Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
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jueves, 27 de julio de 2017

Lecturas recientes: Canadá


Canadá (2006)
Richard Ford

Dell Parsons, un profesor de inglés jubilado, recuerda con una distancia temporal suficiente los acontecimientos que marcaron su vida y le proyectaron hacia un futuro incierto. Sus recuerdos se remontan medio siglo, al año en que él y su hermana cumplieron quince años; una época en la que tuvieron lugar unos acontecimientos claves y traumáticos que situaron a Dell en un camino que jamás sería capaz de desandar hasta su origen. El libro sigue la trayectoria y consecuencias de estos acontecimientos y detalla los duros escenarios en que éstos tuvieron lugar. La novela trata esencialmente de las consecuencias de una repentina ruptura trágica en la vida ordinaria de una familia. Más que en los crímenes en sí, Ford está interesado en cómo estos moldean la vida de Dell y su modo de vivir en el mundo y de relacionarse con él.

Al comienzo del libro, Dell anuncia sus intenciones para las siguientes páginas del libro: “En primer lugar hablaré del robo que cometieron nuestros padres. Luego de los asesinatos, que ocurrieron más tarde”. Desde el primer momento el lector sabe lo que va a ocurrir y, por tanto, es consciente del tipo de "inevitabilidad" que está ligada a las circunstancias. De cómo el narrador vio su vida descarrilar, como consecuencia de un único acto, espectacularmente singular, cometido por su madre y su padre: el mal planeado y peor ejecutado robo a un banco. Su padre pensaba que pasando a Dakota del Norte, un estado escasamente poblado, para robar un banco, él y su mujer pasarían desapercibidos y tendrían éxito en su estúpida empresa. Así pues, convence a su mujer, escéptica mas inteligente, y a partir de ese momento la vida de todos los miembros de la familia cambia por completo y para siempre.

No tardamos en percibir que el narrador es alguien que intenta encontrar un sentido a su pasado. No en vano, el modo en que la historia se despliega refleja la necesidad que siente Dell de unir todas las piezas del rompecabezas de su pasado. Una de las consecuencias de esto es que el lector se encuentra con una narrativa meticulosa en la recreación de ciertos detalles: las marcas de coches, el corte de las ropas, los ritmos lentos y repetitivos de la vida en una ciudad pequeña. Incluso el robo del banco, cuando es finalmente descrito, es reconstruido de un modo bastante neutro y simple. Lo importante aquí no es tanto el acontecimiento en sí como sus consecuencias a largo plazo.

La novela se divide en tres partes. La primera, que trata del crimen y sus efectos inmediatos, transcurre en la segunda mitad de la década de 1950 en Great Falls, la ciudad de Montana que Ford utilizó como telón de fondo en algunas de sus novelas anteriores. A mí es la que más me gusta de las tres. De una hermosura arrebatadora son las descripciones de los paisajes de Montana que Dell recrea con tanta precisión (y poesía), medio siglo después.

La novela se inicia con el establecimiento de la familia Parson en Great Falls en 1956. Bev (Beverly) Parsons, el padre, es el personaje más conmovedor de la novela. Es piloto de la fuerza aérea, amante de las bromas, trucos y actuaciones con que entretiene a unos hijos que adora; un hombre cuya inocencia es adorable, a la vez que letal. Está casado con la mujer equivocada, pero es capaz de sobrevivir a la claustrofobia de una familia demasiado codependiente trasladándose continuamente de una base militar a otra. A pesar de verse implicado en delitos menores, está preocupado hasta la obsesión por el bien estar de su mujer y su familia.

Uno de estos delitos menores, el comercio con carne robada, acaba con la expulsión de Bev de la Fuerza Aérea a la edad de 37 años. Bev llega a Great Falls con la ilusión del que llega a un lugar nuevo donde pueda salir adelante. Comienza a trabajar en la ciudad como vendedor de coches nuevos, luego de coches usados, y más tarde agente inmobiliario que vende tierras y granjas, algo de lo que admite no saber nada. Es en esta misma época cuando Bev se ve involucrado en el comercio ilegal de carne robada. Las cosas salen mal –Bev se encuentra debiendo 2.000$ a unos indios que roban ganado– y convence a su mujer para llevar a cabo el patético robo a un banco del que se nos habla al comienzo de la novela; un acontecimiento calamitoso que nos permite conocer con más profundidad la vida de los Parsons: Bev y Neeva Kampler, los padres forman una pareja mal emparejada; él es un ex soldado débil y criminal y ella una frustrada intelectual judía. Dell se siente más próximo a su hermana gemela, Berner. Los gemelos, que tampoco se llevan muy bien, son ignorados observadores de la tragedia que se cierne sobre su familia. Bell es un muchacho interesado en el ajedrez y en la apicultura que ansía comenzar la escuela secundaria en otoño; su hermana y su madre sienten que no pertenecen a Great Falls. Dell y Berner sí son capaces de ver fácilmente los motivos por los que su madre se sintió atraída por Bev Parsons (un hombre grande, fuerte, hablador, divertido, complaciente). Pero no entienden qué pudo haberle interesado a él de su madre: una mujer pequeña, encerrada en sí misma, tímida, alienada; hermosa tan sólo cuando sonríe e ingeniosa sólo cuando se siente totalmente a gusto). En este punto de la narración, la voz de Dell (introspectiva, lacónica y ligeramente melancólica, pero a gusto con el lenguaje que utiliza para recuperar su memoria) es la fuerza central de este admirable novela. Sus frases cuidadosa y artísticamente construidas merecen por sí mismas el reconocimiento del lector, si bien son también un servicio constante a la historia de la familia Parsons.

Con los padres encarcelados y su hermana gemela dejándolo en la estacada, Dell, que recordemos tiene quince años, se ve obligado a cruzar clandestinamente la frontera de Canadá, donde es acogido por un amigo de la familia. En esta segunda parte de la novela, el robo en el banco no tiene consecuencia ninguna. Dell no vuelve a ver a sus padres y apenas se reencuentra con su hermana. El momento en que todo se derrumba y Dell se queda solo, cruzando la frontera hacia una vida nueva y desconocida, es impresionante y conmovedor. Vemos cómo una vida puede tender su propio puente hacia un futuro en blanco. Dell afirma que Canadá no era mejor que América, y todo el mundo lo sabía, excepto los americanas; Canadá tenía todo lo que América llegó a tener, pero nadie se volvió loco por ello. En este sentido, la grandiosa y extraordinaria secuencia de la segunda parte de la novela es un examen de lo que América podría significar y lo que significa en realidad, desde la óptica de los fugitivos, esto es, gente que jamás volverá a América y que no dudaría en matar a cualquiera que viniera de América en su busca.

Dell se establece en Saskatchewan. Comienza a trabajar en un sórdido hotel al servicio de un misterioso exiliado norteamericano llamado Arthur Premlinger. Allí no sabe a quién temer más: si a su jefe, un misterioso graduado en Harvard huido en Canadá para evitar pagar por sus fechorías pasadas, o al huraño Charley, un chiflado fanático de Hitler que usa pintalabios y con un trabajo turbio. Es entonces cuando Dell se ve involucrado en un crimen aún más grave que el que cometieron sus padres. El propio pasado oscuro de Premlinger atrapa a Dell y éste se convierte involuntariamente en cómplice de un asesinato ejecutado despiadadamente. Dell se ve obligado a marcharse de la ciudad para acabar viviendo bajo el cuidado de otro extraño en Winnipeg, a 500 millas de allí.

Al describir todo esto desde el privilegiado punto de vista del presente, Dell disfruta recordando hasta  el hecho más insignificante, como por ejemplo el día en que su madre se echó una siesta a las cuatro en punto. Con todo, cuando recurre al diálogo, Dell recuerda no tanto lo que oyó como lo que no oyó; tumbado despierto en la cama, dice, mientras sus padres conspiran en medio de un estrépito de platos. Y cuando explica cómo se desintegró su familia, uno nunca tiene la impresión de que Dell esté manipulando los acontecimientos. El efecto es más bien el de un testimonio ofrecido escrupulosamente. Si bien, resulta plausible que algún lector llegue a pensar que el tiempo de Dell en Saskatchewan “no parece haber ocurrido”.

La tercera parte es una breve postdata que transcurre en un pasado reciente y trata principalmente de la visita de Dell a su hermana, que vive en Minneapolis y muere de una enfermedad terminal.

A diferencia del estilo denso y plagado de frases discursivas utilizado en la trilogía de Frank Bascombe, en Canadá encontramos un estilo más austero y preocupado con el significado interno de las cosas cotidianas. La escritura de Ford es aquí más directamente descriptiva de lo que había sido en sus novelas anteriores. Canadá supone el retorno de su autor al llamado “realismo sucio” de sus primeras novelas, aunque esta novela revela como una épica en su concepto y es más confiadamente lenta y deliberada en su narración.

Canadá es la historia de lo que ocurre cuando cruzamos ciertas líneas y no podemos volver atrás. Es un examen del poder redentor de la memoria articulada. 

A.G.

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