Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
.

viernes, 13 de octubre de 2017

Sorpresas gratas: La maravillosa vida breve de Óscar Wao


La maravillosa vida breve... (2007)
Junot Díaz

Tal como sugiere el título, ésta es la crónica de la vida breve de su protagonista, un adolescente obeso y virginal que crece en Paterson, Nueva Jersey, durante la década de los ochenta. A lo largo de esta vibrante novela, Junot Díaz retrata la infatigable búsqueda de la felicidad de su protagonista, una mezcla de dominicano y estadounidense, mientras nos da un paseo por un siglo de historia dominicana y nos muestra cómo la vida breve de un chico solitario puede ejemplificar la experiencia del emigrante. Desde el comienzo se tiene la impresión de que la familia de Óscar está condenada por una maldición de las Antillas llamada “el fukú”. Se cree que la llegada de los europeos a la isla de la Española liberó el fukú en el mundo, y desde entonces nadie ha sido capaz de acabar con él.

La soledad de Óscar se ve agravada por su innato carácter friki, un amor por la ciencia ficción, una madre inconmensurable y una hermana contracultural. Óscar personifica la antítesis de la masculinidad dominicana. Es un outsider entre outsiders, un virgen intelectual en medio de una cultura de dominicanos emigrantes en la que el sexo es lo único que parece pervivir. Predestinado a una vida de perpetuo bochorno y humillación, Óscar se regocija en el mundo friki: cómics, películas de ciencia ficción, anime, juegos de rol y novelas fantásticas; esto es, el almacén pop-literario de mitos y fantasías que suele creerse habitado por chicos frustrados sexualmente y socialmente marginados. Adora el mundo creado por Tolkien, cita a Star Trek y juega a Dragones y Mazmorras. Su ambición es escribir una épica de fantasía espacial en la que combinar los temas característicos del autor de El señor de los anillos y Doc Smith. Admira series británicas como El Doctor Who y Blake’s 7. Cuando llega a la universidad comete el error de disfrazarse en Halloween de Tom Baker, el actor que encarna al Doctor Who. Este error le hace parecerse a Óscar Wilde, que el acento dominicano transforma en Wao.

Pero la vida de Óscar no es siempre el principal centro de atención de la narrativa, pues otros personajes importantes en su vida cobran protagonismo. En realidad, Óscar parece a menudo como poco más que un exiliado en el libro que lleva su nombre. El relato de sus frustrados romances, sus intentos de suicidio, sus amistades y proyectos literarios se ve interrumpido, y eclipsado, por episodios de historia familiar que revierten el camino migratorio desde la República Dominicana a Estados Unidos, de tal modo que la narración se concentra en las mujeres de la familia de Óscar.

Su hermana Lola, que hasta entonces no había sido más que una presencia nebulosa, relata en su diario su lucha adolescente con su madre vituperadora, Beli. Lola es una rocker punk desenfrenada, un as del volante y en muchos aspectos un personaje más vívido y magnético que su hermano. Mantiene una relación tumultuosa con Yunior, que es precisamente quien narra la historia de Óscar. Pero el chico dominicano de estos relatos ha crecido, del mismo modo que el autor, hasta convertirse en un narrador de historias apasionante y coloquial. A través de sus ojos, el que fuera compañero de habitación de Óscar en Rutgers y su reticente protector, conocemos la vida de Óscar durante sus años universitarios. Su voz reverbera jerga hip-hop, habla de gueto y, sobre todo, un cariño creciente por el lerdo de su amigo. Yunior es lo opuesto a Óscar en cualquier modo imaginable.

Más adelante, la narrativa da marcha atrás y se remonta a los años de formación de Beli en la República Dominicana, bajo el mandato de Rafael Trujillo, el dictador genocida que dirigió el país con mano de hierro desde 1930 hasta que los Estados Unidos ordenaron su ejecución en 1961. Entre el Santo Domingo de la época actual y la era de Trujillo, los personajes sufren un horrendo trama físico y emocional en su tierra natal, si bien, una vez han emigrado a Estados Unidos, tratan que las historias desaparezcan de la memoria colectiva.

Beli bien podría encarnar el estereotipo de la fiera mujer sudamericana que cría a sus hijos sola y trabaja hasta la extenuación en oficios de baja categoría mal pagados. Su notable biografía conforma la verdadera espina dorsal de la narrativa. En Baní, la ciudad de provincias de la República Dominicana donde se crió, Beli era una belleza de piel morena, una estudiante becada en un sofisticado colegio privado y finalmente la amante de un conocido criminal. El doloroso tránsito familiar de su hijo a la vida adulta es comparado con su propia transformación. Cuando la conocemos, se trata de una borderline enfadada, una matriarca que lucha con su hija y acaba agotada por trabajo y la preocupación. Pero capítulos posteriores muestran a Beli como una hija rebelde que lucha con La Inca, la pobre pero respetuosa pariente en cuya casa se crió. Los padres de Beli (médico y enfermera) eran miembros de la burguesía que se enemista con Rafael Trujillo, un dictador brutal, incluso para lo habitual de mediados de siglo XX en Sudamérica. Y justo por ese motivo Trujillo resulta ser una gran bendición para Díaz, que retrata los pueblos y ciudades de su país en las décadas de los 40 y 50, un periodo que es tan violento como sensual y exótico. Puede que la isla esté maldita y encantada, pero está también hechizada; incluso los recuerdos más amargos parecen suavizados por la nostalgia. Los espíritus malignos que son invocados periódicamente para explicar la mala suerte de la familia de Wao son también, para el novelista y para sus personajes, auténticos amuletos. Sin los horrores y las supersticiones del viejo país, sin la dulzura tropical que modula la prosa de Díaz incluso en momentos de gran crueldad, Óscar Wao no sería más que otro friki con una larga lista de desesperadas obsesiones sexuales no consumadas.

El tono narrativo de Díaz es la revelación más importante de Óscar Wao. Once años después de que publicara Los boys (Drown), una colección de historias semiautobiográficas ambientadas en la República Dominicana, Díaz escribe una obra más estilizada y ambiciosa en la que narra la rápida mezcla de referencias culturales frikis y jerga urbana. Aunque los temas y motivos de la novela son reminiscencias de muchas sagas familiares de emigrantes, la historia engancha y es emocionante. De hecho, es difícil pensar en una novela que contenga tanta brutalidad, tortura, violación, asesinato y suicidio como ésta.

A pesar de abarcar un espacio de tiempo relativamente compacto, la novela contiene una rebelde multitud de estilos y géneros. De hecho, la historia de transición a la vida adulta de Óscar es quizá la capa más fina, pues el drama de un joven adulto cubre la crónica de una familia emigrante multigeneracional que se aventura en el realismo mágico tropical, el feminismo punk-rock, el machismo hip-hop o la pirotecnia postmoderna.

Reuniendo todos estos elementos surge una voz que es profana, lírica, culta e incansable, un derroche de acentos y lenguas que coexisten dentro de una única personalidad. La voz narrativa pertenece la mayor parte del tiempo a Yunior, quien sólo gradualmente se deja ver detrás de la cortina de una narración aparentemente omnisciente para revelarse como un personaje.

No obstante lo dicho, la novela es algo más que la épica de un friki, pues Junot nos cuenta una historia perfectamente acompasada de emigración y asimilación. Al crear a Óscar, Junot Díaz ha utilizado un estereotipo para subvertir otro. No todos los dominicanos son unos machotes, y no todos los fanáticos de la ciencia ficción, el anime y Dragones y Mazmorras son chicos blancos. El machismo de la cultura de dominicano-americanos de segunda generación es una fuente interminable de angustia para el joven Óscar, y uno es consciente de que su vida va a ser breve pues es demasiado bondadoso para ella.

La novela ofrece un punto de vista novedoso e ilustrativo de las experiencias postcoloniales. Díaz sugiere que los emigrantes de países en guerra habitualmente se llevan consigo al nuevo mundo los motivos por los que se marcharon: miedo, sospecha y descontento. En efecto, Díaz ha conseguido retratar tanto la particularidad de la vida interior de un adolescente dominicano en Nueva Jersey, como llegar a conclusiones de carácter universal acerca de hombres y mujeres, de raza y clase social.

Una novela estupenda (gloriosa en algunos momentos) que recuerda por momentos a las obras de algunos de los miembros de la larga saga de escritores sudamericanos (García Márquez, Vargas Llosa, Juan Rulfo o Roberto Bolaño, principalmente) que han conformado un peculiar estilo de contar las cosas que tanto deleite y admiración despiertan en el autor de estás líneas.

A.G.