Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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martes, 10 de diciembre de 2013

Segundas lecturas: Alto riesgo


Alto riesgo (2001)
Ken Follet

Mayo de 1944, se acerca el Día D. Un grupo de la Resistencia francesa trata de asaltar una central de comunicaciones alemana instalada en un antiguo castillo del siglo XVII, en el pueblo de Saint-Cécile, cerca de Reims. La agente británica Flick y su marido Michel, un líder local de la Resistencia, dirigen el ataque, pero éste resulta ser un fracaso. Los alemanes no saben dónde ni cuándo tendrá lugar el desembarco aliado, pero presienten que será pronto y están preparados. Michel es herido y se escabulle. Flick siente que su mundo se ha puesto patas arriba. Destruido su grupo y desaparecido Michel, tiene que regresar sola al cuartel general del MI6 en Londres.

El fallido asalto a la central telefónica presenta a los personajes principales de la novela. Felicity “Flick” Clairet tiene el rango de mayor en el British Special Operations Executive. Es una agente experta, responsable de sabotajes, que ha sobrevivido a varias operaciones de riesgo para convertirse en uno de los elementos más eficientes en el norte de Francia. Flick está infelizmente casada con Michel Clairet, que le es infiel con una joven francesa.

De vuelta en Inglaterra, Flick logra vencer la inicial reticencia de sus superiores, que dudan de ella tras su fracaso, y organiza un nuevo asalto al château. Flick goza de una última oportunidad de lograr con éxito su objetivo, pero el desafío parece casi imposible. Flick sabe que la habilidad de los alemanes para repeler el ataque aliado depende de las comunicaciones, y en los días previos a la invasión ningún otro objetivo es de mayor valor estratégico que el sistema de comunicaciones. Por tanto, es esencial asaltar el château en manos de la Gestapo. El nuevo plan requiere la participación de un equipo exclusivamente femenino, ninguna de ellas soldados profesionales, que han de ser adiestradas en muy poco días. En el grupo se hallan Ruby Romain, una ruda convicta; Geraldine Knight, una veterana aficionada a los bares y experta en explosivos; Diana Colefield, una noble lesbiana; y Greta, un travesti de noche e ingeniera de comunicaciones de día.

Capaz de asesinar a sangre fría, Flick es una mujer de sangre caliente. Desencantada e infeliz en su matrimonio, decide embarcarse en una relación incierta con Paul Chancellor, un oficial de inteligencia norteamericano que se encuentra a cargo de la misión. Flick, Michel y Paul forman una especie de triángulo a lo Casablanca.

Con el nombre clave de “las abubillas”, el grupo dirigido por Flick intentará infiltrarse en la central telefónica haciéndose pasar por limpiadoras. Pero Dieter Franck, un inteligente mayor de la Gestapo, las está esperando. Franck es un especialista en contraespionaje del Tercer Reich y aficionado a la morfina. Es un maestro de la psicología y la tortura física, encargado de acabar con la Resistencia en el norte de Francia, cuyos pasos sigue de manera infatigable. Ha convertido en su objetivo personal capturar a Flick y someterla a uno de sus brutales interrogatorios.

Gracias a la interceptación de la radio de un soldado británico que es enviado a Francia, Frank logra averiguar los planes de Flick. Hay secretos que Flick desconoce: en las filas alemanas, en su propio equipo, entre aquellos en los que más confía, e incluso dentro de sí misma. Junto a Franck trabaja el Sturmbannführer Willi Weber, el brutal guardián del château. Entre los dos, y gracias a la extraordinaria defensa del centro de comunicaciones, tratarán de impedir el éxito del ataque de Flick… mas sin éxito.

Novela con una argumento muy elaborado en la que todos los cabos están atados y bien atados, a pesar de que los hilos argumentales interrelaciones a un buen número de personajes. De nuevo, encontramos una buena historia personal con un potente trasfondo histórico; algo en lo que Ken Follet es un maestro consagrado. Y todo ello a pesar de los vanos intentos que ha habido y habrá de denostarlo, tan sólo por escribir un best-seller detrás de otro… Si es que la envidia es muy mala. No puede negarse que hoy en día hay pocos escritores en el mundo que vendan tanto como él, gracias a una literatura sencilla, como es la suya, pero de enorme mérito.

La trama de la novela es ágil y sugerente. Hay tensión y los personajes son de carne y hueso, en especial los femeninos, otra de las marcas características de Ken Follet.

Alto riesgo es, a mi juicio, una de las mejores novelas de Ken Follet. La leí poco tiempo después de su publicación y aunque he leído gran parte de la obra del afamado escritor galés, me he decidió por volver a leerla y comentarla –incluyendo esta crítica en el apartado Segundas lecturas de este blog–, por considerarla, en muchos aspectos, superior al resto de su producción, e incluso al célebre Los pilares de la tierra. De todas las novelas escritas por Ken Follet ambientadas en la Segunda Guerra Mundial, creo que Alto riesgo es la mejor, por encima de La clave está en Rebecca o La isla de las tormentas, que también son buenas novelas y comparten características con la que nos ocupa.

En definitiva, un buen thriller con un brillante ritmo narrativo, en el que hay aventura, historia de amor, violencia explícita, tortura y escenas de sexo, que por cierto tan bien se le dan a Ken Follet, quien no puede resistirse a incluir una bien subida de tono en todas sus novelas. Su argumento une de forma espléndida drama, historia y emociones tangibles. Ken Follet sabe cómo contar una historia fantástica y cautivar al lector, de eso no hay duda.

A.G.

viernes, 6 de diciembre de 2013

Lecturas recientes: El cartero siempre llama dos veces


El cartero siempre llama dos veces (1934)
James M. Cain

“They threw me off the hay truck about noon” (Hacia mediodía me arrojaron del camión de heno). Así empieza esta novela, en lo que a mi juicio es uno de los mejores comienzos jamás escritos. Sencillo, pero cargado de información. El personaje principal, Frank Chambers, cuenta la historia en primera persona, y con esta simple línea revela todo lo que necesitamos saber de él. Es un perdedor, rechazado una vez tras otra por la sociedad.

Frank Chambers llega a Twin Oaks Tavern, un restaurante-gasolinera de carretera, con la idea de sacarle una comida gratis al dueño. Pero allí se topa con Cora, una mujer que no es atractiva en el sentido clásico del término, mas posee una bonita figura y un aire que, en palabras de Frank, hace que un hombre desee besarla de inmediato. Cora es una mujer provocadora y hosca. Está casada con el griego Nick Papanakis, el candoroso dueño del negocio. Un hombre mucho mayor que trata tan sólo de vivir de forma honesta de su negocio, y para el que formar una familia con su joven esposa no parece sino un sueño.

A Nick le cae simpático Frank. Necesita ayuda en el negocio y le ofrece trabajo. Frank no es de esos tipos a los que le guste quedarse en ningún sitio mucho tiempo. Pero le basta conocer a Cora para aceptar el trabajo. Cora había llegado a California como reina de la belleza de una escuela secundaria de Iowa, con la vana esperanza de llegar a ser algo más. Se casó con Nick, un hombre mucho mayor que él, por pura desesperación. Frank no tarda en averiguar que Cora no está enamorada de Frank. Odia a su marido, según ella misma confiesa.

Para Frank, Cora es un sueño, todo lo que él siempre ha querido. Cora, por su parte, ve a Frank como el hombre que ha estado siempre esperando, un tipo guapo y duro en apariencia, mas con la fuerza de voluntad de una marioneta. Lo único que tiene que hacer es ella es tomar la cuerdas y manejarlas. No es de extrañar, pues, que Frank y Cora comiencen a tontear e incluso ideen un plan para librarse de Nick. Su primer intento de matar al griego fracasa. La segunda vez, sin embargo, Frank y Cora son más cuidadosos. Matan al griego, pero son arrestados. El asunto se les pone difícil, pero el astuto abogado Katz, logra que los suelten, gracias a sus ingeniosas manipulaciones. Frank quiere marcharse de allí con Cora, pero ella se niega, pues disfruta del negocio. Ha que ha empezado a hacer dinero y desea solicitar una licencia para vender cerveza y servirla en una terraza, delante del restaurante.

Cora y Frank se ven atrapados en una espiral de deseo y alcohol. Una complicada relación de amor-odio, mutua desconfianza y hasta infidelidad por parte de él, aderezada con astutos hombres de leyes y complicadas pólizas de seguros, que los conduce inexorablemente a un final trágico y demoledor.

El cartero siempre llama dos veces es una novela breve y rápida, mas brutal y sofocante. Su argumento, simple y directo, es precisamente lo que le da el encanto: un hombre se enamora de la mujer de su jefe y, con la ayuda y ánimo de ella, decide matarlo como única manera de estar juntos. Gente mala que toma malas decisiones, permitiendo que la codicia y el egoísmo decidan por ellos, y que debe apañárselas con las consecuencias de sus actos.

Se trata, por otro lado, de un libro con un alto contenido sexual para la época en que fue escrito. Puede parecer soso en comparación con lo que se escribe hoy en día, pero algunos de sus párrafos debieron de resultaron bastante escandalosos en su época. Del mismo modo, el hecho de que aparezcan personajes, sobre todo femeninos, que reaccionan tan apasionadamente y se ven completamente dominados y consumidos por el sexo, era también bastante inaudito. A la vez, encontrarnos en sus páginas una violencia tan cínica y eficiente, sin ninguna ambigüedad moral, que el libro fue prohibido en Boston.

Una de las principales virtudes de esta novela, aparte de la historia que cuenta, es el ritmo de la narración. Cada capítulo es una lectura rápida con un final que te lleva inexorablemente a leer el siguiente. La novela carece de descripciones, todo es acción.

El título de la novela es un misterio. En ningún lugar encontramos una sola línea que siquiera se parezca al título. Pero lo curioso es que el título funciona. Hace pensar en la certeza de la muerte, tanto como la llegada del cartero, quien, si no respondes a su llamada la primera vez, volverá a llamar una segunda. Y eso es exactamente lo que ocurre en la novela. Hay una oportunidad de no responder a la primera llamada, de no tomar una mala decisión (su primer intento de asesinar al griego fracasa, pero Cora y Frank salen indemnes), pero hay una segunda llamada que los dos deciden responder. Sin embargo, lo que se encuentran detrás de la puerta no es un paquete postal, sino el destino grabado a fuego en los mismísimos muros del infierno.

Basado en un asesinato real, la novela se convirtió en un éxito de ventas inmediato. Hoy en día está considerada como una de las novelas negras más importantes del siglo XX. Su autor, James M. Cain, nació en Annapolis (Maryland) en 1892. Se ganó la vida como periodista, guionista y novelista. Sus novelas contribuyeron, junto a las de Dashiel Hammett y Raymond Chandler, a formar la llamada “escuela de novela negra norteamericana”. Cain se resistió, no obstante, a pertenecer a ningún tipo de escuela. A diferencia de ellos, Cain se centra, en lugar de en los detectives, en personas ordinarias que se convierten en criminales; seres solitarios y lascivos, codiciosos y aburridos. Muchas de sus novelas, entre las que destacan Pacto de sangre (que pronto comentaré aquí), Una serenata, Mildred Pierce, La mariposa o Galatea, han sido llevadas a la gran pantalla. El propio Chandler adaptó Pacto de sangre para el cine, con el resultado de una de las mejores películas de cine negro.

El cartero siempre llama dos veces ha tenido seis adaptaciones cinematográficas, si bien las dos más conocidas son la primera de ellas, una cita dirigida por Tay Garnett en 1946, y protagonizada por John Garfield y Lana Turner (¡cómo olvidar sus piernas!); y la de 1981, de Bob Rafelson, protagonizada por Jack Nicholson y Jessica Lange, y de la que jamás olvidaremos aquella tórrida escena de los dos protagonistas sobre la mesa de la cocina.

A.G.







Lana Turner,  en su primera aparición
en la versión cinematográfica de 1946.

domingo, 1 de diciembre de 2013

Lecturas recientes: El día de la langosta


El día de la langosta (1939)
Nathanael West

Tod Hackett, graduado en Bellas Artes por Yale, ha sido contratado para trabajar como diseñador de vestuario y escenarios en Hollywood. Después de tres meses en su nuevo trabajo, aún se maravilla de la gente y la arquitectura de la ciudad, que en realidad no son sino mascarada y artificio. A Tod le interesan más, no obstante, los emigrantes de condición baja del Medio-Oeste que se arremolinan entorno a la ciudad y observan este mundo de farsa. Tod, que ha etiquetado a esta gente como aquellos que “han venido a California a morir”, se cree un auténtico artista y, como tal, decide pintarlos en su prometedora obra maestra, una escena apocalíptica que titula “Los Ángeles en llamas”.

En el poco tiempo que lleva en la ciudad, Tod ha trabado amistad con una colección variopinta de personajes, de parias que fueron a Hollywood en busca de un sueño. Entre ellos se encuentran Abe Kusich, un beligerante corredor de apuestas, Harry Greener, un antiguo payaso de vodevil, y su hija Faye, una joven actriz en ciernes de la que Tod se enamora. Faye sabe de los sentimientos de Tod pero se niega a corresponderle. Afirma que no pueden ser otra cosa sino amigos, puesto que Tod no tiene dinero y no es “particularmente guapo”. Tod mantiene, sin embargo, sus esperanzas una vez que el padre de Faye enferma y él va a verlo a su casa por las noches.

Harry enfermó en la casa de Homer Simpson, un solitario hombre de negocios explotado por Faye. No hay certeza de que Matt Groening lo tuviera en mente cuando creó Los Simpson, si bien hay algunas similitudes entre la novela de West y la serie de televisión: ambos Homer Simpson son seres simples y buenos, y comparten la extraña cualidad de estar siempre fuera de su elemento. Además, tanto la novela como la serie de dibujos animados resultan divertidamente sardónicas e incisivas.

Homer acaba de trasladarse a Los Ángeles desde Iowa por prescripción médica después de haber sufrido un episodio grave de neumonía. No trabaja y vive del dinero que ha ahorrado. Trata de olvidar los recuerdos de su primero y único encuentro casi-sexual, que ocurrió en el hotel de Iowa donde había trabajado de contable. Homer comienza a cortejar a Faye, mientras Tod, con la sensación de que Homer puede ser el tipo de gente que quiere pintar en “Los Ángeles en llamas”, se hace amigo de él. Homer y Tod no sólo son admiradores de Faye, sino que Tod acompaña a Faye en una acampada en las montañas donde viven su ex novio Earle Shoop y su compañero Miguel. Los tres hombres desean a Faye, que disfruta de la situación.

Tiempo después muere el padre de Faye y ésta se va a vivir con Homer, en una especie de “acuerdo de negocios”. Homer le proporciona a Faye comida y alojamiento, y se compromete a comprarle ropas elegantes que le permitan tener más oportunidades en su carrera artística. La trama se complica. Ahora bien, tendréis que leer el libro si queréis saber el final de la historia.

El día de la langosta es una obra visionaria. West, en su infinito sarcasmo, predice la perversidad y lo grotesco de nuestro mundo. También su
puso un desafío radical a la literatura modernista. Los modernistas se oponían a la cultura de masas, mientras West no sólo la muestra, sino que la convierte en una parte esencial de la novela. West critica el mundo de Hollywood y la mentalidad de las masas; el sueño americano convertido en una pesadilla.

Nathanael West es un excelente analista de la vida norteamericana del siglo XX, un logro cuya génesis se encuentra en los cinco años que pasó observando Hollywood. West fue a Hollywood en 1933 como guionista, y pasó allí la mayor parte del resto de su vida. Vivió en una casa de apartamentos similar a la que describe en la novela. Hollywood se estaba convirtiendo en la “fábrica de sueños” del país. Los alrededores de Los Ángeles también eran atractivos, debido al clima de California y la presencia de famosos.

West concibió su novela poco tiempo después de llegar a Hollywood. Pero tras un largo periodo de preparación, no se puso a trabajar en serio en ella hasta 1937, y la terminó en 1938. El título alude a la plaga de langosta descrita en la Biblia.

El año 1939, cuando Europa ardía en llamas y Estados Unidos aún se agarraba a la esperanza de no tener que intervenir en la guerra, resultó ser un momento milagroso para la ficción engendrada en Los Ángeles. Fue el año en que se publicaron El sueño eterno, de Raymond Chandler, Pregúntale al polvo, de John Fante, y El día de la langosta. Tres novelas que destilan de un modo peculiar –y muy distinto la una de las otras–, la ciudad de la que escriben, y que han seguido dictando el modo en que aún se percibe a Los Ángeles.

El día de la langosta es el que muestra menos compasión de los tres. Refleja en toda su crudeza el odio, la desilusión y la violencia que bulle bajo la superficie brillante y acogedora de la ciudad. La idea de Los Ángeles como un lugar apocalíptico ya aparece en obras anteriores de esa misma década, si bien es West quien la cristaliza.

Nathanael West murió en un accidente de coche en 1940, a la edad de treinta y siete años, cuando volvía de un viaje a México. La legenda afirma que conducía a toda velocidad para llegar a tiempo al funeral de Francis Scott Fitzgerald.

Aunque no muy apreciado en vida, las novelas de West comenzaron a ser reconocidas en los años 50. Hoy en día su obra se tiene en gran estima y se le considera como uno de los autores que han configurado el canon literario norteamericano.

A.G.