Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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viernes, 13 de octubre de 2017

Sorpresas gratas: La maravillosa vida breve de Óscar Wao


La maravillosa vida breve... (2007)
Junot Díaz

Tal como sugiere el título, ésta es la crónica de la vida breve de su protagonista, un adolescente obeso y virginal que crece en Paterson, Nueva Jersey, durante la década de los ochenta. A lo largo de esta vibrante novela, Junot Díaz retrata la infatigable búsqueda de la felicidad de su protagonista, una mezcla de dominicano y estadounidense, mientras nos da un paseo por un siglo de historia dominicana y nos muestra cómo la vida breve de un chico solitario puede ejemplificar la experiencia del emigrante. Desde el comienzo se tiene la impresión de que la familia de Óscar está condenada por una maldición de las Antillas llamada “el fukú”. Se cree que la llegada de los europeos a la isla de la Española liberó el fukú en el mundo, y desde entonces nadie ha sido capaz de acabar con él.

La soledad de Óscar se ve agravada por su innato carácter friki, un amor por la ciencia ficción, una madre inconmensurable y una hermana contracultural. Óscar personifica la antítesis de la masculinidad dominicana. Es un outsider entre outsiders, un virgen intelectual en medio de una cultura de dominicanos emigrantes en la que el sexo es lo único que parece pervivir. Predestinado a una vida de perpetuo bochorno y humillación, Óscar se regocija en el mundo friki: cómics, películas de ciencia ficción, anime, juegos de rol y novelas fantásticas; esto es, el almacén pop-literario de mitos y fantasías que suele creerse habitado por chicos frustrados sexualmente y socialmente marginados. Adora el mundo creado por Tolkien, cita a Star Trek y juega a Dragones y Mazmorras. Su ambición es escribir una épica de fantasía espacial en la que combinar los temas característicos del autor de El señor de los anillos y Doc Smith. Admira series británicas como El Doctor Who y Blake’s 7. Cuando llega a la universidad comete el error de disfrazarse en Halloween de Tom Baker, el actor que encarna al Doctor Who. Este error le hace parecerse a Óscar Wilde, que el acento dominicano transforma en Wao.

Pero la vida de Óscar no es siempre el principal centro de atención de la narrativa, pues otros personajes importantes en su vida cobran protagonismo. En realidad, Óscar parece a menudo como poco más que un exiliado en el libro que lleva su nombre. El relato de sus frustrados romances, sus intentos de suicidio, sus amistades y proyectos literarios se ve interrumpido, y eclipsado, por episodios de historia familiar que revierten el camino migratorio desde la República Dominicana a Estados Unidos, de tal modo que la narración se concentra en las mujeres de la familia de Óscar.

Su hermana Lola, que hasta entonces no había sido más que una presencia nebulosa, relata en su diario su lucha adolescente con su madre vituperadora, Beli. Lola es una rocker punk desenfrenada, un as del volante y en muchos aspectos un personaje más vívido y magnético que su hermano. Mantiene una relación tumultuosa con Yunior, que es precisamente quien narra la historia de Óscar. Pero el chico dominicano de estos relatos ha crecido, del mismo modo que el autor, hasta convertirse en un narrador de historias apasionante y coloquial. A través de sus ojos, el que fuera compañero de habitación de Óscar en Rutgers y su reticente protector, conocemos la vida de Óscar durante sus años universitarios. Su voz reverbera jerga hip-hop, habla de gueto y, sobre todo, un cariño creciente por el lerdo de su amigo. Yunior es lo opuesto a Óscar en cualquier modo imaginable.

Más adelante, la narrativa da marcha atrás y se remonta a los años de formación de Beli en la República Dominicana, bajo el mandato de Rafael Trujillo, el dictador genocida que dirigió el país con mano de hierro desde 1930 hasta que los Estados Unidos ordenaron su ejecución en 1961. Entre el Santo Domingo de la época actual y la era de Trujillo, los personajes sufren un horrendo trama físico y emocional en su tierra natal, si bien, una vez han emigrado a Estados Unidos, tratan que las historias desaparezcan de la memoria colectiva.

Beli bien podría encarnar el estereotipo de la fiera mujer sudamericana que cría a sus hijos sola y trabaja hasta la extenuación en oficios de baja categoría mal pagados. Su notable biografía conforma la verdadera espina dorsal de la narrativa. En Baní, la ciudad de provincias de la República Dominicana donde se crió, Beli era una belleza de piel morena, una estudiante becada en un sofisticado colegio privado y finalmente la amante de un conocido criminal. El doloroso tránsito familiar de su hijo a la vida adulta es comparado con su propia transformación. Cuando la conocemos, se trata de una borderline enfadada, una matriarca que lucha con su hija y acaba agotada por trabajo y la preocupación. Pero capítulos posteriores muestran a Beli como una hija rebelde que lucha con La Inca, la pobre pero respetuosa pariente en cuya casa se crió. Los padres de Beli (médico y enfermera) eran miembros de la burguesía que se enemista con Rafael Trujillo, un dictador brutal, incluso para lo habitual de mediados de siglo XX en Sudamérica. Y justo por ese motivo Trujillo resulta ser una gran bendición para Díaz, que retrata los pueblos y ciudades de su país en las décadas de los 40 y 50, un periodo que es tan violento como sensual y exótico. Puede que la isla esté maldita y encantada, pero está también hechizada; incluso los recuerdos más amargos parecen suavizados por la nostalgia. Los espíritus malignos que son invocados periódicamente para explicar la mala suerte de la familia de Wao son también, para el novelista y para sus personajes, auténticos amuletos. Sin los horrores y las supersticiones del viejo país, sin la dulzura tropical que modula la prosa de Díaz incluso en momentos de gran crueldad, Óscar Wao no sería más que otro friki con una larga lista de desesperadas obsesiones sexuales no consumadas.

El tono narrativo de Díaz es la revelación más importante de Óscar Wao. Once años después de que publicara Los boys (Drown), una colección de historias semiautobiográficas ambientadas en la República Dominicana, Díaz escribe una obra más estilizada y ambiciosa en la que narra la rápida mezcla de referencias culturales frikis y jerga urbana. Aunque los temas y motivos de la novela son reminiscencias de muchas sagas familiares de emigrantes, la historia engancha y es emocionante. De hecho, es difícil pensar en una novela que contenga tanta brutalidad, tortura, violación, asesinato y suicidio como ésta.

A pesar de abarcar un espacio de tiempo relativamente compacto, la novela contiene una rebelde multitud de estilos y géneros. De hecho, la historia de transición a la vida adulta de Óscar es quizá la capa más fina, pues el drama de un joven adulto cubre la crónica de una familia emigrante multigeneracional que se aventura en el realismo mágico tropical, el feminismo punk-rock, el machismo hip-hop o la pirotecnia postmoderna.

Reuniendo todos estos elementos surge una voz que es profana, lírica, culta e incansable, un derroche de acentos y lenguas que coexisten dentro de una única personalidad. La voz narrativa pertenece la mayor parte del tiempo a Yunior, quien sólo gradualmente se deja ver detrás de la cortina de una narración aparentemente omnisciente para revelarse como un personaje.

No obstante lo dicho, la novela es algo más que la épica de un friki, pues Junot nos cuenta una historia perfectamente acompasada de emigración y asimilación. Al crear a Óscar, Junot Díaz ha utilizado un estereotipo para subvertir otro. No todos los dominicanos son unos machotes, y no todos los fanáticos de la ciencia ficción, el anime y Dragones y Mazmorras son chicos blancos. El machismo de la cultura de dominicano-americanos de segunda generación es una fuente interminable de angustia para el joven Óscar, y uno es consciente de que su vida va a ser breve pues es demasiado bondadoso para ella.

La novela ofrece un punto de vista novedoso e ilustrativo de las experiencias postcoloniales. Díaz sugiere que los emigrantes de países en guerra habitualmente se llevan consigo al nuevo mundo los motivos por los que se marcharon: miedo, sospecha y descontento. En efecto, Díaz ha conseguido retratar tanto la particularidad de la vida interior de un adolescente dominicano en Nueva Jersey, como llegar a conclusiones de carácter universal acerca de hombres y mujeres, de raza y clase social.

Una novela estupenda (gloriosa en algunos momentos) que recuerda por momentos a las obras de algunos de los miembros de la larga saga de escritores sudamericanos (García Márquez, Vargas Llosa, Juan Rulfo o Roberto Bolaño, principalmente) que han conformado un peculiar estilo de contar las cosas que tanto deleite y admiración despiertan en el autor de estás líneas.

A.G.

sábado, 16 de septiembre de 2017

Lecturas recientes: La fórmula preferida del profesor


La fórmula preferida del profe (2003)
Yoko Ogawa

La narradora de esta conmovedora novela es una madre soltera a la que su agencia de empleo le asigna un nuevo cliente que vive en un piso destartalado de dos habitaciones en una pequeña ciudad japonesa. Se trata de un profesor, un brillante matemático que sufrió un daño cerebral en un accidente de coche en 1975, cuando aún era un destacado profesor de matemáticas y su amado Yutake Enatsu, el pitcher de los Hanshin Tigers, acribillaba a los bateadores rivales. Desde entonces, el profesor no puede recordar nada que haya ocurrido más de una hora y veinte minutos antes. Lo único que puede recordar es las matemáticas, que brotan en su cerebro en cada actividad de su vida. En un vano intento de llevar una vida normal, el profesor cubre la chaqueta de su traje de notas con recordatorios que él mismo garabatea

Un día la criada le dice al profesor que tiene un hijo de diez años. El profesor abandona su aire taciturno y le pide a la mujer que lo traiga a casa para que el niño no esté solo después del colegio. El profesor y el niño no tardan en congeniar. El profesor decide llamarle Raíz porque su cabeza es plana y le recuerda al símbolo matemático de la raíz cuadrada. Su madre jamás se refiere a él por cualquier otro nombre. Nadie excepto Raíz tiene un nombre en realidad.

Todas las mañanas la criada tiene que presentar a su hijo y a sí misma al profesor. El profesor, por su parte, les pregunta todos los días sus números de zapato y de teléfono. Siempre tiene algo sorprendente que decir acerca de cualquier número que surja. Por ejemplo, el número de la camiseta de su adorado Enatsu, el 28, el segundo número perfecto más pequeño (la suma de todos los divisores excluyéndose a sí mismo). O el cumpleaños de la criada, el 20 de febrero (220), que resulta ser amigo del número 284, que está grabado en el interior del reloj que le dieron al profesor en la universidad como premio a su tesis. Por lo demás, el profesor pasa el día resolviendo problemas matemáticos de revistas y dando paseos con sus recordatorios adheridos al traje. Es su pasión por los números y por compartir su belleza y poesía con otros lo que ayuda al profesor a construir una amistad sorprendente pero duradera con la criada y su hijo.

A parte de la relación entre los miembros de este extraño triángulo, encontramos en la novela una subtrama a propósito del béisbol. Además de Enatsu y sus logros deportivos, el profesor se siente atraído por el sinfín de estadísticas del deporte; el profesor, sin embargo, jamás ha asistido a un partido de béisbol. Otros elementos significativos recorren la novela: la presencia difusa y sobreprotectora de la cuñada del profesor, el premio que logró el profesor en una revista de matemáticas y la fórmula de Euler.

Desde luego, las matemáticas son el motor que mueve la novela. Gracias a las explicaciones del profesor, el lector se instruye acerca de los números primos o la invención del cero. Quizá las palabras más espléndidas del profesor son cuando dramatiza la caza de números primos como una búsqueda en una tierra inhóspita. Al comienzo, los números primos son frecuentes, pero cuando se alcanzan números más altos uno se aventura en una tierra baldía en la que los números primos se encuentran muy apartados unos de otros.

En la escena más conmovedora del libro, encontramos al profesor escribiendo una de las ecuaciones más hermosas de las matemáticas en un trozo de papel, poniéndolo en la mesa y marchándose de la habitación. La criada se queda sola para investigar en el significado de eπi+1=0 en la sección de matemáticas de la biblioteca municipal. Puede que no haya un argumento sólido que te impela a leer página tras página sin interrupción, pero la revelación que hace la novela de la verdadera naturaleza y atractivo del funcionamiento de los números es cautivadora. Todo esto opera, por supuesto, como una enorme metáfora de la realidad de las relaciones humanas en la práctica. Y el único predicamento del profesor ciertamente sugiere preguntas acerca de cómo establecemos relaciones en el aquí y ahora. La mente del profesor sigue estado viva y llena de elegantes ecuaciones del pasado. Los números, en todo su orden articulado, revelan un mundo poético tanto a la criada como a su hijo. El profesor es capaz de descubrir conexiones entre las cantidades más simples y el universo en su totalidad, acercando sus vidas aún más y de un modo más profundo, incluso cuando su memoria de desvanece.

Un día la criada descubre la tesis del profesor, enterrada entre sus cartas de cuando tenía veintinueve años. En la tesis hay una vieja foto del profesor de joven con su cuñada. Aunque jamás queda claro en la novela, se deduce que el profesor y su cuñada estuvieron enamorados, pero no está claro si este amor comenzó como una aventura o después de la muerte del hermano del profesor.

El profesor celebra el undécimo cumpleaños de Raíz. Dos días después, la cuñada da la orden de trasladarlo a una residencia alegando el empeoramiento de su memoria y que lo había previsto hace tiempo. Durante los siguientes once años, hasta que muere el profesor, la criada y Raíz no dejan de visitarlo. El propio Raíz acaba convirtiéndose en profesor de matemáticas, algo que emociona al profesor el día en que se entera de la noticia.

Una historia muy original y cautivadora, salpicada con el suficiente ingenio y misterio para tenernos enganchados de comienzo a fin, sobre lo que significa vivir en el presente y sobre las curiosas ecuaciones que pueden crear una familia.

Una novela amable y elegante, escrita en un lenguaje tan lúcido como poco pretencioso por una de las voces más originales del panorama japonés actual. Fue un bestseller y tuvo una película en Japón.

A.G.

miércoles, 30 de agosto de 2017

Lecturas recientes: Un puñado de polvo

 
Un puñado de polvo (1934)
Evelyn Waugh

La comedia negra se mezcla con lo ridículamente absurdo, la farsa con la tragedia, para producir una novela deslumbrante.

Waugh logra demostrar con éxito cómo una sociedad compleja que ha evolucionado hasta convertirse en una cultura altamente sofisticada es inevitablemente un fértil campo de cultivo para el desarrollo de la sátira social. Un puñado de polvo es un ejemplo sublime de la maestría de su autor en retratar este fenómeno.

El título de la novela procede de un verso de The Waste Land, de T.S. Eliot:

                         I will show you something different from either
                         Your shadow at morning striding behind you
                         Or your shadow at evening rising to meet you;
                         I will show you fear in a handful of dust.

El poema de Eliot se centra en una civilización decadente o, más bien, muerta ya, representada por sus personajes aislados. Un título muy acertado, como veremos a continuación.

La historia se centra principalmente en el personaje de Tony Last, un caballero que vive en la casa de sus ancestros, Hetton Abbey (a una cómoda distancia de Londres), junto con su aristocrática y bella esposa Brenda y su hijo pequeño John Andrew. Tony y Brenda, que llevan casados siete años, son una pareja tan espléndida que resultan redundantes. Tony, que ha heredado una gran hacienda, es un tradicionalista, un hombre que cree que con el cuidado adecuado se puede preservar la personalidad de la gente y sus casas. Tony dedica su vida a su hacienda y al pueblo vecino, donde hace las funciones de terrateniente, involucrándose en los asuntos locales y prestando servicio como miembro de la junta parroquial en la iglesia anglicana. Tony ha desarrollado un sentido del pasado nostálgico y sentimental. De hecho, y de un modo ciertamente inocente y carente de gusto, ha dado a las habitaciones de su casa los nombres de personajes de la leyenda artúrica.

Sin embargo, la vida en Hetton Abbey no tarda en aburrir a Brenda. Es tan inteligente y tan bien educada que ansía la mediocridad, a la que confunde con la libertad. Ésta la encuentra en la persona de John Beaver, un joven inútil y carente de atractivo que pasa los días sentado en casa junto al teléfono a la espera de que alguien le invite a acompañarle a una fiesta. Brenda no se siente exactamente atraída por Beaver. Él simplemente despierta su curiosidad. Una mujer alegre, Brenda disfruta con el juego de intentar descubrir si él tiene realmente personalidad. Beaver, por su parte, también alberga dudas sobre Brenda. ¿Qué puede esperar ella de él? Él no se puede permitir a alguien como Brenda, ni financiera, ni emocional ni socialmente. Beaver se da cuenta de su incongruencia es su único atractivo, que es una flor de plástico que ha iluminado una hermosa mariposa.

Mientras tanto, Tony parece ajeno al asunto. Su buena educación le impide oponerse a los cada vez más frecuentes viajes de su mujer a Londres, donde se encuentra con su amante. Brenda, por su parte, hace todo lo que una esposa atenta puede hacer para consolar a Tony. Le lleva el fin de semana a Jenny Abdul Akbar con la esperanza de que pueda distraer a su marido. Jenny sufre las dificultades de vivir como esposa de un muladí marroquí.

Más tarde, el hijo de Tony y Brenda muere en un accidente de caballo. Cuando Brenda recibe la noticia, expresa su alivio por que la víctima sea su hijo, en lugar de su amante. Brenda se distancia de Tony y le pide el divorcio para poder casarse con John Beaver. Para proteger el buen nombre de Brenda, su abogado convence a Tony de que tome parte en una charada en un hotel de Brighton con una supuesta amante. Pero el plan se frustra de la manera más inverosímil y surrealista. Más tarde, cuando el hermano de Brenda solicita un acuerdo de divorcio que requeriría la venta de Hetton para que Tony pudiera satisfacer las 2.000 libras anuales de manutención, Tony hace un educado mutis por el foro y se une al doctor Messinger (un hombre que conoció en su club) en su expedición arqueológica a Brasil. Durante el viaje Tony hace amistad con una encantadora chica criolla que regresa su escuela de París a Trinidad para contraer adecuado matrimonio.

Tony y el doctor Messinger desembarcan en Georgetown, en la Guayana británica, y se dirigen al interior, donde son abandonados por sus guías nativos y continúan su viaje solos a lo largo del afluente del Amazonas. Tony sufre una fiebre tropical. En su delirio se imagina a Brenda en la barca con ellos. Gracias a los flashbacks intercalados a lo largo de la narración, nos enteramos de que Brenda y John Beaver se han cansado el uno del otro y Brenda ha visitado al abogado de Tony para preguntarle si se encuentra su nombre entre los beneficiarios del testamento de Tony. El doctor Messinger deja a Tony tumbado en su hamaca para buscar ayuda río abajo y acaba ahogado en una cascada. Tony, víctima aún del delirio y la fiebre, es descubierto y rescatado por el excéntrico Mr. Todd, que lo cuida hasta que recupera la salud. Mr Todd es un adicto a Dickens. Incapaz de leer, retiene a Tony en la selva con este propósito. Juntos, recorren la obra completa de Dickens con la excepción de dos volúmenes de los que se han adueñado las hormigas. Una vez terminado, vuelven al principio. A pesar de la insistencia de Tony en que su captor le indique cómo salir de la selva, uno se pregunta si Tony no será al final más feliz con Mr. Todd y Dickens que de vuelta en Inglaterra. Mr. Todd ha urdido un plan que no le deja al bueno de Tony la más mínima posibilidad de elegir su propio destino. Con el paso de los años, se da por hecho en Inglaterra que Tony ha muerto. Sus primos heredan Abbey Hetton, mientras Brenda resuelve su situación casándose con Jock Grant-Menzies, un amigo de Tony.

La novela aborda, en definitiva, cómo los ricos pueden llegar a perder el sentido de las cosas que realmente importan en la vida, tales como sus familias, y cómo esto puede llevarles al final a arruinar sus vidas. El autor explora también el egoísmo del ser humano, tal como vemos perfectamente en el personaje de Brenda, alguien empecinado en lograr sus propias ambiciones de riqueza y felicidad a pesar de la muerte de su hijo y el sufrimiento de su marido.

Waugh también logra demostrar la vulnerabilidad de la civilización ante el resurgimiento de la barbarie que fue superando lentamente, con el paso de los años. gracias a un trabajo inconmensurable. La lucha entre barbarie y civilización no era para Waugh una cuestión racial, sino de fe, voluntad y fortaleza. La crítica social se revela de una agudeza especial en su retrato de una sociedad en la que mantener las apariencias es todo; si bien las apariencias no cuentan nada, pues todos perciben la realidad moral del adulterio, el divorcio y el hurto de un modo muy simple, la aceptan sin cuestionársela, hasta el punto de que se espera de Tony que venda Hetton para permitir que Beaver se case con Breda y mantenga el lujo al que ella está acostumbrada. La tremenda fuerza de este capítulo se debe muy probablemente al trauma que el propio autor experimentó en su primer matrimonio, que acabó en divorcio después de que su mujer le fuera infiel con un amigo común.

Con todo, no existe una catarsis cómoda en la obra. Waugh nos hace sentir que la alternativa a la arcaica estructura social de la época no es un nuevo orden, sino un caos tan viejo como la propia humanidad.

A pesar de ser un autor satírico, Waugh es capaz de escribir escenas trágicas como nadie. Cuando el hijo de Tony muere en un accidente de caballo, Brenda está en Londres y Tony no tiene nadie con quien hablar más que con la Mrs. Rattery, que acaba de llegar en avión. La amante de uno de los amigos de Tony se ofrece a quedarse con él mientras los amigos le hacen llegar la trágica noticia a Brenda. Mrs. Rattery es jugadora de cartas e intenta ayudar a Tony a sobrellevar el dolor jugando al piquet. Tony le dice que no conoce más juego que uno de hacer parejas, que solía jugar con su hijo. Resuelta a consolar a Tony, Mrs. Rattery insiste en que jueguen y poco tiempo después los sirvientes quedan sorprendidos por los ruidos onomatopéyicos procedentes de la biblioteca.

Desde un punto de vista artístico, Evelyn Waugh se encuentra muy próximo a los pesimistas literarios reaccionarios de su tiempo, como Eliot y Pound, y escritores de la llamada Generación Perdida (en especial, Hemingway y Fitzgerald), con la edad suficiente para haber experimentado los horrores de la Primera Guerra Mundial y sus efectos devastadores sobre la civilización occidental.

A.G.

jueves, 27 de julio de 2017

Lecturas recientes: Canadá


Canadá (2006)
Richard Ford

Dell Parsons, un profesor de inglés jubilado, recuerda con una distancia temporal suficiente los acontecimientos que marcaron su vida y le proyectaron hacia un futuro incierto. Sus recuerdos se remontan medio siglo, al año en que él y su hermana cumplieron quince años; una época en la que tuvieron lugar unos acontecimientos claves y traumáticos que situaron a Dell en un camino que jamás sería capaz de desandar hasta su origen. El libro sigue la trayectoria y consecuencias de estos acontecimientos y detalla los duros escenarios en que éstos tuvieron lugar. La novela trata esencialmente de las consecuencias de una repentina ruptura trágica en la vida ordinaria de una familia. Más que en los crímenes en sí, Ford está interesado en cómo estos moldean la vida de Dell y su modo de vivir en el mundo y de relacionarse con él.

Al comienzo del libro, Dell anuncia sus intenciones para las siguientes páginas del libro: “En primer lugar hablaré del robo que cometieron nuestros padres. Luego de los asesinatos, que ocurrieron más tarde”. Desde el primer momento el lector sabe lo que va a ocurrir y, por tanto, es consciente del tipo de "inevitabilidad" que está ligada a las circunstancias. De cómo el narrador vio su vida descarrilar, como consecuencia de un único acto, espectacularmente singular, cometido por su madre y su padre: el mal planeado y peor ejecutado robo a un banco. Su padre pensaba que pasando a Dakota del Norte, un estado escasamente poblado, para robar un banco, él y su mujer pasarían desapercibidos y tendrían éxito en su estúpida empresa. Así pues, convence a su mujer, escéptica mas inteligente, y a partir de ese momento la vida de todos los miembros de la familia cambia por completo y para siempre.

No tardamos en percibir que el narrador es alguien que intenta encontrar un sentido a su pasado. No en vano, el modo en que la historia se despliega refleja la necesidad que siente Dell de unir todas las piezas del rompecabezas de su pasado. Una de las consecuencias de esto es que el lector se encuentra con una narrativa meticulosa en la recreación de ciertos detalles: las marcas de coches, el corte de las ropas, los ritmos lentos y repetitivos de la vida en una ciudad pequeña. Incluso el robo del banco, cuando es finalmente descrito, es reconstruido de un modo bastante neutro y simple. Lo importante aquí no es tanto el acontecimiento en sí como sus consecuencias a largo plazo.

La novela se divide en tres partes. La primera, que trata del crimen y sus efectos inmediatos, transcurre en la segunda mitad de la década de 1950 en Great Falls, la ciudad de Montana que Ford utilizó como telón de fondo en algunas de sus novelas anteriores. A mí es la que más me gusta de las tres. De una hermosura arrebatadora son las descripciones de los paisajes de Montana que Dell recrea con tanta precisión (y poesía), medio siglo después.

La novela se inicia con el establecimiento de la familia Parson en Great Falls en 1956. Bev (Beverly) Parsons, el padre, es el personaje más conmovedor de la novela. Es piloto de la fuerza aérea, amante de las bromas, trucos y actuaciones con que entretiene a unos hijos que adora; un hombre cuya inocencia es adorable, a la vez que letal. Está casado con la mujer equivocada, pero es capaz de sobrevivir a la claustrofobia de una familia demasiado codependiente trasladándose continuamente de una base militar a otra. A pesar de verse implicado en delitos menores, está preocupado hasta la obsesión por el bien estar de su mujer y su familia.

Uno de estos delitos menores, el comercio con carne robada, acaba con la expulsión de Bev de la Fuerza Aérea a la edad de 37 años. Bev llega a Great Falls con la ilusión del que llega a un lugar nuevo donde pueda salir adelante. Comienza a trabajar en la ciudad como vendedor de coches nuevos, luego de coches usados, y más tarde agente inmobiliario que vende tierras y granjas, algo de lo que admite no saber nada. Es en esta misma época cuando Bev se ve involucrado en el comercio ilegal de carne robada. Las cosas salen mal –Bev se encuentra debiendo 2.000$ a unos indios que roban ganado– y convence a su mujer para llevar a cabo el patético robo a un banco del que se nos habla al comienzo de la novela; un acontecimiento calamitoso que nos permite conocer con más profundidad la vida de los Parsons: Bev y Neeva Kampler, los padres forman una pareja mal emparejada; él es un ex soldado débil y criminal y ella una frustrada intelectual judía. Dell se siente más próximo a su hermana gemela, Berner. Los gemelos, que tampoco se llevan muy bien, son ignorados observadores de la tragedia que se cierne sobre su familia. Bell es un muchacho interesado en el ajedrez y en la apicultura que ansía comenzar la escuela secundaria en otoño; su hermana y su madre sienten que no pertenecen a Great Falls. Dell y Berner sí son capaces de ver fácilmente los motivos por los que su madre se sintió atraída por Bev Parsons (un hombre grande, fuerte, hablador, divertido, complaciente). Pero no entienden qué pudo haberle interesado a él de su madre: una mujer pequeña, encerrada en sí misma, tímida, alienada; hermosa tan sólo cuando sonríe e ingeniosa sólo cuando se siente totalmente a gusto). En este punto de la narración, la voz de Dell (introspectiva, lacónica y ligeramente melancólica, pero a gusto con el lenguaje que utiliza para recuperar su memoria) es la fuerza central de este admirable novela. Sus frases cuidadosa y artísticamente construidas merecen por sí mismas el reconocimiento del lector, si bien son también un servicio constante a la historia de la familia Parsons.

Con los padres encarcelados y su hermana gemela dejándolo en la estacada, Dell, que recordemos tiene quince años, se ve obligado a cruzar clandestinamente la frontera de Canadá, donde es acogido por un amigo de la familia. En esta segunda parte de la novela, el robo en el banco no tiene consecuencia ninguna. Dell no vuelve a ver a sus padres y apenas se reencuentra con su hermana. El momento en que todo se derrumba y Dell se queda solo, cruzando la frontera hacia una vida nueva y desconocida, es impresionante y conmovedor. Vemos cómo una vida puede tender su propio puente hacia un futuro en blanco. Dell afirma que Canadá no era mejor que América, y todo el mundo lo sabía, excepto los americanas; Canadá tenía todo lo que América llegó a tener, pero nadie se volvió loco por ello. En este sentido, la grandiosa y extraordinaria secuencia de la segunda parte de la novela es un examen de lo que América podría significar y lo que significa en realidad, desde la óptica de los fugitivos, esto es, gente que jamás volverá a América y que no dudaría en matar a cualquiera que viniera de América en su busca.

Dell se establece en Saskatchewan. Comienza a trabajar en un sórdido hotel al servicio de un misterioso exiliado norteamericano llamado Arthur Premlinger. Allí no sabe a quién temer más: si a su jefe, un misterioso graduado en Harvard huido en Canadá para evitar pagar por sus fechorías pasadas, o al huraño Charley, un chiflado fanático de Hitler que usa pintalabios y con un trabajo turbio. Es entonces cuando Dell se ve involucrado en un crimen aún más grave que el que cometieron sus padres. El propio pasado oscuro de Premlinger atrapa a Dell y éste se convierte involuntariamente en cómplice de un asesinato ejecutado despiadadamente. Dell se ve obligado a marcharse de la ciudad para acabar viviendo bajo el cuidado de otro extraño en Winnipeg, a 500 millas de allí.

Al describir todo esto desde el privilegiado punto de vista del presente, Dell disfruta recordando hasta  el hecho más insignificante, como por ejemplo el día en que su madre se echó una siesta a las cuatro en punto. Con todo, cuando recurre al diálogo, Dell recuerda no tanto lo que oyó como lo que no oyó; tumbado despierto en la cama, dice, mientras sus padres conspiran en medio de un estrépito de platos. Y cuando explica cómo se desintegró su familia, uno nunca tiene la impresión de que Dell esté manipulando los acontecimientos. El efecto es más bien el de un testimonio ofrecido escrupulosamente. Si bien, resulta plausible que algún lector llegue a pensar que el tiempo de Dell en Saskatchewan “no parece haber ocurrido”.

La tercera parte es una breve postdata que transcurre en un pasado reciente y trata principalmente de la visita de Dell a su hermana, que vive en Minneapolis y muere de una enfermedad terminal.

A diferencia del estilo denso y plagado de frases discursivas utilizado en la trilogía de Frank Bascombe, en Canadá encontramos un estilo más austero y preocupado con el significado interno de las cosas cotidianas. La escritura de Ford es aquí más directamente descriptiva de lo que había sido en sus novelas anteriores. Canadá supone el retorno de su autor al llamado “realismo sucio” de sus primeras novelas, aunque esta novela revela como una épica en su concepto y es más confiadamente lenta y deliberada en su narración.

Canadá es la historia de lo que ocurre cuando cruzamos ciertas líneas y no podemos volver atrás. Es un examen del poder redentor de la memoria articulada. 

A.G.

viernes, 16 de junio de 2017

Lecturas recientes: Nadie lo ha visto


Nadie lo ha visto (2003)
Mari Jungstedt

La vida es apacible en la idílica isla de Gotland, donde los barcos, los ponis y la alfarería son las formas habituales de entretenimiento. Nos encontramos en plena temporada turística, mientras los habitantes del lugar se preparan para el momento álgido de las vacaciones suecos: el 4 de julio. Pero un suceso inesperado vendrá a perturbar la tranquilidad de este lugar pintoresco.

Una joven pareja, formada por Helena Hillerström y Per Bergdal, que están pasando sus vacaciones en la isla, celebran una fiesta en su cabaña. Per discute con Kristian Nordström, ex novio de Helena, porque piensa que está toqueteándola durante un baile. Ni los anfitriones ni los huéspedes pueden evitar que el asunto se les vaya un poco de las manos.

La mañana siguiente, Helena sale a dar un paseo por la playa, pero no regresa. La encuentran más tarde, brutalmente asesinada. La mujer está desnuda y su cuerpo aparece cubierto de horripilantes heridas producidas por un hacha. Además, le han metido las bragas en la boca. El perro ha sido decapitado y le falta una pata.

La consiguiente investigación policial es dirigida por el inspector Anders Knutas, quien recibe la ayuda del arrogante detective Martin Kihlgård, de la Policía Criminal Nacional. En la plácida Gotland es importante que un acontecimiento tan extraordinario como un asesinato se mantenga oculto para no espantar a los turistas. Las primeras pesquisas llevan a encontrar el hacha de Per con sus huellas en el mango. El crimen tiene toda la pinta de haber sido cometido por el marido celoso de la víctima; en especial después de la agria discusión entre la pareja durante la fiesta de la noche anterior. Pero los investigadores siguen una pista falsa detrás de otra. A medida que avanzan las investigaciones nos damos cuenta de que el asesinato de Helena no es sino el comienzo de una tragedia que continuará en los días próximos.

Pero no tardan en surgir filtraciones en la comisaría de la policía de Visby, pues Johan Berg, un reportero de la televisión nacional, tiene un contacto dentro de la policía local. Berg consigue más de lo que va a buscar, pues en el transcurso de sus investigaciones se enamora de una mujer implicada en el misterio –es amiga de la mujer asesinada–, a pesar de que ella está casada y tiene hijos. A Knutas, un hombre sensato de mediana edad, le irrita la intrusión en el caso de los medios de comunicación, que han descubierto y quieren revelar detalles escabrosos del mismo. Knutas y su equipo siguen concienzudamente todas las pistas posibles, investigan a la familia y amigos de la mujer asesinada, un proceso durante el cual se revela mucho de la vida e historia de los habitantes de Gotland.

Diez días después del primer asesinato, aparece el cuerpo apuñalado de una coqueta peluquera local. Dos investigaciones se desarrollan en paralelo, mientras Knutas y su equipo reciben una presión cada vez mayor de los políticos locales. Por otro lado, como hemos visto, el periodista televisivo Johan Berg trata de satisfacer las demandas de su medio por llenar horas de programación con chismes relacionados con el caso. En el proceso, el intrépido Berg averigua tanto, si no más que la propia policía. A la vez, se desarrolla un juego interesante entre él y Knutas.

Knutas siente la presión de los vecinos y amigos y desea encontrar enseguida al asesino, con el deseo de que se trate de alguien de fuera de la isla, preferiblemente de alguna metrópoli “malvada” como Estocolmo.

Una tercera mujer es asesinada, y Knutas y Berg consiguen por fin aproximarse al caso, cada uno de su propia manera, hasta cercar al asesino, que ha sido el único que nadie ha visto desde que se produjo el primer asesinato.

La novela alterna de un modo muy convincente el mundo racional de la investigación y destellos de la mente del asesino, cuya horriblemente lógica explicación hunden sus profundas raíces en el pasado.

La historia está contada muy bien. El relato aparece salpicado de pinceladas macabras y hace un uso hábil del escenario tópico de la comunidad cerrada. Jungstedt retrata de forma espléndida las relaciones familiares y desvela detalles íntimos y significativos de la vida de las mujeres asesinadas y sus amigas, y de la relación afectuosa entre Knutas y su mujer.

Mari Jungstedt es otra escritora llegada de la abarrotada escena de la novela negra escandinava. Tal como ocurre en el caso de otros escritores nórdicos, la autora de Nadie lo ha visto construye unos personajes aparentemente juiciosos y saludables que se portan bien hasta el tedio, ricos y con una apariencia envidiable. Sin embargo, algunos de ellos acabarán revelándose como furiosos torrentes de pasión destructora. Además de un más que aceptable nivel literario, la novela exhibe un argumento manejado con cuidado y destreza, sus personajes y su atmósfera –la hermosa descripción de los días sin final del junio sueco– son trazados con sutileza, y el trabajo policial es plausible. Queda al final algún cabo suelto, pero la primera novela de Mari Jungstedt me ha parecido un soplo de aire fresco, un alivio necesario después de haber leído versiones autocomplacientes del género que venían avaladas por una avalancha de buenas críticas injustificadas; no miraré a ningún sitio.

A.G.