Presentación

La pintura de la voz (palabras con que el filósofo y escritor francés François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire, calificó el arte de la escritura) nace con la pretensión de ser un lugar de intercambio de opiniones sobre literatura.
Cuando el tiempo me lo permita, iré publicando noticias interesantes del mundo literario, comentarios de libros que he leído recientemente, de mis obras favoritas, etc
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viernes, 27 de febrero de 2015

Sorpresas gratas: Criadas y señoras


Criadas y señoras (2009)
Kathryn Stockett

Skeeter Phelan es una licenciada universitaria de veinticuatro años que decide embarcarse en una empresa demasiado complicada para una mujer blanca que vive en el conservador estado de Mississippi durante los años 60: reunir las historias de las criadas negras que sirven en las casas de las blancas y tratar de aclarar sus propios sentimientos sobre las relaciones sociales existentes en su tierra natal. Aunque es una mujer simpática, valiente y tenaz, también representa, en cierto modo, el prototipo de mujer hermosa pero desconcertada, que se sorprende al descubrir que su amiga de toda la vida, Hilly Holbrook, predica a los cuatro vientos las virtudes de la segregación y la rectitud de los políticos de Mississippi.

Las mujeres blancas que aparecen en Criadas y señoras son en su mayoría licenciadas por la Universidad de Mississipi, donde al parecer aprendieron, antes que otra cosa, cómo casarse nada más dejar la universidad. Regresan a Jackson como triunfadoras, tiene un niño y no tardan en entregárselo a una mujer afroamericana mientras ellas se unen a la Junior League y dedican todas sus energías a proyectos tan dignos como conseguir dinero para los pobres niños hambrientos de África, mientras tratan a los pobres afroamericanos de Jackson como si fueran seres infrahumanos.

La principal representante de este grupo es Hilly Holbrook, quien piensa que las criadas negras transmiten ciertas enfermedades que los blancos no tienen, y que deberían utilizar baños separados en las casas de sus señores. Llega a convertir el asunto en un proyecto de la Junior League, a la que pertenece.

Skeeter, sin embargo, no tiene marido ni novio, sino un sueño extravagante: ser escritora. De hecho, consigue un trabajo en el periódico de Jackson, para el que escribe una columna de consejos a amas de casa. Como no sabe nada al respecto, decide entrevistar a varias criadas que puedan ayudarle. A medida que Skeeter conoce la realidad, comienza a preguntarse qué le ocurrió a Constantine, la doncella que con tanto cariño la crió, y eso le lleva a profundizar en la dura vida de las criadas negras.

Dos de ellas, Aibileen y Minny, arriesgan sus vidas y hasta su propio sustento para ayudar a Skeeter a realizar las entrevistas. Aibileen es cariñosa y maternal. Representa el modelo de la mujer sufridora que ha luchado toda su vida para sacar a los suyos adelante, e incluso ha perdido a un hijo en la flor de la vida, sin que los blancos hicieran lo suficiente para salvarlo. Es, sin duda, el personaje más encantador de la novela, sobre todo en las escenas en que aparece criando a la pequeña Mae Mobley, el bebé que ahora está a su cargo. Ha de soportar el dolor de criar a niños blancos para luego verles crecer y alejarse de ella, mientras se prepara para encargarse de otro. La otra criada que ayuda a Aibileen es la gruñona y belicosa Minny, que trabaja al servicio de Miss Hilly, quien la trata como si fuera una ladrona.

Las doncellas afroamericanas son, por temperamento, maternales y de buen corazón. Bañan a “sus niños” con cariño hasta que a éstos les llega el momento de irse a la escuela y desaprender la lección de sus primeros años, para así continuar con la tradición sureña de los ciudadanos de primera y segunda clase basada en la raza.

Kathryn Stockett no se anda con paños calientes, pues en su retrato de la sociedad de Jackson muestra a los blancos como claros opresores, mientras a los negros no parece quedarle más opción que someterse. Intenta de este modo hacer una justicia a los negros que a ella jamás le animaron a conocer mientras crecía. Al mismo tiempo, la autora expone cómo el afecto que une a las criadas y a los niños blancos que cuidan puede crecer en medio de ese enorme desequilibrio social. Sin embargo, este vínculo no es nada comparado con la fuerza de la opresión. Por ese motivo, la obstinada Minny emerge como el personaje más poderoso de la novela. Minny no confía en ningún blanco y sólo se permite una pena fugaz por su bondadosa pero bobalicona señora blanca. El interés de la autora se centra en el afecto y la intimidad que hay más allá incluso de las conexiones familiares aparentemente impersonales, y es precisamente por ello que la novela resulta tan atractiva y conmovedora.

A.G.

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