda en descubrir que el señor al que sirve es un hombre de voluntad débil. Ashok, moderno y liberal, expresa constantemente su sentimiento de culpa por la forma en que trata a Balram, pero sus buenas palabras no llegan nunca a ser más que eso, palabras.

Resuelto a hacer cualquier cosa para conseguir dar un giro a su vida, Balram encuentra la oportunidad perfecta un día lluvioso, mientras lleva en el coche a su jefe. Balram le machacael cráneo a Ashok y le roba una bolsa que contiene una gran cantidad de dinero –el importe de una mordida rutinaria–, con el que financia su negocio de taxis en Bangalore. Un negocio que, como tantos otros, depende de tener contenta a la policía con sobornos periódicos; las mismas que hacía su jefe a los ministerios del gobierno. Años más tarde, Balram disfruta de una carrera exitosa y está considerado como un miembro influyente de los círculos de poder de Bangalore.

En definitiva, Balram se jacta de ser un emprendedor moderno; un hombre hecho a sí mismo que ha surgido a las espaldas de la elogiada industria tecnológica de la India. En una nación que se desprende con orgullo de una historia de pobreza y subdesarrollo, Balram afirma representar “el mañana”.  En este sentido, podría parecer el prototipo de héroe indio moderno en un país embriagado por su potencial económico recién descubierto. No obstante, si hay algo cierto es que Balram es un asesino ciertamente satírico y un manifiesto antihéroe.

A modo de parábola de la nueva India, la historia de Balram presenta, pues, un giro macabro. No sólo es un empresario, sino un pícaro criminal con una notable capacidad de autojustificación. Asimismo, el escenario en el que opera no es sólo una nación y una economía emergentes, sino un paisaje de corrupción, desigualdad y pobreza. De hecho, en algunos pasajes Balram describe la vida de su familia en la “Oscuridad”, una región caracterizada por la penuria que está dominada por los señores, y donde se saca a los niños de la escuela para engrosar las filas de la servidumbre y las elecciones se compran y se venden de forma rutinaria. Este mundo sombrío tiene poco que ver con las brillantes imágenes de las estrellas de Bollywood y los empresarios de la industria tecnológica que se han encargado de sustituir los clásicos estereotipos indios.

Mediante una prosa desnuda y alejada del sentimentalismo, Adiga despoja su nación de su brillo autocomplaciente y revela, en cambio, un país en el que la compacta sociedad india parece resquebrajarse y mostrar un punto de ruptura. Balram incluso justifica el asesinato de su jefe como un acto de enfrentamiento de clases.

La obra trae a primer plano las desigualdades que persisten en la nueva prosperidad de la India. Adiga no pierde la oportunidad de recordar a sus lectores la crueldad de su país. En este sentido, los personajes parecen también ser superficiales. El jefe de Balram y su mujer son meras caricaturas de la insensible clase alta, cruel y distante de sus empleados. Aunque el personaje de Balram es más interesante, su credulidad e inocencia resultan a veces difíciles de creer. Por eso quizá se pueda llegar a la conclusión de que los personajes de la novela quedan reducidos a meros símbolos. Existe una ausencia de complejidad humana, no sólo en sus personajes sino, lo que es más problemático, en su retrato de una nación que en realidad se encuentra atrapada entre la visión de Adiga y la visión más brillante que tan clara y apropiadamente ridiculiza. Al carecer de una perspectiva más equilibrada –quizá ésta no sea más que la visión de un outsider ciertamente superficial– la novela resulta algo simple, puesto que se revela como un retrato incompleto de una nación y un pueblo en plena lucha con las ambigüedades de la modernidad.

La novela se revela como una parábola de la cambiante sociedad india. A muchos escritores como Adiga, vivan en la India o en el extranjero, parece habérseles caído las vendas de los ojos y han venido a presentar a la India como un lugar de injusticia brutal y sórdida corrupción. Un lugar en el que los pobres están siempre desposeídos y victimizados por sus enemigos sempiternos: los ricos.

Sin embargo, llama la atención que Adiga olvide en su narración la presencia de una incipiente clase media, nacida al albur del progreso económico. Él empieza en la “Oscuridad” rural, un mundo de señores y criados, sin ni siquiera un nombre; su familia lo llama simplemente “Munna” o “chico”. En día que Balram se topa con la fortuna de conducir el coche de un rico de Nueva Delhi, cree haber entrado en el mundo de la “Luz”, pero no es así, pues en ese mundo la oscuridad moral no hace sino crecer cada vez más. Entra, así, en un mundo de amos y siervos. Según su percepción, el secreto de la India es el modo en que su extrema desigualdad queda estabilizada por sus fuertes estructuras familiares. Nunca antes en la historia de la humanidad, afirma Balram, tan pocos han debido tanto a tantos. Sólo se puede avanzar mediante el clientelismo y la corrupción, o gracias al método de Balram: salirse del “corral” de la moral convencional. Por eso, debe también contarle al Primer Ministro chino cómo él mismo se convirtió en un big belly. Cansado de su vida de servidumbre, decide realizar una acción violenta que le asegure un lugar entre los ricos de Delhi. Sin embargo, Balram parece sufrir bien poco por su falta. El protagonista justifica su rabia como una reacción a la avaricia de la élite india, que se esfuerza por perpetuar un sistema en el que muchos son sacrificados en beneficio de unos pocos.

Novela fresca, divertida y diferente que gustará a aquellos que deseen saber acerca de la India actual, si bien la ofrece menos de lo que podría haber conseguido. Quizá exagere la fealdad, y en este sentido podemos afirmar que la historia que nos cuenta Adiga es algo sensacionalista y no muy plausible. Creo que es posible que exista esperanza en la Oscuridad que vemos retratada en Tigre blanco. Nunca he estado en la India, pero tal como cuentan los extranjeros que con ojo crítico han hablado de su experiencia en este país de contrastes, un futuro mejor es posible, a pesar de todo lo que aún queda por hacer en materia social, cultural y económica en los pueblos indios. Hay maestros de los que los niños pueden aprender y médicos que ayudan a los pobres, y se puede albergarse, por tanto, la esperanza de un futuro mejor.

A.G.

lunes, 13 de marzo de 2017

Lecturas recientes: Los detectives salvajes


Los detectives salvajes (1998)
Roberto Bolaño

El poeta chileno Arturo Belano y su amigo mexicano, Ulises Lima, se hacen llamar real visceralistas; un dúo salvaje que aparece por doquier en la obra de Bolaño. Lima está basado en uno de los amigos de Bolaño, el poeta Mario Santiago, y Belano, en el propio autor.

Su enemigo es el gran poeta Octavio Paz, un personaje que apenas aparece en una extraña escena en la que camina en círculos en un parque. Los real visceralistas se reúnen en bares, roban libros, venden drogas, tienen amantes, dirigen una revista, excomulgan a miembros díscolos y se pelean con poetas mexicanos. Aunque no llegamos a leer ningún poema de Belano ni de Lima, disponemos de informes acerca de sus actividades, sus lecturas, los relatos que sus amantes cuentan de ellos en la cama y en la carretera.

Bolaño da a su novela una extraña estructura tripartita. La primera parte es narrada por Juan García Madero, un joven poeta en ciernes que se encuentra en pleno proceso de formación, tanto erótica como poética, y al que le han pedido que se una a un grupo de los real visceralistas. García Madero relata en forma de diario su iniciación en el real visceralismo de Belano (con una pizca del realismo mágico de García Márquez y otros autores) y sexo gráficamente real visceralista.

Bolaño sitúa la acción en México DF, y nos recuerda la excitación y el aburrimiento, la ignorancia y pretenciosidad literaria, la ambición erótica y el ansia de ser un escritor joven en compañía de personas afines. Uno de sus amigos, un poeta gay, clasifica, de forma absurda y grandilocuente, toda la literatura como homosexual, heterosexual o bisexual. El narrador afirma que, para su amigo, las novelas en general, eran heterosexuales, mientras la poesía era completamente homosexual; era de suponer que los relatos cortos eran bisexuales, aunque no afirmaba nada al respecto.

García Madero conoce a una familia y pierde la virginidad con una de las hijas, María Font. Mientras tanto, Ulises Lima y Arturo Belano han desarrollado una peculiar obsesión por una poetisa de los años 20 llamada Cesárea Tinajero, un surrealista y modernista que pertenecía a los precursores de los posteriores real visceralistas. Su obra es reverenciada por otros escritores de eses periodo, pero no hay dónde encontrarla.

Esta sección termina en el momento en que Belano abandona México DF, en compañía de Lima, García Madero y Lupe, una prostituta. Belano marcha tras las huellas de Cesárea Tinajero, de quien se sabe que marchó al desierto de Sonora en los años veinte.

La narrativa se detiene, o más bien da paso a decenas de micronarrativas que constituyen la segunda parte de la novela, una sección de aproximadamente cuatrocientas paginas. El movimiento hacia adelante es remplazado por una especie de tour de personajes repleto de entrevistas en primera persona con anotaciones de testigos, amigos, amantes, conocidos y enemigos de Lima y Belano.

La vida de todas las personas que aparecen aquí se cruzan, aunque sea de forma breve, con los dos reales visceralistas, desde 1976 a 1996. Es como si el novelista hubiera cogido una grabadora y viajado por el mundo, desde México DF a San Diego, Barcelona y Tel Aviv, desesperado por averiguar qué fue de los jóvenes y optimistas poetas que bien podrían estar ya sentenciados. ¿Dónde fueron después del desierto de Sonora? ¿Qué trabajo tuvieron? ¿Qué escribieron? ¿Qué fue de toda esa ambición?

Lima y Belano vienen y van de las vidas de otras personas, y las noticias no son buenas. Tratan con drogas, a menudo están colocados, cambian continuamente de trabajo. Lima pasa un tiempo en París, pobre de solemnidad. A Belano se le ve cerca de Perpiñán, buscando a un amigo desaparecido que está a punto de suicidarse. Un pintor entrevistado en México DF en 1981 afirma que Belano y Lima no eran revolucionarios, sino escritores que a veces escribían poesía, pero tampoco cree que fueran poetas. Belano se muda a Barcelona y trabaja lavando platos en un restaurante. Lima se va a Nicaragua y desaparece allí. Dos años más tarde regresa a México DF y es visto por el secretario de Octavio Paz. Lima se acerca al insigne poeta y ambos se sientan a hablar en un banco. Lima, que parece haberse olvidado de sus ideas revolucionarias, le da la mano sumisamente al premio Nobel, que jamás ha oído hablar de él, y vuelve a desaparecer.

Finalmente Lima y Bolano encuentran un poema de Cesárea Tinajero, publicado en una revista de segunda. No es ni siquiera un poema, sino un jeroglífico. Se llama “Siíon” y consiste en dibujos de tres líneas. En el primer dibujo, vemos un cuadrado que parece un barco en el horizonte, sentado en una línea recta. En el segundo dibujo, la línea curva ondula como un mar, pero el pequeño cuadrado con forma de barca está flotando en las olas. En el tercer dibujo, la línea se contorsiona y la pequeña barca apenas cuelga de una ola vertiginosa. Un poema, en definitiva, que podría significar muchas cosas.

En La tercera parte, vemos a Belano y Lima enfrascados en su ardua búsqueda en docenas de aldeas del desolado desierto de Sonora. El realismo visceral de Belano (y de Bolaño) significa evocar lo oscuro y humilde.

Como gran parte de su obra literaria, Los detectives salvajes es una novela ingeniosamente autobiográfica sobre poesía y poetas, y sobre la dificultad de mantener las esperanzas de la juventud. Bolaño ha creado un protagonista que toma prestado mucho de su propia biografía, incluso su propio nombre. Bolaño es Belano, el escritor y detective salvaje del título.

La novela se disfruta mucho, gracias a la sensibilidad y el magistral manejo del lenguaje de Bolaño, y sus atmósferas sólidamente imaginadas, aunque goza de un tono coloquial que resulta a veces sorprendentemente no literario.

El chileno Roberto Bolaño, fallecido a la edad de cincuenta años, es quizá la figura más notable de la generación sucesora de la abanderada por García Márquez y Vargas Llosa.

A.G.

jueves, 2 de marzo de 2017

Lecturas recientes: Mucho ruido y pocas nueces


Mucho ruido y pocas nueces (1958-9)
William Shakespeare

Leonato, un noble, amable y respetable, vive en la idílica ciudad italiana de Messina. Comparte su casa con su querida hija Hero, su inteligente y bromista sobrina Beatrice, y su hermano mayor Antonio, el padre de Beatrice.

Al comienzo de la obra, Leonato se prepara para recibir en casa a unos amigos que vienen de la guerra. En el grupo de soldados victoriosos se encuentra el príncipe don Pedro, es un buen amigo de Leonato, y dos de sus camaradas: Claudio, un noble joven respetable y guapo, y Benedick, un hombre inteligente que hace bromas ingeniosas todo el tiempo, y a menudo a expensas de sus amigos. Benedick es conocido por su destreza tanto en el arte de la guerra como en el de la palabra. Se autoproclama misógino y gusta de jurar que jamás sentará la cabeza. Don Juan, el hermano ilegítimo de don Pedro, también forma parte de la partida. Es un hombre taciturno y antipático que causa problemas a los demás.

Al poco tiempo de llegar los soldados a la casa de Leonato, Claudio y Hero se declaran su amor y deciden casarse. Mientras tanto, Benedick y Beatrice retoman la guerra de insultos ingeniosos que solían arrojarse el uno al otro en el pasado. A diferencia de Hero, Beatrice no tiene pelos en la lengua.

Para pasar el tiempo durante la semana antes de la boda, los amantes y sus amigos deciden jugar a un juego. Quieren que Beatrice y Benedick, que están claramente hechos el uno para el otro, dejen de discutir y se enamoren. Sus trucos darán con el tiempo el resultado esperado.

Pero don John está empeñado en perturbar la felicidad de los demás. Envía a su compañero Borachio a cortejar a Margaret, la sirvienta de Hero. En la oscuridad e la noche, también lleva a la ventana de la criada a Don Pedro y a Claudio para que lo vean. Creyendo que ha visto a Hero siéndole infiel, Claudio se enfada y humilla a Hero el día de su boda acusándola de lujuria y la abandona en el altar. Los afligidos miembros de la familia de Hero deciden fingir que ella murió de repente a causa del impacto y el dolor, y la esconden lejos mientras esperan que la verdad sobre su inocencia salga a la luz. Como resultado del rechazo, Benedick y Beatrice se confiesan finalmente su amor. Por suerte, los vigilantes nocturnos oyen a Borachio fanfarronear de su crimen. Dogberry y Verges, los cabezas de la policía local, arrestan a Borachio y a Conrad, otro de los seguidores de don John. Todos se enteran de que Hero es inocente en realidad, mientras Claudio, que cree que está muerta, llora su pérdida.

Leonato le dice a Claudio que, como castigo, tiene que hacer saber a todos los habitantes de la ciudad de la inocencia de Hero. También quiere Leonato que Claudio se case con su sobrina, una chica que, según dice, se parece mucho a la muerta Hero. Claudio marcha a la iglesia con los demás, dispuesto a casarse con la misteriosa mujer enmascarada que cree la sobrina de Hero. Cuando Hero, la mujer enmascarada, descubre su identidad, Claudio no puede sentirse más feliz. Benedick le pide entonces a Beatrice que se case con él, y después de una pequeña discusión, acaban poniéndose de acuerdo.

Mucho ruido y pocas nueces está considerada como una de las mejores comedias de Shakespeare, pues combina elementos de gran hilaridad con meditaciones serias sobre el honor, la culpa o la política. Al igual que Como deseéis y Noche de Reyes, Mucho ruido y pocas nueces acaba con matrimonios múltiples y sin muertes.

Aunque una de las características de las comedias de Shakespeare es que nadie muera, sería un error dar por hecho que la muerte no está presente en este género. A menudo, sus comedias aceptan la muerte mejor que las tragedias, y tratan ésta como una parte del ciclo natural de la vida. Mucho ruido y pocas nueces no es una excepción, y que Hero finja haber muerto de humillación hace que la muerte esté más presente aquí que en cualquiera de sus otras comedias.

La crisis que subyace en el centro de Mucho ruido y pocas nueces configura una obra que crea un fuerte sentido de enfado, traición, odio, dolor y desesperación entre los personajes principales. Aunque la crisis acaba resolviéndose, Mucho ruido y pocas nueces parece haberse escapado por los pelos de convertirse en una una tragedia. De hecho, la línea divisoria entre tragedia y comedia no es siempre muy nítida. Muchos críticos han señalado que el argumento de Mucho ruido y pocas nueces comparte elementos significativos con el de Romeo y Julieta y con el de la última obra teatral de Shakespeare, Cuento de invierno, que la mayoría de los críticos asignan a un género diferente, el de problem comedy o romance. Al igual que Hermione en Cuento de invierno, Hero escenifica una muerte falsa para volver a la vida una vez que su amado se ha arrepentido.

Aunque los jóvenes amantes Hero y Claudio proporcionan el ímpetu principal de la trama, la cortesía entre los mayores, los amantes más sabios Benedick y Beatrice, es lo que convierte a Mucho ruido y pocas nueces en una obra tan memorable. Benedick y Beatrice discuten con un ingenio delicioso, y Shakespeare realiza su viaje desde el antagonismo al amor sincero con un rico sentido del humor y la compasión. Puesto que Beatrice y Benedick tienen una historia detrás de ellos que añade peso a su relación, son mayores y más maduras que los típicos amantes de las comedias de Shakespeare. Sin bien su competitividad insana los revela como novicios infantiles cuando llega el amor.

Mucho ruido y pocas nueces es una deliciosa comedia que aborda un buen número de los temas favoritos de Shakespeare, tales como la confusión entre los amantes, la guerra de sexos y la reparación del amor y el matrimonio, temas todos ellos muy habituales a lo largo de la historia de la literatura. Más original es, sin duda, el tratamiento de la gracia social: el modo de hablar denso y extravagante de los personajes representa el ideal por el que luchan de los cortesanos renacentistas en sus interacciones sociales. El lenguaje de la obra está saturado de metáforas y ornamentado con retórica. Benedick, Claudio y don Pedro emplean ese tipo de charla ingeniosa que solían utilizar los cortesanos para atraer la atención y aprobación en las casas de los nobles. Se esperaba que los cortesanos hablaran en este tono elevado, si bien sus inteligentes actuaciones debían parecer brotar sin esfuerzo. Así pues, Benedick enmascara su esfuerzo y parece proyectar elegancia y gracia naturales mediante la ilusión del no esfuerzo. Tanto él como sus compañeros intentan exhibir sus pulidas gracias sociales tanto en su comportamiento como en su discurso o forma de hablar. No en vano, el argumento de la obra está basado en engaños deliberados, algunos malevolentes y otros benignos. Uno de estos engaños trae como consecuencia la desgracia de Hero, mientras el ardid de su muerte allana el camino para su redención y reconciliación con Claudio. De un modo más ligero, Beatrice y Benedick son llevados a pensar que el uno ama al otro, y en realidad se enamoran del otro como consecuencia de ese engaño.

La obra muestra que el engaño no es inherentemente malo, sino algo que puede ser causado como un medio de lograr buenos y malos fines. Por eso, resulta difícil a veces distinguir entre el engaño bueno y el malo. De hecho, los personajes se ven con frecuencia atrapados en sus propias ilusiones y en las que ayudan a crear los unos para los otros. Así, por ejemplo, Benedick y Beatrice flirtean cáusticamente en el baile de máscaras, posiblemente conscientes ambos de la presencia del otro y, sin embargo, fingiendo no conocer a la persona que se esconde detrás de la máscara.

Del mismo modo, cuando Claudio ha avergonzado y rechazado a Hero, Leonato y los suyos anuncian que Hero ha muerto para castigar a Claudio por su error. Cuando Claudio regresa, penitente, para aceptar la mano de la “sobrina” de Leonato (Hero, en realidad), entra un grupo de mujeres enmascaradas y Claudio debe casarse ciegamente. El enmascaramiento de Hero y las otras mujeres revela que la institución social del matrimonio tiene poco que ver con el amor. Al final, el engaño resulta no ser ni totalmente positivo ni negativo, sino un medio de llegar al final, de crear una ilusión que ayuda a conseguir el éxito social.

Por supuesto, Mucho ruido y pocas nueces, no es tan sólo una comedia romántica. La obra crea una contrapartida más ligera y frívola de alguna de las tragedias más oscuras de Shakespeare. Como en Romeo y Julieta vemos a un amante que se hace pasar por muerto con la esperanza de una reconciliación romántica con el hombre al que está prometida. Sin embargo, a diferencia de esta tragedia, el amante no se da cuenta de su error demasiado tarde. Los amantes en Romeo y Julieta y Otelo son amantes estúpidos, en el sentido que se enamoran a primera vista y se idealizan, para más tarde mostrarse incapaces de superar las dificultades con que se encuentran sin llegar a matarse a sí mismos o el uno al otro. En La fierecilla domada, sin embargo, encontramos a amantes sabios, cuyo cortejo es más como un combate en el que cada uno de ellos deliberadamente prueba al otro. En ninguna otra obra de Shakespeare se contrastan con más claridad estos dos tipos de parejas que en Mucho ruido y pocas nueces.

A.G.

martes, 14 de febrero de 2017

Lecturas recientes: El arte de la guerra


El arte de la Guerra (siglos V-III a. C.)
Sun Tzu

El supremo arte de la guerra
es someter al enemigo sin luchar.

Concebido como un tratado militar de la antigua China, El arte de la guerra es un clásico de la ciencia de los estudios militares. Durante generaciones, los investigadores han tratado de averiguar quién fue Sun Tzu, o si en realidad existió. La leyenda afirma que fue un general chino de la época conocida como el Período de la Primavera y el Otoño. Fue éste un tiempo gran agitación en China, pues muchos estados vasallos competían por el poder y control de los territorios menos poblados del país. Bajo estas circunstancias, la destreza como guerrero de Sun Tzu estuvo muy demandada.

El arte de la guerra es un libro difícil de resumir a pesar de su brevedad. Contiene trece capítulos, si bien existe evidencia de que hubo más, cada uno de los cuales aborda un aspecto diferente de la guerra. En este corto espacio, encontramos una enorme lista de consejos militares y una gran sabiduría. Se abordan los diferentes tipos de lucha o confrontación, sea externa o interna. Se habla, por ejemplo, de la importancia de conocerte a ti mismo y a tu enemigo. Si conoces a los demás y a ti mismo, no te pondrás en peligro en el campo de batalla; si no conoces a los demás, pero te conoces a ti mismo, ganas una batalla y pierdes otra; si no conoces a los demás ni a ti mismo, estarás siempre en peligro.

Pero El Arte de la Guerra trata de algo más que la guerra. Trata de cualquier tipo de lucha o confrontación. Tomado de un modo literal, puede entenderse la utilidad de sus consejos en la guerra de la antigüedad; tomado de un modo metafórico, sus consejos se pueden aplicar fácilmente a las técnicas utilizadas en los negocios, la política o cualquier otro lugar en el que exista algún tipo de conflicto o confrontación. En este sentido, una gran parte de la obra trata del liderazgo y las mejores cualidades que ha de tener un líder: “El liderazgo es una cuestión de inteligencia, confianza, humanidad, coraje y severidad”. Sun Tzu resalta la importancia de la disciplina en el liderazgo, con recompensas y castigos establecidos que han de aplicarse de forma congruente de modo generalizado. Un buen consejo para un general, tanto como para el ejecutivo de una empresa, un entrenador o un político.

En efecto, gran parte de los contenidos de la obra son fácilmente aplicables al tiempo actual. Tomemos, por ejemplo, la siguiente frase: “Considera los defectos de la personalidad de tu enemigo y utilízalos para tu propio beneficio”. Es un buen consejo, sin duda. O estas otras: “Que tus planes sean oscuros e impenetrables como la noche”. “Toda guerra está basada en el engaño”.

Estos consejos pueden aplicarse, por ejemplo, al mundo del deporte. Dudo que los atletas profesionales participen en una competición importante sin haber analizado en casa los movimientos de sus rivales. Del mismo modo, los generales tienen que diseccionar las estrategias del enemigo hasta el más mínimo detalle antes de de articular su propia estrategia.

Este consejo es de vital importancia en un buen número de situaciones. Mucha gente comete el error de competir sin comprender a sus rivales, y lo que es peor, a veces sin ni siquiera conocerlos. Siempre que te encuentras inmerso en un conflicto, debes ser consciente de tus puntos fuertes y débiles, al igual que de los de tu rival. El consejo de Sun Tzu resulta válido en muchas situaciones diferentes.

No existe un modo mejor de aprender todas y cada una de las facetas del arte de la guerra que de personal militar con experiencia. Y mucho mejor si esa persona es también un estratega y filósofo. Esto es exactamente lo que era Sun Tzu; un militar, general, filósofo y estratega. Hoy en día, su obra es cada vez más popular entre líderes políticos, estrategas militares y profesionales de la administración de empresas y los negocios.

Podemos juzgar lo asombroso que es El arte de la guerra por el hecho de que, tal como hemos visto, sigue en valor hoy en día. Además de su relevancia histórica, el libro aún retiene su pleno valor en su habilidad de aconsejar al lector, puesto que uno puede aplicar su sabiduría a algo más que el militarismo arcaico. Por ejemplo, la frase “la mejor victoria es cuando el enemigo se rinde por voluntad propia antes de que haya hostilidades”, o “Es mejor ganar sin luchar”. Aunque Sun Tzu afirmaba esto en el contexto de la estrategia militar, este consejo se aplica a todos los conflictos, y la lucha puede significar más que sólo violencia.

Los hombres de negocios pueden utilizar, más que nadie, las enseñanzas de El arte de la guerra, pues la competencia entre los negocios modernos en el mundo de la empresa refleja la competencia entre los militares de la antigüedad.

En definitiva, una obra muy reveladora e instructiva. Un libro enigmático, mundano a veces pero tremendamente poético, cuya lectura recomiendo encarecidamente.

A.G.