Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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miércoles, 15 de enero de 2014

Lecturas recientes: Viento del este, viento del oeste


Viento del este, viento del oeste (1929)
Pearl S. Buck

Ésta es la historia de Kwei-lan, una joven tradicional china casada con un médico chino educado en el extranjero. El relato vivo y sencillo de cómo la protagonista, a medida que empieza a aceptar la perspectiva occidental, descubre la consciencia de sí misma a través de su íntima experiencia, plasmada en una narración madura y reflexiva. El relato adopta la forma de un monólogo dirigido a una mujer, a la que la narradora llama “hermana”, que parece ser una extranjera que ha pasado la mayor parte de su vida en China.

Kwei-lan ha sido educada en la creencia de que los occidentales son seres incivilizados con extrañas costumbres. Su madre le ha enseñado que Dios dividió el mundo entre el este y el oeste con un mar en medio, y que no es correcto mezclarse con los occidentales y obrar en contra de los deseos de Dios. Kwei-lan descubre al casarse que su marido no es como ella esperaba, pues sus costumbres son occidentales y del todo incomprensibles para ella. Kwei se pregunta, por ejemplo, por qué hacen un agujero en la pared, lo tapan con cristal y cuelgan cortinas encima. Piensa que podrían cubrir los agujeros con paneles de colores, como hacen en las casas tradicionales chinas.

Su marido no se interesa por ella, pues desprecia el modo de vida tradicional chino, sus encorsetamientos y rancias costumbres. En la sociedad tradicional china, era responsabilidad de la mujer asegurarse de la felicidad de su marido. Una mujer sólo tenía que ser atenta con las necesidades de su marido y acceder a sus caprichos. Kwei-lan vive el matrimonio como una experiencia agónica, pues no se siente aceptada por su marido. Sin embargo, llega el momento en que comienza a albergar una cierta esperanza de ser aceptada cuando su marido no está dispuesto a consentir la grosera actitud de su madre hacia Kwei-lan y se traslada con ella a una casa moderna. De este modo, Kwei-lan se abre a la libertad y la perspectiva del mundo occidental. Mas con sus pies atados, tal como dicta la tradición china, a Kwei-lan le cuesta subir y bajar las escaleras. Es por ello que accede por fin a los deseos de su marido y le permite desanudárselos. Este momento aparentemente intrascendente, pero de enorme relevancia para Kwei-lan, permite que los dos esposos se aproximen y se unan, de modo que ella, a la vez que descubre lo sencillo que le resulta subir y bajar las escaleras con los pies libres, comienza a creer que su marido es un hombre sabio y que su punto de vista occidental no es tan descabellado. Kwei-lan no tarda tampoco en despejar sus dudas sobre el comportamiento de su marido cuando nace su hijo. Aunque al comienzo piensa que su marido no está cumpliendo con su responsabilidad hacia sus padres, más tarde aprueba su comportamiento. Kwei-lan comprende que su marido disfruta de los desafíos y la inteligencia que una mujer moderna puede aportar a una relación, y actúa en consecuencia. De este modo logra recibir un mejor trato por parte de su marido y ser aceptada definitivamente.

Pero el conflicto entre Kwei-lan y su marido no es el único que encontramos a lo largo de la novela. El hermano de Kwei-lan, que estudia en Estados Unidos y se ha casado con Mary, una mujer americana, regresa a China para pedir a sus padres que acepten su matrimonio. Mary no tiene conexión alguna con China y es incapaz de adaptar su sensibilidad occidental a la China tradicional. No sabe decir más que unas pocas frases en chino, y con un acento tan fuerte que Kwei-lan no la entiende. Mary camina sola, hace ejercicio por puro entretenimiento, no se preocupa por sus ropas y no hace nada de lo que debería hacer una mujer china tradicional. Con todo Kwei-lan habla con su madre a favor de su hermano, pero su madre no cede. El padre, sin embargo, es bueno con Mary, pero la mujer no es aceptada en la familia. Pretenden que su hijo le dé dinero a Mary a cambio de mandarla de vuelta a su país, y se case con su prometida, la hija de la casa Li. Con todo, él ha de cumplir con su responsabilidad de dar un hijo a la familia y la madre de Kwei-lan teme que Mary pueda estar embarazada, lo cual ocurre en realidad. La madre de Kwei-lan muere víctima de un ataque al corazón motivado por la negativa de su hijo a dejar a la americana y casarse con su prometida china. Su padre le amenaza con desheredarle si no lo hace, pero su hijo no se pliega a sus deseos y decide marcharse de la casa y mudarse con Mary a otro sitio. Tanto el hermano de Kwei-lan como su esposa sacrifican gran parte de sí mismos por su amor. Kwei-lan y su marido se sienten humillados por la fuerza de este amor, pero finalmente nace el niño de ambos, que simboliza la unión entre el este y el oeste. Aunque Kwei-lan no cesa de comparar el modo tradicional chino de hacer las cosas con lo que su marido afirma ser el modo occidental, poco a poco aprende a vivir con un equilibrio entre lo que le parece correcto de ambos modos de vida.

Viento del este, viento del oeste fue la primera novela escrita por Pearl S. Buck, quien hace gala en ella de un estilo oscilante y difuso, que en realidad resulta perfecto para su voz narrativa. Tanto el argumento como el modo de contarlo hacen de ésta una lectura sencilla, un magnífico ejemplo del estilo de su autora. Pearl S. Buck describe con honestidad cosas mundanas y analiza con ojo crítico las acciones de los personajes. Viento del este, viento del oeste presenta de forma espléndida el modo de vida chino y su violento choque con el modo de vida occidental y cómo éste trata de abrirse paso entre los tupidos cortinajes de la milenaria cultura china, tradicional y conservadora.

A.G.

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