Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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domingo, 28 de agosto de 2016

Lecturas recientes: La edad de la inocencia

 
La edad de la inocencia (1920)
Edith Wharton

Newland Archer es un distinguido abogado que desea casarse con la tímida y encantadora May Welland, con quien se ha comprometido recientemente. Pero todo su mundo se trastoca cuando conoce a la condesa Ellen Olenska, la prima de May. Recién regresada de Europa después de haberse separado de su marido, un mujeriego conde polaco, la condesa Olenska conmociona la rígida aristocracia neoyorkina con sus ropas provocativas, moral relajada y rumores de adulterio. Puesto que la familia de la condesa, encabezada por la poderosa sra. Manson Mingott, ha decidido volver a presentarla en la buena sociedad, Archer y May se ven obligados a trabar amistad con ella.

A medida que Archer va conociendo a la condesa, crece su fascinación por su poco convencional perspectiva de la sociedad neoyorkina. A la vez, e inevitablemente, experimenta una creciente desilusión por May, a quien comienza a ver como un mero producto elaborado de su clase: educada e inocente, mas totalmente desprovista de un pensamiento propio y de un sentido de identidad. Cuando la condesa anuncia su intención de divorciarse de su marido, Archer no duda en apoyar su deseo de libertad, si bien se siente obligado a persuadirla de que no lo haga. Es entonces cuando se da cuenta de que está enamorado de Ellen Olenska y que ese sentimiento puede arruinar su futuro matrimonio. Es por ello que se marcha en busca de May, a la que presiona para acortar su compromiso. May sospecha y le pregunta a Archer si su prisa por celebrar la ceremonia está motivada por el miedo a casarse con la persona equivocada. Archer le asegura que está enamorado de ella, pero a su regreso a Nueva York, le confiesa a Ellen que es a ella a quien quiere. Justo entonces, Archer recibe un telegrama de May en el que le anuncia que sus padres han adelantado la fecha de la boda. Puede que May sea tímida, pero es consciente de la amenaza que supone la femme fatale que encarna su hermosa y exótica prima y se muestra determinada a casarse con su prometido. Con esa finalidad no duda en emplear todo el poder que le brinda la sociedad neoyorkina para hacer que Archer vuelva al redil.

Después de su boda y luna de miel en Europa, Archer y May se establecen en Nueva York. Tiempo después, durante unas vacaciones, Archer vuelve a encontrarse con Ellen, quien le promete que no regresará a Europa mientras ella y Archer no actúen de acuerdo al amor que uno siente por el otro. De regreso a Nueva York, Archer se entera de que el conde Olenski quiere que Ellen regrese junto a él y que ella se ha negado. De nuevo reunidos en Nueva York, Ellen y Archer acuerdan consumar su aventura, pero de repente Ellen comunica su intención de volver a Europa. May ofrece una fiesta de despedida en honor a Ellen y una vez que los invitados se han marchado le anuncia a Archer que está embarazada y que le dio la noticia a Ellen hace dos semanas.

Transcurren entonces veinticinco años sin que sepamos nada de las vidas de los personajes. Nos enteramos entonces de que los Archer han sido padres de tres hijos y que May murió de neumonía. El hijo de Archer convence a su padre de que viajen juntos a Francia. Allí acuerdan visitar a la condesa Olenska en su apartamento de París… ¿Qué ocurre allí? En fin, tendréis que leer el final si queréis saberlo.

Ambientada en la suntuosa “Edad Dorada” de la década de 1870 en la ciudad de Nueva York, la novela es no sólo la historia de tres personajes, sino de las convenciones del “viejo Nueva York” y cómo las costumbres y tradiciones de la sociedad cambian y qué ocurre cuando el nuevo mundo comienza a destruir el viejo. Es éste uno de los temas predilectos de Edith Wharton, quien aborda en otras novelas el asunto de la cambiante escena de la ciudad de Nueva York, las rarezas de sus élites amante de la moda y las ambiciones de la “nueva gente” que, tal como ella lo veía, amenazaban su cultura tradicional.

La novela presenta como tema central la lucha entre el individuo y el grupo. Newland Archer ha sido educado en un mundo donde los códigos morales y de comportamiento dictan las actuaciones del individuo y, en algunos casos, incluso sus pensamientos. En muchos momentos de la historia, se espera de Archer y Ellen Olenska que sacrifiquen sus deseos y opiniones con el fin de no transgredir el orden establecido. Un orden que habitualmente adquiere su forma más concreta en la familia. Uno de los deberes principales del individuo es promover y proteger la solidaridad de este grupo compacto de relaciones maritales y de sangre. En este sentido, cuando Ellen desea reclamar su libertad divorciándose de su marido, acaba desechándolo porque la familia teme que su divorcio suscite cotilleos indeseados. Además, la decisión de Ellen y Archer de no consumar su amor está basada principalmente en su miedo de herir a la familia. Esta obligación para con la familia y la sociedad asegura que cada individuo haya de comportarse de acuerdo con un código estricto de moralidad.

Directamente relacionado con este asunto encontramos el del interés por guardar las apariencias, que rara vez se corresponden con la realidad. La hipocresía campa a sus anchas en el “viejo” Nueva York. Irónicamente, Larry Lefferts, que no duda en declararse como un pilar de la rectitud moral, es también uno de los mayores mujeriegos de la novela. Este profundo sentido de ironía conduce inevitablemente a cuestionarse la elección del título de la novela por parte de su autora. ¿Hasta qué punto es la era del “viejo” Nueva York una “edad de la inocencia”? Su descripción de la hipocresía puede ciertamente llevarnos a cuestionar esta supuesta inocencia. No obstante, como contrapunto a la deshonestidad de Larry Leffers, encontramos la pureza de May Welland, un personaje educado para permanecer inocente, o al menos fingir ignorancia frente a la corrupción que la rodea. Archer, por su parte, resulta inocente si juzgamos su pasión y descontento, al creer que una aventura amorosa con Ellen podría evitarle ser etiquetado por la sociedad como cualquier otra cosa que un adúltero. En este sentido, parece plausible considerar que el título de la novela no es del todo honesto ni del todo irónico.

Curiosamente, el jurado que le concedió a La edad de la inocencia el Premio Pulitzer de 1921 alabó la novela por su revelación de la atmósfera sana de la vida americana y las normas más elevadas de las costumbres y masculinidad americanas.

La tragedia de la infeliz unión de Newland Archer guarda un inevitable paralelismo con el propio fracaso marital de Edith Wharton. El agudo colapso nervioso de su marido precipitó el divorcio de la pareja, lo cual le proporcionó a ella la libertad necesaria para explorar su don de escritora de ficción.

Wharton retrata el “viejo” Nueva York a través de los ojos de Newland Archer. Es por eso que sus propios pensamientos están presentes en buena parte de esta crítica social. De hecho, el lector ve a los otros dos personajes principales, May y Ellen, básicamente a través de la óptica de Archer. Con todo, Wharton emplea también un narrador omnisciente para describir mucho de los detalles del escenario en que transcurren los acontecimientos, así como las historias personales y la apariencia física de varios personajes.

La novela, que su autora escribió en honor a su gran amigo e insigne escritor, Henry James, ha tenido numerosas adaptaciones cinematográficas, televisivas y teatrales. Una de las más conocidas es la película homónima dirigida por Martin Scorsese en 1993, que protagonizaron Michelle Pfeiffer, Daniel Day-Lewis y Winona Ryder.

A.G.