Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
.

sábado, 20 de diciembre de 2014

Lecturas recientes: La casa de las bellas durmientes


La casa de las bellas durmientes (1969)
Yasunari Kawabata

No debía hacer nada del mal gusto, advirtió al anciano
la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca
de la mujer dormida ni intentar nada parecido.

La Casa de las Bellas Durmientes no es un burdel al uso. Es un lugar muy exclusivo en el que se atiende únicamente a hombres ancianos que han perdido la potencia sexual. Hombres de los que se puede esperar que pasen la noche al lado de una chica desnuda dormida sin hacer el amor con ella.

Las chicas tienen entre dieciséis y veinte años. La dueña del burdel supuestamente las induce a un sueño profundo mediante la ingestión de drogas, del que no llegarán a despertar mientras están en compañía de un hombre. No están muertas, pero parecen estarlo. Los clientes tienen la libertad de examinar y explorar los cuerpos de las bellas durmientes para regocijo de sus corazonas, pero las normas de la casa son muy estrictas y prohíben a los hombres hacer el amor con ellas. Las chicas son reducidas a su mera esencia física, como si fueran figuritas de porcelana, desprovistas de personalidad y de respuesta; incapaces de interactuar, aunque no del todo, como resulta al final.

Eguchi, uno de los ancianos, ha tenido una larga vida de experiencias sexuales con muchas mujeres, y se cree todavía capaz de mantener relaciones sexuales. Sigue deseando dormir junto al cuerpo desnudo de una chica, aunque ésta esté drogada y sea insensible. Aunque afirma estar profundamente desilusionado con las mujeres, éstas siguen ofreciéndole un confort que merece la pena pagar; también hay un gran confort en los recuerdos que estas jóvenes evocan; recuerdos que se desvanecieron hace tiempo. Eguchi encuentra sus cuerpos hermosos y fascinantes. Sigue sintiéndose atraído por las mujeres, a pesar de su desilusión por ellas. No ha renunciado a los placeres del sexo, en busca de una espiritualidad ideal. Comtemplamos, perturbados, la tristeza de un anciano que toca las manos de una muchacha dormida, mientras escucha las primeras gotas de la lluvia nocturna en el mar silencioso. Maravilloso, pero profundamente perturbador. Un anciano que ha pagado para pasar la noche (casta, pero lasciva) en la cama con una joven drogada hasta quedar insensible.

Eguchi siente el impulso tanto de hacer el amor con ellas como de matarlas. Sus sentimientos hacia ellas son contradictorios. El conflicto entre el impulso a matar las chicas, por un lado, o dejarlas vivir y disfrutar durmiendo con ellas es el tema que recorre la historia desde el comienzo hasta el final. El motivo de sus impulsos asesinos hacia las chicas deriva del dolor que le produce su deseo imposible de interactuar íntimamente con una mujer viva, que respire. Este deseo le causa, en efecto, un inmenso dolor, pues acentúa su soledad y aislamiento, y su incapacidad de ir más allá. Matando a la chica quizá pueda matar el deseo que siente en su interior por ella.

La dueña del burdel averiguar que Eguchi es capaz de establecer un cierto vínculo con las mujeres. (De hecho, el anciano considera en muchas ocasiones la posibilidad de vulnerar las normas de la casa y tomarse libertades sexuales con las chicas, mas siempre encuentra una excusa para echar marcha atrás.) Así pues, toma la inciativa y trata de asegurarse que el anciano no duerma con la misma chica más de una vez. Comprende, pues, su tendencia a sentirse “unido” con las chicas, a implicarse en algo más que el mero conocimiento de su cuerpo, y trata de evitar que esto se produzca.

En efecto, cada vez que Eguchi visita la casa, la chica y la experiencia son distintas. En su visita final la dueña le proporciona dos chicas. La experiencia de dormir con dos chicas a la vez divide su atención y le dificulta conciliar el sueño. Durante la noche una de las chicas muere, quizá debido a una sobredosis de la droga somnífera, o una reacción alérgica a ella. La dueña del burdel anima a Eguchi a quedarse. La fría indiferencia con que se trata la muerte de la chica evidencia la hostilidad hacia las mujeres que subyace en todas las historias. Eguchi pasa el resto de la noche con la otra chica.

La historia que nos cuenta Kawabata encierra, por tanto, una profunda complejidad psicológica y opera en muy diversos niveles. En primer lugar, uno puede cuestionarse si las chicas están realmente drogadas y duermen un sueño profundo, o si se trata de una actuación. Un buen número de pasajes sugieren que las chicas son conscientes de las exploraciones de los hombres, pues parecen responder en ocasiones a sus estímulos como si gozaran de una cierta conciencia sensitiva. La dueña del burdel le dijo una vez que la chica de esa tarde estaba “entrenándose”. Ante lo cual no preguntamos: ¿cuánto entrenamiento se necesita para drogarse hasta llegar a un estado de estupor y mentira inconsciente que dura toda la noche mientras se está desnudo?

Kawabata nos introduce en un mundo diminuto y cerrado, sin amor, que es descrito mediante una prosa compacta y lúcida. Nos cuenta una historia de macabra belleza que encierra, a su vez, historias horripilantes antes la que el lector no puede evitar conmoverse. Una narración tierna y sórdida, a la vez.

La obra sirvió de fuente de inspiración para Memorias de mis putas tristes (2004), la última novela de Gabriel García Márquez. quien reconoce de forma implícita su legado al incluir las siguientes líneas en su obra antes de comenzar la narración:

A.G.

viernes, 14 de noviembre de 2014

Lecturas recientes: El espía que surgió del frío


El espía que surgió del frío (1963)
John le Carré

La amoralidad del mundo del espionaje y el cinismo en ambos lados del Telón de Acero quedan al descubierto en la tercera novela de John le Carré, seudónimo del novelista inglés David John Moore Cornwell. La obra recibió excelentes críticas tras su publicación y se convirtió en un bestseller indiscutible. Fue merecedora de los premiso Edgar y Gold Dagger, y fue nombrada por la revista Publishers Weekly como la mejor novela de espionajes de todos los tiempos.

Transcurren, en efecto, los años de la Guerra Fría, y Alec Leamas, un espía curtido y desencantado que trabaja para el Servicio de Inteligencia Británico en Berlín Occidental ha perdido a todos los hombres que tenía a su servicio. Caído en desgracia por el golpe de mano de la Abteilung, el Servicio de Inteligencia de la RDA, Leamas regresa a Londres caído en desgracia. Allí recibe la orden de fingir que deserta, su defección a la RDA, como parte de una trama para hacer pensar a la Abteilung que su cabecilla, Mundt, es un agente británico doble y así eliminar a un peligroso enemigo.

Pero Leamas se enamora de Liz Gold, una inocente comunista. Se hacen amantes, lo cual convierte a Leamas en el objeto de atención de la Abteilung. En la RDA, Leamas conoce a Fiedler, el número dos de Mundt, que lo interroga. Fiedler, que es un idealista, comienza a sospechar de la lealtad de Mundt, como ex agente Nazi que estuvo una vez en manos británicas y podría haberse comprometido con ellos. En Inglaterra, George Smiley, el lugarteniente de Control, el jefe del Servicio de Inteligencia, ofrece dinero a Liz, alegando que Leames le pidió que la ayudara. Mundt ordena el arresto de Fiedler y Leamas, pero intervienen los superiores de la Abteilung y organizan un juicio para descubrir quién es realidad el agente doble, Fideler o Mundt. Leamas se convence de que no es más que un peón en un doble juego cínico.

En el juicio, Leamas muestra cómo los pagos efectuados por los ingleses concuerdan con los movimientos de Mundt y proporciona otra evidencia circunstancial de su culpabilidad, pero Mundt resulta tener un testigo sorpresa, Liz Gold. La mujer cuenta al jurado cómo George Smiley le dio el dinero y proporciona las claves para pensar que Mundt es la víctima de una trama urdida por los ingleses. A cambio de la libertad de Liz, Leamas admite la verdad y Fiedler es arrestado. Mundt ayuda a Leamas y Liz a escapar. Les dice que vayan a Berlín, donde su agente les ayudará a cruzar el Muro. Leamas se da cuenta de que Mundt es en realidad un agente doble y que el objetivo de la operación era eliminar a Fiedler. Liz se muestra horrorizada por el cinismo despiadado de los ingleses.

Leamas y Liz tratan de saltar el muro y regresar al Oeste. Les han asegurado que los guardias fronterizos están sobornados, pero las luces los iluminan y le disparan a Liz. Leamas logra escapar, pero decide volver a saltar el muro para estar con Liz. Los guardias lo matan.

El espía que surgió del frío fue considerado al comienzo como una respuesta a la irrealidad y certeza moral de los populares héroes de espionaje como James Bond. La visión que presenta Le Carré del espionaje como un mundo inmoral en el que nadie considera sus acciones ni buenas ni males, sino tan sólo efectivas o no efectivas, fue en su momento revolucionaria y controvertida. No en vano, Le Carré trabaja para el MI6, motivo por el cual sus novelas fueron publicadas bajo seudónimo. De hecho, el MI6 tuvo el derecho de vetar la novela antes de su publicación, pero, según afirma Le Carré, la única razón por la que fue aprobada es porque la novela parecía tan poco realista que consideraban que no sería tomada en serio. Más tarde se lamentarían de ello, pues el comportamiento poco ético de los ingleses en la novela hizo que el reclutamiento futuro fuera más difícil.


A.G.

martes, 21 de octubre de 2014

Lecturas recientes: Fiesta


Fiesta (1926)
Ernest Hemingway

Una de las novelas imprescindibles de la Generación Perdida, un ejemplo clásico de la escritura sencilla mas poderosa de su autor, Fiesta ofrece una mirada conmovedora a la desilusión y angustia de la generación posterior a la Gran Guerra.

La novela sigue a la extravagante Ashley y al desventurado Jake (dos de los personajes inolvidables de Hemigway) en su viaje desde la salvaje vida nocturna del París de los años 20 a las plazas de toros de España, en compañía de un grupo variopinto de expatriados. Es una época de bancarrota moral, disolución espiritual, amor frustrado e ilusiones que se esfuman.

Fiesta trata, en efecto, de aquellos jóvenes americanos de los que Gertrude Stein dijo que eran todos “una generación perdida”. Hemingway reúne, casi al azar, un grupo de expatriados americanos y británicos de París, y los exhibe sobre el trasfondo de una fiesta española y una corrida de toros.

La historia se cuenta en primera persona, como si lo hiciera Jake Barnes, un corresponsal de prensa americano en París. Este enfoque invita obviamente a la digresión y la torpeza, en cierto sentido. El modo en que Hemignway retrata a Jake es comparable a las propias evocaciones de Jake a la técnica del matador experto manejando a su toro. De hecho, el arte del toreo dentro de la historia contiene dos relaciones con la narrativa. No sólo contribuye a llevar al situación a una crisis, sino sugiere también el diseño que sigue Hemingway. Espolea constantemente a Jake, lo conduce y lo implica en dificultades, evitándole una tragedia seria, del mismo modo que el torero lleva al toro a través del elaborado plan o diseño de peligro.

La historia de amor entre Jake y la encantadora e impulsiva Ashley se basa en una atracción erótica que está destinada a la frustración desde el comienzo. Hemingway tenía tan arraigados sus valores que elabora una narrativa absorbente, hermosa y tiernamente absurda que te cautiva. Jake fue herido en la guerra. Considera su vida peor que la muerte. Cuando él y Ahsley se enamorar y saben, con esa completa ausencia de reticencias de la generación de la guerra, que nada puede hacerse al respecto, el asunto bien podría haber acabado ahí. Hemingway muestra una habilidad asombrosa prolongándolo y despojándolo de todas sus implicaciones.

Una historia auténticamente fascinante, contada mediante una prosa narrativa esbelta, dura y atlética. Hemingway sabía no sólo como hacer que las palabras fueran específicas sino como disponer una colección de palabras que revelan mucho más de lo que se ha de encontrar en partes individuales.

Fiesta ayudó a situar a Hemingway entre los mejores escritores del siglo XX.

A.G.

viernes, 25 de julio de 2014

Lecturas recientes: Todo se desmorona


Todo se desmorona (1958)
Chinua Achebe

Ambientada en la última década del siglo XIX, esta novela africana escrita en inglés transcurre en varias aldeas del este de Nigeria y presenta el conflicto entre la sociedad tradicional de Umuofia y las nuevas costumbres traídas por los blancos, que son adoptadas por muchos de los aldeanos.

Okonkwo lucha por ser tan diferente de su padre como le sea posible. Cree que su padre fue débil, afeminado, perezoso, ignominioso y pobre, y aspira a ser todo lo contrario: fuerte, masculino, trabajador, respetado y opulento. Okonkwo se convierte, en efecto, en un líder respetado e influyente en la comunidad de Umuofia. Adquiere fama y distinción y lleva honor a su aldea cuando logra vencer en una pelea a Amalize el Gato.

Como líder de la comunidad, se le exige a Okonkwo que cuide de un muchacho llamado Ikemefuna, que ha sido entregado a la aldea como una oferta de paz por el vecino Mbaino a fin de evitar la guerra con Umuofia. Ikemefuna se hace amigo de Nwoye, el hijo de Okonkwo, y ésta también se encariña con él. Con el paso de los años Okonkwo se convierte en un hombre extremadamente volátil, a punto de explotar a la más mínima provocación. Así, viola la Semana de la Paz cuando golpea a su joven esposa, Ojiugo, simplemente porque ésta fue a la casa de una amiga a hacerse una trenza en el pelo y se olvida de preparar la comida de la tarde y dar de comer a los niños. Más tarde, Okonkwo golpea y dispara a su segunda mujer, Ikwefi, porque ha recogido hojas de su bananera para envolver comida para la Fiesta del Nuevo Ñame.

Tras la llegada de las langostas, Ogbuefi Ezeuder, el hombre más anciano de la aldea, transmite un mensaje a Okonkwo de parte del Oráculo, que ha determinado que Ikemefuna debe ser asesinado como parte de la retribución por la mujer de Umuofia asesinada tres años antes en Mbaino. Okonkwo desoye la recomendación de no tomar parte en el asesinato, pues siente que no hacerlo sería una señal de debilidad, y mata a Ikemefuna con su machete. Nwoye se da cuenta de su padre ha matado a Ikemefuna y comienza a distanciarse de él y los hombres del clan.

Okonkwo se deprime después de haber matado a Ikemefuna y visita a su mayor amigo, Obierika, que desaprueba su papel en el asesinato de Ikemefuna. Obierika dice que el acto de Okonkwo disgustará a la Tierra y la diosa de la Tierra buscará venganza. Las cosas se complican para Okonkwo cuando durante el funeral de Obguefi Ezeudu, un importante líder de la aldea, su pistola se dispara y mata accidentalmente al hijo de dieciséis años del difunto. El asesinato es considerado un crimen contra la diosa Tierra. Okonkwo y su familia deben exiliarse de Umuofi durante siete años. La familia se traslada a Mbanta, la aldea originaria de la madre de Okonkwo. Tras su marcha de Umuofia, un grupo de aldeanos destruyen la casa de Okonkwo y matan sus animales para limpiar la aldea del pecado de Okonkwo. Obierika, su mejor amigo, guarda los ñames de éste en su granero.

En Mbanta, Okonkwo es recibido por su tío matero, Uchendu, que le hace entrega de un trozo de tierra que labrar y donde construir una casa para su familia. Pero Okonwo está deprimido y culpa a su espíritu personal (chi) de su fracaso. Durante su segundo año de exilio Okonkwo recibe la visita de Obierika, que le informa de la llegada a la aldea de un hombre blanco montado en una bicicleta. Consultado el Oráculo al respecto, los miembros del clan decidieron matarlo, pues se le consideraba un grave peligro para la supervivencia de la aldea. Sin embargo, unas semanas más tarde, un gran grupo de hombres asesinó a los aldeanos en represalia y ahora la aldea de Abame está desierta.

Tiempo más tarde, seis misioneros, incluido un hombre blanco, llegan a Mbanta. El hombre blanco habla a los aldeanos del cristianismo. Okonkwo cree que el hombre no dice sino estupideces, pero su hijo Nwoye se siente atraído por la palabras del misionero y se convierte al cristianismo. Los misioneros construyen una iglesia en un pedazo de tierra que los líderes locales les han cedido en el Bosque Malo con la esperanza de que estos mueran, castigados por edificar su iglesia en una tierra maldita. Pero nada de eso ocurre. Por el contrario, los misioneros comienzan a reclutar adeptos en la aldea. Más tarde marchan a Umuofia, donde abren una escuela. Nwoye deja la casa de su padre y se traslada a Umuofia para asistir a las clases.

Una vez concluidos los siete años de exilio, Okonkwo y su familia deciden regresar a Umuofia. Allí descubre Okonkwo que la aldea ha cambiado durante su ausencia. Muchos hombres han renunciado a sus títulos y se han convertido al cristianismo. Los blancos han construido una prisión y han establecido un tribunal de justicia donde la gente es juzgada por quebrantar las leyes de los blancos. A Okonkwo no le gustan los cambios experimentados en su pueblo. El misionero, el señor Brown, enferma y se ve obligado a volver a su casa, de modo que es remplazado por el reverendo James Smith, un hombre que no tolera las costumbres del clan y es muy estricto. Se desata la violencia en la aldea. Enoch, un converso, desenmascara a un egwugwu y éstos, en venganza, queman sus posesiones y destruyen la iglesia cristiana. Cuando el comisario del distrito regresa a Umuofia pide explicaciones a los líderes del clan, incluido Okonkwo, y los encarcela. Exige a cambio de su liberación una multa de doscientas cincuenta sacos de cauris. La gente de Umuofia reúne el dinero y paga la multa y los hombres salen de la cárcel. El día siguiente, durante una reunión del clan, cinco mensajeros intentan detener la reunión y Okonkwo se enfrenta a ellos y le corta la cabeza a uno con su machete. Ninguno de los otros miembros del clan intenta atrapar a los mensajeros, que huyen despavoridos. Okonkwo se da cuenta de que jamás irán a la guerra contra los blancos y que Umuofia acabará rindiéndose. Todo se desmorona para Okonkwo, que se suicida colgándose de un árbol.

Todo se desmorona es probablemente la narración más auténtica escrita sobre la vida en Nigeria a comienzos del siglo XX. La novela, que toma su título de un verso del poema The Second Coming, del poeta irlandés W.B. Yeats, ha vendido millones de ejemplares desde su publicación en 1958, dos años antes de que Nigeria lograra su independencia. Ha sido adaptada al teatro, radio y televisión.

En The Second Coming, Yeats muestra una visión apocalíptica en la que el mundo se viene abajo y cae en la anarquía a causa de un fallo interno en la humanidad. En Todo se desmorona, Achebe ilustra esta visión mostrándonos lo que ocurrió en la sociedad Igbo de Nigeria en la época de la su colonización por los ingleses. A causa de la debilidad interna de la estructura nativa y la naturaleza dividida de la sociedad Igbo, la comunidad de Umuofia es incapaz de resistirse a la onda expansiva de la religión extranjera, el comercio, la tecnología y el gobierno. En The Second Coming Yeats evoca al Anticristo llevando un mundo anárquico a la destrucción. Este tono ominoso emerge gradualmente en la novela de Achebe, donde la intrusiva presencia religiosa y un gobierno insensible hacen caer el mundo tradicional de Umuofia.

Cuando la novela fue publicada, Achebe manifestó que uno de sus propósitos era presentar una sociedad compleja y dinámica a una audiencia occidental que percibía la sociedad africana como primitiva, simple y atrasada. Achebe pensaba que si los africanos no podían contar su visión de la historia, la experiencia africana no sería jamás entendida. Muchos escritores europeos han presentado el continente africano como un lugar oscuro habitado por gente con mentes primitivas e impenetrables. Achebe considera racista este relato simplista de África. En este sentido señala a Conrad, que sí escribió contra el imperialismo, pero redujo a los africanos a unos seres misteriosos, brutales y exóticos. Algunos otros escritores (Orwell, Melville o Greene) que escribieron sobre el colonialismo, se oponían también al imperialismo, pero no fueron capaces de mostrar una visión “romántica” en su retrato de los nobles salvajes; primitivos y brutales, aunque incorruptos e inocentes. La oposición al imperialismo que mostraron estos escritores solía descansar en la idea de que una sociedad occidental avanzada corrompe y destruye el mundo no occidental. Achebe considera este argumento absolutamente inaceptable. Los Igbos no eran nobles salvajes, y aunque su mundo fue destruido al final, la cultura indígena no fue jamás un refugio idílico, ni siquiera antes de la llegada de los colonos blancos. En Todo se desmorona Achebe retrata elementos positivos y negativos de la cultura Igbo, pues en ocasiones critica a su propio pueblo tanto como a los colonizadores.

Chinua Achebe (1930-2013) ha sido uno de los puntales del movimiento literario mundial encomendado a la definición y descripción de la experiencia africana, junto con personajes de la talla de Wole Soyinka, el primer africano en recibir el premio nobel de literatura en 1986, el caribeño Derek Walcott (nobel en 1992) y el senegalés Leopold Seghor. En reconocimiento a su obra, Achebe recibió números premios y reconocimientos de diferentes organismos e instituciones entre los que se cuentan una veintena de universidades de Estados Unidos, Gran Bretaña, Nigeria y Canadá.

A.G.

lunes, 16 de junio de 2014

Lecturas recientes: Pacto de sangre


Pacto de sangre (1943)
James M. Cain

Asesinato y sexo se entremezclan en este thriller duro, al más puro estilo de la novela negra de los años 30 y 40.

Walter Huff es un vendedor de seguros de 34 años de edad que vive en Los Ángeles. Cuando llama a la puerta del opulento H.S. Nirdlinger para asegurarse la renovación de su seguro de automóvil, poco sospecha que de inmediato quedará abrumado por la belleza voluptuosa de Phyllis, la segunda esposa del rico ejecutivo. La sra. Nirdlinger finge inicialmente desconocer el asunto y logra así manipular a Walter, que acaba firmando una póliza a nombre de su marido, sin que éste lo sepa; una práctica prohibida. Walter descubre las pretensiones de la mujer y sabe lo que debería hacer, pero ella resulta ser demasiado seductora para hacer prevalecer lo que le dicta la razón. Walter acaba convirtiéndose en la víctima de una femme fatale persuasiva, atrapado en una telaraña de ambición y deseo.

Walter y Phyllis urden, en efecto, un plan para asesinar a Nirdlinger, librarse de su cuerpo y representar su muerte en la vía del tren. Puesto que los accidentes de tren eran estadísticamente insignificantes, las compañías de seguros de la época pagaban una indemnización doble de 50.000 dólares, que equivaldrían a más de tres cuartos de millón de hoy en día. (Tengamos en cuenta que no en vano la novela se titula originalmente Double Indemity.) Walter ha llevado en el negocio el tiempo suficiente para saber lo que supone un asesinato. También sabe que hay varias claves para lograr el éxito, y la única que los aficionados siempre olvidan es la audacia. Precisamente parte de la audacia es concebir un accidente de tren, puesto que la compañía de seguros sabe que ésta es una forma nada habitual de suicidarse. Es un buen plan. Walter cree que es capaz de diseñar una cabriola casi perfecta y accede a participar sólo porque recibirá la mitad del dinero. La pareja adúltera comete el crimen casi perfecto. Sin embargo, la conspiración no se resuelve exactamente como Walter había ideado y su crimen llevará a los amantes a complicada trama en que la culpa, la sospecha y la traición se entretejen hasta el final. En efecto, la compañía de seguros no tiene la intención de pagar. Su jefe se resiste a creer la causa supuesta de la muerte de Nirdlinger tal como es contada en los periódicos: una caída del vagón. Afirma que no puede ser un suicidio, tiene que ser un asesinato, si bien reconoce que es más fácil intuirlo que probarlo.

Walter y Phyllis acuerdan evitarse durante un tiempo para no levantar sospechas de su implicación en la muerte del sr. Nirdlinger. Durante este tiempo, Walter se enamora de la hija de Nirdlinger, Lola, hijastra de Phyllis. Ella le revela que Phyllis, antaño enfermera, fue responsable de las muertes de la primera esposa de su padre y de tres pacientes que tenía a su cuidado. Poco a poco, Walter reconoce que su relación con Phyllis es más peligrosa de lo que él pensaba. Así pues, decide librarse de ella… Pero no seré yo quien revele como logra Cain atar todos los cabos.

Cain había escrito un serial de ocho partes para la revista Liberty en 1936, gracias a la reelaboración de material de El cartero siempre llama dos veces y su propia experiencia juvenil como vendedor de seguros. Es a partir de ahí de donde nace la novela y, sobre todo, de un crimen real que conmocionó a la opinión pública norteamericana en 1927. Los amantes Judd Grey y Ruth Brown Snyder conspiraron para asesinar al marido de ella, Albert Snyder, y embolsarse la suculenta indemnización de su seguro de vida.

Cain utiliza en Pacto de sangre la misma técnica que exhibió en El cartero siempre llama dos veces. Sirviéndose de una hábil y mordaz narración en primera persona, nos cuenta una historia de amor y asesinato desde el punto de vista de un amante y asesino, con intensidad y mediante una celeridad y economía de palabras que crean una atmósfera de suspense y tensión.

Pacto de sangre es una novela impresionante. Quizá carezca del fragor de El cartero siempre llama dos veces, si bien, excepto por la maligna Phyllis, es bastante más creíble en muchos aspectos. El diálogo es excelente y aunque la historia es oscura, pues no hay casi nadie bueno en el mundo profundamente cínico en que viven los personajes, su lectura es francamente placentera.

La obra fue adaptada a la pequeña pantalla por Raymond Chandler y dirigida por Billy Wilder en 1944. Fue protagonizada por Barbara Stanwyck & Fred MacMurray y no tardó en ser reconocida como una de las obras maestros del cine negro.

A.G.

viernes, 6 de junio de 2014

Lecturas recientes: El día más largo


El día más largo (1959)
Cornelius Ryan

He querido aprovechar la celebración del 70º aniversario del Día D, una de las fechas más importantes de la historia de la humanidad –el comienzo del fin del terror nazi y, no lo olvidemos, el primer paso en la veloz carrera que llevó a la Guerra Fría–, para comentar uno de los estudios más rigurosos que se han hecho respecto a la denominada Operación Overlord.

Es ésta una obra maestra de la historia militar, pues relata meticulosamente el primer día de la invasión aliada de Normandía; la épica batalla –junto con las horas previas y posteriores– que cambiaría definitivamente el rumbo del la guerra y conduciría a la liberación de Europa del yugo nazi. Pero esta obra es también una historia de personas que a veces es contada como una novela; el relato del coraje y el heroísmo, la gloria y tragedia de los miles de hombres que tomaron parte en esta decisiva batalla. De hecho, está basada en entrevistas con participantes en la operación, entre los se incluyen oficiales aliados y alemanes, además de civiles. Los investigadores pasaron casi tres años localizando a supervivientes del Día D y se realizaron más de tres mil entrevistas en Estados Unidos, Canadá, Gran Bretaña, Francia y Alemania. En la fecha de publicación de la obra, tan sólo quince años después del Día D, la mayor parte de los veteranos que habían sobrevivido a la guerra seguían vivos y recordaban vivamente los acontecimientos de aquel día inolvidable.

El libro toma su nombre del comentario hecho por Erwin Rommel a su ayuda Helmut Lang el 22 de abril de 1944: “las primeras veinticuatro horas de la invasión serán decisivas… el destino de Alemania depende del desenlace… para los Aliados, al igual que para Alemania, será el día más largo”.

La obra se inicia en el pueblo de La Roche-Guyon, que es referido como la población más ocupada de la ocupada Francia. De hecho, para cada uno de sus 543 habitantes había más de tres soldados alemanes en el pueblo y sus alrededores. El Mariscal de Campo Erwin Rommel tenía su cuartel general en el castillo del pueblo, que en otro tiempo había pertenecido al duque de La Rochefoucauld.

Para llevar a cabo la Operación Overlord, los Aliados reunieron casi cinco mil barcos de todo tipo y tamaño. Detrás de los primeros miles de hombres aguardaban 200.000 soldados con sus armas y miles de tanques, piezas de artillería y todo tipo de vehículos, además de otros tres millones de hombres que esperaban su turno en las Islas Británicas.

La obra consta de tres partes. La primera, La espera, describe los preparativos aliados en Gran Bretaña, cómo se reunió la armada y el proceso de embarque. Ryan también describe el tiempo horroroso que azotó el Canal de la Mancha durante la primera semana de junio. En una secuencia llena de tensión, el autor describe el mal tiempo que obligó al general Dwight D. Eisenhower a posponer veinticuatro horas el desembarco previsto para el lunes, 5 de junio de 1944, a la espera de que los meteorólogos le dieran una previsión definitiva. Esta sección también cuenta el nombramiento del Zorro del Desierto como oficial al mando del Grupo B del ejército alemán, encargado de la defensa del Muro del Atlántico de Hitler.

La segunda parte, La noche, narra los decisivos acontecimientos de la noche del 5 al 6 de junio, con el aterrizaje en el flanco oeste de la invasión aérea de las Divisiones Aerotransportadas Americanas 82ª y 101ª, y la División Aerotransportada británica 6ª cerca del río Orne, en el flanco este. Ryan describe la horrible confusión experimentada por las tropas aliadas y alemanas cuando aterrizaron los paracaidistas. Las divisiones americanas se dispersaron por la península de Cotentin y los inexpertos pilotos americanos de los C-47 condujeron sus aviones al interior de las espesas nubes que cubrían Normandía para encontrarse con el intenso fuego alemán.

A medida que la noche dio paso al día y el libro llega a la tercera parte, El día, los paracaidistas aseguraron los flancos de las cinco playas que constituían el área de la invasión. Poco tiempo después del amanecer, los defensores alemanes hubieron de enfrentarse, ante su sorpresa, a la terrorífica visión de la flota de invasión. Enterrados en refugios subterráneos, baterías antiaéreas y nidos de ametralladoras, miles de alemanes sometieron a los invasores a un bombardeo intenso, aunque no tan efectivo como hubieran deseado,. Estupefactos y sorprendidos, los alemanes plantaron dura batalla a los exhaustos pero batalladores soldados de la fuerza de invasión aliada a medida que estos desembarcaban en las playas de Utah, Omaha, Gold, Juno y Sword.

Fue en la Playa de Omaha donde se produjo el más encarnizado enfrentamiento. La historia nos dice que los americanos, con la ayuda del fuego naval y los esfuerzos de batallón de los Rangers, consiguieron tomar la playa, tal como ocurriría con los otros lugares de desembarco. Ryan relata también las batallas ocurridas en las otras playas, concediendo a los Aliados y los Alemanes una proporción similar de su narrativa, para proporcionar al lector un relato justo y equilibrado del Día D.

El libro incluye también una lista de bajas y una lista de colaboradores con sus respectivos detalles de servicio en el día de la invasión y sus ocupaciones en el momento en que fue publicado el libro.

El día más largo fue un indudable éxito de ventas, en parte porque el Día D fue de una importancia histórica vital, pero sobre todo porque Cornelius Ryan centra su interés en el aspecto humano de la historia, más que en el estrictamente militar. El 6 de junio de 1965, Cornelius Ryan publicó un artículo titulado “Más del día más largo” en el Reader’s Digest, a modo de suplemento.

La novela ha sido reeditada varias veces desde su publicación, junto con otras obras de Ryan sobre la Segunda Guerra Mundial (La última batalla y Un puente demasiado lejano, de 1966 y 1974 respectivamente.

El libro fue adaptado al cine por el productor Darryl F. Zanuck en 1962. La cinta fue filmada en Francia y costó 10 millones de dólares. Fue la película en blanco y negro más cara de la historia hasta que Steven Spielberg filmó La lista de Schindler, en 1993.

A.G.

domingo, 1 de junio de 2014

Lecturas recientes: Hijo nativo


Hijo Nativo (1940)
Richard Wright

Bigger Thomas es un negro pobre y sin estudios de veinte años de edad que vive en el Chicago de los años 30. Criado en el clima de profundo prejuicio racial de la época, Bigger está convencido de que no tiene control alguno sobre su vida y no puede aspirar a nada sino a trabajos no especializados y mal pagados. Es un tipo inteligente, pero a diferencia de su hermana y su madre, no desea aceptar la religión en su vida como modo de sobrevivir a la miseria de su existencia. Su madre le insiste en que acepte un trabajo en casa de un hombre rico llamado Dalton, pero él prefiere planear con sus amigos el robo a la tienda de un hombre blanco. Bigger y su panda han robado en muchos negocios regentados por negros, pero nunca han intentado robar a un blanco. Bigger no ve a los blancos como individuos, sino como una fuerza opresora natural. Su miedo al enfrentamiento le supera, pero en vez de admitir su temor, ataca violentamente a un miembro de su banda para sabotear el robo. A Bigger no le queda entonces más opción que aceptar un trabajo como chófer de los Dalton.

El señor Dalton tiene una importante participación de la empresa que posee el edificio en el que vive la familia de Bigger. El señor Dalton y otros ricos propietarios están robando a los pobres inquilinos negros del South Side de Chicago. De hecho, se niegan a permitir que los negros alquilen pisos en los barrios de mayoría blanca, lo cual lleva a una superpoblación y unos alquileres artificialmente altos en el South Side, de mayoría negra. El sr. Dalton se ve, sin embargo, como un benévolo filántropo, puesto que dona dinero a escuelas de negros y ofrece trabajo a los jóvenes negros como Bigger. El sr. Dalton practica su simbólica filantropía para aliviar su culpa por explotar a los negros.

Mary, la hija del sr. Dalton, atemoriza y enfada a Bigger al ignorar los tabúes sociales que gobiernan las relaciones entre las mujeres blancas y los hombres negros. En su primer día de trabajo, Bigger lleva en coche a Mary para encontrarse con Jan, su novio comunista. Deseoso de demostrar sus ideales progresistas y la tolerancia racial, Mary y Jan obligan a Bigger a llevarlos a un restaurante del South Side. A pesar del embarazo inicial de Bigger, piden bebidas y con el paso de los minutos, los tres se emborrachan. Bigger los lleva en coche por la ciudad. De vuelta a casa, Mary está demasiado borracha para subir sola a su habitación, por lo que Bigger le ayuda a subir las escaleras. Borracho y excitado por su inesperado proximidad a una joven blanca, Bigger comienza a besar a Mary. Justo cuando Bigger pone a Mary en la cama, la madre ciega de Mary entra en la habitación. Aunque no puede ver, su presencia fantasmagórica asusta a Bigger, que teme que Mary pueda revelar su presencia. Así pues, le cubre la cara con una almohada y la asfixia accidentalmente hasta matarla. Sin saber que Mary ha sido asesinada, la sra. Dalton vuelve a su habitación. Bigger intenta ocultar su crimen quemando el cuerpo de Mary en la caldera de los Dalton. Decide intentar servirse del prejuicio de los Dalton contra los comunistas para implicar a Jan en la desaparición de Mary. Bigger cree que los Dalton asumirán que Jan es peligroso y que pudo haber secuestrado a su hija por razones políticas. Bigger trata de eludir la sospecha jugando el papel de un siervo negro tímido e ignorante que sería incapaz de cometer tal acto.

La novia de Bigger, Bessie, hace un comentario de pasada que le da a Bigger la idea de pedir un rescate a los Dalton. Bigger escribe una carta haciendo uso del odio que los Dalton sienten por los comunistas y la firma con el nombre de ”Rojo”. También obliga a Bessie a tomar parte en el plan, pero entonces encuentran los huesos de Mary en la caldera, y Bigger se ve obligado a huir y refugiarse con Bessie en un edificio abandonado. Bigger viola a Bessie y, temiendo que ella pueda dejarlo, la golpea con un ladrillo, después de que se ha quedado dormida, hasta matarla.

Tras una persecución asfixiante, Bigger es capturado. La opinión pública determina su culpabilidad y castigo antes siquiera de que empiece el juicio. El furioso populacho da por sentado que violó a Mary antes de matarla y quemó su cuerpo para esconder la evidencia de la violación. Además, las autoridades y el pueblo blanco utilizan el crimen de Bigger como una excusa para aterrorizar a todo el South Side. Jan visita a Bigger en la cárcel y le dice que entiende cómo asustó, enfadó y hasta avergonzó a Bigger mediante su violación de los tabúes que rigen las tensas relaciones sociales. Jan encomienda a su amigo Boris A. Max la defensa gratuita de Bigger. Él y su abogado hablan a Bigger como un ser humano, y Bigger comienza a ver a los blancos como individuos y a sí mismo como su igual.

Max trata de salvar a Bigger de la pena de muerte, alegando que aunque su cliente es responsable de su crimen, es esencial reconocer que es un producto del medio en que vive. Parte de la culpa de los crímenes de Bigger pertenece a la existencia temerosa y desesperada que ha vivido desde que nació en una sociedad racista. Max advierte que habrá más hombres como Bigger si América no pone fin al círculo vicioso de odio y venganza. A pesar de los argumentos de Max, Bigger is condenado la pena de muerte, que afronta con dignidad. Logra que su noticia sea conocida, lo cual los eleva, tanto a él como a su historia, a un tono verdaderamente trágico. En una descorazonadora conclusión, Bigger entiende que su vida ha sido malgastada. También llega a aceptar el hecho de que hay más hombres como él, y que el sistema seguirá produciendo hombres jóvenes que jamás alcanzarán su máximo potencial, pues la sociedad no los ve sino como una carga desechable.

Aunque Bigger no es en modo alguno un héroe tradicional, Wright obliga al lector a introducirse en la mente de Bigger y entender los efectos devastadores de las codiciones sociales en las que se ha criado. Bigger no nació como un criminal violento. Es un “hijo nativo”, un producto de la cultura americana y la violencia y el racismo que la invade.

Hijo nativo aborda temas de enorme interés. En primer lugar, podemos señalar la relación entre la ceguera y la arrogancia, que se entretejen del mismo modo que las historias del Edipo Rey, de Sófocles. El increíble orgullo y la indignación de Bigger a menudo le ciegan, le impiden ver la realidad; del mismo modo que la riqueza y la complacencia se manifiestan en la ceguera física de la sra. Dalton. Tanto los ciegos Dalton como la ciega y enojada muchedumbre de la sala de juicios sirven como ejemplos del racismo americano. Del mismo modo que Bigger es ciego a su potencial, la América blanca es ciegamente inconsciente de los sufrimientos del racismo y la pobreza.

Otro tema esencial es la identidad, que es desarrollado en el Libro Tres principalmente en las escenas en que Bigger se prepara para afrontar su muerte en la silla eléctrica. En estos momentos finales Bigger debe luchar para reconciliarse con lo que ha hecho y con la persona en que se ha convertido. En este sentido, la crisis de identidad de Bigger es sobre todo una lucha para separar sus propias impresiones de las proyecciones de la sociedad racista que lo rodea. Además, tras su rechazo de la religión, Bigger tiene la carga existencial de buscar el significado de la vida sin el tradicional apoyo ofrecido por la Iglesia u otras estructuras sociales.

Otro tema, quizá menos importante, que hallamos en la novela es el de la locura, desarrollado en los Libros Dos y Tres. Después de que Bigger mata a Mary Dalton, su mente se dispara y, a la vez que su enojo atizado por su ego, también teme que está perdiendo el control de su mente. Mientras huye de las autoridades, tiene la esperanza de que poder estar huyendo de su locura, de su falta de control sobre su vida. Cuando mata a Bessie, también tiene la falsa esperanza de que esta acción remplace el asesinato accidental de Mary, puesto que es intencionado; y espera que este aspecto “intencionado” del acto lo devuelva al control de su mente. Sin embargo, el segundo asesinato no hace si acrecentar la locura que ya lo domina.

En estrecha relación con el tema de la locura, nos encontramos el de la huida psicológica, que aparece a lo largo de toda la obra. Muchas de las ideas morales y políticas de Wright, derivadas de su ideología comunista, no lograron jamás la aceptación común entre sus lectores mayoritariamente norteamericanos. Mientras Wright traza distinciones superficiales entre Bessie y Ma, la madre de Bigger, su filosofía reduce tanto el alcoholismo de Bessie como la ardiente religión de Ma a “huidas” de la realidad.

Hijo nativo es un libro cruel, cautivador e inolvidable. A mi juicio es, además, imprescindible para comprender la realidad norteamericana y para desentrañar la intangible complejidad del ser humano, de sus miserias y grandezas, sus vicios y sentimientos. Junto a El hombre invisible, que también reseñamos aquí, la grandiosa novela de Richard Wright supone una contribución singular al vano intento humano de racionalizar la complejidad de la lucha por la igualdad racial que, por desgracia, no ha terminado aún en nuestros días. Por todo ello, recomiendo encarecidamente la lectura de esta novela. 

Richard Wright alcanzó la fama como escritor gracias a Hijo nativo, su primera novela. Aunque escribió muchas otras obras, tanto de ficción como de no ficción, a su muerte en 1960 gran parte de sus obituarios se refirieron a él como el autor de esta única novela.

A.G.

domingo, 11 de mayo de 2014

Lecturas recientes: El camino del tabaco


El camino del tabaco (1932)
Erskine Caldwell

Ambientada durante la Gran Depresión en las exhaustas granjas de los alrededores de Augusta (Georgia), esta breve novela –una de las obras de ficción más escabrosas que han emergido de la literatura del Sur Americano– cuenta la historia de los Lester, una familia de aparceros blancos tan desamparados que la mayoría de sus acreedores ha perdido la fe en ellos.

A primera vista, los Lester parecen héroes idílicos. Son pobres, pues su tierra está exhausta a causa de los cultivos de algodón. Setenta y cinco años antes, el abuelo Lester había poseído una gran plantación de tabaco, pero la propiedad fue vendida en su totalidad a sus acreedores. Los Lester permanecen en su pequeña parcela gracias a la piedad de su nuevo dueño. Su casa, que nunca ha sido pintada, se está hundiendo y pudriéndose. Trozos de techo se desprenden cada vez que llueve.

Jeeter Lester, el patriarca, tiene doce hijos vivos, mas no recuerda la mayor parte de sus nombres. Todos excepto dos se marcharon de casa tan pronto como pudieron, para no volver jamás. Lester no puede permitirse alquilar una mula o suministros básicos, por lo que su principal ingreso procede de la venta de sus hijas en matrimonio. A su hija Pearl, de doce años, se la vendió a un vecino por unas colchas, algo menos de un galón de aceite de motor y siete dólares. Jeeter vive con su mujer, Ada, que se consume de pelagra y se pasa los días soñando despierta con comprarse un vestido bonito con el que ser enterrada; su madre, a la que nadie habla más que lo imprescindible; un hijo retrasado, Dude, de dieciséis años; y una hija voluptuosa, Ellie May, de dieciocho. La única razón por la que Ellie May no se ha casado es porque tiene un labio leporino que hace que sus encías parezcan “una dolorosa herida sangrante”. La familia se muere de hambre. Los Lester son pobres, pero no tienen la dignidad de los personajes de John Steinbeck o Carson McCullers. Se comportan como animales salvajes. Los instintos básicos parecen ser los únicos que tienen los Lester. Se roban los unos a los otros, se pegan, intentan tener sexo entre ellos. Son violentos, estúpidos sin solución y holgazanes hasta un grado patológico. Jeeter es tan vago que cuando se tropieza y cae, sigue en el suelo una hora antes de molestarse en volver a ponerse de pie.

Echados a perder por la pobreza hasta un estado elemental de ignorancia y egoísmo, los Lester están preocupados por su hambre y sus deseos sexuales, y temen que llegue el día en que desciendan a un peldaño de la escalera por debajo de las familias de negros que viven cerca de ellos.

Caldwell es uno de los padres de lo que podría llamarse la “degenerada escuela de la ficción americana”. Entre sus descendientes se cuentan William S. Burroughs, Harry Crews, Katherine Dunn y Barry Gifford. La novela recibió numerosas críticas reprobatorias tras su publicación, pero después de ser adaptada al teatro vendió diez millones de ejemplares. No es raro que los críticos se sintieran incómodos con la historia de los Lesters, una familia de salvajes crueles e iletrados. En los primeros años de la Gran Depresión, las preocupaciones intelectuales de los años 20 fueron desechadas rápidamente. Los artistas y los críticos no volvieron a quejarse de que Estados Unidos fuera un país mecanizado, estandarizado y puritano, gobernado por Babbits, mojigatos y lerdos hombres de negocios.

La crudeza inmisericorde de los Lester frustró a los críticos de Caldwell. Vieron la novela como un reclamo de justicia social, a la vez que una sátira inmoral. El camino del tabaco es sórdido, pero jamás trágico. Los personajes de Caldwell carecen de la dignidad de los personajes trágicos; son demasiado crueles y odiosos.

La versión teatral fue escrita por Jack Kirkland y estrenada a finales de 1933, en el Masque Theatre de Nueva York. Un mes más tarde, la obra se trasladó al Teatro de la Calle 48, donde acabó por convertirse en un éxito rotundo. Estuvo en cartelera más de siete años, lo cual se convirtió en un récord en Broadway, y tuvo más de tres mil representaciones.

En 1940, Darryl F. Zanuck y la Twentieth Century Fox, que ya habían producido la versión de Las uvas de la ira, de Steinbeck, dirigida por John Ford, compraron los derechos cinematográficos de la novela. Ford y el guionista Nunnally Johnson, original de Georgia como Caldwell, intentaron preservar la comedia caústica y la protesta social de la novela y la obra de teatro, pero el estudio impuso su criterio respecto a los asuntos más importantes y el trágico final. El resultado fue un burlesco sentimental del que el propio Caldwell renegó. La película se estrenó en 1941 y gozó al comienzo de un cierto éxito, pero se la considera una de las producciones más flojas de John Huston, un pariente pobre su gran obra maestra Las uvas de la ira.

A.G.

jueves, 17 de abril de 2014

Noticias: Se nos ha ido Gabo

Gabriel García Márquez   D.E.P.
(Aracataca, 1927 – México D.F. 2014)

Los amantes de literatura despedimos hoy con tristeza al más grande escritor en lengua española desde Miguel de Cervantes. La afirmación parece exagerada e irreflexiva, pero basta haber leído y saboreado durante años su extraordinaria obra narrativa para saber cuánta razón encierra esta aseveración. Quienes no tardamos en reconocer en la obra de Gabo la pluma más lúcida, la narrativa más extraordinaria… y la lengua española más hermosa desde el autor de el Quijote, lamentamos que nos haya dejado un escritor irrepetible.

En la escuela oí por primera vez hablar de Cien años de soledad. Recuerdo haber leído fragmentos de la novela en las clases de lengua y literatura españolas, pero no fue hasta mucho tiempo después cuando leí por primera vez esta obra ingente, fabulosa y ciertamente inaprehensible en su riqueza y magnificencia. A partir de aquí emprendí un maravilloso viaje por el universo de Gabriel García Márquez, por Macondo y los extraordinarios personajes que pueblan La hojarasca, La mala hora o Crónica de una muerte anunciada, que tomé prestada de la biblioteca de mi padre, donde había permanecido silente esperando a que yo creciera como lector y persona para ser capaz de disfrutar plenamente de cada una de sus páginas. La fabulosa Del amor y otros demonios o El coronel no tiene quien le escriba, completan un ramillete de novelas estupendas, líricas, vitales, pobladas de personajes de carne y hueso, en ocasiones etéreos, fabulosos y oníricos. Son también inolvidables y conmovedores Relato de un náufrago, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada y Doce cuentos peregrinos. Supimos más de la vida de Gabo gracias a su espléndida y reveladora autobiografía Vivir para contarla y quisimos ver en el protagonista de Memorias de mis putas tristes al propio Gabo anciano, maduro e inconmensurable, en su homenaje a La casa de las bellas durmientes, de Kuwabata.

Pero sin lugar a duda mi novela favorita, la más bella prosa española de los últimos siglos, la historia de amor más conmovedora de la literatura universal (basada en la verídica historia de sus padres) es El amor en los tiempos del cólera, que ya comenté en este blog (28/11/2008). Aparte de una historia hermosa con una prosa perfecta, limpia y redonda, esta novela es para mí, escritor aficionado y devoto de García Márquez y su reconocido maestro William Faulkner, un motivo imperecedero de inspiración, un ejemplo de escritura en tantos y tantos aspectos… una lectura imprescindible sin la que muy probablemente habría perdido el interés por la escritura; por llegar algún día a componer siquiera media frase de la belleza y el lirismo de este escritor único.

Gabriel García Márquez mostró al mundo, más que nadie, la realidad de Hispanoamérica (eso le es bien reconocido desde México a Tierra de Fuego), la situó en el mapa. Pero también logró dignificar y elevar a la más alta categoría nuestra hermosa lengua (eso se lo reconocemos en España, pues lo sentimos nuestro), junto a esos grandes maestros, imperecederos en sus obras (Cervantes, Galdós, Baroja, Unamuno, Delibes, Vargas Llosa…), de los que nos enorgullecemos por haber hecho grande la literatura en lengua española. Gracias, Gabo.

A.G.

miércoles, 9 de abril de 2014

Lecturas recientes: Noticias de la noche


Noticias de la noche (1995)
Petros Markaris

El misterio que ha de resolver el inspector ateniense Kostas Jaritos se inicia con el brutal asesinato de una pareja de albaneses. Un hombre se confiesa autor del crimen, el caso parece cerrado. Sin embargo, la reportera de televisión Yanna Karayorki, uno de los periodistas encargados de cubrir el caso, sospecha que hay algo más detrás. Pero a alguien no le conviene que se conozca más del asunto y la asesina, antes siquiera de que le tiempo a dar a conocer lo que ha averiguado.

El inspector Jaritos es un detective de mediana edad con una hija en la universidad, moderadamente satisfecho con su vida. Es un policía cínico, agresivo y pesimista, hastiado de la política y la prensa. Su matrimonio no es el más feliz del mundo y no tiene ilusión alguna por la vida. Es un ser solitario cuya única afición son los diccionarios. Es respetado en el trabajo, pero tiene que complacer a sus superiores, que se dejan influir por al presión exterior. Los personajes secundarios, desde el jefe de Jaritos a los varios sospechosos y los familiares de las víctimas, están muy bien presentados.

El lector se ve inmerso en una trama inteligente y muy bien construida. A veces resulta, sin embargo, excesivamente compleja, con pistas falsas y más crímenes, y difícil de desenmarañar.

Noticias de la noche es una buena visión, amplia e incisiva, de la sociedad griega. Aborda con rigor la incómoda relación entre la policía y los medios de comunicación. Cada uno de ellos quiere conseguir la información antes que el otro para sus propios fines. La novela disecciona la corrupta política griega, las consecuencias de la caída del comunismo, tanto en Albania como en la propia Grecia, y las relaciones hombre-mujer en la Grecia contemporánea.

Petros Markaris nació en Estambul en 1937. Estudió Economía y se especializó en cultura alemana. Ha traducido a autores como Bertol Brecht, Thomas Bernhard o Arthur Schnitzler. Comenzó su carrera literaria como dramaturgo. Desde entonces ha escrito nueve novelas del comisario Kostas Jaritos y tres obras de teatro. También ha sido coguionista de varias películas y series de televisión. Ha recibido el VII Premio Pepe Carvalho (212), por Con el agua al cuello y la Medalla Goethe (2013).

A.G.

domingo, 9 de marzo de 2014

Mis novelas favoritas: Rebeca


Rebeca (1938)
Daphne du Maurier

De pequeña, Daphne du Maurier pasó un tiempo en una casa llamada Milton Hall, cerca de Peterborough, al norte de Cambridge. Era una casa enorme y muy grande con una vasta entrada, muchas habitaciones y una gobernanta al mando de un numeroso personal, en la que incluso a los niños se les servía el desayuno. A Daphne le gustó la casa y ésta siempre permaneció en su memoria. Siendo adulta, Daphne descubrió Menability, la casa de la familia Rashleigh, situada a las afueras de Fowey, en Cornwall. Era una casa enorme, escondida al final de un largo camino con enormes tierras rodeadas de bosques y un paseo que llevaba a la casa, ubicada junto al mar con dos playas al abrigo de una pequeña cueva. La combinación de estas dos casas acabaría convirtiéndose en Manderley, la mansión en que transcurre la acción de Rebeca. En Milton Hall concibió también el personaje de la siniestra sra. Danvers, inspirada en la alta y oscura ama de llaves de la casa.

Daphne du Maurier bosquejó una idea de lo que sería la novela a finales del verano de 1937, cuando marchó a Alejandría (Egipto) en compañía de su marido, el oficial de granaderos Tommy Browning, dejando a sus dos hijas en Cornwall. De regreso en su casa de Ferryside (Cornwall), finalizó la novela, que fue publicada en abril de 1938.

Rebeca recibió excelentes críticas en Inglaterra y, en contra de las primeras opiniones de la crítica norteamericana, acabó convirtiéndose en una de las mejores novelas inglesas del siglo XX. Ha sido tal su éxito desde entonces que la editorial Virago reconoce que vende 4.000 ejemplares de la novela al mes y que nunca ha dejado de editarse. Daphne de Maurier no dejó nunca de mostrar su sorpresa al respecto de la popularidad de Rebecca, pues ella no la concibió más que como un estudio sobre los celos.

Rebeca ha sido interpretada de diferentes formas. En primer lugar, se la consideró una historia de la Cenicienta, cuyo papel central es ayudado por el hombre con el que se casa, más que por más tradicional de un hada madrina. Más tarde, fue descrita como el primer gran romance gótico del siglo XX. En efecto, contiene elementos de la novela gótica y ha sido comparada a menudo con Jane Eyre, de Charlotte Brontë, con una casa influida tan poderosamente por sus antiguos habitantes, el héroe taciturno (Maxim), la mujer loca (la sra. Danvers), la tensión creciente, y finalmente la casa destruida por el fuego.

Existe otra corriente de pensamiento que considera que el triángulo narrativo de Rebecca es una reproducción de la relación entre Daphne du Maurier y su padre y su madre; o quizá Daphne, su marido Tommy y su anterior novio, Jan Ricardo, quien firmaba su cartas con una maravillosa R, una portentosa floritura que es emulada en la novela. En todo caso, parece indudable que la anónima segunda señora de Winter no es sino la mismísima Daphne du Maurier. Mucha gente se ha preguntado por qué la segunda esposa de Maxim de Winter no tiene nombre. La respuesta de la autora era que no consiguió pensar en ninguno, de tal modo que se convirtió en un desafío desde el punto de vista de la técnica narrativa escribir toda la historia sin mencionar su nombre. (Curiosamente, en el guión de la película de Hitchcock, es referida como “I” (yo), pero todos la llamaban Daphne en el rodaje.) Esto resultó ser un modo muy efectivo de hacer que su personaje pareciera una persona menor que Rebeca, de modo que le resulte a Maxim menos capaz y atractiva y tan poco relevante para el personal de Manderley.

En 1939 Daphne du Maurier adaptó la novela para el teatro. La historia deja al lector inquieto con muchas cuestiones sin respuesta, de modo que es lógico que haya habido varios intentos de escribir secuelas de la misma: La sra. de Winter (1993), de Susan Hill, y El cuento de Rebeca (2001), de Sally Beauman, ambas al parecer con un notable éxito.

Para aquel que desconozca la historia de Rebecca, no bastarán más de un par de frases para resumir un simple argumento detrás del que se esconde mucho más de lo que pueda parecer. Una mujer joven conoce a un apuesto caballero y se enamora de él. Se casan y se van a vivir a la mansión familiar del marido. La joven no tarta en descubrir la presencia de Rebeca, la difunta esposa de su marido, en cada rincón de la casa. La sombra de Rebeca es alargada y casi logra, aun muerta desde hace un año, acabar con el nuevo matrimonio.

En efecto, Maxim y su futura segunda esposa se conocen en Montecarlo. Pronto nos enteramos de que la esposa de Maxim, Rebeca, murió ahogada en el mar, y él no parece haberse recuperado de su pérdida. La narradora, una muchacha joven que trabaja de dama de compañía para la excéntrica sra. van Hopper. Al llegar a Manderley, tras la luna de miel, la narradora emprende una dolorosa lucha contra la “otra mujer”, Rebeca, cuya presencia como hemos visto no deja de torturarla. La nueva sra. de Winter es comparada constantemente con Rebeca, que era querida y admirada por todos, y la crueldad de la malvada sra. Danvers, quien idolatraba a su señora. La narradora trata de encontrar su propia identidad en contra del legado de Rebeca. Sin embargo, a medida que avanza la historia descubrimos que Rebeca no era tan angelical como la creían todos y que su muerte no fue en realidad un trágico accidente mientras navegaba sola en su balandro. Maxim odiaba a Rebeca, que hacía lo que quería y lo engañaba con otros hombres. Se citaba con ellos en Londres, donde pasaba largas temporadas, o en la cabaña que se hizo construir junto a la playa y en la que Maxim, harto de su mujer y consciente de su poder de destrucción, la mata de un tiro. Maxim se ve obligado a confesarle a su esposa el crimen, una vez que un buzo, mientras realizaba labores de salvamento en un barco encallado en la costa, descubre un cadáver en un balandro hundido en el fondo del mar. Maxim le cuenta a su esposa cómo llevó el cuerpo de Rebeca al barco y lo hizo hundirse. Las primeras pesquisas llevan a pensar que Rebeca se suicidó, pero Jack Favell, que afirma ser primo de Rebeca, si bien era en realidad uno de sus amantes, acusa a Maxim de haberla asesinado. El magistrado local, el coronel Julyan, investiga el asunto y descubre que el día de su muerte Rebeca estuvo en la consulta de un tal doctor Baker, en Londres. Favel y el matrimonio de Winter acompañan al coronel a Londres. La narradora está segura de que el doctor desvelará que Rebeca estaba embarazada, revelando así el motivo de la venganza de Maxim. Sin embargo, la verdad es bien diferente. Rebeca estaba gravemente enferma de cáncer, y además era estéril, debido a una malformación en el útero. Había mentido a Maxim, a quien había dicho que estaba esperando un niño de otro padre. Su enfermedad terminal proporciona un motivo más que plausible para su suicidio, y Maxim se salva. Pero no ocurre lo mismo con Manderley. La sra. Danvers ha desaparecido y la mansión arde en llamas en medio de la noche.

Ambas señoras de Winter fueron trazadas a partir de la propia Daphne du Maurier. Su hijo reconoce en una entrevista reciente que siempre identificó a su madre con la segunda, si bien era tan fuerte y tan buena navegando como Rebeca.

Laurence Olivier inmortalizó al taciturno Maxim en la extraordinaria versión cinematográfica de Alfred Hitchhock (1940). Daphne lo adoraba, pensaba que era extraordinario. Olivier quiso que el papel de su segunda esposa lo hubiera hecho Vivien Leigh, pero a nadie se le escapa que habría sido ridículo, pues la Leigh habría echado a la sra. Danver nada más llegar a Manderley. En su lugar, fue elegida para el papel la encantadora Joan Fontaine, que borda el papel de joven inocente acorralada por la difunta Rebeca y la malvada sra. Danvers. Es difícil no quedar prendado de la belleza de Joan Fontaine y de su interpretación sublime; de verse involucrado en su angustia, sus temores y su amor sin medida por Maxim. Joan Fontaine, recientemente fallecida a la edad de 96 años, fue nominada al Óscar a la Mejor Actriz en 1940, si bien habría de esperar hasta el año siguiente para recibir la estatuilla por su no menos magistral interpretación en Sospecha, también de Alfred Hitchcock, junto a Cary Grant.

Rebeca es una lectura lenta, aunque en absoluto tediosa. La autora crea gradualmente una atmósfera insoportablemente tensa. Se percibe la atmósfera cuando la sra. Danvers entra en la habitación y la sra. de Winter está sola; el suspense y el misterio que se encierra en la yuxtaposición entre el presente y el pasado; en la paulatina revelación descarnada de la dura realidad. Rebeca es una novela fascinante y poderosa, escrita de un modo exquisito, un clásico ameno y rico en matices, inolvidable. Una obra maestra. Una de las novelas que más he disfrutado en mi vida y que, a buen seguro, más hondo recuerdo dejarán en mí. “Un libro que”, en palabras de Stephen King, “todo aspirante a escritor de éxito debería leer”.

A.G.